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jueves, 3 de octubre de 2013

La misión de San Francisco Borja Adac. Baja California.

   Hace cosa de cinco años vivía en Loreto, Baja California Sur. El contrato de trabajo que tenía terminó y decidí recorrer los puntos más apartados de la península, con rumbo norte, fue así que me adentré más y más hasta llegar a una desviación en la Carretera Transpeninsular que me atrajo mucho, la población se llamaba Punta Prieta, allí estaba la desviación hacia la Misión de San Francisco Borja, entré en ella pero, a sabiendas de mi poca habilidad para conducir, apenas medio kilómetro adentro decidí regresar... fue lo mejor que pude haber hecho en ese momento pues, cuarenta minutos más adelante el auto se me desvieló y quedé en mitad de una carretera desolada a más no poder pero con una vista extraordinaria, la de Bahía de los Ángeles. Así pues en mi larga estadía peninsular ésta y la Misión de Santa Gertrudis no me fue posible visitarlas dada su complicada lejanía. Hoy, 3 de octubre, la Iglesia celebra el día de San Francisco Borja.

  Esto que ahora vemos es el retrato de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, está firmado por él y dedicado a México. Curioso, pero así fue, por algún motivo tenía un cierto atractivo hacia el Nuevo Mundo. Vamos por partes. La Sociedad de Jesús (SJ) o La Compañía o los Jesuitas recibieron la aprobación para integrarse como orden religiosa el 27 de septiembre de 1540 por parte del papa Paulo III. Ellos querían ir un poco más allá y no limitarse a evangelizar, sino a educar a la gente, sus ideas eran, por así decirlo, Renacentistas, contrarias a las ideas medievales de Franciscanos, Dominicos, Agustinos y Mercedarios, todos ellos ya asentados en México, que era aun la Nueva España. Para el 21 de julio de 1551 Julio III aprueba esta modalidad, los Jesuitas comenzarían así a multiplicar sus Colegios.

   Sucede que en Valencia, España, en Gandia, vivía la familia Borja, el personaje más conocido de ellos es Lucrecia, sí, Lucrecia Borgia (1480-1519) pues el Borja fue italianizado por Borgia, hija de Rodrigo Borgia, que nosotros conocemos como Alejandro VI (1431-1503) que fue el papa del Renacimiento, dado que estando el en la Sede Vaticana fue el descubrimiento de América. Este Papa fue papá de tres hijos, uno de ellos era Juan, Juan de Borja y Cattanei (1474-1497), II duque de Gandia. Este Juan, hijo del Papa Alejandro VI, tuvo a un hijo que puso por nombre el suyo, se llamó Juan de Borja y Enríquez que fue el padre de Francisco de Borja (1510-1572). Es decir, San Francisco de Borja era bisnieto del Papa Alejandro VI.

   "Francisco de Borja, que había sido hombre de confianza de los padres de Felipe II y había renunciado al Ducado de Gandía para hacerse hijo de Ignacio de Loyola, logró doblegar la oposición del monarca y obtuvo el real beneplácito para que pudieran los jesuitas misionar en las posesiones españolas". (1) El 9 de septiembre de 1572 llegarían los primeros jesuitas a San Juan de Ulúa, para el día 28 entraron en la ciudad de México y se alojaron en el Hospital de Jesús.

  Hay algo sumamente interesante en la conversión de Francisco de Borja. Sucede que él servía en la casa del Rey Carlos V, que estaba casado con Isabel de Portugal, considerada la mujer más bella de la época (el retrato es de Tiziano), de esa unión nacería Felipe II, consecuentemente Francisco conoció muy bien a la familia real española que más bien era una familia real española-portuguesa-alemana. Sus buenos servicios a la corte le hizo merecedor a título de Barón que luego fue elevado a Marqués. La reina,  Isabel de Portugal, murió el 1 de mayo de 1539 con solo 36 años de edad. "Esta muerte causó una impresión muy profunda en Francisco de Borja, quien desde entonces la recordó todos los años en su Diario por considerarla la fecha de su conversión:

  Por la emperatriz que murió tal día como hoy. Por lo que el Señor obró en mí por su muerte. Por los años que hoy se cumplen de mi conversión.

  Felipe II, hijo de Isabel de Portugal, encabezó los funerales y Francisco de Borja organizó la comitiva que escoltó el cuerpo de la emperatriz hasta su tumba en la Capilla Real de Granada, donde sería sepultado junto a los restos de los Reyes Católicos. El día 18, se descubrió el féretro antes de introducirlo en el sepulcro a fin de corroborar una vez más su identidad. Al ver descompuesto el rostro de la emperatriz que el mundo había admirado por su belleza, dijo:


  He traído el cuerpo de nuestra Señora en rigurosa custodia desde Toledo a Granada, pero jurar que es ella misma, cuya belleza tanto me admiraba, no me atrevo. [...] Sí, lo juro (reconocerla), pero juro también no más servir a señor que se me pueda morir.


