viernes, 18 de septiembre de 2015

Descripción del modo en que se colocó la estatua del Caballito, 1803

  Ese monumento que conocemos con el nombre coloquial de El Caballito es uno de los tantos que podemos catalogar dentro de los "itinerantes" dado que ha sido movido varias veces teniendo como trágico desenlace de su historia el haber sido agredido con ciertos inadecuados químicos que en lugar de beneficiar, perjudicaron, entre otras cosas, su color y ni que decir de su composición. Se trata de la estatua ecuestre de Carlos IV, rey de España que cuando lo fue, México, con el nombre de Nueva España, era parte de los llamados territorios de ultramar. Manuel Tolsá es el nombre del escultor, su trabajo comenzó en 1793, se llevó casi nueve años en concluirlo completamente para ser inaugurado el 9 de diciembre de 1803. Cabe aclarar que tal cantidad de tiempo se debió por un lado al cambio de Virey, pues la estatua en sí se llevó poco más de un año hacerla, si quieres ver los detalles de su construcción, entra aquí. La primera jornada que este monumento realizó fue desde el taller en donde se hizo, a un par de cuadras de la Catedral, hasta el zócalo en donde fue colocado, de allí sería luego ocultado, en 1822, en el patio de la antigua Universidad, para 1852 nuevamente es movido, esta vez al Paseo de Bucareli, luego de un más de un siglo, en 1979 es nuevamente movido, para ser colocado en la plaza Tolsá, frente al Museo Nacional de Arte y el Palacio de Minería. Ocurriría, en 2013 ese atentado artístico, con la buena intención de restaurarlo, el monumento quedó peor de como estaba. 

   Encuentro por ahí, por mera casualidad, metido en un libro de leyendas y junto a un directorio de la ciudad, en un libro digitalizado por la Universidad de Nuevo León la reseña del día de su inauguración. No tiene nombre de autor ni fecha de edición pero nos dice, a detalle lo ocurrido en la colocación del monumento que se volvió, por algún tiempo, punto focal de todos los paseos y que, dice el relato, sacó lágrimas de alegría entre los asistentes a la develación de la estatua ecuestre. Conservo buena parte de la ortografía de la época para darle más sabor a esta lectura que es una delicia:

Descripción del modo con que se conduxo, elevó y colocó sobre su base la Real Estatua de nuestro Augusto Soberano el Señor Don Carlos IV y de las fiestas que se hicieron con este motivo.

  "Despues del ímprobo trabajo de catorce meses, gastados en cortar el numeroso cúmulo de tubos que sirvieron en la fundición da la Real Estatua eqüestre de nuestro Augusto Soberano para la introducción general del metal, salidas de viento y cera, y en la prolixa operación de limarla y cincelarla, quedó enteramente concluida. En el dia 9 de Noviembre de este año de 1803 se dispuso ya el Artífice de ella Don Manuel Tolsá a preparar los medios y las maquinas oportunas para moverla y conducirla. Venció fácilmente la primera dificultad suspendiéndola y colocándola con firmeza en el ingenioso Carro sobre que debía rodar mole tan inmensa pero lo fangoso y desigual del terreno en que se executó la fundición, hizo mas ardua la segunda operacion de sacarla de allí

  Se consiguió finalmente; y á las diez y media de la mañana del 19 de dicho mes salió la indicada Real Estatua del taller por la puente llamada del Cuervo. El Carro estaba armado sobre seis pequeñas ruedas de bronce macizo. Rodaban éstas sobre gruesas planchas de madera muy sólida, que sucesivamente se tendian por ambos lados; bastando solo quatro hombres para tirarla por medio de un sencillo torno.

  La marcha era lenta y pausada, para evitar la desgracia que podia ofrecer qualquier movimiento rápido, y precaver el riesgo de que con él se resintiesen los grandes edificios que hay en la larga distancia de 1500 varas desde el parage de la fundición, por las calles de Chiconautla, segunda y tercera del Relox, la del Seminario y plaza mayor hasta el sitio del Pedestal, á donde llegó á las diez y quarto de la noche del 23, habiéndose gastado cinco dias en la conducción.

  Allí se mantuvo hasta el día 28, que era el señalado para elevarla y sentarla en el pedestal. Concluida la Misa de gradas, que se celebró por la llegada del Marítimo, y restituido al Real Palacio el Exmo. Señor Virrey con la numerosa Corte que lo acompañaba, se asomaron SS EE y la ilustre comitiva á los balcones.

  A las once hizo el Señor Virrey la señal correspondiente y en el momento se dio principio a levantar la Real Estatua, cuya operación, tan difícil como arriesgada se finalizó en siete minutos, quedando ya en la altura de diez varas y bien asegurada en la maquina ya dispuesta sobre la andanada por donde debía correr despues otras veinte hasta ponerse perpendicular sobre su base.

  Para presenciar esta segunda operacion, volvieron á salir SS. EE. con el mismo acompañamiento á los balcones: y habiéndose empezado a las doce y media, se suspendió su continuación hasta la tarde, en que se repitió y concluyo a las cuatro en el corto tiempo de cinco minutos; quedando la Real Estatua vertical á los puntos en que debía fixarse.

  Así permaneció hasta el día 29, en que, tomadas todas las precauciones necesarias para tomada para colocarla de firme en el Pedestal, se consiguió felizmente a las diez y media de la mañana, sin haber experimentado el menor incidente.

   En medio de tantas y tan complicadas operaciones, que requerían diversos Artífices, ha sido muy digno de admiración para los inteligentes el que uno solo haya desempeñado todas. Efectivamente que don Manuel Tolsá ideó y executó felizmente quanto fue necesario de tan difícil empresa haciendo las funciones de Escultor, Vaciador, Fundidor y de hábil Ingeniero a quien correspondia disponer el modo de transportar, elevar y colocar la Real Efigie. Excitó igualmente el asombro de los sabios la sencillez de las máquinas que empleó en esto y mucho mas el que una estatua de tan enorme peso y de volumen tan extraordinario que en el vientre del caballo cupieron holgadamente veinticinco hombres que entraron por la puerta que de propósito se dexó en la parte superior del anca para extraer el herrage y demás material de que se componía el alma, fuese conducida y colocada con tanta facilidad.

  La mas descarada envidia no podía defraudar a este celebre Profesor una gloria de que acaso no habrá exemplar en los anales de las Nobles Artes; porque ya la formación del Modelo, ya la fundicion, y no pocas veces la elevacion y colocacion de Estatuas aun menores, han sido el escollo de los mas insignes Artistas, como puede verse en Plinio, hablando del gran Zenodoro: en la historia de las Artes de Winckelman: en el Autor del tratado sobre el uso de las Estatuas, y en otros Escritores modernos, como Affitto, Carli, Puccini, Bianconi y Tiraboschi. Se esperaba con ansia el dia 9 de Diciembre, en que se renovase el delicioso espectáculo del mismo feliz dia del año de 1796, quando se realzó con tanta justicia la lealtad del Exmo. Señor Virrey entonces Marqués de Branciforte, y la de todo el pueblo Mexicano, que, imitando su exemplo, pudo dar libre curso á su enternecido corazon. No se dudaba que ahora sería igual el regocijo y entusiasmo, y que avivarian: este contento y satisfacción general el Exmó. Sr. Virrey Don Joseph de Yturrigaray, su amable Esposa la Exma. Señora Doña Inés de Jauregui, y el Illmo. Señor Arzobispo Don Francisco Xavier de Lizana, cuyos generosos pechos están penetrados del mas tierno reconocido amor á nuestros Augustos Soberanos.

  La descripcion por menor que se hizo entonces de lo acaecido en tan plausible acontecimiento, pudiera repetirse casi enteramente, por haber sido uno mismo el objeto de estas festivas aclamaciones: igual el modo con que se descubrió la Real Estatua: semejantes las funciones con que esto se celebro; y muy identico el alborozo y ternura de todos los órdenes del Estado. Concluida la solemne Misa de gracias, qué se celebró por ser dia de cumple años de la Reyna nuestra Señora, habiendo vuelto al Real Palacio el Exmó Señor Virrey, acompañado de la Real Audiencia y demás Tribunales, de otros Cuerpos ilustres y de la Nobleza, que con tan glorioso motivo concurrió al Besamanos, salió á los balcones en compañía de la Exma Señora Virreyna, del lllmo. Señor Arzobispo y demás comitiva. En aquel momento, la suspension, el silencio y la expectativa de un concurso innumerable, que llenaba la gran plaza, los balcones de todos los edificios contiguos, las azoteas, y en las mismas torres de Catedral, ofrecían una admirable perspectiva, y manifestaban al observador quanta es la fidelidad, el amor y el respeto de estos habitantes al que es el benigno Padre y las delicias de dos Mundos; y que, como el Sol, hace sentir, su mi amo influxo a los Vasallos remotos que a los inmediatos a su Trono.

