jueves, 7 de junio de 2018

Del mito judío-sefardí en los Altos de Jalisco

   Hace seis años que vine por primera vez a Teocaltiche. De la región de los Altos de Jalisco había conocido desde hace tiempo San Juan de los Lagos, esto debido a las continuas mandas que mi mamá hacía a la Virgen de San Juan. Habían varias cosas que me impresionaban siempre que hacíamos la visita, más allá del templo y de los objetos religiosos con los que regresábamos a casa, quizá fue allí donde comenzó mi gusto por visitar templos y acumular estampas, rosarios, novenas y toda la parafernalia propia de los santuarios de peregrinación católica. La sala de exvotos siempre la visitábamos y siempre encontraba alguna sorpresa dentro de lo que allí se exhibía. Las tortas eran extraordinarias (ahora entiendo que lo que me gustaba no era la torta en sí sino el bolillo tan característico de la región, es decir, el birote). 

  Pero había algo que me sorprendía aún más, eran los güeros, no entendía en aquel entonces por que mucha de la gente que vendían en esa permanente feria que hay en las calles aledañas a la ahora catedral basílica de Nuestra Señora de San Juan y más aún, cuando nos acercábamos al mercado y quienes vendían quesos y dulces eran güeras o güeros, esos que coloquialmente llamamos “güeros de rancho”. Ahora, luego de varias décadas y de mucho venir a Los Altos, entiendo mejor los mitos y realidades que hay en el pueblo alteño. Veamos:

   “Con reiterada insistencia se repite que el alteño desciende judíos sefarditas. Ello explica –se dice- si endogamia, su apego al trabajo, sus características raciales, y el hecho de que cuando emigra, en poco tiempo logre formar una sólida posición económica, buscando otras familias alteñas para estrechar vínculos familiares. […] entonces, ¿cuál será la razón más poderosa para que se haya venido abriendo la idea de su origen sefardita?

  Lo primero –dice el autor- que interesaba era si el mito en análisis nació entre la gente de los Altos o bien en otras zonas del país. Pude percatarme, a lo largo de numerosos viajes y entrevistas, que en algunas familias se conserva la tradición de que se proviene de judíos. Realicé investigaciones genealógicas exhaustivas y no hubo prueba de ello: al contrario, hay numerosas informaciones testimoniales de limpieza de sangre, desde el siglo XVII, que demuestran origen hidalgo e hispánico en las mismas familias que conservan verbalmente la tradición opuesta. Hay dos casos, no obstante, de interés al respecto.

  El primero de ellos es el de una familia sefardita, importantísima en el siglo XVI, que dejó extensa sucesión, a través de hembra, en las familias locales. A esta familia perteneció el Gobernador de Nueva Galicia, doctor Santiago de Vera. Puede decirse que no hay alteño que no descienda de doña Mariana de Vera, sobrina de este don Santiago”. (La historia del personaje es bastante larga, la puedes leer aquí.)

  “En mi concepto –continúa el autor- , la tradición verbal de que la población alteña desciende de judíos sefarditas no tiene de verdad más que lo antes mencionado y probado históricamente. Si a través de los siglos se perpetuó la tradición oral de referencia la historia permite establecer correctamente la dimensión de verdad que en ella existe: solo por la vertiente genalógica analizada, procede el núcleo criollo de la Meseta de los Altos de población sefardita. De cerca de trescientos apellidos nucleares, solo los Mota-Padilla proceden –y eso, solo por la vía de un ascendiente- de sefarditas…”

  Hay otro mito, aún más grande, en la zona de Los Altos, que es el de la herencia francesa, de ello hablaremos en la próxima entrada.

Fuente:

González-Leal, Mariano. Retoños de España en la Nueva Galicia. Tomo I. Gobierno de Jalisco. Guadalajara, 2010, pp. 339-360

miércoles, 6 de junio de 2018

Mi experiencia con un volcán en erupción

   Ahora que el "Anillo de Fuego" vuelve a hacer aparición y ante lo ocurrido en Guatemala recientemente, los recuerdos afloran y aparece en mi mente aquello que fue, en 1990, una de las mejores experiencias que he tenido en mi vida, cuando, andando por Guatemala, luego de haber oído sobre las mil maravillas que allí había, empaqué mi ligero ajuar (recordemos que eso ocurrió hace  hace casi 30 años) y andar por el mundo con dos mudas de ropa era "normal" y no había necesidad de más... el ansia de conocer más allá de lo posible estaba a flor de piel, así que, luego de deslumbrarme con Tikal y la selva que lo rodea, enfilé a la Antigua para toparme con una de las ciudades más bellas que hasta entonces había conocido.