  En ese mismo año, Carlos V lo nombró virrey de Cataluña cargo que desempeñó con gran eficiencia. (2)

  Comenzaría luego de ese evento de impacto ante la belleza efímera la transformación de Francisco Borja, al poco su esposa muere, decide unirse a los Jesuitas, su título de Duque de Gandía lo cede a su hijo, Carlos, dada su posición política, social y económica, le ofrecen el título de Cardenal, lo rechaza y entra como predicador en La Compañía. En 1554 es ya el Comisario General de los Jesuitas en España, al año siguiente es nombrado Padre General de la Sociedad de Jesús. Lo que vemos en la fotografía satelital es el punto en donde se estableció la Misión de San Francisco de Borja. En una parte en verdad remota de la península de Baja California.

 Esta imagen, que tomé del álbum de Pete Montara nos muestra el entorno antes de llegar a la Misión de San Francisco Borja.

  "El problema más importante que siguieron enfrentando los misioneros para poder avanzar al norte, fue la aridez extrema que parecía tener todo el septentrión peninsular. En casi 20 años de exploraciones el padre Fernando Consag sólo había encontrado un sitio, que en realidad era el menos malo, que fue donde se estableció Santa Gertrudis. Después de su entrada de 1753, pasarían 5 años para que fuera encontrado, accidentalmente, otro sitio con posibilidades misionales. De hecho en esos 5 años ya no se hicieron más entradas, considerando lo frustrante que habían sido los reconocimientos de 1751 y 1753. Para poder explorar más al norte, primero había que establecer una misión que no estuviera muy lejana de Santa Gertrudis. Como Consag ya no tuvo tiempo de emprender nuevas exploraciones, tanto por falta de recursos como por otras ocupaciones, como la de su nombramiento, por segunda vez, de visitador y superior de las misiones californianas en 1757, pasarían algunos años antes de que se volviera a explorar al norte.

  "En 1758 el padre Jorge Retz, misionero en Santa Gertrudis, se enteró, por medio de sus indios, que a tres días de camino, al norte de su misión se hallaba un manantial permanente que tenía algo de agua. La noticia era importante, así que envió a algunas personas con capacidad para evaluar el sitio y encontraron que efectivamente este existía, y  aunque el manantial  no era muy abundante, era mejor que todo lo que había encontrado Consag en sus entradas. El manantial recibía el nombre de Adac por parte de los indios cochimí. En su última entrada, el padre Consag había pasado muy cerca de este, pero no lo vio por no tener noticia de él.

  "Desde unos años antes, doña María de Borja, duquesa de Bejar y Gandía, había dado la dotación para el siguiente establecimiento al norte y si no se había hecho era por falta de sitio, pero con el descubrimiento de Adac ya se podía proceder a su fundación y para ello se había designado al recién llegado padre Julián Salazar. Sin embargo, antes de que el padre Salazar pudiera iniciar su misión, fue cambiado a la de Santa Rosalía de Mulegé, debido a que ésta se había quedado sin ministro, y por el momento los jesuitas consideraron más importante no descuidar las misiones ya existentes.

    "Ante este percance, el padre Consag escribió al padre provincial ofreciéndose para la fundación de la nueva misión. No sabemos cual haya sido la respuesta a su petición, pero el hecho es que no se llevó a cabo porque ese mismo año, 1759, el padre Consag murió. Esto nos da una idea de su entrega, de su voluntad y su afán evangelizador. Consag sabía que si la fundación no se llevaba a cabo pronto, podrían pasar algunos años, quizá muchos, antes de que se volvieran a dar las circunstancias para hacerlo, como efectivamente pasó. Un poco antes de la muerte de Consag, había arribado a California el padre José Rotea, quien fue designado para la nueva fundación. Sin embargo la desaparición de Consag obligó a los superiores a colocar al padre Rotea como titular de San Ignacio.

  "No fue sino hasta 1762, con la llegada del padre Wenceslao Linck que se pudo establecer finalmente la siguiente misión al norte, la cual recibió el nombre de San Francisco de Borja Adac. Aunque ya no vemos aquí los detalles de la fundación de este establecimiento, sólo diremos que cuando el padre Linck lo inició, entre las ayudas con que contó fue una competente dotación de mulas, previsión del padre Consag para facilitar, a quien iniciara San Borja, las difíciles tareas del nacimiento de la nueva misión. Sin lugar a dudas el padre Wenceslao Linck fue el continuador de la obra exploradora y evangelizadora de Consag. Como explorador fue notable y a ello dedicó sus últimos años en California, emprendiendo numerosas entradas entre 1764 y 1767". (3)

Esto que ves ahora es el entorno de la ahora llamada Sierra de San Borja, allá por el sur de la Baja California (Norte), casi frente a la Bahía de los Ángeles, en el mar de Cortés.

