martes, 8 de noviembre de 2016

El falo, de su presencia ritual a su presencia casual

  Esto que ahora escribo no pretende ser, en ningún momento un estudio antropológico, mucho menos sociológico o político. No creo que en nuestros días haya la necesidad de escribir algo en las paredes para manifestar lo que se siente. Por escribir igual incluyo el acto de dibujar, el cual, se manifiesta ahora a través del grafiti... grafiti que regularmente no tiene sentido alguno y que es solo una copia de algo que se ve en los medios, que se imita sin ton ni son pero igual nos dice algo, sea ese poco nivel de conocimiento que vamos dejando a las generaciones que vienen detrás de nosotros, que sea un hartazgo, cosa más que normal en la adolescencia, pero, si de grafitis o pintas que distan mucho de lo que el arte urbano se trata, el ejercicio que hoy comparto es una compilación de imágenes que he acumulado a lo largo de este año en el que el falo está presente. Falo, pene, pito, como gustes llamarlo.

  La primera fotografía que has visto la tomé hace mucho tiempo, cuando tuve la oportunidad de ir a Marruecos y, visitando la zona arqueológica de Voloublis, que fuera una importante ciudad romana en el norte de África, en uno de los templos vi al centro un cubo de piedra en el que estaba labrado un pene, era -me explicaron- el lugar en donde se rendía culto a la diosa de la fertilidad, de ahí que se asociara el genital masculino con la concepción. Y esta imagen que ahora ves viene de una exposición "Semillas de vida: Sexualidad en Occidente", que hubo en varios museos y que creo está fija en el Museo del Templo Mayor. Recuerdo que hace un año mostré en este Bable un Chac Mool con pene, cosa que me pareció un poco rara o curiosa.

  Muchas veces he manifestado aquí mi edad, que vengo de la generación de los cincuentas del siglo XX, y es por eso que muchas de las referencias que hago son a lo que recuerdo haber visto, y una de esas cosas que recuerdo es que antes era común que cuando había una pinta en la calle esta era de un pene y que cuando había un letrero, este decía "puto el que lo lea".

   Con ese recuerdo un día, en mis habituales caminatas salí a buscar esas manifestaciones fálicas en grafitis y pintas de colonias y barrios pues, aquí en Salamanca, como en cualquier ciudad, pueblo y rancho mexicano, las pintas y grafitis son cosas que forman ya parte intrínseca del paisaje... y fue en donde me di cuenta de que ya no es tan usado el falo como lo era antes en este tipo de manifestaciones.

  Haciendo una búsqueda, una "goggleda" de grafitis y penes, encuentro varios estudios que se han hecho al respecto los cuales, la verdad sea dicha (desde mi óptica) no conducen a nada, pues el asunto fálico está presente en la humanidad desde que se hizo conciencia hasta nuestros días, solo que, en aquella antiguedad sea egipcia, que griega, que romana la presencia del falo estaba investida de un ritual, de una adoración, asociada a una deidad y en nuestros días es solo un algo que tal vez nos quiera decir "yo soy" o un "I'm", recordando aquello que el 1° de enero me cuestionaba de que a qué generación pertenezco y que ahora sé que luego de los Millennials sigue la generación "I'm" consecuencia lógica del selfie y las redes sociales.








 Un mes después, en la pared amarilla estaba ya borrada la imagen fálica...

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