  Cuando hablamos de aquellos años de la década de los noventa, en los que viajar era cosa posible, pues el tipo de cambio con el dolar andaba en los 3 pesos (o menos) nos abría en mucho el panorama  y -las puertas- para viajar... Antigua me pareció excepcionalmente hermosa por las ruinas que "decoran" la ciudad, al caminar por sus calles siempre había un punto focal: el volcán... así que, caminando por ahí, de pronto un anuncio escrito a mano en esas cartulinas escandalosas de color fosforescente anunciaban una excursión por tan solo 10 dólares, al volcán Pacaya; era de mañana cuando vi el anuncio que decía que justo en ese día habría una salida... no lo pensé dos veces y me anoté para ir al Pacaya, volcán que estaba y sigue estando activo.

  Nada se me preguntó y se me informó que era necesario llevar pasaporte -creo- y nada más, pagué 10 dólares y me "preparé" (lo del entrecomillado quiere decir que más bien esperé) a la hora de la salida y me presenté al lugar. Un chico daba la "bienvenida" el entrecomillado quiere decir que sí ok, aquí sale, espere allí... y partimos. Recuerdo iba una familia francesa (continuamente decían "super" "super" y "super" y algunas dos o tres personas más... llegamos a una gasolinera y el chofer, que era el guía, nos dijo: "será bueno que compren algo para comer y tomar"... ah, ok, compre unas galletas, una botella con agua y -creo- un refresco... continuamos por la carretera...

  Luego de una media hora, o tal vez un poco más, llegamos a un punto de revisión, no pidieron documentos, solo nombre y país de origen. Aclaro que la salida fue tarde, cosa de las 4 -tal vez-, por lo que, cuando pasamos ese control militar o policíaco, comenzaba a atardecer. Fue en ese preciso momento que me hice la pregunta ¿qué haces aquí? Ante la no respuesta, por el tiempo, el chavo -chico- que era bastante parco en su hablar solamente nos dijo, lleven todo lo que traigan y aquí les daré su lámpara.

  ¿Para qué una lámpara? me pregunte... me la dio y nos indicó el camino que debíamos seguir... a medida que avanzábamos la visibilidad era menor; de pronto el panorama era cada vez más gris y más oscuro y la pendiente por ascender se presentaba mayor, más inclinada... no había vuelta atrás. De nuevo me pregunté ¿qué haces aquí? No era (no lo soy) nada deportivo, el ascender era cosa imposible, era lava lo que pisaba, y a cada paso de quince centímetros de altura, se convertía en cosa de 5 o 7 centímetros, pues aquello que pisaba era lava... oscurecía... es decir, estaba ya oscuro, ahora entendía el por qué de las lámparas sordas que nos habían entregado al iniciar.

  Considerando que mi condición física nunca ha sido buena, ese ascenso en la oscuridad se volvió una verdadera penitencia, pensé dejar el recorrido y quedarme ahí para reintegrarme al grupo cuando fueran de regreso pero no, algo me dijo que debía seguir... ese algo fue una explosión y la consecuente iluminación del cielo que me dejó ver un poco del espectáculo que me esperaba. ¿Una hora? ¿una hora y media en ascenso? no lo sé... pero llegué al borde del volcán y aquel panorama que pude ver fue algo que a la fecha no he podido olvidar.

  Esa fue la botella de agua y las galletas que más he disfrutado en mi vida. Si me levantaba me daba frío, pues en el volcán azotan los vientos del Pacífico, y si me sentaba, era cosa imposible soportar el calor de la tierra... de pronto una piedra salió eructada del cono del volcán... quedamos atónitos... a lo lejos se veía un río de lava, rojo, incandescente... cosa normal por esos lares... la recompensa al esfuerzo que representó el ascenso fue enorme. La inversión de 10 dólares ha sido la mejor que he hecho en mi vida; a las 9 de la noche estaba de vuelta en Antigua, agotado y con una imagen espléndida de lo que acababa de ver. Y que hoy sigo reviviendo.


lunes, 4 de junio de 2018

Entrada de un virrey en el reino de Nueva España, y toma de posesión del mando

  Al acercarse las flotas á las costas de Veracruz, se adelantaba siempre un navío de aviso desde la sonda de Campeche, y en él mandaba el nuevo virrey á algún gentilhombre de su familia, que pasaba á México con cartas á las autoridades, escritas según un formulario establecido, haciendo saber su llegada, que se solemnizaba con repiques.

