martes, 21 de abril de 2020

La antigua calle de agua de San Juan de Letrán, CDMX. El convento de Santa Brígida

    En mi generación, la de los años cincuenta del siglo XX, cuando íbamos a la ciudad de México, las compras se hacían, entre otros lugares, en San Juan de Letrán... la comida era en el Café la Blanca y el hospedaje en el Hotel París. Si conoces el centro histórico de CDMX ubicarás que nos movíamos en el área de la calle República del Salvador al sur, San Juan de Letrán al poniente, 5 de Mayo al norte y el Zócalo al oriente. Pero en aquellos años yo me embelesaba con los aparadores de las tiendas, el ajetreo de las calles, y los montones de gente... notaba un cierto olor que era diferente al que sentía en Salamanca, los motores de los autos no eran tan eficientes como los actuales así que el estornudar era lo habitual para mi. Algo a lo que no ponía atención eran los templos, como ahora, pero, si nos ubicamos en el tiempo, ya para entonces el templo que vemos en la imagen había desaparecido pues la picota lo derribó allá por 1933...  

  Esta era la planta del templo dedicado a Nuestra Señora de las Nieves y era parte del convento femenino de Santa Brígida de Suecia, de la Orden del Santísimo Salvador de Santa Brígida, conocida también como las Brigidinas. En efecto, con este convento comprobamos que no todo lo que nos vino de cosa religiosa tenía su origen en España o Italia, en este caso, el de las Brigidinas, tienen su origen en Suecia. El templo tenía una muy peculiar forma oval.

   Así era San Juan de Letrán. Esta pintura muestra cómo eran las calles de San Juan de Letrán, a principios del pasado siglo [XIX]. Aparece la fachada del Hospital Real, el Convento y templo de Santa Brígida, Puente de San Francisco y la torrecilla de Santa Isabel. Ahora esquina norte de la tercera de San Juan de Letrán, costado de bellas Artes que ve al oriente y las calles de Aquiles Serdán. 

   En el antiguo límite. Ni los mismos conquistadores, de ideas tan grandes y de realizaciones mayores, pudieron imaginar lo que llegaría a ser San Juan de Letrán, conocida inicialmente como el límite occidental de la ciudad conquistada. Aun esta vista les habría parecido imposible. Es la primera calle de San Juan de Letrán, en el año de 1907, cuando todavía no comenzaban los implacables derrumbes, pero en los momentos en que ya no era posible contenerlos.

   El insigne Colegio de San Juan de Letrán quedaba junto a este templo, también lleno de historia. A lo que fuera casa de Recogimiento de Niños, correspondió buena parte de la formación de nuestra cultura. Por él pasaron varones insignes como Gregorio de Pesquera, amigo de San Ignacio de Loyola, o como los literatos de la academia que andando el tiempo, sería la sede del movimiento literario mexicano y el origen de la Academia Mexicana de la Lengua. Los tiempos nuevos fueron acabando con él, y en el año de 1867 ya no aparece en la lista de los planteles de educación.

   Cuando la piqueta lo arrolló todo, quedaron al descubierto estos últimos vestigios del Colegio de San Juan de Letrán, fundando por fray Pedro de Gante. En un principio, el colegio para jóvenes naturales estuvo en un modestísimo local del Convento de San Francisco, pero el 12 de julio de 1529, y siendo Guardián del Convento Grande, el fundador solicitó de la ciudad el sitio que ahora limitan San Juan de Letrán, Independencia y López. (1)

  Esta calle primitivamente [de Santa Brígida] fue calle de agua y límite de la ciudad por el Poniente, sin nombre especial; en ella vivía hacia el año 1670, D. Francisco de Córdova Villafranca, Contador del Tribunal de Cuentas de México, casado con Doña Jesús de Izita; ambos consortes suplicaron á la Reina Gobernadora que les permitiese fundar en esta ciudad un convento de religiosas recoletas de Santa Brígida, para cuya fundación, no teniendo ellos hijos ni herederos forzosos que los pudieran y debieran heredar, señalaban las casas en que vivían, cuyo valor pasaba de setenta mil pesos, y eran capaces de fabricar en ellas el dicho convento, el cual se obligaban á labrar á su costa, con iglesia, coro, sacristía, dormitorio, sala de labor, lavatorios y demás oficinas, proveyéndole de ornamentos con toda decencia, haciendo en la iglesia tres altares, el mayor y dos colaterales, dando todo lo necesario para la conservación del culto, y que procedieran desde luego á convertir las casas en convento para que tuvieran donde albergarse cuando llegasen las monjas que habrían de venir por fundadoras del convento de Nuestra Señora de los Ángeles de Santa Brígida de Valladolid en los Reinos de España; que para el sustento de las religiosas y otros gastos, hacían donación de veintidós mil pesos que les debía la Caja Real de México, todo esto en recompensa del patronato que querían conservar toda su vida con facultad de legarle á otras personas después de su muerte; que no había de haber en ese convento más de veinticuatro religiosas y cuatro ó seis legas para su servicio, sin que nunca pudieran pasar de ese número, ajustándose en esto á la regla é instituto de la religión, y para que se les obligase al cumplimiento de lo dicho, habían conferido poder á Fr . Juan de Montemayor del orden de San Francisco, el cual, de acuerdo y con consentimiento de la Abadesa, Priora y demás religiosas del convento de los Ángeles de Valladolid, y con licencia de su Ordinario, había otorgado la escritura de dotación y fundación que acompañaban. La Reina, por cédula de primero de Febrero de 1672, pidió informes. Presentada en México en ó de Mayo de 1673, el Marqués de Mancera puso el cúmplase y comenzó á tomar informes; instruido el expediente y conseguido el permiso real, el 5 de Agosto de 1740, se puso la primera piedra del templo. 


   ¡Cruel contraste! este convento, uno de los más observantes de su regla en esta ciudad, y por ello uno de los más respetados de sus habitantes, después de desocupado á consecuencia de las Leyes de Reforma, fue convertido en Prisión Militar de Estado, en virtud de disposición del Cuartel General del Ejército Republicano, dada en Julio 4 de 1867, después de vencido el Imperio. Mandóse en esa orden que todos los Generales que sirvieron á las órdenes de Maximiliano, allí se presentaran dentro del tercero día, en calidad de prisioneros, en tanto que se les formaba causa y se les señalaba destino. El 10 de Septiembre del mismo año, salieron varios á cumplir su condena en Perote. Uno de ellos, el General D. Mariano Salas, que fue este señor ex-regente del Imperio, por su avanzada edad y achaques habituales, consiguió no ir al helado castillo de San Carlos de Perote, y se quedó en la Villa de Guadalupe, en donde murió el 25 de Diciembre del mismo año. (2)

   La nueva vida que surge.- Es el año de 1944. Sobre el sitio en que estuvieran el Colegio de San Juan de Letrán y el Convento y Templo de Santa Brígida, se levantan ahora edificios que nada tienen que ver con la arquitectura de la edad ilustre. Entre ellos, sobresale uno que, en estos días, es posiblemente el más alto de la ciudad, es el edificio propiedad de “Seguros de México”, den nuevas proporciones y de nueva concepción de la grandeza. (1)

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   Así es, cuando caminamos por el ahora llamado Eje Central, que lleva por nombre la calle, o avenida, de Lázaro Cárdenas y que antes se llamó San Juan de Letrán, y que fue una calle de agua, como ya lo leímos, con los remanentes que hay de la ciudad virreinal, notamos que ahí fue el sitio donde se localizaron varios conventos a lo largo de esos tres siglos de presencia española. Desde ese Eje alcanzamos a ver, el convento de las Vizcaínas, un poco más al norte estuvo el de Naturales, que no era convento sino hospital, haciendo frontera con San Juan Moyotlan, uno de los cuatro barrios de indios... apenas una cuadra más y comenzaba el gigantesco convento de San Francisco, y frente a él, el de Santa Brígida... seguía luego otro convento, el de Santa Isabel, el Tercer Orden... La Concepción y San Lorenzo...

  De Santa Brígida creo no queda ni siquiera el recuerdo. En esta imagen vemos la esquina en donde estuvo hace varios siglos ese recinto, el cual podemos ubicar mejor en el mapa que sigue.


Para ver más sobre el convento de Santa Brígida, entra aquí.

Fuentes:

1.- México en el tiempo. Fisonomía de una ciudad. Excelsior. México,
2.- Marroquí, José María. La Ciudad de México. Tip. y Lit. La Europea, México, 1900. p. 211

lunes, 20 de abril de 2020

Las exequias de don Pedro Ramón Romero de Terreros Trebuesto Dávalos Ochoa y Castilla, Segundo Conde de Santa María de Regla.

   Cuando vuelvo mi consideración al día de esta misma fecha del año de [17]81, se me presenta en la muerte del Sr. D. Pedro Terreros, Padre de nuestro difunto Conde, una escena dolorosa, que oprime mi corazón. Veo correr abundantes lágrimas por el semblante de innumerables pobres, que han perdido sus socorros: oigo tiernos gemidos de viudas, de doncellas, y huérfanos, que se encuentran sin amparo: repetidos clamores en las torres de los Templos, publicando la falta de su generoso bienhechor: ardientes y fervorosas suplicas de todos los reconocidos a sus liberalidades, que suben al trono de Dios, á implorar su eterno descanso. ¡Ah! ¡Quién hubiera podido interrumpir esas voces, y decirle a tanta víctima de la miseria, de la necesidad, y del desamparo: consolaos, consolaos, almas afligidas, enjugad vuestras lágrimas, que del oriente viene vuestro remedio! La inexorable parca arrebató al Sr. D. Pedro; pero como si no hubiera muerto, porque deja en la tierra al heredero de sus virtudes, á una viva imagen suya, que trae todos los caracteres de su misericordia: mortuits est pattr ejus, et quasi nonest mor mus: similem enim reliquit sibi post se.

  Esta es una de las recompensas, que promete el Espíritu Santo en el Eclesiástico al Padre, que aplica sus conatos á la educación de sus hijos, les inculca á todas horas las máximas del Evangelio, procura apartarlos del precipicio, evitar sus caídas, enderezar sus pasos, y sembrar en su alma las semillas de la virtud. El Padre del Sr. D. Pedro Ramón tenia desempeñados con puntualidad esos sagrados deberes, según el testimonio de su conciencia, que manifiesta su Carta; y confiado en la infalible verdad del Eterno; cierto, de que viviría en sus hijos, y había de gozar de esa imagen de la resurrección, les encarga lleno de ternura: “también os pido para llevar el consuelo, con que debo daros el último adiós, y el ultimo abrazo, que recorráis todas las obras buenas, que he procurado hacer en mi vida. Era decirle al hijo obediente, que ha verificado sus determinaciones: para que no sea vano el consuelo, que me anima de vivir, y perpetuar mi memoria en tu conducta, esmérate en hacer al Criador sacrificios dignos de su aprecio: inquirí te, ut faciat qua e placito, sunt illi.

   ¡Qué materia tan basta he emprendido tratar en los cortos momentos, que me permite la prudencia! ¡Qué campo tan dilatado, para medirlo, y hacerse cargo de su extensión con una sola mirada! ¡Ojalá, y sin cansar la atención, de los que me escuchan, pudiera emplear una parte del tiempo, que necesitaba, para poneros delante las crecidas efusiones de un corazón sensible y liberal sobre todo encarecimiento! Pero ya, que no me es concedido cuanto apetezco, persuadíos: que el Sr. Conde de Regla se empeñó, en hacer a Dios sacrificios de mucha estima, y de desmedido valor. Ninguna cosa tuvo más presente, que el que su abundancia era para llenar los huecos, que déjala necesidad, como prevenía S. Pablo a los de Corinto: y à imitación de David, repitió siempre con sus acciones, aquel testimonio de su reconocimiento, y de su generosidad: tuo sunt omnia, et gnoe de manu tuo occepímus dedimus tibí: tuyo es, Señor, cuanto tengo, y por eso no he pensado en otra cosa, que en sacrificártelo en las manos de los necesitados.

   ¡Pero que sacrificios tan admirables, y tan nobles! ¡Pudo imaginarlos mayores su infatigable solicitud, y celo en propagar, como el Sacerdote Simón, y sostener la honra, y gloria del Señor: que reparando las ruinas de su Santa Casa, aumentando la majestad y hermosura del Santuario con exquisitas decoraciones; dando á conocer sus maravillas en el culto, y virtudes de su bendita Madre, y de sus Santos! ¡Que ofrendas tan gratas á la Religión, el librar, á ejemplo de Onias, de los extraviado» caminos del siglo, a tantas vírgenes, que habitan los claustros por sus largas dotaciones: procurar a los Ministros de Dios vivo, y a las Esposas del Cordero su comodidad, y subsistencia, para que no interrumpiesen las divinas alabanzas, y los ejercicios de edificación! Todavía permanecen, publicando sus liberalidades las Iglesias del Sagrario de esta Metropolitana, la de las Parroquias de San Pablo, y la Santa Veracruz, la de Corpus, y el Convento del Espíritu Santo, las de San Agustín de México, y de las Cuevas. Viven aún, y vivirán reconocidos los Conventos de Religiosas Capuchinas de Guadalupe, y el de Religiosas Franciscanos de Pachaca. ¡Con que recompensaremos, exclamaban las Benedictinas de la Villa de Sahagún, a un nuevo Jesús, hijo de José de, que en sus días, y con sus bienes reedificó nuestro Monasterio, hermoseó nuestro Templo, y nos ha llenado de consuelos!

   Para un Padre justo, que le previene en su Carta: “que procure ventajosas utilidades al Real Patrimonio, que después de su muerte quiere, que se le dividan parte de sus frutos, para que jamás dejje su posteridad de serel útil; en virtud de haber formado su título, y protegidolo con sus piedades, y honras “para el hijo de Dios, que habitando entre nosotros, recomendó con su ejemplo esta práctica con los Reyes, que obsequios más importantes, que las gruesas cantidades, que prestó al Sr. D. Carlos IV siendo Príncipe de Asturias; los prontos donativos, para socorrerá la Corona y la generosa renuncia  de la gracia de relevación de quintos, con notable quebranto de su Casa, solo por conservar el Trono de sus Soberanos, y ministrarles armas, para defender los derechos del Santuario, y de la Religión. Si las limosnas, en doctrina de S. Juan Crisóstomo, son las mejores víctimas, que consagra el Cristiano á la Divinidad: si estas reciben nuevos realces á proporción de las circunstancias, ¡cuantas, y que útiles sacrificó su misericordiosa mano, franqueando quince mil trescientos sesenta y dos pesos siete reales para Médico, Cirujano, ropa, alimentos, y medicinas á las infelices víctimas de la epidemia de viruelas del año de 97 y 98! 

   No bastaron tantas donaciones para contentar un corazón piadoso: no son estos solos los esfuerzos de su obediencia, para dar un lleno generoso, y completo a la voluntad de su Padre. Sin embarazo me determino a repetir en su elogio, y para su más sobresaliente honor, lo que el Santo Job alegaba, para manifestar su inocencia: arruínese el poderoso Condado de Regla, y desaparezcan de entre las manos de sus herederos los caudales, si se sentó el Sor. D. Pedro a la mesa, á gustar del pan, y de los alimentos, sin tenerles antes repartidos í doncellas honestas, recogidas en clausura, á viudas honradas, á huérfanos desvalidos, á pobres vergonzantes, á un incalculable número de personas, que por espacio de muchos años vivieron á sus expensas: si comedí bucallam meam solus, et non comcdit pupilitis ex ea\ humerus meus á junctura sua cadaty et brachium tneum cum ossibns suis confringatur.

   Trabaje en vano su familia, y vease en la necesidad de mendigar, y perecer de hambre, siizo estar mucho tiempo, pendiente de sus manos al oprimido, y no le aprontó muchas y diversas cantidades, ó en préstamos, ó en donaciones, para su remedio: si oculos viduae expectore feci, seramt et alius comedat: et progenies mea eradicetur. Sino erogó un crecido caudal, sin otro fin, que el redimir de la hambre, y de la miseria á todos los jornaleros, que se empleaban en las Haciendas de Regla, de San Xavier, y San Antonio: sino consumió grandes sumas de dinero, para mudar los perniciosos morteros, y substituir las tahonas, consultando í la salud, y vida de los operarios: si nega-oti, qii&d volebant, panperibus-. si cerró los ojos, y miró con desprecio, al desnudo; si no ocurrió con sus limosnas, á cubrirlo, ya por mano agena, en los rincones de su casa, ya por si propio en el Hospital de San Juan de Dios, y en el Hospicio de pobres, antes, y despues de nombrarlo su Diputado si despexi pereuntem, eo quod non habuerit induméntum, et absque eperimento pauperem: esterilizense sus campos, inutilisense las labores, y jamas coja otros frutos, que críeles abrojos , y agudas espinas: pro frumento oria Pur mihi tribuías, et prohordeo spina. Si... . no acabaría, si quisiera hablar de por menor de todas las misericordiosas acciones del Conde de Regla; ó si supiese el número, de las que supo ocultar con santa sagacidad, cuya noticia quedó reservada entre Dios, y su corazón. 




Fuente:

Elogio fúnebre a don Pedro Ramón Romero de Terreros Trebuesto Dávalos Ochoa y Castilla, Conde de Santa María de Regla. Que con asistencia del Tribunal de la Inquisición dijo el día 27 de Noviembre de 1809, en la Iglesia del Convento Imperial de N.P. Santo Domingo el Dr. y Maestro Fray Francisco Rojas y Andrade, Lect. de Teología en el Colegio de Porta-coeli. Quien lo dedica al Señor Don Pedro Ignacio de Terreros, Rodríguez de Pedroso, Conde de Regla, Caballero Maestrante de la de Sevilla y Síndico de los Colegios Apostólicos de Querétaro y Pachuca. Con Superior Permiso. México: Imprenta de Jáuregui. Año 1810.

Si te interesa leer el Elogio completo, entra aquí.

domingo, 19 de abril de 2020

Tratando de entender las prácticas matrimoniales de antaño: el Sororato

   Dentro de las muchas curiosidades que he ido encontrando en los muchos días (años) de consultar en archivos históricos hubo el caso de dos familias, hablando del siglo XIX, que tuvieron propiedades, es decir, que fueron hacendados, y como era tema de mi interés, adentré más en sus asuntos familiares. Esto quiere decir que comencé a hacer rastreos de sus antes, durante y después de sus vidas, no pretendiendo crear un árbol genealógico, sino simplemente ubicar con nombres y fechas que relación de sangre había entre unos y otros y algo brincó.

   Al principio me creó confusión pues no sabía de la práctica que va mucho más atrás de la Edad Media y que se mantenía todavía vigente ya no como ley, sino como tradición, en México en el referido siglo XIX. Esa práctica tiene un nombre, puede ser el Levirato o Sororato. Y refiere a que era común, dada la mortandad femenina debida al parto (o la infantil por el mismo caso) debido a las condiciones higiénicas de la época. Razón por lo cual el matrimonio se realizaba cuando ella tenía 13 o 14 años y él 14 o 15, eso en la actualidad nos parece un tanto cuanto aberrante, pero en aquellos entonces era lo normal y estaba más que bien fundamentado a sabiendas de esa mortandad. Es en buena medida la razón de la práctica sea que la refiramos como Levirato y mejor dicho, en los dos casos que menciono, como Sororato.  

   El Sororato es la práctica según la cual, cuando queda viudo, un varón debe casarse con una hermana de su mujer. Por el contrario, se denomina levirato a la práctica por la que una viuda debe casarse con un hermano de su marido. 

   La ley del levirato se define al: “tipo de matrimonio en el cual una mujer viuda que no ha tenido hijos se debe casar (obligatoriamente) con uno de los hermanos de su fallecido esposo. Para continuar la línea sucesoria y la descendencia familiar, el nombre del primer varón de esta nueva unión ha de ser el mismo que el correspondiente al difunto, y heredará sus bienes”. Esta ley la podemos considerar como la base del Sororato. 

   En efecto, los personajes a los que me refiero fueron varones que, al morir la primera esposa, tomaron a una de sus cuñadas en matrimonio, es decir, practicaron el sororato. Curiosamente ambos fueron propietarios, en distintas épocas del siglo XIX, de la misma hacienda, la de Santa Ana de Cruces, pero nunca hubo relación entre ellos. De todo esto daremos cuenta en el segundo tomo de Haciendas de Salamanca que actualmente estoy preparando, quiero pensar que será en Diciembre próximo cuando lo tenga listo.

  Para leer más sobre el tema y entender los complicados enlaces familiares y reglas que marcaban esas prácticas, además de la Maragatería, entra aquí.

  Asociado a la Maragatería está el caso del pueblo Maragato, entra aquí.

sábado, 18 de abril de 2020

De hidalgos y su hidalguía... el origen y significado de la palabra.

    Al oír la palabra Hidalgo a todo mexicano lo primero que se le viene a la mente es la imagen del Padre de la Patria, el Cura de Dolores, héroe principal de la Guerra de Independencia pues llevaba por apellido precisamente el de Hidalgo. La segunda idea que concebimos es la del Estado que forma parte de nuestro país. De hecho estas dos ideas están ligadas pues cuando fue dividido el enorme territorio que conformaba la Intendencia de México, se ideó reconocer a los próceres de la Independencia dándoles sus nombres a los nuevos estados, y sí surgieron los de Hidalgo, Morelos y Guerrero. Pero debemos entender la palabra en su concepción original, escrita con minúscula, que habla de la hidalguía, como la del mítico Don Quijote de la Mancha.

   En cuanto al físico, Cervantes describe así a Alonso Quijano: «Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años. Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro» (primera parte, capítulo I).

    La palabra hidalgo es la contracción de “hijo de algo”, es decir, hijo de “alguien”, ese alguien refiere a una persona de familia conocida y reconocida. La parte interesante y profunda de la palabra la entenderemos cabalmente al ver las muchas definiciones que de ella existen: 

HIDALGO, GA. adj. Noble, excelente y bien executado. (1)

HIDALGO. Persona ue por linaje pertenecía al estamento inferior de la nobleza. (2)

HIDALGO. s. m. La persona noble que viene de casa y solar conocido, y como tal está exento de los pechos y derechos que pagan los villanos. El origen desta voz es mui controvertido entre los Autores: Unos siguiendo la ley 2. tit. 21. Partida 2. creen se dixo de Hi, palabra antigua, que valía Hijo, y Algo, que significaba bienes o hacienda, y que juntas las dos dicciones se dixo Hidalgo. (1)

HIDALGO DE BRAGUETA. Padre que, por haber tenido en legítimo matrimonio siete hijos varones consecutivos, adquiría el derecho de hidalguía. (2)

HIDALGO DE CUATRO COSTADOS. Hidalgo que había litigado su hidalguía y probado ser hidalgo de sangre. (2)

HIDALGO DE DEVENGAR QUINIENTOS SUELDOS. El hidalgo de sangre, casa, y solar conocido. Llamose assí por dos razones: la una, porque quando algún hidalgo notorio recibia agravio de otro, en satisfacción de él, por sentencia judicial, devengaba quinientos sueldos, y en igual injuria el villano no podia devengar más que ducientos: y la otra, porque era el acostamiento o paga que recibian de los Reyes los hidalgos de sangre que les servian en la guerra. (1)

HIDALGO DE EXECUTORIA. Se llama el que ha litigado su hidalguía y salido con ella, a diferencia del que lo es de privilegio, assí dicho por haverle hecho el Rey la gracia de exención de pechar. (1)

HIDALGO DE GOTERA. Hidalgo que únicamente en un pueblo gozaba de los privilegios de su hidalguía, de tal manera que los perdía al mudar su domicilio. (2)

HIDALGO DE PRIVILEGIO. El que siendo hombre llano, por algún servício particular o acción gloriosa, el Rey le concedió los privilegios exenciones, y prerogatívas que gozan los hijosdalgo de casa y solar conocido: o aquel que compró este mismo privilegio a los Reyes. (1)

HIDALGO DE SOLAR CONOCIDO. Hidalgo que tenía casa solariega o descendía de una familia que la había tenido o la tiene. (2)

Fuentes:

1.- REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. Diccionario de Autoridades - Tomo IV (1734).
2.- Martínez Nazario, Manuel. Glosario de términos utilizados en genealogía. Revista Hidalguía. Año LXIV, No. 375, Mayo-Agosto, Madrid, pp. 463-520
3.- Los dibujos vienen de la página cervantesvirtual.org 

viernes, 17 de abril de 2020

Decíamos ayer... retomando El Bable en esta cuarentena.

   Agradezco a las dos o tres personas que se han preocupado por mi y me han enviado mensajes de que si estoy bien... eso debido al silencio que puse aquí en El Bable. Sí estoy bien, yo igual que todos he sido afectado de una u otra manera por la situación actual y el inminente cambio de rutinas al que nos vimos forzados a aceptar. Por suerte yo estoy, desde hace tiempo, en un "dolce far niente", por no decir que soy desempleado o nini (en mi caso post-nini) pero que eso de "no hacer nada" en realidad no aplica a mi caso pues horas me faltan cada día para hacer todo lo que tengo pendiente de hacer. El que no reciba ingresos económicos... esa, esa es otra historia.

  Mi plan era levar anclas de donde vivo para irme a una especie de "encierro" (siempre me han gustado los encierros en solitario) y pensaba irme al comenzar marzo rumbo a una población en los Altos de Jalisco en donde tengo acceso a una casa toda equipada, en la que cómodamente me encierro y me dedico a dos cosas: leer y escribir. Esto lo he hecho en dos (¿o tres?) ocasiones previas, ahora sería la tercera (¿o cuarta?) y estaba preparando ya dos cajas, una con libros, la otra con cientos de hojas con apuntes y transcripciones de los archivos históricos que he consultado en los últimos diez meses... el producto de ese encierro sería el texto de dos libros, siempre con el tema que más me gusta y del que tengo más información: las haciendas de Salamanca.

En esa casa y en ese encierro tendía la libertad de sentarme sea a leer que a escribir a la hora que se me diera la gana o cuando me llegara el rayo luminoso de la inspiración, igual me amanecería que me anochecería escribiendo... estando solo a nadie molestaría con la luz, o con el trajín y el ruido que provoca meter y sacar hojas y más hojas de papel de carpetas y más carpetas contenedoras de esos papeles y, bien lo sabemos, en soledad la escritura se agiliza... igual que la lectura. Pero, bien lo sabemos, siempre hay un pero, para finales de febrero ya oía mañana, tarde y noche sobre el virus y como iba creciendo la zona geográfica afectada y las voces de alerta, luego alarma, se comenzaron a dar. 

   Bien sabemos que aquí no se nos confinó totalmente, se dejo al sano juicio, a la conciencia de cada quien a acatar la idea de confinamiento, yo hice reflexión a mitad de marzo y decidí no desplazarme y quedarme aquí voluntariamente en casa. Dicho en otras palabras eso del #quedatencasa me lo apliqué desde el 20 de marzo. Pensé que eso que había planeado hacer allá en los Altos lo haría aquí pero acatando un orden y horario pues aquí vivo con mi hermana y el espacio no es precisamente grande. Los primeros días seguí con mi tarea de transcripción, de ordenar cronológicamente los innumerables documentos que tengo para luego comenzar a escribir la historia que mantengo pendiente por redactar sobre ranchos, incluyendo un glosario de términos propio del campo, es decir, propio del tema haciendas, ranchos, fincas rurales. Fue justo en el tiempo que ya apareció en todos los medios el aviso de que comenzaba la Jornada Nacional de la Sana Distancia y fue justo cuando me vino un golpe de ansiedad que me borró toda concentración, y toda tranquilidad para hacer lo que tenía previsto: leer y escribir, escribir y leer...

   Y fue esa la razón por la cual no publiqué más aquí en el blog a pesar de que tengo más de 30 artículos casi completados en la charola de pendientes por subir, no lo hice porque no me parecía adecuado habar de tal o tal cosa en estos tiempos de tensión.

  Por suerte logré ya controlar esa ansiedad y ahora podré dar salida, si bien no al ritmo que me gustaría tener, lo haré en medida de las prioridades de cada día y de los sentimientos que me vayan aflorando ante las circunstancias por las que estamos atravesando todos y cada uno; de los temas habituales que comparto por aquí.

