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domingo, 1 de noviembre de 2020

Las cruces atriales y uno de sus significados: La cruz de Atrio-cementerio

Tema recurrente (no tanto como el de templos o haciendas) ha sido en este blog la muerte, los panteones y algunos de los rituales asociados al tema. Lo que hoy comparto une una cosa con la otra, es decir, la razón por la cual estaban justo al centro de lo que hoy conocemos como atrio que en su momento fueron cementerios y al centro, en el ombligo de ese espacio se levantaba una cruz, que bien podemos intuir era cerrar el ciclo vida-muerte, por aquello del ombligo, la muerte y la cerradura del circulo… cosa que tal vez se pensaba pero que, lo más seguro, es que no fue así. Comoquiera, el concepto es interesante y no está de más analizarlo. Por cierto, este texto lo había ya compartido, pero con diferentes imágenes, si te interesa verlo, está aquí.


   “Para confirmar más esta idea del atrio-cementerio, se tienen también referencias de autores modernos, como la de Robert Ricard, quien comenta que el catecismo se hacía en los atrios o cementerios, a veces en torno a la cruz central. En esta cita él infiere dos aspectos interesantes que hay que retomar: primero, define el atrio como cementerio y, segundo, menciona la cruz atrial que como sabemos aparte de ser símbolo de fe es uno de los elementos esenciales de cementerio; además, habrá que recordar que las cruces de cementerio deben ser sin imagen y la mayoría de las cruces atriales del siglo XVI en México son así; entonces, la antigua explicación de que no tenían la imagen del crucificado para no propiciar la idea de sacrificio humano, deja de tener sentido, ya que el hecho de no tener esta imagen se puede deber a que simplemente son cruces de cementerios.


En este sentido, existe multitud de referencias, y como es importante dejar bien asentada esta hipótesis sobre las cruces de atrio mexicanas, se van a exponer las más significativas, como la famosa cruz de San José de los Naturales, de la cual fray Pedro de Gante dice que levantaron los indios una enorme cruz de doscientos pies de alto (56 metros), en memoria “de la bandera y estandarte de Cristo, la cual está hoy día que es más alta que ningún campanario de toda la tierra”, y le pide al emperador Carlos V “indulgencia plenaria a todos los que se enterrasen en el dicho patio de México […], pues la cabeza de todos y la más antigua es y por eso se llama San Joseph Bethlen” [sic].


   Además de esta referencia, existe la relación de traslado de la famosa cruz de Mañozca al cementerio de la catedral metropolitana. Esta gran cruz fue localizada por el arzobispo Juan Sáenz de Mañozca y Zamora en una visita que hizo al abandonado de Tepeapulco; la encontró entre… “maleza, espinas y tunales, entre cuya espesura por ser muy crecida estaba casi ahogada una hermosísima cruz de piedra de cantería colorada, que con levantarse doce varas de alto, prevalecía la monstruosidad […] y por sobre las paredes del cementerio dicho, descubrió el confuso bulto […] grabada con mucho primor de arte que plantaron los primeros religiosos al tiempo de la conquista evangélica por la señal de su predicación gloriosa”.Esta cruz fue traída con grandes trabajos desde Tepeapulco, para ser colocada “con gran pompa en el cementerio” de la Catedral de México; por eso se le conoció con el nombre de Cruz de Mañozca .


  En estas relaciones se plantean las dos funciones de estas cruces atriales: la de símbolo de fe y la insignia especial del cementerio. además, todas ellas estaban colocadas en atrios-cementerios, y en el caso de la cruz de Mañozca, esta se traslada a otro atrio-cementerio, al de la catedral; la reseña dice sobre su colocación: “dispúsose la fábrica artízose [sic] con toda brevedad a la entrada del cementerio frente a la puerta principal a la nave de en medio de la iglesia, levantándose sobre tres gradas de cantería en cuadro dos hermosos y proporcionados cuerpos de la misma materia… cubriose (el día de su dedicación) con flores y juncia toda la vuelta del cementerio”. En esta cruz se forma la limosna en los entierros de ponía en los entierros de pobres.

   La visión de estas grandes cruces a la entrada de los atrios-cementerios recuerda la gran cruz del cementerio de los Santos Inocentes de París; la cruz “hosanna” que Philip Aries menciona siempre como señal especial de los cementerios medievales.


