viernes, 9 de septiembre de 2016

De lo que pasó antes y después de los llamados Niños Héroes, 1847

   Se dijo, se dice y se dirá eso de que en la escuela nos dan (dieron o darán) apenas una “embarrada” acerca de la historia de México. De eso no hay duda, y si agregamos que las páginas que nos han “embarrado” son, en ocasiones, sólo las que relatan triunfos y que no nos dejan ver la realidad de lo que sucedió. Tenemos como primer ejemplo lo sucedido a lo largo de cuarenta años con la llamada rebelión Cazcana que comenzó en 1540, de ello en los Altos de Jalisco y en la parte sur de Zacatecas se sabe pero fuera de ahí es tema desconocido, al igual que el protagonista del episodio, Tenamaztle.

  Se habla mucho de la Batalla de Puebla y el glorioso 5 de mayo. Sí que fue glorioso ganar a las tropas francesas, al ejército napoleónico, solo que, un año después, el 10 de junio de 1863 las tropas francesas entran en la ciudad de México iniciando así la segunda intervención de ese país.

  Ahora que, el 13 de septiembre se vuelva a recordar el episodio que conocemos como los Niños Héroes, se nos olvida que eso fue en realidad una derrota y que al día siguiente se izaba la bandera norteamericana en el Palacio Nacional, comenzando el 14 de septiembre de 1847 la intervención norteamericana. 

  El siglo XIX en la historia de México es bastante complicado para entenderlo pues no fue hasta la llegada de Porfirio Díaz a la presidencia que comienza una cierta estabilidad, eso quiere decir que la paz, la llamada Pax Porfiriana se conoce en México en 1876, solo 24 años en todo un siglo en el que nuestro país no estuvo en guerra. Para entender un poco, tan solo un poco de lo sucedido poco antes de la toma del Castillo de Chapultepec comparto el siguiente texto:

La ofensiva contra la ciudad de México.


  Ante el inminente  avance de las fuerzas norteamericanas hacia la capital de México, el general López de Santa Anna integró un ejército de 12 000 hombres, novatos en su mayoría, y estableció un sistema de fortificaciones, aprovechando las garitas de la ciudad, cerros, ríos, conventos y otras edificaciones. Sin embargo, cuando el ejército invasor llegó a la ciudad de México, las obras de fortificación no habían sido concluidas. Creyendo que el enemigo entraría a la ciudad por el Peñón Viejo, Santa Anna emplazó ahí su ejército. Sin embargo, el general Scott optó por esquivar la fortificación del Peñón y condujo sus tropas hacia el sur de la ciudad, desactivando así la estrategia de defensa de Santa Anna. En las Lomas de Padierna, el ejército norteamericano infringió su primera derrota a los defensores de la capital, al mando del general Gabriel Valencia.

Batalla de Churubusco.

  Tras la derrota en Padierna, Santa Anna ordenó el repliegue del ejército hacia la ciudad de México, instruyendo a los generales Manuel Rincón y Pedro María Anaya a que defendieran a toda costa el convento de Churubusco, protegiendo así la retirada de su ejército.


  En la mañana del 20 de agosto alrededor de 6,000 efectivos de las fuerzas norteamericanas emprendieron el ataque al puente de la calzada de Tlalpan y al convento de Churubusco, en este último, los soldados mexicanos habían erigido un parapeto y un foso con agua para obstaculizar el avance enemigo. En la mañana del 20 de agosto, los norteamericanos iniciaron el asedio al convento, siendo una y otra vez rechazados por los batallones mexicanos Independencia, Bravos, Guerrero, Chilpancingo y Tlalpa y por el de San Patricio, formado por irlandeses.

  Al agotarse las municiones, las fuerzas mexicanas que no sobrepasaban los 1,300 efectivos, continuaron envistiendo al enemigo a la bayoneta y a culatazos. Así murieron el coronel Francisco Peñuñuri y Luis Martínez Castro. Finalmente, ante la imposibilidad de seguir resistiendo, el general Anaya rindió su posición frente al general David Twiggs.

El batallón de San Patricio.


  En esta batalla se distinguió por su heroísmo y valentía en la defensa del convento el batallón de San Patricio, también llamado “Legión Extranjera”, integrado por irlandeses que habían desertado del ejército norteamericano para luchar por México. 

  Tras la derrota del 20 de agosto, los sobrevivientes del batallón fueron hechos prisioneros por los norteamericanos, siendo la mayor parte de ellos ahorcado. Los que se libraron de la horca fueron despiadadamente azotados, marcados con fuego en la mejilla con la D de Desertores y condenados a permanecer en prisión.

 Del Castillo de Chapultepec al Zócalo.


  El 8 de septiembre, después de diez y seis días de armisticio, los norteamericanos emprendieron el ataque al Molino del Rey –antiguo molino de trigo que operaba como fábrica de cañones-, y a la Casa Mata –depósito de pólvora-, logrando apoderarse de estos objetivos militares. 

  Tras su victoria en Molino del Rey Scott emprendió el ataque sobre el Castillo de Chapultepec. Las fortificaciones para defender este punto nunca se concluyeron, a pesar de que se trabajó arduamente durante el armisticio. El Castillo que albergaba en ese entonces al Colegio Militar, contaba con una modesta fuerza de 832 soldados, distribuidos en el cerro y en el edificio. Allí se encontraba también un grupo de cadetes del mencionado Colegio que se habían negado a abandonar el edificio, a pesar de la orden del director de la escuela. 

  Por otra parte, creyendo que los norteamericanos atacarían al sur de la ciudad de México, Santa Anna había desplazado sus tropas hacia ese rumbo, desprotegiendo el Castillo de Chapultepec. Al amanecer del 12 de septiembre la artillería norteamericana abrió fuego en contra del Castillo. Informado del ataque, el general Santa Anna envió, casi al final del día 13 de septiembre, tan solo un batallón, el de San Blas, al mando del coronel Felipe Santiago Xicoténcatl, quien murió al pie del cerro sin poder llegar a auxiliar a los combatientes del Castillo.

  No obstante la resistencia que presentaron los soldados de la guardia Nacional y medio centenar de alumnos del Colegio Militar, que costó la vida a seis de ellos, los norteamericanos lograron apoderarse de la estratégica fortaleza. A raíz de la derrota de Chapultepec, el general López de Santa Anna determinó que su ejército de 9000 efectivos, abandonara la capital (1).

  A manera de conclusión del capítulo de la historia de México llamado Intervención Norteamericana, el 2 de febrero de 1848 son firmados los Tratados de Guadalupe Hidalgo en los que México vende la mitad de su territorio a los Estados Unidos, el 12 de junio las tropas invasoras abandonan la capital del país. Es decir, al voltear la página del episodio Niños Héroes, pasó, lo que pasó.

Fuente:

Hernández Murillo, Alfredo. Las intervenciones extranjeras en México, 1825-1916. Conaculta, México. 2007, pp. 23.27

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