  El virrey que acababa, enviaba á Veracruz á su sucesor, literas y todo avío de camino con regalos de dulces, chocolate y frasqueras de vinos, en lo que cada uno manifestaba su generosidad y magnificencia.

  Al desembarcar el virrey en Veracruz, salía á recibirlo al muelle el cuerpo de ciudad y el gobernador, que hacía la ceremonia de entregarle las llaves. La guarnición estaba formada desde allí hasta la puerta de la parroquia, en la que le esperaba el cura de capa pluvial, con el clero y palio que el virrey mandaba retirar, y después del Te Deum, se dirigía á la casa dispuesta para su habitación, con la misma comitiva.

  En Veracruz se detenía el nuevo virrey más ó menos días haciendo el reconocimiento del castillo y fortificaciones, y esperando también la respuesta al aviso que había dado á su llegada, en la que fijaba el virrey que terminaba, el lugar en que habían de concurrir para la entrada del mando. Si no había tropa de caballería en Veracruz, se mandaba de México una compañía, y salía también á escoltar al virrey el capitán de la Acordada con clarines y estandartes, y porción de comisarios, el que generalmente llegaba á Jalapa ó las Vigas.

 El virrey se ponía en camino llevando delante cuatro batidores y dos correos, y acompañándole la tropa referida. En todo el camino salían á recibirlo las autoridades y gobernadores de indios de los pueblos del tránsito é inmediatos, teniendo el camino barrido y adornado, y presentándole sartas de flores, con arengas de cumplimiento en su idioma.

  En Jalapa le esperaba uno de los secretarios de gobierno y dos canónigos de Puebla, comisionados por su obispo y cabildo para acompañarlo y obsequiarlo en el viaje hasta aquella ciudad. Dirigíase de Perote á Tlaxcala donde hacía entrada pública á caballo, la que se ordenaba de la manera siguiente, desde media legua antes de llegar á la ciudad.

  Iban delante los batidores y un paje del virrey con un estandarte en que estaban bordadas de un lado las armas reales y en el reverso las del virrey. Seguíase un gran número de indios con sus tambores y chirimías y otros instrumentos de música, llevando levantados en palos las banderas ó divisas de los pueblos á que pertenecían: el cuerpo de ciudad, compuesto todo de indios nobles, precedía al virrey, llevando largas cintas que pendían del freno del caballo que este montaba, y los regidores llevaban sobre sus vestidos mantas de fino algodón, en que estaban bordados los timbres de sus familias y pueblos: seguía al virrey su caballerizo, comitiva y escolta en medio de un concurso inmenso de gente, y llegando al extremo de la calle Real, encontraba una fachada de perspectiva con adornos ó jeroglíficos relativos á su persona, y allí se le decía una loa adecuada también á las circunstancias. Pasaba luego á la parroquial al Te Deum, y luego á las casas reales donde se le tenía dispuesto alojamiento. En Tlaxcala permanecía tres días, en los que había toros y otras diversiones. Continuaba luego su camino á Puebla en donde se le recibía con mayor solemnidad, entrando á caballo, y allí solía permanecer ocho días entre fiestas y obsequios, y visitando los conventos de monjas en los que en aquellos tiempos entraban los virreyes como vicepatronos.

  En Cholula y Huejocingo se hacía también entrada pública, por consideración á aquellas antiguas ciudades, aliadas de los españoles en la Conquista; pero en estos puntos no permanecía más que el día de su llegada.

  Entretanto en México el virrey que acababa había desocupado el palacio trasladándose con su familia á alguna casa particular y salía á recibir á su sucesor á Otumba, donde hacía entrega del gobierno. Es notable el lujo con que lo hizo el arzobispo virrey D. Juan Ortega Montañés, cuando en 18 de Noviembre de 1702 salió á recibir al duque de Alburquerque, segundo virrey de este título, con muchas carrozas soberbias y los criados vestidos con costosas libreas, llevando en una de ellas su secretario con mucha ceremonia, el bastón que iba á entregarle.

  Las autoridades salían á presentarse al nuevo virrey á San Cristóbal, de donde pasaba á Guadalupe, y allí tenía prevenido el mismo arzobispo Montañés, un espléndido convite para recibir al duque de Alburquerque, que llegó el 22 de Noviembre, á quien acompañó á comer, y lo condujo á la tarde á Chapultepec. En la casa ó palacio que en aquel lugar había, estaba prevenido el alojamiento, y era la diversión de la ciudad en los días anteriores á la llegada del virrey, ir á ver estos preparativos.

  Para recibir al duque de Alburquerque, según un diario manuscrito de aquel tiempo, toda la casa estaba ricamente colgada y adornada, llamando la atención dos escritorios embutidos de plata que llegaban hasta el techo, y que se apreciaron en quince mil pesos. 
En Chapultepec recibía el virrey á las autoridades, que todas, aun el tribunal de la Inquisición, iban á presentársele, y allí se le obsequiaba con toros y otras diversiones. Solía ir privadamente á la ciudad á tomar disposiciones para su alojamiento en el palacio, á visitar la catedral ó á algunas imágenes como el Santo Cristo de Santa Teresa.

  Aunque ya estaba en ejercicio de la autoridad que le había sido entregada por su antecesor en la primera entrevista, el acto solemne de la toma de posesión, se verificaba del modo siguiente, lo que copiaré de lo que según el diario citado se hizo por el duque de Alburquerque el 27 de Noviembre del mismo año de 1702.

  "Después de la oración de la noche vino de Chapultepec á esta ciudad á tomar su posesión el Sr. virrey duque de Alburquerque, y fué primero á la catedral á hacer oración, y luego al real palacio; entró por la puerta principal á las siete, en donde lo recibieron con hachas, y habiendo bajado del coche, fué acompañado de los ministros y tribunales á coger la escalera para subir á la Audiencia, donde lo recibieron los señores de las audiencias y lo llevaron á la sala de lo civil, en la cual abajo de las gradas de los estrados, estaba puesto un dosel de terciopelo y damasco encarnado y baldoquín de seda de los mismos colores, una mesa larga, y junto á ella seis sillas por cada lado, y la del señor virrey de terciopelo encarnado y abajo su cojín; la mesa con sobrecamas de China bordadas de encarnado; encima un misal abierto á la mano derecha de S. E., y señalado el Evangelio; en ocho candeleros ocho velas de á media libra; y habiéndose sentado S. E. y los señores de la Audiencia, se cerraron las puertas y luego tocó S. E. la campanilla, y habiendo entrado un portero, mandó S. E. se trajese el real sello, el cual trajo en un azafate D. Pedro de Tagle (hacía de chanciller), armado con sus armas y cubierto, acompañado de ministros de la Audiencia que con doce hachas le alumbraban, y habiendo entrado lo puso al lado de S. E., poniéndose todos en pie al entrar en la sala, el cual tomó S. E. en la mano en señal de posesión, y luego exhibió tres cédulas que se leyeron por los dos secretarios de cámara y gobierno, primera la de capitán general, luego la de virrey, y luego la de presidente de la real Audiencia, y acabadas, las pusieron los señores sobre sus cabezas, y luego llegaron los dichos secretarios por los dos lados de S. E., é hizo el juramento sobre el Evangelio: volvióse luego el sello á la chancillería del mismo modo que se trajo, y luego salieron de la sala los señores, acompañando con todos los ministros á S. E. hasta el coche, y habiendo entrado en él, pasó á ver al señor arzobispo."

  Para la entrada solemne se tomaba el tiempo necesario para que la ciudad, como función propia suya, pudiese disponer lo conveniente. Ordenábase la entrada por la tarde desde la parroquia de Santa Catarina ó la de Santa Ana, adonde concurrían la Audiencia, los tribunales y nobleza, compitiendo en la riqueza de los trajes, gallardía de los caballos, en lo vistoso de los jaeces y arneses, y en el número y costo de criados y libreas.