Fuentes:

1.- Enciclopedia de México. Tomo 7. México, 1977. p.p. 472-473.

2.- Wikipedia

3.- Lazcano, Carlos; Pericic, Denis. Ferndo Consag, textos y testimonios. Colección de documentos sobre la historia y la geografía del municipio de Ensenada, No. 4. Ensenada, 2001 pp. 291-292

4.- La primera fotografía la tomé del libro, más bien del folleto: Missions on the Royal Mission Highway in the State of Baja California. W. Michael Mathes. INAH, Mexicali, 2000.

domingo, 21 de octubre de 2012

La misión de La Purísima, Baja California Sur.

 Hace algunos meses, un lector que vive en "el valle", es decir, en Ciudad Constitución, me dejó un comentario en el cual me decía que tenía el interés de hacer una maqueta de lo que fue la misión jesuita de La Purísima localizada en la parte central del estado de Baja California Sur, cercana a la costa del Pacífico. Esta misión fue fundada en 1720 por el padre Nicolás Tamaral, mismo que para 1730 es enviado para la evangelización en lo que ahora es San José del Cabo, sitio en donde fue sacrificado cinco años después. 

 Al lector en cuestión le dije que había visto una fotografía tomada a principios del siglo XX en donde aparecían las ruinas de la misión; finalmente di con ella y aquí está junto con todas las fotos que pude localizar en donde solo se ven montones de piedras, por lo que, creo se puede hacer una idea de cómo era  cuando estuvo de pie. Dudo que haya tenido torres, pues el estilo y, sobre todo, los recursos y las condiciones del entorno no daban para hacer templos suntuosos; excepción hecha con la misión de San Javier y San Ignacio.

La llamada "misión madre", la primera que fundaron los jesuitas, se ubica en Loreto, allí su torre se instaló apenas en 1950, el templo era muy sencillo, quizá tanto como el que sigue en pie en Santa Gertrudis y si partimos de la idea de que fue el padre Tamaral el que la construyó, y que luego él pasó a San José del Cabo, quizá el templo levantado fue similar. Hay que tener en cuenta que el templo que él fundó desapareció  totalmente, era el que estaba en San José Viejo y, seguramente, una réplica se hizo en lo que hoy es el centro de la población.


 El templo que se levantó en donde actualmente está la misión de San José ha evolucionado mucho, las torres fueron colocadas ya en el siglo XX, quizá por los años veinte. En una fotografía de 1914 aparece la misión en ruinas, luego del paso de un huracán y es muy parecida a lo que se ve de fachada que sobrevivía para la misma fecha en La Purísima. Aquí vemos que estaba colocada una espadaña a diferencia de una especie de bóveda de medio cañón que se intuye en la fotografía de la misión de La Purísima.

 Para 1957 la misión de La Purísima estaba totalmente desaparecida, solo unos pocos metros de la que fuera una pared de adobe quedaba en pie.

Este era el cementerio.

Solo quedaban, para 1957, montones de piedras... quizá en la actualidad ni siquiera eso existe. Espero que estas fotografías y mi apreciación sobre lo que pudiera haber sido la fachada de la misión de La Purísima contribuyan a quienes están en busca de esos datos.

 Este era el decorado que arriba de la puerta principal había en el templo, Se trata del anagrama y símbolo de la Compañía de Jesús, el IHS.

Creo esta es la fotografía más interesante que existe de la que fuera la Misión de la Purísima en Comondú, Baja California Sur.

miércoles, 17 de octubre de 2012

La otra laguna de Chapala que tenemos en México.

 A pesar de que el término de "El Otro México", para definir a toda la península de Baja California se acuñó hace poco más de sesenta años por Fernando Jordán, el lugar sigue siendo desconocido para la gran mayoría de los mexicanos; y no es para menos, el lugar está lejano de casi todo México y, por si esto no fuera suficiente, la vastedad de la península es tal, que se requieren un par de semanas, al menos, para medianamente recorrerla y, más te adentras, más te sorprendes por las formas tan particulares en que la naturaleza se desarrolla por estos rumbos. Y sí, en efecto, hay una laguna en Jalisco que se llama Chapala, y, también hay otra más con el mismo nombre que se ubica en el enorme municipio de Ensenada, justo al centro de la zona protegida del Desierto Central. La foto que vemos, fue tomada en 1956 por Gulick en ese ya mítico viaje que realizó y, mejor aun, que documentó.

Dicen que hace algunos millones de años las condiciones climáticas de la Baja California eran otras. Que había agua, ríos, lagos y lagunas, seguramente la vegetación era otra ante tal abundancia de agua. Al paso de esos cientos de miles de años la desertificación comenzó y de la Laguna Chapala lo que queda es solamente es el nombre, pues en la actualidad lo único que se ve habitualmente es el vaso totalmente seco, como lo podemos apreciar en esta foto satelital. La actual Carretera Transpeninsular pasa por un lado de ella era entronque de caminos, en realidad lo sigue siendo, hacia la derecha se continúa por la costa del Mar de Cortés llegando a Puertecitos, San Felipe y Mexicali. De lado derecho a El Rosario, San Quintín, Ensenada y Tijuana.

Este es un mapa de la región, publicado originalmente en 1966, en l vemos a doble línea la parte del camino de terracería que partía de San Ignacio en la Baja California Sur hacia El Arco, pasaba por varias rancherías hasta llegar a Laguna Chapala en donde estaba el entronque de los caminos. Una vez trazada la actual carretera, ésta continuaría de San Ignacio al Vizcaíno, Guerrero Negro, Cataviña y El Rosario; Laguna Chapala no se volvería a nombrar, aunque sigue siendo hasta el día de hoy, el punto de entronque de la nueva carretera ya pavimentada, que sigue el mismo trazo.

Al cruzar el Desierto Central el panorama se torna increíble, un "bosque de rocas", si es que el termino me lo permiten, debido a que a lo largo del camino, por el rumbo de Cataviña lo que impera son dos cosas, los cactus del tipo Cirio, únicos en el mundo, y las rocas gigantescas que se suceden una a otra.


Y hay por el rumbo vestigios de la que fue una misión, en este caso solamente ubicada por el padre Link, y establecida por el franciscano fray Junípero Serra en 1769. Será bueno recordar que fue este jesuita de origen checo el que siguió camino norte por la costa del mar de Cortés y fue quién dio cuenta de que no había ninguna salida al Pacífico, llegando hasta el delta del río Colorado. Dicen que por San Fernando hubo una primitiva explotación de cobre.

Estas fotografías que vemos de la misión de San Fernando Velicatá fueron tomadas también por Howard E. Gulick en 1953, la anterior, donde se ve todo el valle, y esta de lo que era el templo en 1959. Seguramente que en la actualidad la erosión ha desmoronado aun más las paredes de lo que fuera este asentamiento franciscano.

Y algo aun más sorprendente en esta región del Desierto Central era otra comunidad que se dedicaba a la explotación del ónix, se llamaba El Mármol y una de sus características fue que durante más de medio siglo sirvió como cantera para levantar todo tipo de esculturas de mármol en varias regiones de los Estados Unidos ya que eran norteamericanos quienes tenían esta concesión, en la actualidad la que fuera la escuela, construida en mármol, está abandonada.

Dicen que la Carretera que va de Laguna Chapala a Puertecitos está ya pavimentada, la fotografía la encontré en una publicación del periódico de Ensenada, El Vigía, en donde menciona de la construcción de esta carretera, pero la toma no se exactamente donde fue hecha. Lo que sí estoy seguro es que recorrer el Desierto Central es una maravilla. Si no tienes la posibilidad de hacerlo, tómate unas horas para navegar por Google Earth en esta región de la Baja California y verás que cosa tan interesante es vista desde las alturas, como ejemplo te dejo estas dos tomas, una en la región noreste del Desierto Central, la otra en la parte central.



Para leer más sobre la mina de ónix en El Mármol, entra aquí:
http://vamonosalbable.blogspot.mx/2009/04/el-marmol.html

lunes, 15 de octubre de 2012

El Arco, la que fuera importante escala en la primitiva Carretera Transpeninsular.

 Cuando comparas los mapas que muestran el trazo anterior a lo que ahora conocemos como Carretera Transpeninsular hay puntos que destacan como escalas importantes, es decir, lugares en donde había algunos servicios y aprovisionamientos para continuar el largo camino entre Cabo San Lucas y Tijuana, uno de ellos es justo arriba del paralelo 28, el que separa a la Baja California (norte) de la Baja California Sur. Ese punto fue próspero poblado que albergó a varias centenas de personas ya que allí se ubicó una mina de oro; misma que fue explotada a finales del siglo XIX, en pleno porfiriato, luego abandonada y vuelta a explotar a mediados de los años treinta del siglo XX por espacio de dos décadas, luego abandonada nuevamente y ahora, se quiere retomar el sitio del que se dice sería la mina de cobre, no de oro, más grande del mundo, lo cual implicaría hacer un agujero de ocho kilómetros de largo, pues la mina sería del tipo "a cielo abierto". La fotografía que vemos es de Howard E. Gulick, tomada en 1956 justo en El Arco.