   Por último, se señala el cementerio de San Pedro y San Pablo, misma que aun al final de la colonia es testimonio de la existencia y el servicio de estas cruces. A la expulsión de los jesuitas fue trasladada, ya que quedó desamparada, lo que provocaba que la gente se introdujera en el lugar y la ofendiera cometiendo delitos e irreverencias; curioso es que se preocuparon más en la instrucción sobre el traslado de la cruz que sobre los restos del cementerio, para los que quizás hay otra instrucción no localizada hasta el momento.


   Con los datos y referencias hasta aquí presentados se puede afirmar que los atrios mexicanos del siglo XVI son los cementerios comunes de la época, cuyo uso se prolonga hasta el siglo XX sobre todo en el ambiente rural, ya que en las ciudades a partir del siglo XVIII se inicia el proceso de secularización con el alejamiento de los lugares de entierro de las zonas de habitación, la arqueología no ha podido comprobar a través de trabajos de excavación fortuita se han localizado restos humanos, pero de los siglos XVIII y XIX".

Fuente:

1.- Rodríguez Álvarez, María de los Ángeles. Usos y costumbres funerarias en la Nueva España. El Colegio de Michoacán. Zamora, 2001. pp. 59-60


 

viernes, 16 de octubre de 2020

Algunas, pocas, cruces atriales de Tlaxcala

  Fueron doce los conventos construidos por los franciscanos en lo que hoy es el estado de Tlaxcala, algunos, como ya lo vimos, están en ruinas, y como bien lo sabemos, en la época en que fueron levantados uno de los elementos que siempre mantenían era la cruz atrial, que, como ombligo, se colocaba al centro del atrio. En ocasiones ese atrio era cementerio y las cruces se conocían precisamente como "de cementerio". Considerando el número de conventos, podemos decir que hay.. o había, doce cruces en ese estado, pero, no era privativo de los conventos tener su cruz atrial, muchos de los templos construidos a lo largo de ese siglo XVI la incluían pero me ha sido difícil encontrar en ese viaje virtual esas cruces y las que encuentro presentan ciertas interesantes características.

Esta se localiza en Cahuixmantla, desconozco su antigüedad y, claro es que no está en un atrio, pero, cabe la posibilidad de que haya estado y fue trasladada y empotrada, pero, siendo realistas, no lo creo por su tamaño, no creo llegue a tener un metro de alto, como quiera la incluyo en esta muy breve compilación.

La que ahora vemos al parecer sí era del convento, del de Tepeyanco, tengo entendido de que fue trasladada, para su protección, a una esquina de las calles de esa población.

Esta se localiza en el atrio del templo de Xiloxoxtla, presenta características más propias del XVIII, lo digo por su esbeltez. 

Otra más, también esbelta, la vemos en el atrio de Tlalteluco, se dice que es del XVII, me sorprende que los elementos a representar sean flores... siendo que normalmente eran los símbolos de la Pasión los que se incluían.

Finalmente vemos la cruz atrial que (creo) estaba en el convento de San Francisco en la ciudad de Tlaxcala, al menos es ahí, en el museo de esa ciudad, en donde se exhibe.
 

sábado, 23 de marzo de 2019

Una interesante Cruz Atrial en Capacho, Michoacán

   En la ribera nor poniente de la laguna de Cuitzeo se localiza el pueblo de Capacho, en el municipio de Huandacareo, Michoacán. Allí se encuentra un templo que fue doctrina del convento agustino de Santa María Magdalena de Cuitzeo. Y algo en verdad extraordinario que guarda el conjunto es su cruz atrial.

   Como bien lo sabemos, estas cruces son del tipo pasionarias, por mostrar en ellas los elementos de la pasión de Nuestro Señor, solo que esta vez encontramos ciertos detalles que la hacen diferente a las otras que hemos registrado en este Bable, como la forma en que muestran a Judas, una suerte de gusano y escorpión a la vez.

O la Dolorosa que aparece al pie de la cruz.

 La calavera, bien lo sabemos, está asociada al Monte Calvario, y se dice que representa a Adán.

 La sangre brotando de manos y pies.

  Judas ahorcándose con el propio lazo del saco de las treinta monedas.

 El Gallo, asociado a San Pedro.