  El virrey, con esta comitiva llegaba á la esquina de Santo Domingo, en donde estaba dispuesto un arco, y allí lo recibía el corregidor y ayuntamiento, que le presentaban las llaves de la ciudad, recibiéndole juramento de guardar los fueros de ésta. Allí estaba prevenido el palio, y llevando las varas los regidores, seguía bajo de él el virrey, aunque en esto hubo muchas variaciones, y diversas reales órdenes quitando y restableciendo este uso: el corregidor y alcaldes á pie, llevaban las riendas del caballo que montaba el virrey. Este desmontaba frente á la puerta del costado de catedral, en donde había otro arco; y allí se decía una loa, en que se comparaban los servicios y virtudes del virrey con los del héroe ó divinidad fabulosa, que estaba representada en los adornos del arco. En la puerta de la catedral lo recibía el arzobispo de pontifical y el cabildo con todo el ceremonial correspondiente al patronato, y después del Te Deum, pasaba el virrey al palacio con la misma comitiva, y en aquella noche y los días siguientes había fuegos, iluminaciones, toros y otras diversiones.

  El lujo que los virreyes ostentaban en su entrada, era menor ó mayor según las personas. En la del duque de Alburquerque que hemos citado, que se verificó el 8 de Diciembre de 1702, dice el diario de que he hecho referencia, que "atrás (del virrey) venía la virreina y damas en coches, y á lo último veinticuatro mulas de repostería (de carga), con los frenos y cabezadas de plata, plumeros y las cubiertas de las cargas de color de fuego bordadas y las cuerdas con que venían liadas eran de seda, y los barrotes con que se apretaban de plata."

  El virrey que terminaba, solía permanecer á veces mucho tiempo en México ó en algún lugar que elegía para su mansión después de entregado el mando, en espera de ocasión para trasladarse al punto de su nuevo destino, ya para volver á España, y más todavía si tenía que pasar al Perú, ó para contestar á los cargos que le resultasen en el proceso de residencia, á que se daba desde luego principio por el juez comisionado para formarlo, publicándose para que ocurriesen los que tuviesen demandas que presentar.

  A resulta de las contestaciones suscitadas con motivo de la entrada de D. Matías de Gálvez, se mandó por la Corte que en adelante no hubiese entrada á caballo, y se extinguió todo el ceremonial referido.

  El virrey á su llegada se trasladaba con la escolta y decoro correspondiente á Puebla, desde donde lo acompañaba el intendente de aquella provincia; concurría en San Cristóbal, en el edificio construido al efecto por el Consulado que hacía los gastos del recibimiento, con el virrey que acababa, quien le hacía allí entrega del mando, y seguía su viaje á embarcarse: el nuevo virrey era recibido y acompañado desde Guadalupe por todas las autoridades en coche, estando formadas en las calles del tránsito las tropas de la guarnición, y prestando el juramento respectivo en el acuerdo, entraba en ejercicio de la autoridad. El Ayuntamiento hacía el gasto de la mesa en los primeros tres días, que con lo que gastaba el Consulado ascendía á unos catorce mil pesos, todo lo cual pareció excesivo al segundo conde de Revillagigedo, y propuso en la instrucción que dejó á su sucesor que se suprimiese.

  En todo el ceremonial antiguo para éste y otros casos, se echa de ver el empeño que se tenía en hacer respetable la autoridad real y á quien la representaba, y no menos el de conservar á todas las autoridades la dignidad que les correspondía. Asombra el número de leyes y disposiciones que se dictaron con este motivo, arreglando hasta los menores ápices de las asistencias, la pieza en que el virrey debía recibir á la Audiencia, los oidores que habían de acompañarlo en el coche y lugar que habían de ocupar; y habiendo ocurrido una vez que en la fiesta de San Hipólito en que se sacaba el pendón real, por un aguacero que sobrevino, cosa frecuente en México en el mes de Agosto, la comitiva con el pendón se guareciese en una casa particular, esto se tuvo por indecoroso, se mandó por real orden, que aunque lloviese, el pendón no entrase en ninguna casa, y la comitiva siguiese acompañándole hasta las casas consistoriales ó á la iglesia de San Hipólito.

 Estas formalidades estaban prevenidas con más previsión si cabe en lo que tenía relación con los prelados eclasiásticos, habiéndose llegado á mandar por real cédula de 9 de Febrero de 1670, que el arzobispo en catedral, pasando por la crujía del coro al presbiterio, al hacer cortesía á los virreyes soltase la cauda de su vestido.