 "En el sur del territorio (se refiere al estado de Baja California -Norte-), la compañía Ibarra siguió trabajando sus minas, habiéndose aumentado el número de mineros contratados a unos 200 ó 300. En 1890, muy cerca de Calmallí, se abrió otro campo, el llamado Campo Alemán, con una pequeña comunidad de más de 100 habitantes y, a principios del siglo XX, se abrió todavía otro, El Arco, que fue un importante centro productor de oro, con una comunidad de varios miles y que operó hasta los años treinta, cuando, debido a problemas laborales, sus propietarios cerraron las minas. (...) Los tres campos -Calimallí, Campo Alemán y El Arco, llegaron a considerarse uno mismo bajo el nombre e Calimallí". (1) La foto que vemos es la mina del Arco en 2007.

 En 1960 este era el trazo de la Carretera Transpeninsular, estaba pavimentado de Tijuana a Ensenada y de allí hasta San Quintín, luego seguía la terracería hasta llegar a El Rosario, sitio a donde se ubica esa mole que en el artículo anterior vimos: El Castillo. Seguía al sur adentrándose al centro de la península por otro enigmático lugar, Laguna Chapala, para de allí continuar rumbo a El Arco. Unos 80 kilómetros antes de llegar está la misión jesuita de San Francisco Borja, es la que vemos en la siguiente fotografía y quizá iba a ser la más grande de las misiones o, en todo caso, una de las más grandes ya que estaba dedicada al santo en cuyo haber se encontraban linajes depurados: nieto del papa Alejandro VI, que antes del pontificado llevaba el nombre de Rodrigo Borja, nieto por el lado materno de Fernando V de Aragón, primo de Carlos V y Duque de Gandia, además virrey de Cataluña; esto en la vida civil pues en lo religioso llegó a ser el Superior General de la Compañía de Jesús. Por si no fuera suficiente todo esto, habrá que anotar que el Fondo Piadoso de las Californias, que era el sustento económico para la evangelización de la Baja California estaba auspiciado, entre otros, por su descendiente, la Duquesa consorte de Béjar y Gandia. 

Leemos en el periódico El Tucsonense del martes 5 de abril de 1932: "El Sr. Arnulfo Liera, naviero a quien pertenece e barco "La Placita", que está siendo utilizado según la prensa para transportar elementos de Guaymas a la Baja California par dar principio a trabajos de explotación minera en la región de Calimallí me acaba de confirmar plenamente la noticia: La famosa mina de oro "El Arco" que perteneció a la sucesión del acaudalado Don José R. Villavicencio, que había sido adquirida por los capitalistas norteamericanos Rosenberg y Gillette (el de las navajas de dicha marca) fue cedida por ellos a su vez a una compañía norteamericana que ha dado ya los pasos para reanudar en breve y en gran escala los trabajos en dicha mina, donde se ocupará, según se sabe, gran cantidad de gente. La mina de El Arco está situada en la región de Calmallí y Pozo Alemán, región famosa pues ya en otra época ha tenido también como California, su "fiebre de oro".

 A pocos kilómetros, rumbo al este, de El Arco, se encuentra otra de las misiones jesuitas, la de Santa Gertrudis. Y es precisamente en esa zona, la del Desierto Central, que la empresa minera Grupo México anunció, en 2007 que para 2012 entraría en operación nuevamente la mina El Arco, la más grande, dicen, del mundo en extracción de cobre. "La joya en esa cartera es El Arco, en Baja California, considerado uno de los mayores yacimientos en superficie de cobre del mundo; sus reservas se calculan en 1,200 millones de toneladas y una vida de 25 años a un ritmo de 190,000 toneladas por año, más una cantidad por determinar en las capas subterráneas. Desarrollar El Arco cuesta unos 1,800 MDD (que no entran en el plan de 6,000 MDD), pues necesita instalar plantas para la explotación y tratamiento del mineral. Aparte, la compañía trata de convencer a la CFE para invertir, conjuntamente, en el tendido de un cable submarino que conecte Sonora con Baja California. "Está totalmente probada la reserva -dice García de Quevedo-. (Pero) Como consejo decidimos dar prioridad a los proyectos de más rentabilidad y lo más rentable es una mina que ya está en operación". (2)

Las consecuencias de este megaproyecto serían que habría la necesidad de crear una ciudad para dar abasto a la mina, esto es, una población de al rededor de 20 mil personas, y luego de 25 años que dejara de ser productiva la mina sería, claro es, abandonada y la población allí asentada seguramente crecería en ese lapso de tiempo y se quedarían sin fuentes de empleo. A esto hay que agregar las necesidades casi monumentales de agua, la cual, sencillamente, no existe en la zona. Según leí en un artículo del periódico El Vigía de Ensenada, el proyecto fue cancelado pues la minera prefiere desarrollar al máximo Cananea. El Arco la volvió a librar...

