martes, 12 de julio de 2016

Los anuncios exteriores, sobrevivientes al paso del tiempo


  La frase de "nada con exceso, todo con medida" como que la tenemos asociada al consumo de alcohol, pero igual aplica para todo, pues todo en exceso es malo. En cuanto a la contaminación, esa la tenemos asociada, más que nada con el aire, pero la hay en cada uno de nuestros sentidos. La mala calidad del aire le pega al olfato, los ruidos excesivos ocasionan la contaminación auditiva y los anuncios en exceso en vía pública contaminan visualmente.

  Por suerte, a excepción de la ciudad de México, la contaminación visual se ha regulado un poco más que las otras contaminaciones. Sé del caso de Los Cabos, un paraíso no por sus playas, sino porque el aire es limpio y más aun, porque los anuncios espectaculares están prohibidos, entonces lo que admiramos al ir por los caminos es la naturaleza en pleno. Creo que todo esto, lo de la contaminación visual, comenzó con los letreros que en la segunda década del siglo XX, se colocaban de lado a lado sobre la calle en una especie de malla en la que se anunciaba el local, en este caso vemos  en la primera imagen la Botica de San José y en la segunda Peluquería y Sastrería. Eran pocos, escasos los anuncios entonces...

  Vendrían luego los años cuarenta y la implementación de las luces de neón, los anuncios se volvieron más llamativos y comenzaron a llenar las calles, es decir, a contaminar visualmente. Ya para los sesentas se llegó a extremos como en la ciudad de Guatemala...

  Ahora, al caminar por algunos pueblos de México vamos encontrado reminiscencias de aquellas publicidades... veamos:


En Cortazar, Guanajuato.

En Salamanca aun se conserva el de la Frutería El Papaloapan.

En Salamanca, la que fuera la terminal de Flecha Amarilla, se conserva este anuncio exterior.

También en Salamanca.

Me sorprende ver aun el letrero  que anunciaba al Teatro Cuauhtémoc en la calle Juan Manuel, en Guadalajara.

El Hotel Moderno en la calle de Incas en el centro histórico de la CDMX conserva su letrero.

El Hotel Palacio en Irapuato, Guanajuato.

Así era antes...





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