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jueves, 15 de octubre de 2020

Una sorprendente fotografía aérea de Guanajuato y sus haciendas de beneficio de 1930 ca.

   Hace un año, tal vez dos, publiqué una serie de imágenes en las que se ven las placas de cerámica que el Gobierno de Guanajuato colocó marcando los puntos de donde estuvieron puentes y, edificios públicos y minas del Guanajuato virreinal, fue sorprendente ver cómo, por ahí donde solemos pasar, sea en plan de turista que de estudiante o haciendo un trámite gubernamental o, como era mi caso, despejando la mente luego de leer varias docenas de folios en documentos del siglo XVIII. Fue así como vi una, luego otra, y una tercera para, luego ir en búsqueda de la mayor cantidad de esas señales de la muchas minas, o más bien, muchas haciendas de beneficio que se ubicaban dentro de lo que hoy conocemos como distrito histórico de la ciudad. (Buffer Zone de acuerdo al catálogo de Unesco).

   Salgado, Dolores, Escalera, San Francisco, Cobos, San Miguel, Purísima de Flores, Prado, entre otras, ahora las podemos ver desde la altura, hay muchos detalles que son verdaderamente sorprendentes si conoces bien la ciudad de Guanajuato, pues en las imágenes que verás, distaba mucho tiempo para que la carretera subterránea fuera habilitada y, ante su inexistencia, el mapa urbano es otro de lo que estamos habituados a ver en nuestros días ¿Será esa una plaza de toros que de pronto aparece por ahí?... veamos:















 

domingo, 9 de agosto de 2020

Las haciendas del municipio de Jerécuaro, Guanajuato

 

Quizá no sea de los municipios más conocidos del estado de Guanauato pero de que tiene lo suyo, lo tiene. Por ejemplo, por su cabecera municipal pasa un afluente del Lerma, creo se llama Tigre, y está bordeado de sabinos, formando un agradable panorama. Esto lo recuerdo de hace diez años, cuando pasé por ahí, pero no sé cuáles serán las condiciones que ahora existan. Espero se siga conservando esa zona. 

Y lo que hoy nos ocupa es un recorrido, breve, por sus haciendas. Para ello nos apoyamos en lo escrito por don Pedro González en su Geografía local, publicada en 1904.











viernes, 10 de julio de 2020

Don Manuel Payno nos describe su llegada a Guanajuato.

   Ya son varias, quizá muchas, las veces que hago el comentario de que, “si tienes más de 5 décadas”… (o 6, como yo), entonces ahora te comento que seguramente te acuerdas de los billetes de diez pesos, que eran una fortuna pues, si para el recreo veinte centavos bastaban para una coca y unas galletas (con salsa búfalo), con diez pesos bien nos podríamos comprar el mundo… el mundo infantil en el que vivía en esa época, claro es. Entonces, si conociste los billetes de diez pesos con la escena del Camino Real a la llegada a Guanajuato, en la “cuesta del Tecolote”, muchos recuerdos te traerán los años vividos entonces. Pero, de lo que hoy se trata es de un texto que la extraordinaria pluma de don Manuel Payno escribió, como vivencia que tuvo en uno de sus tantos viajes, a bordo de una diligencia, cuando llegaba a Guanajuato. Anoto (ya lo hice antes) que tan solo oír el nombre Payno, me hace recordar los deliciosos meses que pasé leyendo, su magnífico libro Los bandidos de río Frío, hace ya unas cuatro décadas, en las tibias mañanas de Cancún, cuando gozaba de aquella tranquilidad y solo me dedicaba a leer.

 Una de las jornadas más deliciosas que pueden hacerse en diligencia por el interior de la república, es la de Querétaro á Guanajuato; entiéndase esto en la buen a estación del año, pues cuando las aguas están muy avanzadas, las vertientes de toda la serranía inundan lo que  propiamente merece el nombre de bajío, y las cuarenta y dos leguas que hay de camino forman materialmente una sucesión de lagunas y de atolladeros donde es molestísimo y aun á veces imposible caminar. Pero no quiero conducir á mis lectores por en medio de los tristes nubarrones y de las recias tormentas que se forman en las crestas elevadas de los Andes mexicanos en los meses de Junio ú Septiembre, sino por el contrario, en esos días diáfanos y puros del mes de Abril, en que la naturaleza rejuvenecida, galana, y bellísima, parece una égloga de Virgilio, un canto de amor de La-Martine. Entonces al entrar á Querétaro se percibe la ciudad meciéndose materialmente entre las copas de los árboles, y al salir se divisa como una canasta de llores, resplandeciendo las veletas de las torres y las cúpulas de los cimborrios, con esa luz dorada, viva y trasparente del cielo de México. El camino á poca distancia de Querétaro, es perfectamente plano é igual, y la diligencia volando pasa por una sucesión de calzadas y de bosques de mezquite y huizache salpicados con flores y matas silvestres. No es verdad la perspectiva voluptuosa y oriental de los bosques de liquidámbares y guayaba de Jalapa; pero sí una sucesión no interrumpida de paisajes tranquilos, de escenas de so siego y de paz, que hacen gozar al alma de una suave delicia. En los bosques de Jalapa es preciso recordar el amor, las pasiones enérgicas y violentas, que hacen de la vida un sabroso martirio. En las llanuras del Bajío se medita en la vida quieta, en la paz doméstica, en la existencia profunda y silenciosa de los campos. De los plantíos de naranjos y plátanos de Jalapa cree uno ver salir una de esas jóvenes ardientes, de ojos negros y de sonrisa fascinadora, que nos prometen con sus miradas y con su voz sonora, un mar de delicias, un paraíso en la tierra. En los valles extensos y verdes del Bajío cree uno ver vagar una de esas figuras pálidas y resignadas de una madre de familia que tiene su amor en sus hijos y su pensamiento en Dios. Tales son las ideas que me han ocurrido cuando en diferentes situaciones y épocas de mi vida, me he visto por una ú otra parte metido en una diligencia, con compañeros absolutamente desconocidos y extraños, y reducido á encerrarme en mis propios pensamientos y, á entretener el cansancio del camino, con estas meditaciones interiores.

   El Departamento de Guanajuato es uno de los más ricos y más hermosos de la república. La Providencia sin duda en un momento de buen humor sacudió sus manos sobre ese pequeño rincón de tierra, y cayó el oro y la plata en las montañas, y los gérmenes de vida en los valles y cañadas. Así el viajero ve una sucesión de sementeras de caña de maíz, y unos inmensos trigales que agitan sus espigas amarillas, y forman oleaje como un océano, donde los granos producen hasta doscientos por uno, y observa que el límite de estas llanuras es la cordillera, atravesada toda como un cuerpo humano, de arterias de plata y oro. La agricultura y la minería se dan la mano: el minero y el labrador duermen en una misma cabaña. Esto es prodigioso y parece ya imposible aglomerar  en un pequeño espacio de tierra más elementos de vida y prosperidad.

   Luego que se ha pasado por el frondoso pueblito de Apaseo, que se ha visto el magnífico puente, y el bellísimo Carmen de Celaya, que se ha recorrido rápidamente á Irapuato, desaparecen las haciendas y las llanuras; el paisaje cambia totalmente. El carruaje va sobre los cerros, y delante se ven otros cerros altísimos y majestuosos. En el corazón de esas montañas está edificado Guanajuato, ó más bien, incrustado en las peñas como un mosaico. Pasada la cañada de Marfil, que es un verdadero laberinto se entra a Guanajuato; pero Guanajuato no se ve hasta que se halla uno dentro de sus calles. Como me es forzoso por ahora abandonar la idea de describir la ciudad, y de dar razón de las minas y de las haciendas de plata, apelo á que los lectores echen una ojeada á la lámina que acompaña á este artículo, la cual les dará una idea de la situación caprichosa y singular de la ciudad, así como de la majestuosa y espesa serranía que la rodea, en cuya cima se halla la famosa Valenciana, Mellado, Rayas, la Luz y otras minas que han tenido bonanzas prodigiosas, y dignas de consignarse en los anales mineros.

   La entrada de Guanajuato es por una calzada de piedra bien construida. A la izquierda se nota inmediatamente un extenso y bello edificio cuadrado, de gruesas paredes, altas almenas, y que por las cornisas y troneras que tiene, puede conocerse á primera vista que fue construido con el fin de que sirviera de fortaleza. En efecto, creo que la primera intención fue esa; más después se dedicó á que sirviera de alhóndiga para encerrar los granos, y hoy tiene simplemente el prosaico nombre de fábrica de cigarros. Sea lo que fuere, fortaleza, alhóndiga ó fábrica de cigarros, Granaditas ha pasado ya al dominio de la historia, pues pasaron dentro de este edificio algunos de los acontecimientos más terribles que puedan citarse en la historia de la independencia de México. 

Manuel Payno


Fuente:

Museo Mexicano, Tomo IV. Imprenta de Ignacio Cumplido, México, 1844, pp. 204-205

domingo, 3 de mayo de 2020

De las intimidades del Conde de la Valenciana y el antecedente de su matrimonio

   Creo que uno de los temas guanajuatenses que mejor se conocen es el de su minería y toda la riqueza que generó. Por “conocer” quiero decir, más bien, que es el tema recurrente que oímos, cuando visitamos la ciudad, o que leemos, cuando tomamos algún libro de historia de la ciudad, pero, en realidad no se conocen ciertas particularidades sobre el tema… más allá de los especialistas de la parte histórica de la minería, el resto solo tiene (tenemos) una idea, vaga en muchos casos. Y ni que decir de los mineros, los personajes que explotaron esa industria… y ni qué decir del más afamado (conocido por su título), el conde de la Valenciana.

  Y es así que, por mera casualidad, como sucede regularmente al hojear y hojea los libros que guardan las antiguas parroquias y el obispado, en este caso la parroquia de Nuestra Señora de Guanajuato y el Arzobispado de Morelia, aparecen verdaderas joyas que nos dicen cuáles fueron los derroteros que la historia (en su momento, la vida) llevó y, ahora me (quizá nos) sorprendemos con estas intimidades. 

   Veamos el primer documento, el cual es expedido en 1766, desconozco la fecha exacta y asumo que la carta se hizo en la ciudad de Guanajuato pues ahí da solamente una referencia al decir que "viviendo en esta ciudad".

   Don Antonio de Obregón, español, natural de la jurisdicción de Pénjamo en la Hacienda de San Gregorio y vecino de ésta ciudad de ocho años a ésta parte, hijo legítimo de don Alfonso de Obregón y de doña Anna Francisca de Alcocer, difunta, estando como ya estoy, fuera de la patria potestad por hallarme emancipado y de edad de cuarenta y cuatro años en la forma que mejor pueda y lugar haya, parezco ante Vuestra Merced. Y digo: 
   Que viviendo en ésta ciudad me amisté torpemente con doña Ignacia Jospha Barrera y en continuación de ésta ilícita correspondencia falleció de parto y porque no peligrara la criatura fue necesario el que doña María Guadalupe Barrera, su legítima hermana entera, como hija de matrimonio de don Leonardo Barrera, difunto y de doña Anna María de Torres, le echase el agua del bautismo en el mismo acto del parto con la estrecha comunicación y entrada libre que yo tenía en su casa, hube de aficionarme tanto de la expresada, mi comadre, doña María Guadalupe, que resolví por mi mucha fragilidad y miseria, el contratarla de amores, y por mis muchas persuasiones y haberle dado palabra de casamiento, consintió en lo mismo que yo deseaba, dejándose desflorar con la esperanza de casarse conmigo y continuando en ésta torpe amistad, después del fallecimiento de la referida, su hermana, hasta la presente me he visto obligado por instruirme la conciencia y que nuestras almas no se pierdan a presentarme como por mi motu proprio me presento ante Vuestra Merced para que atienda la circunstancias que las buenas obligaciones y la honradez de la casa de la enunciada, doña María Guadalupe, quien hasta ahora está de todo en reputación de doncella; de los muchos disgustos, pesares y discordias que con los suyos y los míos se originarán, no siendo muy remoto el peligro de alguna vida.
   De la legitimización de la prole, del peligro de incontinencia y reincidencia si ella no se declara pues, seguiré yo en la misma casa, con la misma libertad y satisfacción que, hasta el presente, de los muchos tropiezos y ocasiones a que queda expuesta si deshonrada y baldonada de los suyos no le cumplo la palabra por cuya esperanza no ha procurado el aborto que tantas veces se le ha propuesto por único remedio pronto de sus congojas se sigan las diligencias con toda precaución y cautela con la mayor brevedad que se pueda respecto a hallarse la mencionada, mi amasia ya en términos mayores en cuya atención, siendo posible el que antes de todo sin que sea necesario dar cuenta primero al Ilustrísimo Señor Obispo de éste obispado por la grande urgencia que pide el caso se ha de servir la integridad de vuestra merced de mandar que con todo sigilo se le tome su declaración a la susodicha doña María Guadalupe, para lo cual, se dará la providencia de que se ponga en su libertad a excusas de su madre y los suyos y dada que sea mandar así mismo se me reciba información de nuestra libertad y soltería y no resultando otro impedimento a más de los relacionados, se me entreguen las diligencias originales para ocurrir con ellas a dicho Ilmo. Sr. quien en su visita no dando que, atendiendo a nuestra miseria y fragilidad y a la gravedad de los motivos y circunstancias que he producido se vea equitativamente y procure como buen pastor el sosiego de nuestras conciencias. Para que no perezcan dignándose dispensarnos el grado o grados de parentesco por afinidad y cognación espiritual, que yo y la susodicha contenemos contraído y dispensarnos así mismo los respectivas proclamas dispuestas por el Santo Concilio de Trento, sin embargo de mi notoria pobreza, trayéndose su grandeza el caso, serme permiso el perdón y suplicar éste beneficio a causa de lo que llevo relacionado por el peligro que corre de morir dicha doña María Guadalupe o la prole en las circunstancias que se halla que siendo demasiadamente claras es por demás su prueba lo que así espero conseguir de su gran conmiseración, Cristiano y celoso pecho.
   Por tanto a vuestra merced suplico mande hacer, como llevo dicho, juro en forma este pedimento no ser de malicia y en lo necesario &a.

Antonio de Obregón. (1)

   Sorprendente el documento, usa las palabras aborto y desfloración, las cuales veo por primera vez en un documento de esa época... otras palabras más, que están en negrita, van a un enlace al Diccionario de Autoriades para entender bien lo que significa baldonada y cognación. Ahora bien, en el siguiente documento vemos el registro de matrimonio de Antonio de Obregón y Ma. Guadalupe Barrera, el evento ocurre el 9 de junio de 1766, mismo año en que fue solicitada la Dispensa que acabamos de leer. 

  En el año del Señor de mil setecientos sesenta y seis años, a nueve de junio, el Sr. Br. Dn. Francisco Medrano como Teniente de Cura, en virtud del superior Despacho del Ilmo. Sr. Dr. Dn. Pedro Anselmo Sánchez de Tagle, dignísimo Sr. Obispo que fue de este Obispado de Michoacán, casó a Dn. Antonio de Obregón y Alcocer con Da. María Guadalupe Barrera y Torrescano, españoles, vecinos de esta ciudad: fueron sus padrinos Dn. José de Sardaneta y Da. María Luisa de Sardaneta, hermanos de dicha María Guadalupe y testigos Dn. Francisco Alegre y Dn. Juan José Farfán de los Cobos de ésta vecindad. Y para que conste lo firmé en Guanajuato a veintidós de junio de un mil setecientos noventa años.
Dn. Manuel de Quesada.

Nota: No encontrándose la partida del casamiento que Dn. Antonio de Obregón y Alcocer contrajo con Da. María Guadalupe Barrera y Torrescano. En vista de la información que produjo dicha Señora cuando el Sr. Cura y Juez Ecelsiástico, Dr. Dn. Manuel de Quezada, se anotase y firmase con ésta en este libro y se acomodase a él dicha información para su debida constancia.
5 de noviembre de 1869 (2)

  Lamentablemente no hay una fecha exacta del primer documento, solo el año, como ya lo dijimos, de 1766, Fue dos años luego, que la corazonada de Antonio de Obregón se volvió realidad y la mina dio su primera bonanza. En cuanto al documento que ahora vemos es el registro de bautismo de María Josefa Rafaela Ignacia Obregón y Barrera, la hija que nace el 11 de julio, apenas un mes luego del registro de matrimonio. Todo esto me hace pensar que eso se mantuvo oculto pues, como ya lo vimos, el registro de la boda no se hizo en su momento, hasta el 22 de junio de 1790. La niña murió, quizá al poco tiempo, pero aun no logro encontrar la defunción.



viernes, 1 de mayo de 2020

Ocio y creatividad durante el confinamiento, caso de 1766

   ¿Era esto una manera de manifestar el aburrimiento que se vivía en ese confinamiento habitual del silo XVIII? eso no lo sé, pero el caso me parece interesante, nunca antes lo había visto en los libros antiguos de los archivos históricos, en este caso el de matrimonios de 1766 en la parroquia de Santa Fe de Guanajuato.

  Estamos (en este viaje por el tiempo) en la parroquia de Guanajuato, esa que era ¿o es? Colegiata y que está dedicada a Nuestra Señora de Guanajuato, es el año de 1766, el cura asignado a ese lugar es el Bachiller Don Juan Joseph Romero Camacho, el escribe (o su theniente, es decir, su secretario) en el libro de Matrimonios, al comenzar el citado año, que en Henero, con hache, como se escribía en ese tiempo se realizaba el primer matrimonio del año.... eso es lo de menos, lo interesante es lo que el señor cura hacía en su parroquia... veamos:

  Los estados anímicos, más que mejor conocidos en estos días presentes por los que atravesamos de confinamiento, que muestra el Cura son notorios. Quizá era solamente una afición a la caligrafía que él tenía, o, como muchos de los libros que en la época se publicaban, cada que comenzaba un párrafo, regularmente se estilaba hacer una alegoría que incluyera la letra inicial, herencia de los incunables de la Edad Media.

  Al ver otro registro, creo que más bien las alegorías caligráficas que se manifiestan no eran por parte del Señor Cura, sino de su escribano pues, ahora vemos en la imagen, que la E podía ser elevada a trazos prácticamente excelsos.











lunes, 27 de abril de 2020

1786, el Año del Hambre, la epidemia y la muerte del Conde de Valenciana

  La historia tiene registrados eventos iguales o peores a los que en estos días estamos viviendo. Días por demás extraños en los que, sin previo aviso y de un día para el otro, la rutina dejó de serlo y a un proceso de adaptación nos estamos viendo sujetos. Pensé si era o no adecuado publicar este tipo de eventos. Al principio no quise pues veo que en la prensa escrita se han hecho referencias, especialmente a lo ocurrido en plena Primera Guerra con aquello de la Influenza Española, misma que afectó a todo México y de que muchos de nuestros abuelos o bisabuelos dieron cuenta de lo ocurrido. Recordé que uno de los grandes personajes del ideario mexicano murió durante una epidemia: Sor Juana, pero como su muerte ocurrió el 17 de abril, los periódicos nacionales dieron cuenta del evento (del aniversario luctuoso). Ahora, ya más relajado en cuanto a los temas que abordo en este Bable, creo adecuado recordar que en otra época y en otra circunstancia hubo otro personaje muy bien conocido en México, que murió igual, a causa de una epidemia. Veamos: 


1.- Antecedente: “27 de Agosto de 1785. Una muy fuerte y extemporánea helada, que cae en este día, destruye por completo las sementeras principalmente las de maíz; dando con esto origen á los horrores que tuvieron que lamentarse el siguiente año de 1786 conocido hasta el día con el fatídico nombre de “año de la hambre;" y de los cuales hablaremos muy pronto extensamente. 

 2.- El problema. “A consecuencia de la helada que ya mencionamos, verificada en 27 de Agosto del año anterior, se pierden completamente todas las cosechas, y una hambre horrible, acompañada de una asoladora peste, devasta por todas partes el suelo de la Nueva España: en la Ciudad de Guanajuato tienen lugar las más lastimosas escenas, semejantes á las que hemos descrito con motivo de otra igual calamidad en el año de 1714.
   Desde el momento en que la helada fatal echó por tierra las esperanzas de los labradores, que contaban con pingües cosechas, todos los comestibles comenzaron á encarecer progresivamente, subiendo al fin á precios verdaderamente fabulosos. La manteca llegó á valer 25 ps. arroba, y vendiéndose al menudeo daban una onza por medio real, un piloncillo valía dos reales, y la harina 20 ps. carga etc. á las tortillas les mezclaban biznaga, y otros ingredientes á veces perjudiciales á la salud; en las alhóndigas había terribles desórdenes por la multitud que las invadía, y la guardia que las autoridades hicieron poner en cada una de ellas, á fin de contenerla, tuvo muchas veces que recurrir á sus armas.
   La peste en tanto competía con el hambre, para ver cuál de las dos hacia más víctimas. Las montañas, los barrios y aún las mismas calles y plazas eran teatro de los más tristes espectáculos: crecidas caravanas de miserables, de la Ciudad y de fuera de ella, andaban en todas direcciones pidiendo por amor de Dios un pedazo de pan, y frecuentemente se veían caer moribundos á varios de ellos que espiraban en pocos momentos.
   D. Bartolo Álvarez, en sus apuntes manuscritos, que varias veces hemos citado, refiere que había personas caritativas, que, desde la oración de la noche hasta las cuatro de la mañana, se ocupaban en recoger cadáveres que se encontraban tirados á cada paso, y los llevaban al panteón de S. Sebastián para darles allí sepultura.
   Su multitud fue tanta, que el mencionado panteón, único que entonces existía, hubo de llenarse de tal manera, que los miasmas corrompidos que exhalaba, se percibían desde grande distancia; y se hizo necesario por esta razón echar sobre toda su superficie un atierre de media vara de espesor, providencia que fue tomada por el Ayuntamiento el día 1. ° de Agosto. Según el Barón de Humboldt excedieron de 8,000 las víctimas que hizo en la Ciudad de Guanajuato esta asoladora calamidad.
   Hubo no obstante muchas personas benéficas y caritativas, deparadas por la Providencia, que derramaron sus tesoros á manos llenas para aliviar en lo posible tanto sufrimiento, de suerte que los pobres de los contornos venían en multitud á Guanajuato, atraídos por tanta caridad.
   El Ayuntamiento á la cabeza de los particulares no omitió medio para hacer menos dura la suerte de los desgraciados: desde fines del año anterior estableció varias casas de misericordia, donde se curaban los enfermos y se alimentaban los menesterosos: una estaba en la hacienda de beneficiar metales llamada de S. Pedro, que fue proporcionada para el efecto por el Sr. Regidor D. Pedro Luciano de Otero, otra en una casa contigua que facilitó el Presb. D. José Joaquín de Otero y otra en el Santuario de Ntra. Sra. de Guadalupe.
   Pero como las necesidades crecían por instantes, y viera la corporación que ya no eran suficientes las casas mencionadas, por estarse experimentando que en las calles, plazas, barrios, cerros y minas, se morían innumerables personas, así por la peste como por el hambre, determinó en 16 de Abril establecer otras dos nuevas, como en efecto se verificó; y ocurrir á la protección divina por medio de un solemnísimo novenario y procesión de la venerada Imagen de Ntra. Sra. de Guanajuato, arreglados por los regidores D. Juan Vicente Alamán y D. León de Sein.
   Los Sres. Curas D. Juan José Bonilla y D. José Joaquín Carrillo, no solamente no quisieron quedarse atrás en estas obras de piedad, sino que tomaron a iniciativa desde 16 de Noviembre del año anterior de 1785, donando para compras de semillas, que se distribuyeron gratuitamente, y para otros socorros a los necesitados, la suma de $ 8,000 que se tomaron de la fábrica y de los fondos de cofradías.
   El piadoso sastre D. José de la Luz Aradillas casi consumió cuanto poseía en poner un amasijo en los 'Escalones de Coites" para dar pan á los pobres a precio sumamente módico: cosa igual practico en la plazuela de S. Diego otro caritativo sujeto, llamado D. Juan de Austria, y el Sr. D. Miguel Mana de Arellano, repartía diariamente cuanto le era posible de muerte que los pobres lo seguían en numerosas bandadas llenándole de bendiciones. 
   Era médico este digno caballero y, al salir á caballo, según su costumbre, para hacer sus visitas, los vendedores de comestibles y los pobres se le agrupaban por uno y otro lado; y él con ambas manos distribuía los alimentos, subiendo á tal extremo su caridad y lo benigno de su corazón, que una noche, según refiere Álvarez, diciéndose testigo presencial del suceso, llegó á su casa seguido como siempre de centenares de necesitados, y al tiempo de entrar en ella lo echaron por tierra, y levantándolo por los pies lo sacudieron, hasta no dejarle nada de cuanto llevaba consigo: su esposa justamente airada quiso desde luego castigar tanta osadía; pero el Sr. D. Miguel la calmó en el instante, manifestándole que lo sucedido lo llenaba de complacencia, y que los pobres tomaban lo que era suyo, porque los que abundaban en bienes, no eran otra cosa que los depositarios de los necesitados.
   El Sr. D. Pedro Casillas, dueño de la hacienda de b. Luisito, distribuía también diariamente en aquel barrio abundante comida á centenares de pobres, los cuales para este efecto hacía formarse en largas hileras á ambos lados del rio.
   Otros varios particulares formaron en 26 de Abril una junta denominada "de pro visión de víveres" que hizo también grandes bienes, y para cuyos gastos, suplieron fuertes cantidades los Sres. D. Juan Vicente Alamán y D. Pedro González.
   Pero entre tantos piadosos caballeros, dignos todos de los más grandes elogios, se distinguía el Sr. Conde de la Valenciana, el cual, á más de las limosnas que hacia secretamente, que eran muchas, daba alimentos en el hospital de Belén á cuantos pobres se presentaban á recibirlo. El primer día que tuvo lugar este reparto se distribuyó una res entera y abundantes canastos de tortillas, pan y semitas; y habiéndose quedado sin parte cosa de 300 pobres, por no haber sido suficientes los alimentos preparados, entonces el benéfico Conde dio una limosna de dos reales á cada uno de los grandes y un real y medio á los pequeños, y mandó para los siguientes días triplicar la cantidad de comida, de suerte que las hileras de pobres se extendían desde el interior del hospital, por toda la calle de Belén.
   Gracias á tanta caridad, verdaderamente cristiana, los estragos del hambre calmaron algún tanto, sin llegarse á experimentar en Guanajuato los extremos horrores que en otros puntos, en que faltó la voluntad ó la posibilidad de hacer esos beneficios de tan grande cuantía.

3.- La consecuencia: “1786. Muere á fines de este año el Sr. Conde de Valenciana D. Antonio de Obregón y Alcocer, verdadero padre del pueblo de Guanajuato, cuyas abundantes lágrimas bañaron su cadáver como tributo justísimo de gratitud."


Fuente:

Marmolejo, Lucio. Efemérides Guanajuatenses. Tomo II. Imp. del Colegio de Artes y Oficios. Guanajuato, 1883. pp. 276-283