Fuentes:

1.- Heath, Hilarie J. Noroeste Minero, la minería en Sonora, Baja California y Baja California Sur durante el porfiriato. Plaza y Valdés. México, 2002.

2.- CNN-Expansión. 26 de septiembre de 2011. Cuando el cobre se vuelve oro.
http://www.cnnexpansion.com/expansion/2011/11/14/cuando-el-cobre-se-vuelve-oro

lunes, 21 de mayo de 2012

Juan Caballero y Osio queretano que apoyara al Fondo Piadoso de las Californias

 Caminando por las calles del centro histórico de Querétaro, justo al salir del santuario de Guadalupe, encuentro este monumento que me llama mucho la atención. Al leer su nombre recuerdo de inmediato que fue uno de los primeros en aportar capital para la creación del Fondo Piadoso de las Californias, con el fin de financiar la incursión jesuita en la conquista de almas en la península de Baja California. Juan Caballero y Osio, queretano nació en 1644 hijo del capitán don Juan Caballero de Medina y Corona y de doña Leonor de Osio y Ocampo. Hermano de José, Nicolás, Luis, Leonor, Nicolasa de la Cruz y María de San Cristóbal, estas dos últimas, monjas clarisas. Serían dos los varones de esta familia que se consagrarían a la religión, el propio Juan y Nicolás.

 Dentro del Santuario de Guadalupe existe este cenotafio que, si mal no recuerdo, fue levantado en su memoria. Juan Caballero se convirtió más que en un benefactor de la ciudad, en un patrono de los templos de Querétaro, esto debido a que contaba con los fondos suficientes para construir hermosos altares, retablos y conventos. Su fortuna fue heredada de su familia, ya que su bisabuelo fue uno de los más importantes ganaderos de Querétaro a finales del siglo XVI, al paso del tiempo la fortuna de la familia aumentó y contó dentro de ella una buena cantidad de haciendas, entre ellas la de Bocas y Santa Ana en el actual estado de San Luis Potosí; la Griega en Querétaro y Puerto Nieto en San Miguel el Grande, Guanajuato.

 En el mismo santuario guadalupano vemos la placa que indica la tumba del insigne benefactor. Juan Caballero y Osio cursó sus estudios en la ciudad de México a donde llega contando 13 años, su educación estuvo a cargo de los padres jesuitas en el Colegio de San Pedro y San Pablo; al regresar a su natal Querétaro llevaba consigo el grado de Capitán y, siendo de las familias principales, es elegido como Alcalde ordinario, cargo que ocupó tres veces. "En 1673 se interesó por ganar el cargo de Alguacil Mayor de Querétaro, que se obtenía mediante el correspondiente remate; en este caso, el costo del puesto -que desempeñaría de 1676 a 1679- era de 5 200 pesos, suma que pudo erogar sin ninguna dificultad dada su desahogada posición económica". (1)

 Para 1679, una vez concluido su periodo como Alguacil Mayor, se traslada a la ciudad de Puebla para prepararse como sacerdote y en abril de 1680, apenas unos meses después de su llegada, es consagrado ya que logró las dispensas necesarias para su preparación debido a que ostentaba ya los conocimientos suficientes debido a su paso por el Colegio de San Pedro y San Pablo. Es ese contacto que tuvo con los jesuitas durante sus estudios que lo motivó para apoyarlos en la difícil empresa que se habían propuesto realizar: la conquista espiritual de la California.

 Esta y las siguiente fotografías corresponden al templo de Santo Domingo en Querétaro, templo el cual también fue terminado gracias a las aportaciones económicas del Bachiller Juan Caballero y Osio. En las siguientes fotografías aparece el interior de la capilla de Nuestra Señora del Rosario anexa al templo. Pero a donde me quiero enfocar es a la creación del Fondo Piadoso de las Californias. Si te interesa leer algo sobre este templo, entra en este enlace:
http://www.oem.com.mx/diariodequeretaro/notas/n1580849.htm y aquí:
http://eloficiodehistoriar.com.mx/2011/05/05/el-convento-de-los-santos-apostoles-pedro-y-pablo-de-queretaro/
 "Una vez que los jesuitas encabezados por Juan María de Salvatierra y Eusebio Francisco Kino decidieron incursionar y fundar misiones en Baja California, se dieron a la tarea de reunir fondos para tal empresa mediante una colecta. Entre sus colaboradores se distinguió Juan Caballero y Osio, quien aportó inicialmente 20 000 pesos para fundar las dos primeras misiones de la zona: Nuestra Señora de Loreto y San Francisco Xavier.

