martes, 18 de junio de 2013

La Hacienda de San José de Ajojúcar, municipio de Teocaltiche, Jalisco.

  Salimos de Teocaltiche en dirección norte, llegamos a un pueblo llamado Belén del Refugio, allí baja uno de los ríos que son afluentes del Verde, continuamos pocos kilómetros más y alcanzamos a ver un letrero medio escondido que indica que hacia el poniente se localiza Ajojúcar, con lo cual entendemos que por allá se ubicaba la Hacienda de San José de Ajojúcar, sitio que causó, luego de las Leyes de Reforma un sonado caso que la volvió famosa precisamente por el pleito legal en que se vio involucrada.

  De cuándo se fundo y quién fue su dueño original, desconozco el dato, esta región, al igual que en toda la Nueva España y en la Nueva Galicia, hubo el sistema de encomiendas en un principio y los subsecuentes repartimientos de tierras. 
   "La Descripción de 1585 asienta terminantemente: "Los granos y semillas que tienen en mucho mays y muy bueno mucho frisol dase tanbien nyllo aunque no se dan nada por ello cojen gran cantidad de chile que llaman en España pimiento de las yndias muchos tomates de dos maneras los que llaman miltomates y otros que llaman gitomates".

  "Ortalizas se dan en toda esta probincia todas las que bienen de España muy buenas aunque los yndios no se dan nada por ellas. El trigo se da marabillosamente y por el consiguiente se daria la cebada si la sembrasen y todas las demas cosas que en España se dan porque es tierra muy fertil y abundosa.

  "Los animales que de España se an traydo se crian y multiplican en toda esta probincia muy bien aun que las obejas no andan tan gordas  en otras tierras entiendo que es la causa de la tierra mas caliente que fria y tanbien por que ay mucha seatilla y cardillos que se pegan en la lana la qual debe de dalles tanta pena que las enflaquecen las abos que de España se an traydo crian y multiplican en toda esta probincia marabillosamente debian y ansi balen baratas que dan tres gallinas ponedoras por dos quartos y tres pollos por un tomin muy buenas las gallinas desta tierra tanbien se crian y multiplican muy bien balen a dos reales y los gallos a tres.

  "Los animales brabos que ay en esta tierra son leones y tigres lobos y zorras que hazen gran daño en la cria de las yeguas matando los potros y matan los perrillos grandes y otros entran en los pueblos y matan los perrillos que los yndios tienen para guarda de sus casas". Hasta aquí la transcripción que hace Salado Álvarez de la Descripción de Teoauqltiche hecha por su teniente de alcalde mayor, Hernando Gallegos, en treinta dias del mes de diciembre entrante el año de nacimiento de Nuestro Salbador Jhs. Xpo. de mil quinientos y ochenta y cinco años".

  Y el mismo Salado Álvarez entra en lo relacionado con Ajojucar de este modo: "Los señores Maldonado Y Ordorica advierten que en "el terreno de este departamento sólo se encuentra una cordillera de montes que llaman Sierra del Bocadito, y es un brazo de la de Nochistlán; está poblada de pinos, robles, encinos, palo colorado y manzanillo. El la hacienda de Ajosúcar hay un bosque de cedros y mezquites, y en la de las Juntas otros de mezquites, famosos por algunos que se encuentran muy robustos bastante derechos y de una enorme altura . En los demás puntos se hallan algunos bosquecillos de poca consideración. El río Verde, en cuyas márgenes abunda el sabino, fertiliza las haciendas de Ajosúcar, en donde hay presa para regadíos y un molino, la de San Andrés y la de las Juntas, por donde pasa; también riega una gran parte del pueblo de Teocaltitlán, en cuyo punto se pesca en abundancia el pescado bagre, de un exquisito y delicado gusto. Hay, además, en otros puntos algunos ojos de agua copiosísimos que sirven a los sembrados de trigo".