   Dada la señal por S. E. empezó el repique general de campanas, y se rasgo en dos mitades el velo encarnado que cubría la Real Efigie. Quedó ésta patente a la vista de todos; y muchos no pudieron contener las sinceras lagrimas que enviaba a sus tiernos ojos el corazon, encendido con la llama santa del amor y lealtad á nuestro adorado Monarca, á cuya Imagen tributaron este dulce homenage, propio de un buen hijo, quando ve de pronto el Retrato de su Padre ausente, por quien suspira de continuo.

  Inmediatamente se le hicieron los supremos honores, debidos al Original que allí se representaba. Para este efecto se habían colocado en lo interior de la Elipse diez piezas de artillería, cinco mirando al Real Palacio y las demás á la parte opuesta. A los costados de la Real Estatua estaban formados en batalla los Regimientos de la Corona y de Nueva España. Las Músicas de estos Cuerpos se pusieron en la parte interior, que corresponde al Palacio. El Regimiento de Dragones de México estaba apostado fuera de la Elipse; y todos, igualmente que la artillería, en el mismo lado del descubrimiento, saludaron la Real Estatua con tres descargas generales.

  Al mismo tiempo resonaron las aclamaciones del innumerable concurso de personas de ambos sexos y clases, que ocupaban la plaza y se confundían con las reiteradas salvas de artillería y fusilería, y con el armonioso repique de las campanas. Parecía que todos articulaban una propia voz, y que el eco repetía á lo lejos Viva Carlos; expresión concisa y enérgica en que prorrumpe siempre la fidelidad Española, quando ve el Original ó la Copia de su amado Padre, semejante á la que lleva grabada en el corazon. 

  Desahogados y a los ánimos ton estas dulces efusiones por un largo rato, desfilaron los dos Regimientos de Infantería dando la vuelta al Circo, y al pasar por él frente de la Real Estatua le hicieron el correspondiente saludo. Salieron despues por la puerta del Norte, y se retiraron con el mejor orden á sus respectivos Quarteles.

  Del propio modo y con el mismo acatamiento ejecutaron su retirada los Dragones; quedando, para mayor decoro, seis Centinelas al rededor del Pedestal. Entonces se abrieron á un mismo tiempo las quatro puertas del Circo, para que todo el pueblo tuviese la suspirada satisfacción de ver de cerca á su Soberano, y desahogar nuevamente su tierno afecto. En un instante se llenó de personas de todas clases, en cuyos semblantes se veía la enagenacion de sus almas, que llenas de regocijo no les cabían en el pecho; y que, creyéndose en la presencia de su mismo adorado Monarca, manifestaban con respetosas palabras su justa sincera gratitud á tanta fortuna. Las dulces miradas, la sonrisa filial, la afectuosa reverencia y lo que unos á otros se decían mirando á la Estatua, formaría un quadro mas delicioso que el que ofrece la historia al hablar de los Titos, Trajanos, Cárlo Magnos y Luises, quando sus reconocidos Vasallos veían, admiraban y celebraban las magníficas Estatuas que la lealtad les erigió en varias partes del antiguo Continente.

   Algunos traían á la memoria lo que refiere Cicerón de la soberbia Estatua erigida al Numen tutelar del Imperio, despues de haber quedado Roma libre de los enemigos de la Patria. “Quien será, decían, aquel enemigo de la verdad, tan insensato y temerario que no confiesen que todas las cosas de este Mundo, y particularmente las de esta Ciudad, las gobierna el Cielo con sabiduría y poder?” Aquella se había colocado con la cara vuelta al Oriente mirando al foro y al pueblo; y en la particularidad de hallarse en la misma disposición la de nuestro Soberano ha excitado ideas aun mas alagüeñas asegurándose todos de ser esta una circunstancia que afianza el paternal amor y beneficencia del mejor de los Reyes hacia estos fidelísimos Vasallos y que le serán sobremanera gratos los sincéros homenajes que se le han tributado ante su Estatua Eqüestre.