 "La cantidad donada por Caballero se empleó en la compra de una parte de la hacienda de Arroyozarco, localizada en la jurisdicción de Xilotepec y Tula; la otra parte se adquirió con el dinero que entregó el marqués de Villapuente a los jesuitas. De estas tierras se obtenía una renta de mil pesos, los cuales se destinaban al mantenimiento de las dos misiones. Con esta propiedad se instituyó el Fondo Piadoso de las Misiones de California; por ello, Peter Master Dunne (University of San Francisco) considera a Caballero el fundador de dicho fondo.

 "La misión de Nuestra Señora de Loreto se estableció en la bahía de San Dionisio, a ésta siguió la de San Francisco Xavier, y ambas se convirtieron en centros de expansión de otras misiones. Caballero continuó contribuyendo al buen funcionamiento de aquellas; entre otras cosas, apoyó a los religiosos con una embarcación que necesitaban para trasladarse de un sitio al otro, la cual tuvo un costo de 14 000 pesos. Además pagó 15 000 por los ornamentos y vasos sagrados de las dos capillas. Es muy probable que haya otorgado otras cantidades a la obra misionera, ya que por todo ello el rey le ofreció el título de Adelantado de las Californias, al cual, humildemente, renunció". (1)

 Interesante en verdad la vida de Caballero y Osio, el cual participó en la construcción de casi todos los templos y conventos de Querétaro y, como dimos cuenta, también en el Colegio jesuita de Tepotzotlán y en una de las capillas de la Catedral de México, así como en un par de templos en dicha ciudad, aunemos a esto todo lo que la llegada de los jesuitas aportó a la península de Baja California.

 Pero no solo fue él quién aportó fondos para esta incursión, lo hicieron también don Alonso Dávalos, conde de Miravalle; don Mateo de la Cruz, marqués de Buenavista, don Pedro Gil de Sierpe y Romero; el virrey en turno, don Fernando de Alencastre y Noroña. Así como los descendientes del duque de Gandía. Es así como ahora podemos comprobar la liga tan intensa que existió entre Querétaro y las misiones jesuitas de la Baja California.

 Fuente:

1.- Montoya Rivero, María Cristina. Juan Caballero y Osio, patrono y benefactor de obras religiosas. UNAM, Insituto de Investigaciones Estéticas. México.

martes, 14 de junio de 2011

El camino a la Misión de San Javier en la Sierra de la Giganta

Ya pasaron tres años de que conocí esta parte de la península de Baja California y quedé impactado de la belleza del lugar, especialmente del color rojizo de la tierra y de las montañas, a medida que más avanzábamos dentro de la Sierra de la Giganta los colores se volvían más intensos y el paisaje más espectacular, cuando llegamos a la misión jesuita de San Javier concluimos que algo que más engrandecía ese recorrido era hacer los 30 kilómetros en casi hora y media debido a las condiciones de la carretera, llegar allí era una auténtica experiencia. La foto que vemos viene de "Los Cometas" una pareja que hizo este recorrido hace 9 años. Las cosas han cambiado un poco.

Si partimos de la definición del turismo y analizamos bien lo de explotar racionalmente los recursos, los atractivos que cada lugar tiene será bueno pensar que si bien ahora se pueden llevar más turistas a que conozcan la magnífica misión de San Javier, hemos perdido la espectacularidad del camino, es decir, el camino es el mismo, ahora pavimentado, pero la experiencia de sentirse en otro siglo cuando uno se introduce en ese entorno ya no existe más. Entonces si ponemos en la balanza de la racionalidad, que tan bueno fue crear esta carretera pavimentada. (La fotografía es de José Luis Puga).


Se dijo que la apertura de esta carretera llevaría más turistas a la zona, por lo tanto mejorarían las condiciones de vida de la gente que por allá vive, eso no sé si se logró, creo que la carretera no se terminó completamente, pues solían hacerse ceremonias de inauguración de diez kilómetros y luego otra cuando venían los siguientes 10, el protagonismo como que, en ocasiones no nos deja información clara y más bien confunde y uno se imagina que hubo muchas obras, pero, no nos metamos en politiquerías pues eso, la verdad, no es lo mío, lo que si veremos es la visión que tuvo Fernando Jordán cuando visitó, por segunda ocasión la misión de San Javier, enclavada en la grandiosa Sierra de la Giganta. (La foto es de Cabonauta).


La Misión de San Francisco Javier está situada a 40 kilómetros de Loreto, sobre la sierra y ya en la pendiente del océano Pacífico. Se llega a ella por un camino que permite el paso de coches hasta donde empiezan las estribaciones de la abrupta sierra de La Giganta. El resto se hace a lomo de bestia, por una vereda que asciende sobre el terreno empinado y pedregoso. Los loretanos sueñan con tener un camino carretero que una San Javier con la vieja capital californiana, y desde hace años trabajan por lograrlo. Desgraciadamente el paso de la sierra es difícil y muy pobres los presupuestos territoriales para la construcción de caminos. Sin embargo, el entusiasmo es mucho y es posible que en poco años se haya logrado abrir un paso transitable entre los murallones de roca que forman la elevada y desnuda sierra de La Giganta.


