viernes, 11 de noviembre de 2016

Breve recuento de las haciendas de Salamanca

   El origen de las Haciendas en Salamanca, que fue el mismo en todo México, comienza luego de la conquista española, cuando se hacen los llamados premios o recompensas que dieron a todos los españoles que participaron en ella.  Ese reparto fue el de encomiendas, que llegaron a ser territorios tan grandes que igual los podríamos denominar en la actualidad como un Estado. Por ejemplo a Hernán Cortés se le entregó buena parte de lo que actualmente son los estados de Morelos y Oaxaca, de ahí viene su título de Marqués del Valle… del Valle de Oaxaca. En la región del Bajío uno de los encomenderos que tuvo presencia fue Alonso Pérez de Bocanegra, se le llamaba “El Señor de los Apaseos” y su territorio era toda la regio oriente del actual Estado de Guanajuato, comenzaba su territorio por el rumbo de Las Adjuntas, entre lo que hoy día es el Rancho del Calabozo y la colonia Barlovento en Salamanca.

    Hacia el poniente el encomendero fue Juan de Villaseñor y Orozco, personaje que obtuvo tierras que comenzaban por Cuerámaro y terminaban casi en la ribera del lago de Chapala. La Encomienda fue un sistema que poco tiempo luego de implementarla es desechada por el abuso que se venía cometiendo, dado que incluía a todos los pueblos indígenas asentados en cada una de ellas, los cuales tenían que pagar tributo al Encomendero. Las Encomiendas fueron sustituidas por las estancias, en la región de Salamanca hubo varias de ellas: la de Barahona, la de Baltierra y la de Mancera, todas ellas existían antes de que se fundara la Villa de Salamanca, no eran las únicas pues hacia el sur, en Yuriria ya se había formado un asiento de españoles y ellos tenían tierras que llegaban hasta la ribera sur del río Lerma. Quiriceo y Sotelo son dos de las que podemos reconocer por sus nombres ya que actualmente son ranchos.

    Las estancias eran de dos tipos, una llamada de Ganado Mayor, la otra de Ganado Menor. Esto no quiere decir que fueran sitios para ganadería, era la manera en que se sabía la dimensión de un terreno, la de Ganado Mayor comprendía 1,775 hectáreas; la de Ganado Menor eran 780 hectáreas. 

  Cuando las estancias comenzaron a ser trabajadas dieron paso a las haciendas. Tenemos noticia de que en Salamanca la primera hacienda que se establece fue en la parte nor-poniente del municipio, la de San José Temascatío y, hacia el sur-oriente la de Sotelo. Varias décadas luego de la fundación de la villa de Salamanca, en la relaciones que el Obispado de Michoacán mandaba hacer con regularidad para saber el número de habitantes en cada comunidad establecida dentro de su territorio, en el realizado en 1683 se menciona de varios lugares no con el nombre de haciendas, sino como "labores rurales", este documento nos deja ver lo que para entonces ya había en Salamanca: San José de Loma de Granados, San Nicolás de Ancón, San José de Mendoza, San Nicolás del Molino, San Antonio y San José de Tena, San José de las Sardinas, y la Santa Cruz del Arroyo Hondo. Para ese entonces, el año de 1683, la población en todo el partido (que era la manera de nombrar a lo que hoy conocemos como municipio de Salamanca) era de 1,900 habitantes, aproximadamente.

   El siglo XVIII es el de crecimiento en Salamanca, aunque hubo muchas sequías y pestes que causaron mortandad, por ejemplo en los años 1727-1728 se desata una epidemia de sarampión que aniquila el 30% de la población. Superados estos problemas las haciendas siguen prosperando. Caso curioso son las Haciendas de Mendoza y la de Dos Ríos, cuya actividad no era la agrícola sino que eran haciendas carboneras, es decir, producían carbón que era comprado por los mineros de Guanajuato. Eso lo podemos corroborar al ir a la zona serrana de Salamanca, en el norte del municipio y ver la afectación, luego de cuatro siglos, de una enorme tala inmoderada, pues mucha de esa zona está totalmente desertificada, esto debido a que esos bosques de madroños, pinos y mezquites fueron devastados.

  Hubo un personaje muy conocido que pasó por la Hacienda de Temascatío, fue el Barón Alejando de Humboldt, eso ocurrió en 1804. Todo indica que se hospedó en el mesón que había en esa hacienda, mismo que sería destruido poco tiempo después, cuando inició la guerra de Independencia. Durante la Guerra de Independencia, las haciendas de Salamanca fueron escenarios continuos de saqueos e incendios. Muchas de ellas fueron abandonadas, otras sobrevivieron con el cultivo que algunos de sus habitantes hicieron solamente para el autoconsumo pues la región central del Bajío mantuvo presencia de insurgentes y realistas durante los once años que duró la guerra.

 Cuando Maximiliano visitó Salamanca, los reportes que hubo de su recorrido nos dice de varias haciendas, una de ellas el Molino de Sarabia, que fue donde la comitiva Salmantina lo recibió, y cuando el Emperador siguió hacia Irapuato, fue en la Hacienda de Buenavista que fue despedido de Salamanca. El Emperador enfermó en Irapuato, tuvo que cambiar su programa, cuando sanó cortó camino para llegar a San Miguel el Grande, pasando por la Hacienda de Doña Rosa en donde comió, para luego seguir a la Hacienda de Cerrogordo en donde pasó la noche.

   A lo largo de la historia, Salamanca mantiene, en promedio 25 haciendas como las más importantes, muchas de ellas ya desaparecidas, otras convertidas en ranchos. Algunos vestigios podemos ver aun en la Hacienda de Ancón, que es de las mejor mantenidas en toda la región. La Hacienda de Cerrogordo conserva su capilla, que ahora tiene el rango de Parroquia. También en la Hacienda de La Tinaja se conserva la hermosa capilla, al igual que en San José de Mendoza. La Hcienda de Aguilares conserva aun su capilla pero es de uso doméstico. La Hacienda de Dos Ríos y la Hacienda de la Magdalena solamente conservan algunas paredes ya en ruinas. La Hacienda de Uruétaro aun se mantiene en pie. 

  Otro caso curioso es el de la Hacienda de Santa Ana, con ese nombre nadie lo conoce, en cambio se sabe de la Hacienda de Cruces, ocurrió que, en el siglo XVII un tal Ignacio Cruces compró la Hacienda de Santa Ana y la gente comenzó a referir el lugar como la Hacienda de Cruces, poco a poco el nombre de Santa Ana fue olvidado. Igual de curioso es el nombre de la Hacienda de Doña Rosa, que originalmente se le conocía como Hacienda de Cuevas, pasando luego a denominarse Hacienda de Santa Rosa, para luego cambiar al de Hacienda de Doña Rosa y muy entrado el siglo XIX al integrar su dueño las propiedades que contaba, se le denominó Hacienda del Fuerte.

  Durante algún tiempo la Hacienda de Marigómez, al norte del municipio fue famosa por sus huertas. De la Hacienda de Guadalupe ya no queda rastro alguno. La Hacienda de Dolores conserva aun una interesantes ERAS. En el recuento de las Haciendas de Salamanca no podemos olvidar a la Hacienda del Cerrito de la Cal, a la Hacienda de La Labor, a la Hacienda de Santiaguillo. No cabe duda de que Salamanca tiene una profunda historia, que no se limita a lo sucedido en la ciudad, la zona rural es grande y también guarda su historia.   

1 comentario:

  1. Excelente trabajo, estimado amigo, como todos los que realizas y nos compartes por este medio. Saludos, y espero muy pronto verlo impreso.

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