   El Divino Rostro, se dice que en las primeras cruces que los agustinos elaboraron, el centro era un circulo de obsidiana, pues el color negro tenía una representatividad fuerte en el México prehispánico y de algún modo se relacionaba con el concepto pasión muerte que ellos pregonaban.

  Este símbolo no lo entiendo del todo, parece una media luna, pero, por su forma, con los cuernos hacia arriba, me recuerda la forma en que se representaba a algunos sacerdotes de la época romana en territorio de Israel.


   Y es aquí en donde vemos algo verdaderamente extraordinario: las Tres Personas.

 La corona de espinas y los tres clavos.

 El sol

Esta cara no la identifico.

 ¿un guante?


 Una flor de cuatro pétalos rematando el travesaño de la cruz.

 El látigo.


jueves, 28 de junio de 2018

Una emblemática cruz de humilladero

  Hacía rato no tocaba el tema de las cruces atriales, ahora lo hago pues encontré por ahí esta imagen que, si bien no es del todo clara, es sumamente representativa, nos deja ver otro de los tantos mestizajes, simbiosis o sincretismos que hubo entre la cultura traída de Europa y la que reinaba por estos lares mexicanos. No tengo idea de su localización, mucho menos si existe aun, (lo dudo) pero es una cruz bastante elevada por lo que intuyo será una de tipo humilladero, un marcaje en el camino, está en un maizal, de ahí que recuerde aquella ceremonia de los antiguos mexicanos en la que se colocaban ciertos marcajes, como amuletos en cada ángulo de la milpa a modo de protección y bendición para una abundante cosecha. Vemos que la cruz esta cubierta, al parecer por cuelgas, esos collares de flores que aun en nuestros días se siguen colocando a los principales de la población o a los santos en el día de su festividad.

viernes, 24 de noviembre de 2017

La capilla de los Talabarteros, acaso el inicio de la tradición del 3 de mayo. Ciudad de México

   Si eres asiduo a El Bable recordarás que hace tres años hurgué por todos los sitios, libros y mapotecas posibles en busca de los 84 templos católicos que se levantaron en la Ciudad de México cuando era la capital del Reino de la Nueva España, es decir, lo que hoy conocemos como Centro Histórico pero, al final el conteo se elevó a más de 550 considerando todas las capillas de los pueblos de indios que rodeaban a la ciudad y sus muchas capillas y oratorios privados. Hubo una, ya desaparecida, que me llamó la atención por su nombre: Talabarteros, pero no pensé tuviera una historia tan interesante como la tiene. En buena medida allí está el origen por el que la celebración de la Santa Cruz se hace en México el 3 de mayo del modo en que lo vemos en la actualidad.

  Hubo en esta plazuela del Empedradillo una capilla llamada de los Talabarteros, dedicada á la Santa Cruz, que estuvo situada en el punto donde se cortan las líneas que prolongan la acera oriental, de Santo Domingo y la del lado Sur de la de Tacuba, es decir, formando un estorbo fuera de la línea que ocuparon las cadenas, y que ahora es el límite de los jardines. No era redonda ni cuadrada, sino que tenía seis lados y cerca de dos varas sobre el nivel del piso, de suerte que se subían siete escalones para entrar en ella. Su origen fue antiguo y se hizo poco á poco, hasta llegar á capilla, de una manera curiosa.

  Entre los talabarteros que ocupaban los bajos de las casas del Estado, había uno llamado Pedro Siria, maestro guarnicionero y espadero, muy devoto de la Santa Cruz. Este, en principios del año 1607, propuso á sus compañeros poner una cruz en la esquina del Empedradillo y Escalerillas, lo que fue aceptado por todos, ofreciéndose á pagar á prorrata los gastos necesarios para su colocación.

  Solicitóse antes que todo como preliminar indispensable, el consentimiento del Administrador de los bienes del Estado y Marquesado del Valle de Oaxaca, á quien se creía dueño del sitio, y después se pidieron las licencias respectivas á la Ciudad y á la Mitra, por lo que á cada una le tocaba, y alcanzadas, se procedió á levantar el zócalo ó peana en que había de descansar la cruz. Llegado el 3 de Mayo del año dicho, la cruz, que fue de madera dorada y adornada de flores, se llevó á una de estas tres iglesias: la Catedral, la Santa Veracruz ó la Merced, sin que con seguridad se sepa á cuál de ellas, y después de una misa con que se celebró, se la bendijo, y en procesión solemne se la trajo y colocó en el lugar preparado de antemano.