  "Fue esta la primera finca de importancia que vi en mi vida; por cierto se mezcló a tan grata vista algo terrible que acababa de ocurrir; los peones de la hacienda habían muerto a pedradas a un español a quien se conocía en el pueblo con el nombre de Ramón Sáinz, pero parece que era el famoso cabecilla carlista Rosa Samaniego. Recuerdo bien al desgraciado: membrudo, delgado, de gran barba negra corrida ataviado con el pantalón y la chaqueta de cuero propios de nuestros charros y con el acento navarro pronunciadísimo. La hacienda pertenecía a una señora española llamada Doña Elena Ruíz Zorilla ..." (1)

  Buena parte del siglo XVIII la hacienda de San José de Ajojúcar fue propiedad del español Manuel Gómez Zorrilla, para octubre de 1786, al dictar su testamento nombra como heredero, o mejor dicho, como administrador de las capellanías que decide formar como vínculo indisoluble de por vida, a su sobrino Simón Zorrilla estipulando en la cláusula 17 que "la obra pía quedará bajo la protección de la Sagrada Mitra para que se conserve, maneje y administre legal y administrativamente". El valor de la hacienda se establece en $81,313 pesos.

  Vendría luego la guerra de Independencia y el largo periodo de inestabilidad durante los once años que dura. Luego de que se consuma el movimiento libertario, los españoles avecindados en México son expulsados, la única descendiente de Manuel Gómez Zorrilla, María Elena Ruiz Zorrilla se va a España. Seguirían luego las intervenciones norteamericana y francesas y, entre ellas, la Guerra de la Reforma y la llamada Ley Lerdo en donde la Iglesia pierde todos sus bienes, entre ellos la Hacienda de San José de Ajojúcar.

  Es entonces que, en Marzo de 1861 comienza el pleito de posesión de la hacienda pues, de las Capellanías ordenadas para su creación, doce de ellas, divididas en 4 en Aguascalientes, 4 en Teocaltiche y 4 en Quisicedo, España, ninguna de ellas fueron formalizadas legalmente. Es por eso que doña María Elena, que vivía en el pueblo de Villarcayo, en la región de Burgos en España, nombra un representante legal que entabla un pleito de sucesión en la propiedad de la hacienda que, dada su naturaleza, llama la atención en México pues se presenta como un sonado caso en el que un particular, residente en España, pelea legalmente a la Iglesia la propiedad de una enorme extensión de tierra.

  Cuando el tribunal dicta sentencia, esta es favorable a la señora María Elena Ruiz Zorrilla, quedando como legítima heredera de todo lo que comprendía la hacienda, con su casa grande, su molino y su presa. La propiedad incluía poco más de 9,000 hectáreas.

  Ya en el porfiriato la Hacienda de Ajojúcar es vendida en partes, para 1910 se encontraba en manos de 5 personas que la habían adquirido separadamente. La mayor parte estaba en propiedad de Antonio Martín Vargas con 5,028 hectáreas, le seguían José María Martín con 1,235; Andrés Díaz con 1,167; José María de Alba con 981 y José María Romo con 856. Más adelante, en la década de los treinta del siglo XX, se formaría el Ejido. En la actualidad la Presa de Ajojúcar sigue abasteciendo de agua a toda la región.
















Fuentes:

1.- Salado Álvarez, Victoriano. Memorias. Tiempo Viejo. Editorial Porrúa. México, 1985. pp. 13-14

2.- Sentencias. Caso de Doña Elena Ruiz Zorrilla. Tipografía de José María Brambila. Guadalajara 1861.

3.- Southworth, J.R. Directorio oficial de minas y haciendas de México. México, 1910. Publicado en Cristeros y agraristas en Jalisco. Moisés González Navarro. tomo I. El Colegio de México. México, 2000. p.292

3 comentarios:

  1. Y cada muro, cada arco, cada piedra, se aferra al paisaje. Entonces tú lo descubres a tus lectores y sienten menos abandono. A través de tu lente y tus palabras, recuperan su trascendencia. Saludos!

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  2. Julia paredes desde california25 de mayo de 2015, 1:30

    Grasias Benjamin muy interesante yo soy de Ajojucar Jalisco vovo en California y me dio mucho gusto ver todo su trabajo muy lindo. lindas fotos.




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  3. Que interesante todo esto ninguno como mi teocaltiche,que bonito se ve el Rio Verde a pesar de traer aguas negras

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