  Los virreyes por su parte exigían todo el respeto que les era debido, tanto que el segundo duque de Alburquerque, volviendo á palacio en su coche por la calle de San Francisco, y encontrándose con el chantre de la catedral que iba á pie, notando que éste no se detenía y quitaba el sombrero hasta abajo, como estaba establecido con los virreyes, luego que llegó á palacio pasó recado al arzobispo para que antes de veinticuatro horas hiciese salir al chantre desterrado veinte leguas á la redonda, como se verificó. Pero este respeto y consideración eran mutuos, y las autoridades civiles eran igualmente celosas de que en nada se faltase á lo debido á los lugares consagrados al culto y á sus ministros. 

 Fuente:

García Cubas, Antonio. Diccionario geográfico, histórico y biográfico de los Estados Unidos Mexicanos. Oficina Tipogáfica de la Secretaría de Fomento. Tomo III, México. 1889, pp. 62-64


domingo, 3 de junio de 2018

Antes y ahora: El concepto de Ganado Mayor y Menor

Ciudad de México, Capital de la Nueva España, a 18 de junio de 1580.

Por cuanto el muy ilustre marqués de los Falces, virrey y gobernador que fue de esta Nueva España, teniendo consideración de que aquí no había ley ni ordenanza por donde se declarasen el distrito que habían de tener los sitios de estancia para ganados mayores y menores que se proveían, y de que se hacía merced en esta Nueva España; y si alguna declaración había hecha por el cabildo de esta ciudad de México, el cual no había tenido facultad para hacer ordenanzas en semejantes casos, ni para fuera de la dicha ciudad, en 19 de septiembre de 1567 hizo ordenanza cerca del distrito que habían de tener las dichas estancias de ganado mayor y menor que se habían dado, y adelante se diesen en esta Nueva España.

Por la cual ordenó, y mandó, que una estancia de ganado mayor hubiese 3,000 pasos de marca de a cinco tercias cada paso, del asiento y casa de la tal estancia al asiento v casa de la otra.

Y en las estancias de ganado menor, 2,000 de los dichos pasos.

Y si acaeciere estar alguna estancia sola que no tuviese por todas partes estancias con quien lindar, y cerca de ellas se pidiesen tierras para labor, se guardase a las tales estancias los dichos 2,000 pasos a la de menor y 3,000 a la de ganado mayor, desde las casas y asientos como si se hubiesen de dar y proveer otras estancias.

Y después, en 25 de enero de 1574, por mí se hizo otro ordenamiento (Ver Nota 1) en la dicha razón, declarando que las dichas estancias se entendiese había de tener cada una, y pertenecerle, desde las casas a la de ganado mayor 1,500 de los dichos pasos, y a la de menor 1,000 a todas partes de las casas.

Y haciendo que en el distrito fue lo mismo que estaba proveído por el dicho virrey con que guardados los dichos pasos, habiendo tierra, sin perjuicio, se pudiese proveer y hacer merced de ello.

Y aunque por la dicha ordenanza por mi hecha, que declaró y entendió revocarse la ordenanza del dicho muy ilustre virrey en cuando se mandaba en ella que a las estancias que estuviesen solas se les guardase 3,000 pasos a las de mayor y 2,000 a las de menor, sin que dentro de ellas poderse hacer merced de tierras para labor, pues mandé que guardando a la de mayor 1,500 pasos y a la de menor 1,000 en lo demás se pudiese proveer y hacer merced.

Algunas personas han puesto duda en la dicha declaración y trazado pleito sobre ello, a tenor de lo cual, para lo remediar, no embargante que como dicho es está declarado.

Para que en nada pueda haber la dicha duda y cesen los pleitos, si es necesario declaro que las estancias que estuvieren proveídas o se proveyeren de aquí en adelante les pertenece y ha de pertenecer a la de ganado mayor, 1,500 de los dichos pasos a todas partes desde la casa y asiento de la tal estancia; y a la de menor, 1,000: dentro de los cuales no se pueda proveer las tierras de labor, y fuera de ellas se pueda proveer y hacer merced de las dichas tierras y estancias y valgan las que estuvieren proveídas desde el dicho día 25 de enero de 1574 que hice la ordenanza: con que si se proveyeren estancias, en el asentar se ha de guardar desde las casas de una estancia a la otra, 3,000 de los dichos pasos, siendo de ganado mayor, y 2,000 siendo de menor, con que el pasto ha de ser común, conforme a lo que Su Majestad tiene proveído y mandado.

Y esto se guarde y cumpla, sin embargo de otra cualquier cosa que esté proveída sobre el caso, lo cual en cuanto es contrario a esto lo suspendo y revoco, y mando no se use de ello. (1)

Ciudad de México, capital de los Estados Unidos Mexicanos a 31 de diciembre de 1969

TABLA de equivalencias de ganado mayor y menor.

Al margen un sello con el Escudo Nacional, que dice: Estados Unidos Mexicanos.- Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural.

  ROMARICO ARROYO MARROQUIN, Secretario de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, con fundamento en lo dispuesto por los artículos 27 fracción XV de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; 120 de la Ley Agraria y en uso de las atribuciones que me confieren los artículos 35 fracciones I, XI y XXI de la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, y 2o. fracción XXI, 6o. fracción X y 14 fracción XVII del Reglamento Interior de esta dependencia, y

CONSIDERANDO

  Que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos señala en su artículo 27 que se considerará como pequeña propiedad ganadera, la que no exceda por individuo la superficie necesaria para mantener hasta 500 cabezas de ganado mayor o su equivalente en ganado menor.

  Que el artículo 120 de la Ley Agraria establece como facultad de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, la de determinar y publicar las equivalencias de ganado mayor y menor en virtud de lo cual, he tenido a bien expedir la siguiente:

TABLA DE EQUIVALENCIAS

GANADO                                                                     UNIDAD ANIMAL
Bovino  
Una vaca de 400 a 450 Kg. de peso                                     1.00
Una vaca adulta con su cría (menor de 7 meses)                    1.00
Un toro adulto                                                                    1.25
Una cría de bovino destetada (8 a 12 meses)                    0.60
Un bovino añojo (de más de 12 meses y menos de 17)            0.70
Un bovino añojo (de 17 a 22 meses)                                    0.75
Un bovino de 2 años                                                            0.90
   
Ovino y Caprino  
Una oveja con su cría                                                            0.20
Un cordero o cabrito del destete hasta los 12 meses            0.12
Un cordero o tripón destetado de más de 12 meses            0.14
Una cabra con cabrito                                                            0.17
Sementales ovinos y caprinos                                                    0.26
   
Equidos  
Un caballo (mayor de 3 años)                                            1.25
Un caballo (de 2 a 3 años)                                                    1.00
Un caballo (menor de 2 años)                                            0.75
Una yegua con cría                                                            1.25
Burro o mula                                                                            1.00
   
Fauna  
Un venado cola blanca                                                            0.14
Un venado bura                                                                    0.25
  Para situaciones de peso muy diferentes se recomienda ajustar en 0.1 U.A. por cada 50 Kgs. de peso.

  Ciudad de México, Distrito Federal, a los dieciocho días del mes de abril de dos mil.- El Secretario de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, Romárico Arroyo Marroquín.- Rúbrica. (2)

Fuentes:

1.- AGN. Ordenanzas, vol. I, fol. 53. Francisco de Solano. Cedulario de tierras. Compilación. Legislación agraria colonial (1497-1820). Instituto de Investigaciones Jurídicas. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición: 1984. Segunda edición: 1991. México.
http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/libro.htm?l=387

2.- Diario Oficial de la Federación.

sábado, 2 de junio de 2018

Un latifundio en la Nueva Galicia, el caso de la Hacienda de Ciénega.

 El que ahora vemos es el mapa del estado de Jalisco, con sus divisiones, aquellos que fueron en algún tiempo los Cantones y que ahora se conocen como Regiones. Vemos del lado derecho la Región de Los Altos, que se divide en dos y debajo está la Ciénega, que es la que nos interesa pues está asociada a lo que vimos apenas en torno al latifundio neogallego de Santa Ana Pacueco. Habrá que notar otra región, la de Valles, sitio en donde se encuentra la ex hacienda de Nuestra Señora del Rosario de Cuisillos, ambos puntos enromes latifundios, esta vez agregamos uno más el de la Ciénega, que se llegó a llamar Hacienda de Nuestra Señora del Patrocinio de Ciénega, entre otras.

Aclaro que el texto que a continuación transcribo en partes, corresponde a un interesante trabajo de investigación del maestro Ramón Goyas Mejía.