   Hecha la aclaración te comento que esa foto que ves es uno de los tantos (tantísimos) papeles que uso para anotar tal o cual cosa, en este caso fue un rastreo que iba haciendo a una amiga que en diciembre viajaba por es sudeste asiático y alguna conexión de vuelo o una referencia de alguna línea me mandó al código WUH (los de tres letras de IATA), era la primera vez que oía sobre esa ciudad: Wuhan. Casualidades de la vida. Por cierto y por suerte, ella, mi amiga, nunca pasó por ahí, yo tenía mal anotados los códigos de vuelo.

No aseguro que publicaré a diario, lo único que puedo asegurar es que estoy bien y que El Bable sigue...

jueves, 26 de marzo de 2020

Un ejercicio de interpretación de lo escrito en un documento de 1712

  En estos días, que se recomienda quedarse en casa, de seguro tendrás tiempo suficiente para entretenerte con la lectura de un documento que, habiéndose publicado en 1712, mantiene la ortografía propia de la época, esto va más allá del uso de la B y la V, de la C, la S y la Z pues, eran tiempos en que la Z se escribía como Ç, es decir la ce con vírgula fonéticamente era lo que hoy pronunciamos como Z, teniendo en cuenta que acá en México no hacemos diferencia al pronunciarla, otra "curiosidad" que encontrarás en el documento es la manera de escribir la S, regularmente la confundimos con la F, por ejemplo, veremos ahí "fea offado" lo cual se debe leer como "sea osado". Y para ampliar este ejercicio, te dejo el documento que se emitió diez años después, en 1722 como consecuencia a la ordenanza. Como es manuscrito se complica aún más su interpretación, especialmente si tu educación primaria fue ya con letra de molde, pues la caligrafía de aquellos años te será, quizá, confusa. Veamos:










sábado, 21 de marzo de 2020

Los otros títulos que llegaron a ostentar los virreyes de Nueva España

   De las órdenes militares que hubo en Nueva España hemos hablado ya, eran cuatro, la de Santiago, Alcántara, Calatrava y Montesa. También hablamos ya sobre los títulos nobiliarios que comenzaban como Señores y continuaban como Condes, Marqueses y Duques para luego seguir con Infantes y Príncipes y llegar a los más elevados niveles de Reyes y Emperadores. Lo que hoy veremos son los demás títulos que iban acumulando ciertos personajes, teniendo como ejemplo alguno de los sesenta y tantos virreyes que hubo en lo que entonces era México. Quizá has visto la retahíla de cargos que se ponían en los documentos oficiales, eran tantos que mejor escribían el consabido &a. es decir, etcétera, veamos:
   La Insigne y Real Orden de San Jenaro es una orden militar de la Real Casa de Borbón de las Dos Sicilias. Lleva el nombre del santo homónimo, patrono de Nápoles; fue fundada por Carlos VII de Nàpoles de Borbón, Rey de Nápoles y Sicilia, posteriormente Carlos III como rey de España, el 3 de julio de 1738 para celebrar su boda con la Princesa María Amalia Walburga de Polonia y Sajonia. (La medalla de San Jenaro en la imagen de abajo.)

   La Insigne Orden del Toisón de Oro es una orden de caballería fundada en 1429 por el duque de Borgoña y conde de Flandes, Felipe III de Borgoña. Es una de las órdenes de caballería más prestigiosas y antiguas de Europa, y está muy ligada a la dinastía de los Habsburgo y a las coronas de Austria y España.

  Consejo de su majestad. Instituido inicialmente por Fernando I, Juan I lo estableció definitivamente en las cortes de Valladolid de 1385. También asesoraba a los reyes en esa época.

  Mayordomo mayor. El advenimiento al trono de España del rey Felipe el Hermoso casado con Juana I de Castilla, hija de los Reyes Católicos, hizo que éste trajera la llamada etiqueta borgoñona de la Corte de su abuelo Maximiliano I de Habsburgo y, por tanto, se instituyera el cargo de mayordomo mayor del rey de España con funciones semejantes a las que antes había desempeñado el mayordomo mayor del rey de Castilla. (En la imagen de abajo aparece el duque de Alba, mayordomo mayor de Carlos V y Felipe II.)

  Comendador. El régimen de encomienda español tiene orígenes que se remontan a la Reconquista (722 - 1492). Cada vez que un territorio era conquistado a los musulmanes, quedaba encomendado de por vida a su liberador, el príncipe o caballero que lo recuperaba usando su tropa, quien a partir de la encomienda pasaba a llamarse comendador. La tropa, compuesta por soldados que solían ser miembros de la servidumbre personal, leva o mercenarios, adquirían el derecho a una porción de la tierra recuperada (para ocuparla y en carácter de usufructo vitalicio) dentro de la jurisdicción encomendada por el Rey de Castilla. El Rey conservaba la propiedad de la tierra. A su vez, todos eran vasallos del pontificado de Roma. En el esquema tributario, todos pagaban tributo al comendador, a la Iglesia y al Rey de Castilla.