Esta fotografía y la anterior la tomé de uno de los varios blogs que he encontrado de ciclistas que vienen de otros países y se maravillan al hacer el extenuante recorrido de la península, no había nombre del autor, o tal vez no lo encontré, eran españoles y su blog tiene un particular nombre: "El país de los topes". Por cierto, la foto anterior es antes de llegar a San Javier, en donde está la desviación hacia San José de Comondú, un trayecto que también lo recorrí y que es algo en verdad impactante hacerlo, debes ser experto en manejar y demasiado aventurero para meterte en esas apartadísimas lejanías. Pero bueno, sigamos con lo que Fernando Jordán escribió para la revista Impacto en 1951 y que luego se tradujo en el libro Mar Roxo de Cortés.


San Francisco Javier fue antiguamente un pueblo, porque de otro modo no se explicaría ahí la presencia de tan soberbia misión; pero en la actualidad la población se reduce a una ranchería de doce o catorce familias, que viven espantosamente aisladas y siempre faltas de artículos de primera necesidad. Tal vez, al construirse el camino a Loreto (con su continuación hasta la llanura de Santo Domingo) se componga un tanto la situación económica de este lugar, pues será el paso y la escala obligada de los camiones que deberán traer los productos de la región agrícola de Santo Domingo al puerto de Loreto, el más cercano para ser utilizado como embarcadero. [Fernando Jordán se mató en 1956, hasta 1973 se inauguró la Carretera Transpeninsular, y el trazo se hizo rodeando la sierra de La Giganta, San Javier siguió siendo un camino de terracería hasta 2010. La fotografía es de Gabriel Moreno].


"La misión de San Francisco Javier es una de las más antiguas de la Baja California. Fue construida por los padres Salvatierra y Piccolo en 1699, y terminada, a juzgar por una inscripción que se ve sobre el muro de la fachada, en 1757. Está en perfecto estado de conservación y tiene aun su altar original de madera recubierta de oro y algunos santos de la época. Algunos de sus cuadros, sin embargo, han desaparecido, entre ellos el famoso Murillo, que se sabe lucía en uno de los muros. Estos tesoros perdidos quedaron en poder de los turistas estadounidenses que recorrieron las misiones en el siglo pasado. [La fotografía del camino ya pavimentado en su más cerrada curva es de Gabriel Moreno].



"En San Javier la gente es tan pobre y honrada como en los demás pueblos del territorio, pero indudablemente es todavía más perezosa. A pesar de que la misión representa el principal punto de apoyo del pueblo, los nativos la tienen absolutamente abandonada. Lo que levantara el padre Salvatierra en menos de 50 años, no han podido conservarlo en el transcurso de los restantes 200 años, a pesar de que esta conservación representa una milésima parte del trabajo que requirió la construcción formidable de esta obra arquitectónica, toda hecha de piedra labrada. [Esa foto que nos muestra la impresionante coloración de la sierra de La Giganta es de Gabriel Moreno].


Esta era la experiencia que vivías antes de que se terminara la carretera a San Javier, en este punto, hay un espectacular mirador que nos deja ver en mitad de la sierra, al fondo, la Isla El Carmen, la foto es de Memo Flores. Continuamos con Jordán: "Todo lo que sustenta la economía local y significativa vida en San Javier se basa en las obras de los jesuitas. Además de la misión y los estanques, están los canales de riego (todavía en servicio) y los centenarios olivos, que siguen rindiendo fruto año con año. Nada nuevo ha sido construido, porque la iniciativa y el trabajo no son dotes que caractericen a los nativos de este lugar, el cual, sin embargo, flota y se percibe todo esfuerzo civilizador de los misioneros que conquistaran las Californias en los siglos XVII y XVIII." (1)


Viendo esa foto de Memo Flores me acuerdo mucho de cuando hice el recorrido, La Giganta tiene algo que la hace muy especial, muy distinta a las demás serranías en la península, aquí todo es café rojizo, fresco en el invierno y un calor insoportable en el verano y pasar en estos rumbos al menos una noche, nos da la oportunidad de observar el cielo más estrellado que te puedas imaginar. Pero como esa es otra historia, esa te la cuento en este enlace:




Y para ver más de la sierra de La Giganta, entra aquí:




Y con este enlace terminamos, por ahora, de disfrutar y tratar de entender mejor los profundos sentimientos que Fernando Jordán tenía hacia toda la Baja California, sur y norte, y si te interesa leer todo el libro, lo tienes en línea aquí: