lunes, 2 de febrero de 2015

De San Miguel, el yauhtli y las centenarias tradiciones del campo mexicano.

    Recordarás que hace poco hice un ejercicio en el que supimos cuales eran los santos más usados y que dieron sus nombres a las poblaciones que se fueron evangelizando, uno de los que más se usa es el de San Miguel. Ese ejercicio consistió solamente en las parroquias del Arzobispado de México pero, si consideramos todos los pueblos, seguramente San Miguel, junto a Santiago y San Pedro se vuelven los más usados. El caso de San Miguel es el que hoy nos interesa entender, dado que su presencia es abrumadora en las más antiguas tradiciones, luego de que se diera la evangelización en México.

    El Arcángel San Miguel es, además de santo, además de arcángel, príncipe y, por si esto no fuera suficiente, es el que comanda los ejércitos celestiales, fue quien dominó al demonio y lo expulsó, es el que nos acompañará, luego de la muerte, hasta nuestro destino, sea el paraíso o el infierno, dependiendo de cuál haya sido nuestro actuar en la vida terrenal. Esa es la razón por la cual la figura de San Miguel se adoptó con facilidad en las creencias locales. Más aun cuando se le vio la similitud con Tláloc, el dios de la lluvia.

    Uno de los lugares que primero conocí del Estado de México, sin contar algunos municipios del área conurbada, fue Malinalco, al pasar por ahí vi dos lugares que, con el tiempo conocería mejor: el Santuario de Chalma y el pueblo de Ocuila, sitio a donde fueron enviados los agustinos luego de unos momentos de tensión que tuvieron con las ordenes religiosas ya establecidas en Nueva España. Y serían los agustinos los que idearían la "aparición" del primero de los Cristos venerados por los indígenas: el Señor de Chalma. Pero no nos salgamos del tema, lo que nos interesa ver es la relación de San Miguel con Tláloc, la cual nace, de algún modo, en la zona sur del Distrito Federal y su parte colindante con el actual Estado de México.

   Los cerros estaban asociados con la lluvia, se creía que era en los cerros en donde moraba Tláloc, de allí que todas las ceremonias para pedir lluvia se realizaran en los cerros. La asociación de ideas de esta deidad con San Miguel surge en forma gráfica al ver que Tláloc portaba una especie de bastón, hay quien lo interpreta como una especie de oro y con forma de culebra. Es un rayo, ese que precede a las torrenciales lluvias y San Miguel lleva en su mano una espada, esa que representa la fuerza destructiva contra el mal.

   Justo es por allí, por la zona de Chalma, Ocuilan, Malinalco, que el panorama que se domina es el de los cerros, por ahí la Sierra Madre Occidental se vuelve una sucesión impresionante de suaves laderas, de hermosas colinas y montañas, sitio en donde moraba Tláloc, es decir, donde ahora moraría San Miguel.

    Y es la festividad de San Miguel, el 29 de Septiembre, la que cierra el ciclo agrícola, el otoño apenas comienza el día 22 y al poco tiempo hace su aparición San Miguel pero, como te lo conté hace tiempo, ocurre en esa zona que, la tradición cuenta que en la víspera del día de su santo de San Miguel, el 28 de septiembre, ese día el diablo anda suelto y es menester protegerse, razón por la cual se confeccionan las cruces de Pericón, mismas que serán colgadas en puertas y ventanas para protegerse de los ataques del demonio pues, al amanecer del día de San Miguel, él cual es su costumbre, sacará su espada reluciente, refulgente cual rayo, y aniquilará, una vez más al demonio.

    La cosa no termina allí, ya que para las cruces no se usa cualquier tipo de yerba, se usa el yahutli, que fuera la yerba que los antiguos mexicanos usaban para proteger su milpa, colocando ramilletes de esta flor de intenso color naranja en cada ángulo de ella, adicional a una central, justo en el ombligo de la milpa. En la actualidad el yahutli es conocido con el nombre de Pericón, yerba que tiene ciertos poderes curativos y un delicioso aroma. Las siguientes fotografías las tomé por las calles de Malinalco, justo pocos días de que San Miguel derrotara, una vez más, al demonio.

    "El yauhtli, tagets lucida, fue, y sigue siendo, una de las plantas sagradas más importantes entre los nahuas. Sus nombres comunes son pericón, San Miguel, periquillo, flor de Santa María, yerba anís, yerba de nubes, "amarillo espiritado" (en los conjuros pronunciados durante el parto). Pertenece al grupo de plantas de Tláloc, o sea, las plantas sagradas, y tal vez fue la que ocupó el sitio principal, pues era una epifanía del dios, según se expresa en una oración del Códice Florentino." (Leer más.)








   Creo que ahora entenderás cuál es la razón por la cual por todos los pueblos antiguos de México encontraremos siempre un Cerro de San Miguel... recuerda, Tláloc moraba en los cerros y Tláloc fue suplantado por San Miguel.

  Y te doy el ejemplo más claro que hay de un Cerro de San Miguel, quizá el más conocido y a la vez desconocido, pero creo que con la óptica que te da éste artículo lo entenderás fácilmente: el Cerro de San Miguel Chapultepec.

Fuente:

1.- De la Garza, Mercedes. Sueño y aluncinación en el mundo náhuatl y maya. UNAM. México, 1990. p.82

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada