viernes, 29 de diciembre de 2017

Una pulquería en el siglo XIX

  Se acaba 2017 y dejo, una vez más, un gran pendiente que tengo: beber pulque y, claro es, visitar una pulquería. Haré el propósito de lograrlo para el 2018 que ya nos está tocando a la puerta. Mientras ocurre, comparto esta breve y sustanciosa lectura:

  Los locales en que se venden y se sirven estos aguardientes de cactos no son exactamente tabernas -a las que se acude exclusivamente para beber- sino lugares de cita, plática, cante, alcahueteo, conspiración política y baile. En tiempos de Maximiliano las pulquerías estaban en su apogeo y era inconcebible imaginar una sin el rasguear de guitarras, bailarines improvisados entre la clientela y su china poblana: ¡gran institución!

  Entornemos los ojos e imaginemos un local nocturno iluminado con velas de cebo y hachones de trementina. En el fondo del cuarto hay barriles con letreros del tipo de bebida que contienen: el Bonito, el Refino, la Miel en Penca, los pulques “curados”. Sobre el mostrador en que se despachan las bebidas, hay grandes vasos, llamados “tornillos” “chivos, o “floreros”. Los parroquianos forman corrillo sobre el piso: sentados unos, en cuclillas otros, o bien de pie marcando con un cierto contoneo de codos y dedos los compases del “jarabe”. Los bailantes taconean recio en la madera del piso; otros, por falta de zapatos, hacen gala de la potencia de sus pies desnudos. Trenzan las piernas, tan pronto pisan con la punta del pie o del talón, inclusive, del tobillo. Se adelantan unas veces, retroceden otras. Se yerguen, se inclinan anudando las manos a la espalda. Cuando uno de ellos pone rodilla en tierra, el otro pasa la pierna por encima como brincando sobre su pareja.

Fuente:

Luca di Tena, Torcuato. Ciudad de México en tiempos de Maximiliano. Planeta, México, 1990, p.137

1 comentario:

  1. En nuestro pueblo existía la pulquería la "reina Xochitl" cerca del mercado sobre la calle Guerrero antes de llegar a 5 de Mayo.

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