domingo, 23 de febrero de 2014

Continuando ahora por la Región de los Tuxtlas, en el estado de Veracruz.

   Seguimos en este viaje, en esta "tirada a perder" 2014 que ha sido sumamente contrastante. Como aperitivo, un día antes de salir de Salamanca me fui a conocer el rumbo de la que fuera la Hacienda de Cruces, el cielo estaba totalmente despejado y de una claridad inusitada para la región del Bajío Guanajuatense. Continué luego por la ciudad de México y sus infinitas posibilidades de andar por sus miles de calles llenándonos de sorprendentes vistas, luego estuvimos en la región de los valles centrales de Puebla y, el resumen te lo he ya compartido, fueron siete magníficos conventos franciscanos, uno de ellos traspasado a los agustinos, todos del siglo XVI; la cantidad de templos que vi allí fue sorprendente por demás. Córdoba y Fortín fue para adecuarme a la altura debajo de los mil metros y el clima tropical, luego el puerto de Veracruz y montones de imágenes y datos que pude colectar allí. De La Antigua ni que decir, una maravilla que grita escandalosamente ser rescatada, luego Tlacotalpan y el asalto a la pupila...

   Es otro día, dormí con mucha tranquilidad, dado el silencio y buena temperatura que hubo esa noche en Tlacotalpan, traté de levantarme lo más temprano posible, pero aquellas jornadas que comenzaban a las 6 o 7 de la mañana para mi acabaron hace ya tiempo, ahora por temprano quiere decir que a las 8:30 comienzo a moverme, otra vez a empacar. Cada vez voy comprimiendo más y más la ropa, cada vez son más libros y folletos. Todo cabe. El centro del pueblo está volviendo a la normalidad, las calles van siendo despejadas luego de los días álgidos de las Fiestas Patronales. Ya ubiqué el caminito por donde hay rampa, así que me será más fácil ir arrastrando la maleta. El Norte arreció, hay amenaza de lluvia.

  Salimos rumbo sur, primero volvemos a cruzar el Papaloapan. Me sigo sorprendiendo al ver los ríos de Veracruz: anchos, caudalosos... y recuerdo al agredido Lerma en su paso por el Bajío y, más aun, al Verde, en su paso por Los Altos de Jalisco. Acá si algo sobra es agua, quiero pensar que es bien aprovechada...

   Es media semana, es poco después del mediodía, hay viento fresco y neblina. Quizá la suma de todo eso hizo desistir de los planes de viaje de muchos, el autobús va vacío, tomo mi asiento favorito: el número 4. Ahora más que nunca devoro con la mirada este camino lleno de verdes y grises, de pronto lluvia, luego llovizna, luego nubes bajas, un espectáculo magnífico. Y hay algo mejor aun. El conductor de este autobús es de los pocos que no lleva encendido el radio o que no ha puesto sus CDs favoritos con las habituales selecciones musicales que dejan mucho que desear. Vamos en silencio.









  Cruzamos por montones de pueblos de cuyos nombres, no es que no me quiera acordar, como lo dijera el Clásico de los clásicos; sino que nunca los había oído nombrar. Cada que ando por los caminos me doy cuenta de que eso de los casi 2500 municipios en que se dividen los 31 estados es cosa seria. Lerdo de Tejada, Ángel R. Cabada, Santiago Tuxtla, por allí vamos pasando.

   Todo lo visto por el camino, desde que salimos de Tlacotalpan ha sido evocador, la constante es el verde, aquí el trópico adquiere un matiz distinto, no tanto de palmera, sino de árboles frutales, plantíos de tabaco, de piña, aunado a la neblina da por resultado una serie de memoria de viaje del tipo encantador. Lo que vemos en la fotografía es Santiago Tuxtla, me parece sumamente atractivo, lo tengo que conocer, está muy lejos del sitio en donde pienso quedarme: San Andrés Tuxtla. Hemos pasado por la zona de amortiguamiento de la Reserva de la Biósfera de los Tuxtlas.

  Estoy descubriendo San Andrés, por aquí solamente pasé una vez pero no que quedé, lo primero es encontrar un hotel, pero no hay cerca de la terminal de autobuses, así que me voy al centro. Doy con uno, me será cómodo, veo mucho tránsito vehicular del cual, más de la mitad son taxis, montones de taxis por todos lados, la Catedral de San Andrés destaca, es enorme, y muy colorida, domina el color naranja... extraño para un templo pero, en esta región no nos podemos extrañar de los colores sólidos, fuertes y contrastantes.

  Estamos en mitad del invierno, los días son cortos, no tardará mucho en caer el sol, así que dejo mis cosas y me salgo a caminar por sus calles. Veo que el concepto de construcción es el mismo, mejor dicho, era el mismo que en Tlacotalpan, techos altos de tejas de dos aguas, corredores amplios, la diferencia está en los colores, aquí son más tradicionales, menos electrizantes.

   El Norte ha pasado ya por acá, el cielo comienza a despejarse, me dicen que no habrá lluvia pero que seguirá el viento. Veo que la devastación con la idea de "modernizar" al pueblo hizo de las suyas en poco más de la mitad de las casas antiguas, como quiera, veo una buena cantidad de ejemplos, muchos de ellos de singular belleza, como este espacio amplio, más bien, diría que esto es un enorme corredor.

 San Andrés está en una zona de colinas, hay laderas por todos lados, un arroyo caudaloso y (cosa extraña para mi) de agua limpia cruza la población, hay un paseo muy agradable por la orilla... sigo caminando a la vez que planeo el resto del día: caminar hasta que comience a oscurecer, ir a comer-cenar y luego al hotel para organizar todo el material gráfico que hice por la mañana en Tlacotalpan y a lo largo de la carretera, además del que estoy haciendo ahora en San Andrés... tengo mucho, mucho para compartir en las próximas semanas.... se hace tarde, hora de comer, ¿qué pido? bueno, si estamos en Veracruz, si ya pasé por los pulpos y demás delicias marinas, es hora de irnos a la culinaria mexicana: las Garnachas.


















 







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