lunes, 28 de noviembre de 2016

Llegamos a Tenayuca, Zacatecas

  Sí, el nombre de Tenayuca me causaba una cierta intriga. Por su fonética lo asociaba a pueblos del centro de México, de la periferia de lo que fue el gran lago de Texcoco, verlo aparecer en un letrero de carretera por los rumbos de Los Altos, en Jalisco, me causó sorpresa, no ligaba una cosa con la otra, es decir, el nombre del lugar con el lugar en sí. El entorno era muy distinto a la idea que el nombre Tenayuca me genera. Muy distinta la calidad de tierra, el color de la tierra, la vegetación de eso que ahora veía con la idea de vegetación que pudiera haber en la otra Tenayuca, digo que "pudiera" pues actualmente solo hay casas y casas y más casas en lo que fue una ciudad... Chichimeca.

  Pero... ¿qué no los Chichimecas eran nómadas y por lo tanto nunca construyeron ciudades? todo indica que no, que eso no es cierto, el pueblo chichimeca se convirtió en nómada, sí; pero, también, el pueblo chichimeca, antes, mucho antes de lo que imaginamos fue un pueblo sedentario que construyó ciudades. Dice Clavijero que "con la ruina de los toltecas quedó casi solitaria aquella tierra hasta el arribo de los chichimecas por un intervalo de más de un siglo...". Los toltecas, bien lo sabemos, estaban en Tula... ¿entonces?

  "Los chichimecas eran, como los toltecas que les antecedieron y las demás naciones que después les siguieron, originarios de un país septentrional; porque el norte de América puede llamarse, como el de Europa, el seminario del género humano; de uno y otro se vieron salir como enjambres, diferentes pueblos a ocupar las tierras meridionales..."

  Con esas ideas, con esas dudas o inquietudes, que pasaron por mi, digo "pasaron" porque amablemente me ofrecieron llevarme a Tenayuca, en Zacatecas, pero no en viaje a conocer, sino aprovechando un "raite" que me daría la oportunidad de ir al lugar, que si bien está próximo a la carretera, como suele suceder, el entrar en un camino vecinal, implican varias horas, poco tránsito y largas esperas. No lo dudé y me fui en el vehículo que llevaba garrafones de agua potable a entregar a Tenayuca, esa era mi oportunidad de conocer el sitio... el camino fue de lo más ameno, especialmente por la abundante plática del conductor que se conocía cada piedra de los lugares por donde íbamos pasando... ni que decir de su amabilidad, de esa que todavía existe, por fortuna, en apartados lugares de la geografía nacional.

  Salirse de una carretera con un tránsito mediano de vehículos, mediano tirando a escaso, es algo que debemos experimentar, caminos bien trazados, pavimentados, enteros, pero con poca, muy poca presencia humana que, cuando aparece, da el tiempo para detenerse en mitad de la carretera y conversar... pláticas del día a día, platicas que solamente sirven para reafirmar nuestra condición humana y nuestra necesidad de socializar.

  Un entorno más bien agreste, un clima extremo, un sol de plomo... claro es, andábamos ahí en pleno mes de mayo, mayo de 2016 cuando el cambio climático asentó sus reales, todo seco, pero por seco que estuviera encontramos belleza, todo es retratable, cada ángulo, cada rincón, siempre hay un ángulo que habla de un encanto escondido... casi escondido y lo vamos encontrando.

  Llegamos a una casa y luego de varios kilómetros a otra... llevo la ventaja, enorme, de ir con alguien que es conocido y todas las puertas se abren, puedo entrar a las casas y atisbar su intimidad... las escenas de la vida cotidiana en lugares que nunca imaginé conocer.

  Pude entrar, literalmente, hasta la cocina, sorprenderme, oler, disfrutar las pequeñas escenas de la cotidianidad que son aquellas que grabamos en lo más profundo de la memoria y que se van agrupando en lo que es el bagaje de la identidad, lo que nos hace decir "yo soy". La cocina, la estufa ya sin fogón pero fuego al fin, aglutinante de la familia, punto de encuentro de todos los aconteceres, la cocina, bendita cocina.

  Y seguir por ese camino un poco "hosco" si a lo rígido del panorama se refiere, si a sus tonos de color que nos asocian a la sequía, pero no queriendo decir por hosco que sea feo, todo lo contrario, hermoso y abundantemente bello.

  Piedras alineadas, mezquites secos que esperan las lluvias para retomar su delicioso verde y proveer de generosa sombra a los andantes del camino... y también a los semovientes.

  Puertas azules, marcos de ventanas azules, de un azul por demás particular, característico de la zona de los Altos y característico de una etapa de la historia doméstica del México y de Europa también, con fuerte acento arábigo...

  En una especie de hondonada está Tenayuca, desde lo alto se ve un caserío disperso, un poco de verde pues canales hay por ahí.. me emociona estar próximo a descubrir la duda que cargo, a ver, en primer plano una Tenayuca que, por su ubicación podría decir que es la original, una Tenayuca que fue escala de largo camino de la peregrinación en pos de la señal... señal quasi divina que conduciría a los pueblos norteños al destino que se convirtió en la sede de un imperio y, siglos más tarde, en la capital de una nación, de un país que se llama México.

  Señores, llegamos a Tenayuca, Zacatecas...










Nota: lo que está entrecomillado lo tomé de la Historia antigua de México, Francisco Javier Clavijero. Editorial Porrúa. México, 1974, p. 52

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