  Desde aquellos remotos tiempos viene en México la costumbre de colocar cruces ó imágenes de santos: de festejarlos públicamente en sus días. Casi no hay fuente pública en donde no haya una cruz que cuiden los aguadores, que pinten, adornen y enfloren el 3 de Mayo, poniéndole velas de cera y celebrándola con cohetes. Más de una vez encontrará el lector una aplicación de esta costumbre y objeto determinado; y por lo que al presente toca, tomó un aspecto de que no hay otro ejemplo, pues de este humilde principio se formó una hermandad ó cofradía.

  Los mismos talabarteros tenían cuidado de asearla, y el día de la Santa Cruz se esmeraban en ello, haciendo algunas demostraciones públicas, como arrojar cohetes. El incendio de las casas del Estado arrojó de sus bajos á los talabarteros que los ocupaban, y repuestas en mejor modo y comodidad, se alquilaron para otros giros que podrían pagar mayor renta. Disminuida la hermandad continuaron los vecinos la devoción, y queriendo aumentarla Jerónimo Herrera, vecino, se presentó al Provisor el año 1636, pidiendo licencia para colectar limosnas con que continuar allí las celebridades de la Santa Cruz.

   La Junta de Policía de la ciudad concedió desde el principio diez varas cuadradas para la colocación de la cruz, que no fueron utilizadas desde luego. En Cabildo de 22 de Junio de 1640 se confirmó, y en el de 24 de Julio de 1643 se presentó Francisco Pacheco, Mayordomo entonces de la Hermandad de la Santa Cruz, pidiendo licencia para cubrirla ya con un chapitel. Previo informe del Maestro mayor y la conformidad de la Mitra y del Gobernador del Estado, se concedió, y aunque no muy en breve quedó cubierta y así permaneció hasta el 11 de Diciembre de 1667 que el Virrey Conde de la Monclova, previo pedimento fiscal, mandó cerrar los claros del chapitel para que se pudiera decir misa, y por decreto del señor Arzobispo Aguiar y Seijas, dado en 12 de Octubre de 1668, se concedió la licencia para celebrarla sólo en los días de la Santa Cruz, de Finados y los lunes de cada semana, enriqueciendo la capilla. Quedó, pues, establecida por la Hermandad y vecinos, sin pertenecer á ninguna persona en particular ni sujeta á ningún patronato, y sí bajo las leyes de policía.

  Desde la época dicha comenzó á celebrarse en ella el sacrificio de la misa en los días señalados, sin alteración ninguna, refrendada la licencia en 7 de Enero de 1704 por el señor Arzobispo D. Juan Ortega Montañez. Una alteración ocurrió después, y fue que en 7 de Abril de 1724 el Sr. Lanciego y Eguilaz amplió la facultad de decir misa todos los días, pero con la precisa condición de que en la circunferencia de ella no había de haber puesto ninguno de vendedores, pues de lo contrario no lo permitía, y desde entonces comenzó á sufrir variaciones, hasta que el año 1824 sólo servía para depósito de cadáveres, sin paramentos ningunos.

  Por su situación saliente de la acera, estorbaba; sus alrededores, á pesar de todo esfuerzo, lleno de vendedoras de frutas y aguas frescas, y por tan sucio, punto de aglomeración de gente, ocasionado á riñas, escándalos y desgracias en el día; y en la noche abrigadero de ladrones y otros desórdenes. Para evitar estos excesos, el año 1821 el Regidor D. Alejandro Valdés consiguió que de la tropa que se hallaba en la casa del Estado se pusiese un rondín que los evitase, precaución que el tiempo declaró ineficaz. Fastidiados los vecinos con todo ello, en 6 de Febrero de 1824 elevaron al Ayuntamiento una petición, encaminada á que lo remediara, la cual, vista en el Cabildo del mismo día, se mandó pasar al Síndico, para que diese dictamen. No despachó el Síndico, y el Regidor del cuartel, D. Manuel Pasalagua, leyó al Ayuntamiento una exposición en 26 de Marzo siguiente, representándole los males de diverso género que se seguían de la conservación de la capilla, pidiéndole su demolición. En el mismo día se mandó pasar al Síndico segundo, Lic. Villalva, á quien se había pasado la solicitud que desde el mes anterior hicieron los vecinos en idéntico sentido.

