lunes, 23 de mayo de 2016

El tigre pintado: José Inés Chávez García, el siniestro gavillero michoacano

   Es normal, es regular, que al ser aficionados (fans) de la historia, sea de México o del Mundo, que unos personajes nos sean altamente atractivos y, claro es, otos sumamente repulsivos. Hay algunos de los que incluso nos llegamos a enamorar. Muy en lo personal yo tengo gran interés hacia Hidalgo, Maximiliano, Porfirio Díaz, que por su estilo, su modo, su personalidad me llegan a ser los más atractivos de todo el panteón mexicano. Por otro lado, en el tenor de la misma cosa, esa atracción a lo histórico, el periodo que conocemos como Revolución me es difícil de entender y más bien, no me gusta, por lo tanto no soy asiduo a esas lecturas pero, seguramente a ti te ha pasado, cuando llegamos a oír o, oímos -en pasado- las relatorias de lo ocurrido, siempre estuvo presente aquello de que a las mujeres en ranchos, villas, haciendas, pueblos e, incluso, ciudades, las escondían; especialmente si eran bonitas, pues, de lo contrario, la doncellez quedaba allí o, de plano, la chica desaparecía.

   Esa era una de las debilidades del gavillero en cuestión, personaje que  fue dado a la humillación, a la violación, al saqueo... al leer los datos que de él hay nos damos cuenta de que estamos frente a un psicópata, un misógino, quizá un renegado social que, para entender su vida, aprovecho el momento crítico de la segunda década del siglo XX para dar rienda suelta a sus fantasías, sus filias, sus bizarreces y sus limitaciones... se llamaba José Inés Chávez García y de todo lo que sobre él se ha escrito nada, absolutamente nada es bueno... veamos:

   "En las abruptas serranías del Estado de Michoacán, aparece una gavilla de bandoleros capitaneada por el audaz, sanguinario, violador de honras, José Inés Chávez García. Este cabecilla huraño, agresivo y sádico, descendía de una humilde familia campesina de la región de Puruándiro, Michoacán. Principió a figurar en las filas revolucionarias al lado del general Joaquín Amaro, como simple soldado raso. Al rompimiento de Villa-Carranza, desertó de las fuerzas del Gobierno y se internó en la inexpugnable sierra michoacana, llegando a comandar más de trescientos hombres. Sin bandera, sin ideales, se lanzó sobre poblaciones de importancia, haciendas, rancherías y pueblos que contaban con guarniciones pequeñas, matando a sangre fría a indefensos ciudadanos, violando mujeres casadas en presencia de sus maridos.

  Chávez García, tipo de leyenda con instintos cavernarios, era de baja estatura, complexión robusta, excelente jinete y valiente hasta la temeridad. Su simple nombre causaba horror al sufrido pueblo del Estado de Michoacán. Jamás le perdonó la vida al que caía en sus manos; ya fuera débil o fuerte, lo asesinaba a sangre fría. Inés Chavez y las gentes que lo seguían cayeron como buitres hambrientos sobre las poblaciones de Zamora, La Piedad y Tacámbaro en Michoacán; Pénjamo en Guanajuato; Degollado, Jalisco y otras muchas más, dejando imperecederos recuerdos de sus brutales hazañas. El Gobierno envió miles de hombres para resolver este complicado problema militar, batiendo a los alzados incansablemente. Se formaron guardias civiles que cooperaron con las tropas federales para exterminarlo. Dormía sobre su caballo, sufría días enteros el hambre y la sed, y siempre seguro de su suerte permanencia activo.

   Entre los jefes que lo seguían figuraban Octavio de la Peña, Jesús Cíntora, Macario Silva, Félix Ireta, Manuel Roa, Zendejas, Luis Gutiérrez, Jesús Cepeda y otros más. Así pasaron los años de 1916, 1917 y 1918, hasta que la influenza española vino en auxilio de las fuerzas del Gobierno para exterminar a este terrible bandolero. La epidemia hizo verdaderos estragos en las filas del sanguinario Chávez y quiso el destino que éste muriera el 14 de noviembre de 1918, librando al Estado de Michoacán de tan odiado azote. Pero aun quedaron algunos jefes que continuaron las hazañas criminales, aun cuando en menor escala, pero con hechos similares que tomaron la del estado (Morelia), el 9 de marzo de 1919" (1).

  De izquierda a derecha: Jesús Cíntora, Inés Chávez, Octavio de la Peña, Manuel Roa, Macario Silva Tavera, los temidos "Tigres pintados". Para leer más del tema, entra aquí. Para ver los fuertes que se levantaron en algunos puntos de Michoacán para la protección de los ataques sanguinarios, entra aquí.

Fuente:

1.- Casasola, Gustavo. Historia gráfica de la revolución mexicana. 2010.

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