  La perfección con que esta concluida ha sido y sera siempre un objeto de admiracion Universal. Los inteligentes, y los que solo tienen ojos para ver qedan extaticos en su contemplacion. Aquellos recuerdan los Fidias, Myrones, Polícletos, Praxíteles y otros que dexaron a un honor eterno a la Grecia en sus mejores días con excelentes obras. Traen a colación las asombrosas Estatuas colosales de Roma en los tiempos del mejor gusto, y las de otros Príncipes erigidas en varias Cortes y ciudades de Europa examinan, comparan y finalmente deciden, que todos podían ceder la palma al inimitable Tolsá, y que en la remota posteridad se creerá que este insigne Profesor tuvo su principal taller en Atenas, de donde nos traxo la gloria de las Nobles Artes. 

  Al común de las gentes, que no saben explicar la sensacion que les causa este grandioso objeto les parece ver desplegar los labios al Rey y moverse al caballo. Tanta es la exactitud y proporción, viveza y alma que manifiesta, y tan grande es la ilusion que causa á los sentidos. Este monumento, el mas grandioso para las Nobles Artes en el Nuevo Mundo, ha enternizado la memoria y el amor a nuestro gran Monarca la incomparable fidelidad del Exmo. Señor Marques de Branciforte, que lo costeo, y la del pueblo Mexicano que lo deseaba; inmortalizado igualmente al famoso Artista, que apuro en su execucion todos los primores del Arte.

  Para solemnizar con mas decoro la colocación de la Real Estatua, mando el Exmo. Señor Virrey que se iluminase por tres noches toda la Ciudad: que se hiciese repique general, paseo publico de gala, y demostraciones de regocijo en el Teatro. En la noche del dia 9 dio su Excelencia a la Nobleza de esta Capital un magnifico Bayle y una Cena tan abundante como de exquisito gusto. La concurrencia fue brillante; y todos, imitando a SS. EE. brindaron con grande alborozo y repetición de vivias por la importante salud de SS. MM.

  El Illmo. Señor Arzobispo hizo en este caso una demostración propia de su dignidad y Caritativo zelo. Vistió á docientos Niños pobres y los llevó con edificante modestia al Templo para que oyesen la Misa de gracias, y despues al Palacio con el fin de que presenciasen el descubrimiento de la Real Estatua.

  En aquel día distinguieron SS. EE. Con particulares demostraciones de honor á Don Manuel Tolsá y á su Esposa Doña Luisa Sanz. El Señor Don Cosme de Mier, del Consejo de S. M. Oidor Decano de esta Real Audiencia, les dió también un suntuoso banquete y convidó para este obsequio á ilustres Personas. Por la tarde los llevó al paseo público en compañía de su Esposa la Señora Doña Ana María Iraeta, que les regaló un tejo de oro del peso de quince marcos; dando con este generoso hecho la prueba mas convincente de su amor al Rey y de la rara actividad con que desempeño los repetidos encargos del Exmo. Señor Marqués de Branciforte para que facilitase a Tolsá todos los auxilios necesarios en el asunto; y acreditando al mismo tiempo el aprecio que hace de las Nobles Artes, y la estimación que merece la habilidad del Fidias Valenciano".

  Yanireth Israde, en una nota publicada en el periódico Reforma del 15 de septiembre de 2015 dice que: “Este mes debía comenzar la restauración de El Caballito, según anunció el Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, en julio, pero el plazo no se cumplirá -una vez más- porque el diagnóstico de los daños no termina. […] "Realmente falta casi nada, se ha avanzado en la integración (de los estudios), también en la interpretación", aseguró uno de los especialistas en restauración de monumentos más destacados del País. Sin embargo, no aventuró fecha para el inicio de la restauración". 

  El Caballito cuando estaba en resguardo en la antigua Universidad.

  El Caballito fue durante muchos años símbolo de la ciudad de México, ahora está cubierto, semi oculto, esperando su recuperación...
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