  Casi un mes dilató el Síndico en presentar su dictamen, que tiene fecha 23 de Abril, y por objeto final demorar la resolución, valiéndose de pedir informe circunstanciado sobre la construcción de la capilla y circunstancias en que se encontraba, preguntando al mismo tiempo si habría medio de alejar los males que se imputaban á su existencia, para promover en su vista lo conveniente. Fue comisionado por el Cabildo el mismo Regidor del cuartel, y en 25 de Mayo produjo el informe del cual se han extractado las noticias que aquí se dan acerca del origen de la capilla, y en cuanto á la necesidad de la destrucción de ella, insistió en pedirla, apoyándose en el artículo sesenta y ocho de la Ordenanza de Intendentes, repetido por dos bandos posteriores del Gobierno virreinal, que estrechamente manda que los Justicias se esmeren en el ornato é igualdad de las calles, que no se permita desproporción en las fábricas, á fin de que no se desfigure el aspecto público, y manda igual cosa respecto del aliño en las plazuelas.

 La capilla de que se trata formaba un salidizo que impedía el alineamiento y desfiguraba el aspecto público, su arquitectura defectuosa desdecía del gusto moderno y estaba muy deteriorada, circunstancias todas que la colocaban dentro de las prescripciones del artículo citado de la Ordenanza de Intendentes. No olvidó el Sr. Pasalagua advertir al Ayuntamiento que su derecho era expedito para retirar una licencia que había dado en 1640, en condiciones distintas: entonces había quien la sostuviera, ahora no existía ya tal Hermandad; entonces estaba dotada de paramentos y se celebraba misa en ella, al presente carecía de todo, aun de aseo y no se celebraba misa en ella; añadiendo, por último, que el dueño del suelo estaba conforme con que al instante se tirase. Con fundamento de este informe, el Cabildo acordó en la misma fecha que el mismo Sr. Pasalagua tratara con el Gobernador de la Mitra este asunto, y no habiendo inconveniente, hiciera efectiva la demolición de la capilla.

  En cumplimiento de este acuerdo, con fecha 3 del siguiente Junio se dirigió el Sr. Pasalagua al Gobernador de la Mitra, para que por lo que tenía de sagrado aquella capilla prestara su consentimiento para destruirla. Este señor pasó en consulta el negocio al Cabildo Eclesiástico el mismo día, y al siguiente tuvo la respuesta diciendo, que aunque la capilla estaba en terreno de la Santa Iglesia, ningún derecho tenía á ella, por no haber intervenido ni en su construcción ni en su conservación. En vista de este informe, el Provisor, Lic. D. Andrés Fernández Madrid, concedió la licencia que se solicitaba, á condición de que todo lo de uso eclesiástico que en ella se encontrara, fuese entregado á los curas del Sagrario para que le depositaran mientras aparecía su dueño; resolución que fue comunicada al Sr. Pasalagua el día 9, y trascrita en la misma fecha á los dichos curas para que obraran en consecuencia.

  Sólo faltaba para poner mano á la obra, saber lo que costaría, y en Cabildo de 15 del mismo Junio, se acordó que el arquitecto mayor de Ciudad lo regulase, como lo reguló en efecto, en cantidad de trescientos sesenta y ocho pesos seis reales. Cumplido este requisito, en el Cabildo siguiente se autorizó al Sr. Pasalagua para que procediera á la ejecución. Enfermó en esto el Sr. Pasalagua, poniendo su enfermedad en conocimiento del Cabildo, el cual acordó, con fecha 23, que el Regidor D. Miguel Portu continuase la comisión dada á su compañero. N o menos activo que éste, el Sr. Portu procedió inmediatamente á desocupar la capilla cuyas llaves paraban en poder de los curas del Sagrario, y contrató con D. Agustín Brey, arquitecto francés, la destrucción de la capilla y remoción de escombros, hasta dejar el sitio enteramente limpio, en cantidad de ciento cincuenta y seis pesos, economizando doscientos veintiocho pesos dos reales de la presupuesta por Heredia y la molestia á otras comisiones, pues en el cálculo de este señor, madera y herramienta había de proporcionar la Obrería Mayor , y los forzados quitarían los escombros.

  La capilla comenzó á desocuparse el 23 de Junio y concluyó el 27, trasladándose al camposanto de San Lázaro un cajón de huesos que recibió su Administrador D. José Agüeros; pocos días después principió á derribarse y el día 3 de Septiembre avisó al Ayuntamiento el Sr. Portu haber concluido su comisión.

Fuente:

Marroquí, José María. La ciudad de México. Tomo II. Tip. y Lit. La Europea. México, 1900. pp. 333-337

sábado, 20 de mayo de 2017

Antes y ahora: La cruz atrial de Acolman

Acolman, Estado de México, entre 1539 y 1560. "Atención aparte merece la cruz atrial, especialmente por su significado ya que los frailes, en su misión de catequizar y acabar con las sangrientas ceremonias de los cultos indígenas, se vieron en el problema de cómo explicar la crucifixión de Cristo, por lo que optaron en representar simbólicamente ese momento a través de grandes cruces que situaban en el atrio, de ahí el nombre de cruces atríales, mismas que eran decoradas con los motivos de la Pasión y no con el Cristo crucificado. Esto con la intención de que los indígenas no recordaran el sacrificio humano, acto desaprobado por los evangelizadores. De tal manera, la cruz atrial adquiere un alto valor de expresión religiosa y artística al fusionarse dos religiones o creencias que originaron el arte mestizo.

Acolman, Estado de México, 2017. "La cruz está colocada fuera del recinto conventual, frente a la entrada principal del atrio. Su basamento es un cubo formado de mampostería, posiblemente de dimensiones diferentes al que tuvo en la época del siglo XVI. El maestro en arte colonial, Manuel Toussaint, afirma que: "La cruz del Convento Agustiniano de Acolman presenta un contraste curioso: el dado que sirve de peana a la cruz tiene la imagen de la virgen en altorrelieve. Es esta imagen de un primitivismo tal, que pudiera creerse que más que una imagen cristiana, es un ídolo; la cruz, en cambio, está cubierta de relieves finos que no matan el perfil cilíndrico de su forma; en el centro de ella, una hermosísima cabeza de Cristo recuerda la escultura renacentista, sobre todo por el contraste con la figura inferior". (El texto en cursiva fue tomado de Catholic.net)

domingo, 14 de mayo de 2017

Una cruz que era de cementerio y ahora es atrial

   En la imagen vemos a la derecha la capilla de Nuestra Señora del Rosario, al centro el templo de Santo Domingo y a la izquierda el portal de peregrinos del que fuera el Convento de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo en Querétaro. En la esquina que forman las actuales calles existe una cruz que, podemos considerar atrial por estar en el atrio del conjunto conventual pero no está al centro, como marca la tradición. Esto debido a que la cruz fue trasladada a ese lugar para resguardarla de la bien sabida destrucción del patrimonio material que padecemos.

   Cuenta el padre Esteban Arroyo en su libro de la Historia del convento de Santo Domingo de Querétaro, que la cruz estaba en el cementerio del Espíritu Santo, distante algunas cuatro o cinco cuadras al sur del convento. El cementerio fue suprimido en los años cuarenta del siglo XX, y la cruz que estaba al centro del camposanto fue trasladada a la capilla del Espíritu Santo, distante unas tes calles al norte, es decir, a sólo dos del Convento. En 1950 la cruz es de nuevo trasladada a donde la vemos actualmente.

    Dice el referido padre que la cruz data de 1739. Al verla en la esquina de las calles Guerrero y Pino Suárez una de las cosas que me llamó la atención es la parte central en la que aparece una especie de Velo de Verónica pero sin el correspondiente Divino Rostro.

  El siguiente elemento que llama mi atención por ser la primera vez que lo veo en una cruz atrial son las cinco llagas, sangrantes. Además de las 30 monedas. De pronto me hizo pensar en la iconografía franciscana. Precisamente por las llagas.

  Pero, si están representadas claramente las 30 monedas, ¿qué representa el saco? El saco lo había visto en alguna cruz pasionaria, representando las mencionadas monedas, pero aquí tal vez tenga otro significado.

   Algo más que nunca había visto es la representación de la túnica, la llamada inconsútil.

   Entiendo que Jesús fue juzgado por los representantes Romanos, pero ver el acrónimo Senātus Populusque Rōmānus me parece extraño.

  Para ver las Arma Christi o Símbolos de la Pasión, entra aquí. Para ver algo de las cruces Pasionarias entra aquí.