miércoles, 25 de febrero de 2015

El Santuario del Señor de Chalma; Chalma, municipio de Malinalco, Estado de México.

   El Santuario del Señor de Chalma es de los centros de peregrinaje más antiguos de México, y es también una manifestación más del sincretismo religioso que se dio luego de la conquista cuando, ante las ideas arraigadas de las deidades se optó por darles matiz católico a través de un santo equivalente en poderes, abogacías y patronazgos, en este caso no fue un santo sino un Cristo que sustituyó a Oztotéotl, del "dios de las cuevas" cuya morada era precisamente una cueva, sitio en el que fue depositada la imagen de Cristo que se venera actualmente en ese santuario.

   Para llegar a Chalma, pueblo del municipio de Malinalco, en el Estado de México es necesario, estado en la ciudad de México, ir a la terminal de Autobuses del Poniente, para llegar allá hay que ir a la estación del Metro Observatorio, salir entre un maremagnum de puestos, entrar en la terminal y, del lado izquierdo buscar la taquilla de los autobuses que van a Chalma, el viaje se hace un poco largo por la congestión vehicular que regularmente hay en la avenida Constituyentes que se convierte en Autopista México Toluca, luego de cruzar La Marquesa, el autobús entra en una carretera estatal rumbo al sur, entre bosques de pino, y en una hora más de camino estamos llegando al pueblo en donde se localiza el Santuario del Señor de Chalma, el cual tiene las mismas características, de acceso que en San Juan de los Lagos, en donde una especie de túnel con vendimia de un lado y del otro conduce hasta las puertas del centro religioso.

   "El pueblo de Chalma, garganta o entrada al Santuario, es célebre por el Santo Cristo que lleva su nombre, encontrado en una de las cuevas de este lugar, muy concurrido en las Pascuas de Navidad y Espíritu Santo, primer viernes de cuaresma y día de San Agustín; presentándose muchos devotos de tierras lejanas aunque hayan tenido que atravesar caminos quebrados y trabajosos, careciendo aun de los más indispensables recursos. Al abrir los peregrinos sus corazones en presencia de la imagen reverenciada, oyese allí súplicas muy reverentes, oraciones fervorosas y sencillas y el consuelo en las calamidades.

   "El asunto de la aparición del Señor de Chalma, fue tratado extensamente por cuatro escritores distinguidos , tres de la Orden de San Agustín: fray Juan de Magallanes, que fue prelado del convento de Chalma; fray Manuel Gutiérrez, Procurador en Roma; el maestro fray Diego Aguilar, provincial y el padre Francisco Florencia de la extinguida Compañía de Jesús.

   "El visitante a ese santuario siéntese movido por piadosos efectos, su corazón se ensancha a impulso de las mismas emociones extraordinarias que abrigan los que visitan antiguos santuarios en Europa. La tradición es la base principal en que se funda la narración de lo que al de Chalma se refiere, remontándose hasta el año de 1539; esa tradición se conserva principalmente en Ocuila y Malinalco, pueblos vecinos de Chalma, pero las principales noticias fueron acumuladas por el religioso fray Juan de San José, custodio vigilante del Santuario por espacio de cuarenta años.

   "Los indígenas de Ocuila y su comarca eran idólatras y rendían ciega adoración a un ídolo cuyo nombre se cree era Ostotocteotl, nombre que significa: El dios de las cuevas. En la distancia media entre Ocuila y Malinalco, pueblos que debieron su conversión a los religiosos agustinos, hay una barranca casi de Norte a Sur, frondosa cañada poblada de arboledas y altos riscos de una y otra parte, extendida desde Ocuila, casi a dos leguas de Chalma; por ella se desliza un río no muy caudaloso, pero con precipitado curso sigue el fondo de la quiebra hacia el Sur, creciendo su caudal con las corrientes que brotan del pie de la ladera en que están las cuevas. Una de éstas, fabricada por la naturaleza en forma de bóveda, tiene su frente al ocaso, y limitan su horizonte varios cerros empinados que corren formando una muralla; por el lado Norte la cercan ásperos riscos y peñascos abiertos de arriba abajo, con muchas hendiduras que parecen el resultado de algún fuerte temblor; rodean esa cueva multitud de árboles y plantas silvestres que produce toda la barranca, en la que viven bien las fieras y se crían víboras, escorpiones y alacranes, al abrigo de una fuerte temperatura.

   "En esa hermosa y pintoresca cueva, habían elegido un altar los indígenas de la provincia de Ocuila y tenían colocado aquel famoso ídolo, al cual ofrecían incienso y perfumes en vasos de barro; corazones y sangre de tiernos niños y de seres irracionales. Era muy grande la devoción que por el ídolo sentían los gentiles, concurriendo enorme cantidad aun de remotos climas, para presentarle víctimas y pedirle favor y auxilio. Algunos años después de la conquista continuaban aun ese culto bárbaro.

   "Las órdenes franciscanas y dominica no habían podido abarcar toda la vasta extensión de Nueva España para cambiar la idolatría, y se presentaba en las provincias de Ocuila y Malinalco la grande dificultad del idioma ocuilteco que fue el más raro en estas tierras, hablado allí solamente; asegura el maestro Grijalba que se habían establecido los ocuiltecas ochenta años antes de la conquista , por lo que no contaban más que ocho pueblos, uno de los cuales era Chalma, del que tomó su nombre el Santuario que dista casi cuatro leguas de este punto.