  Capitán general. Un capitán general es un rango, grado o empleo del ejército, como lo son teniente general, coronel, alférez o sargento; de hecho es el grado supremo. Pero también era el mando, función, destino o cargo que se ostentaba, como el más alto de una región militar (también llamada capitanía general).
   El empleo de capitán general apareció en España durante el siglo XVI, poseyendo funciones tanto militares como de gobierno. En la América dominada por la corona española este cargo solía corresponder a los virreyes, aunque debido a la extensión de los virreinatos fue necesario nombrar como capitanes generales a los gobernadores, que actuaban en determinadas áreas de menor extensión; en lo militar y gubernativo, sus funciones eran muy similares a las del virrey. (Hasta aquí todas las descripciones las he tomado de Wikipedia.)

   Gentilhombre de cámara del rey. Existían otras distinciones honoríficas a las que se hicieron merecedores algunos novohispanos. Entre ellas destaca el cargo honorífico de Gentilhombre de cámara del rey, el cual implicaba que los agraciados, generalmente miembros de la nobleza, tenían llave de entrada a la recámara del rey, pudiendo entrar en cualquier momento y en particular cuando el monarca despertaba. Una llave de oro prendida en la casaca simbolizaba el distinguido oficio.

  En Nueva España recibieron tal distinción seis nobles, el marqués de San Miguel de Aguayo, el IV conde de Contramina, los condes de Santiago Calimaya VIII, X y XI y el segundo conde de Regla. Este último notificó “a la nobilísima ciudad” en 1897 que le había concedido la gracia y que había hecho el juramento correspondiente ante el Arzobispo. Asimismo imprimió una tarjeta de visita informando que había recibido tal dignidad. (1)

 Ahora, con todos estos datos, podemos entender cuál era la importancia que cada uno tenía, no se trataba de llenar toda una página con títulos, sino que era la forma de mostrar en dónde, dentro de la complicada estructura social venida de España, se ubicaba y, por tanto, el alcance que sus decisiones tenían. La lista incluye apenas seis de los 66 virreyes que hubo en la Nueva España.

Don Joseph Sarmiento Valladares, caballero del orden de Santiago, conde de Moctezuma y de Tula, visconde de Ylucan, señor de Monterrosano de la Peza, del consejo de su majestad, su virrey y lugarteniente, gobernador y capitán general de esta Nueva España y presidente de la real audiencia de ella, etc.

Don Francisco Fernández de la Cueva Enríquez, duque de Alburquerque, marqués de Cuéllar, conde de Ledesma y de Huelma, señor de las villas de Monbeltrán, la Codossera, Lanzahita, Mijares, Pedro Bernardo, aldea de Ávila, san Esteban Villarejo y las Cuevas, comendador de Guadalcanal, en la orden Santiago y de Benfayan en la de Alcántara, gentilhombre de la cámara de su majestad, su virrey lugarteniente, gobernador capitán y general de esta Nueva España y presidente de la real audiencia de ella, etc.

Don Juan de Acuña, marqués de Casa-Fuerte, caballero  del orden de Santiago, comendador de Adelfa en la de Alcántara, del consejo de su majestad en el supremo de guerra, capitán general de los ejércitos, virrey, gobernador y capitán general de esta Nueva España y presidente de la real audiencia y chancillería que en ella reside, etc.

Don Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta, arzobispo de la santa iglesia metropolitana de México, del consejo de su majestad, virrey, gobernador, capitán general de esta Nueva España y presidente de la real audiencia y chancillería que en ella reside, etc.

Don Pedro de Castro Figueroa y Salazar, duque de la conquista y marqués de gracia real, caballero de las órdenes de Santiago y real de San Genaro, comendador de Castilseras en la de Calatrava, capitán general de los ejércitos de su majestad y de su consejo supremo de guerra, teniente coronel de sus reales guardias de infantería española, gentil hombre de la cámara con entrada de su majestad y de su supremo consejo de guerra, virrey, gobernador y capitán general de esta Nueva España y presidente de la real audiencia de ella, etc.

Don Pedro Cebrián y Agustín, conde de Fuenclara, grande de España de primera clase, caballero del insigne orden del toisón de oro, del real de San Genaro, comendador de las pueblas en el de Alcántara, mayordomo mayor del serenísimo señor infante don Phelipe, señor de las varonías de Lucernic, Boquiñén y Maleján, Ribas, de la Villa de Albesa y Pardiña de Alcamin, virrey, gobernador y capitán general de esta Nueva España y presidente de la real audiencia de ella, etc.


Fuente:

1.- Zárate Toscano, Verónica. Los nobles ante la muerte en México. El Colegio de México, 2005, p.90