   "En el año de 1537, a los cuatro de haber llegado a Nueva España los padres agustinos, se presentaron dos de ellos en el pueblo de Ocuila, la víspera de la Pascua del Espíritu Santo, y tomaron a su cargo la doctrina de toda aquella provincia, llamábanse los misioneros fray Sebastián de Tolentino y fray Nicolás de Perea; conviritieron a multitud de infieles y predicaban con fervor; los neófitos ocuiltecas dieron informes a los padres acerca de la cueva y del ídolo que en ella se adoraba, refiriendo los impíos sacrificios y sangrientas abominaciones que allí cometían los que continuaban en la idolatría.

   "Guiados los religiosos por los mismos naturales, se dirigieron desde luego a la barranca; con grande trabajo llegaron a la cueva entre la salvaje espesura del bosque en que había otras grutas y presenciaron el repugnante sacrificio y las demás impiedades. Ante estos hechos el religioso más diestro en el idioma ocuiteco, comenzó a predicar con tal ardor y con tan persuasivas palabras, explicó los principales misterios de la Fe, repitiendo lo que en otras muchas pláticas les había sido predicado.

   "Volvieron a predicar en ese pueblo contra el ídolo y tornaron a los tres días con los ocuiltecas a la cueva, para colocar la cruz en el lugar en que estaba el ídolo, llevando el padre Perea una cruz a cuestas, en las dos leguas que la cueva dista de Ocuila. Al llegar encontraron la imagen de Jesús crucificado, puesta en el mismo sitio en que había estado el ídolo que yacía derrumbado en el suelo y reducido a fragmentos; sirviendo de apoyo a las plantas de la imagen de Cristo, y el altar y pavimento de la cueva alfombrados con variadas y exquisitas flores. Asombrados quedaron los indígenas; el padre Perea aprovechó la oportunidad para hacerles notar que ya había acontecido lo que les tenía anunciado, explicó lo que significaba el crucifijo que reemplazaba al horroroso ídolo, les dijo que aquel hombre se había sacrificado voluntariamente por los demás y sin la violencia con que eran inmoladas las víctimas antes los ídolos.

   "Los malinaltecas, chalmatecas y ocuiltecas, no podían comprender desde luego lo que se les refería, pero si conocieron que nada valía Ostotocteotl cuando yacía postrado a los pies de la imagen de Cristo; nada pudieron ya esperar de su ídolo tan débil, en quien habían implorado sus esperanzas y cuya protección habían invocado por el culto y las adoraciones. Consideraron que si hasta crucificado hacía esos portentos, que sería con su virtud y su poder el Dios que se había hecho hombre para convertir al pecador y facilitar la vida eterna. El poder de los falsos dioses venía en consecuencia, a reducirse a engaños y mentira, siendo tan solo fuerte aquel en cuyo nombre les predicaban los religiosos agustinos". (1)





   "Dame, Señor, fuerza para quitar de mis manos toda inmundicia: Para que pueda servirte sin mancha del alma y del cuerpo: Amén". Frase inscrita en el Lavatorium.



   "Aspice defunctos tumuli sub fornice junctos. Muta hic ossa jacent; nec tamen ipsa tacent. Clamant: Lectores, culpa deponite mores. Mors si inupina ferit, paena perennis erit." Contemplad a los difuntos sepultados bajo la bóveda de este sepulcro. Aquí yacen sus huesos mudos, sin embargo los mismos no callan. Claman. Lectores: Abandonad las malas costumbres, porque si la muerte llega repentinamente, la pena será eterna.

   Me parece más que curioso, interesante, ver cómo en los principales centros religiosos, los Santuarios más importantes de México, siempre hay una asociación al agua. Aquí en Chalma es un arroyo el que pasa justo a espaldas del templo, incluso se convierte en paseo para los visitantes y escala de reposo a los peregrinos, además hay la creencia de que estas aguas son curativas. Como curativas fueron las aguas del Pocito, en la Basílica de Guadalupe, y también el Pocito de la Virgen en el Santuario de la Virgen de San Juan de los Lagos; en Salamanca, Guanajuato, en donde se venera al Señor del Hospital, había un pozo artesiano de agua caliente, los peregrinos solían bañarse allí pues pensaban que eran aguas curativas.

  Y de exvotos, ni que decir, aquí abundan,

    La planta baja del convento muestra una buena cantidad de pinturas con escenas de la vida de San Agustín, este es un convento en uso, por lo que solo es permitido recorrer los corredores de ese nivel, el resto esta reservado para los padres agustinos.


   Esta es la segunda vez que visito el Santuario del Señor de Chalma, por lo tanto no adquirí la corona de flores, aunque hubiera sido bueno conservar una... de acuerdo a la tradición, cuando visitas por primera vez el Santuario debes entrar coronado, para luego, al salir dejarla como testimonio de tu visita. Tengo la idea de que esta es una tradición heredada de muchos siglos atrás, pero aun no logro documentarlo cabalmente.


Fuente:

1.- Rivera Cambas, Manuel. México Pintoresco, artístico y monumental. Tomo III. Imprenta de la Reforma. México, 1883. pp.72-74.

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