  "El origen de la hacienda de Ciénega se encuentra en una serie de sitios de tierra que comenzó a acaparar el conquistador Andrés de Villanueva. Este encomendero del pueblo de Atotonilco (hoy el Alto) y también regidor de Guadalajara fue conformando una propiedad considerable mediante la compra de tierras a diversos dueños. Otros sitios, en cambio, los recibió por merced de las autoridades o por herencia. Con estos y otros bienes logró que el 15 de julio de 1568 se le concediera licencia para constituir mayorazgo. De éste, las tierras pasaron a sus hijos Juan y María de Villanueva, quien quedó como heredera del mayorazgo en virtud de la muerte del primero. Posteriormente, las tierras se vendieron al capitán Marcos García de Sotomayor, quien era un prominente ganadero de la ciudad de Santiago de Querétaro y a Tomás González de Figueroa, alférez real de la ciudad de Valladolid. Marcos García de Sotomayor compró gran cantidad de tierras en el occidente de México, como lo prueba el hecho de que durante el siglo XXVII era dueño también de amplias zonas de los valles de Tala y Cocula.

   Otra parte de las tierras que acaparara Tomás González de Figueroa, constituyeron la hacienda de Milpillas. Su hijo Joseph de Figueroa y Campofrío, vendió los sitios del valle de Milpillas a Juan de Sotomayor, vecino de la jurisdicción de Celaya en la Nueva España. Este dueño heredó las tierras a su única hija Mariana de Guzmán y Sotomayor, la cual casó con el capitán Sebastián de Andía, importante criador de ganados, vecino y dueño de tierras en el distrito de Acámbaro. En 1638, este personaje presentó los títulos de la hacienda de Milpillas, la propiedad constaba de diez sitios de ganado mayor, tres sitios de menor y cuatro caballerías, es decir, alrededor de veinte mil hectáreas que utilizaba de agostadero de ganado en el valle de Atotonilco. Con el tiempo, Sebastián de Andía y su esposa vendieron estas tierras y las de la hacienda de Cerro Gordo al capitán Pedro Albarrán Carrillo.

  No es fácil seguir la pista a la gran cantidad de mercedes con que se constituyó el latifundio de Ciénega, debido a que hasta antes de 1728 agrupaba muchos de los sitios que posteriormente pasaron a la hacienda de Santa Ana Pacueco. Esto ha implicado que muchas mercedes que a fines del siglo XXVIII se contaban a nombre de Santa Ana Pacueco, durante el siglo XVII, estaban registradas como sitios de tierras de la hacienda de Ciénega. Para complicar más este cotejo, se debe considerar que durante el siglo XVII, hubo permutas de sitios de ganado mayor y menor con las haciendas de Milpillas y Cerro Gordo pero al parecer nunca se entregaron con los títulos respectivos.

  Además, junto con esta abigarrada cantidad de títulos de tierras, Alonso de Estrada poseía otros sitios dispersos. Sin embargo, la Real Audiencia de la Nueva Galicia le reconoció únicamente 46 sitios de ganado mayor, 26 sitios de ganado menor y 135 caballerías con títulos originales. Contaba también con siete sitios de ganado mayor, diez sitios de ganado menor y 20 caballerías con títulos testimoniados. Poseía aparte, otros ocho sitios de ganado mayor, seis de menor y 16 caballerías que no se habían medido, es decir, un total de 61 sitios de ganado mayor, 42 sitios de ganado menor y 161 caballerías, aproximadamente unas 146,700 hectáreas.

  Ya para morir, Alonso de Estrada Altamirano, además de Ciénega era dueño de las haciendas de Mesillas, Santa Ana Pacueco y Tarimoro, ubicadas en la Nueva Galicia, en la Nueva España, poseía también las haciendas de San José de Bravo, Santa Lucía, Royos, y San José de las Palmas.

  Dado que algunas tierras que estaban adjudicadas a la hacienda de Ciénega pasaron a Santa Ana Pacueco, Ciénega quedó con 61 sitios de ganado mayor y menor y 132 caballerías de tierra con merced de herido de molino. En total, los sitios de Ciénega fueron valuados en 67,790 pesos. Interesante es ver la composición de sus bienes muebles. En 1728 cuatro grandes rubros componían lo detentado por la hacienda: ganado menor, ganado mayor, maíz y adeudos de trabajadores. Según Juan Yañez, mayordomo de la hacienda de Ciénega, sus ganado menor era el siguiente: 90,205 ovejas y carneros de todas las edades y condiciones, valuados en 45,520 pesos.42 Es decir, su valor promedio era de poco más de cuatro reales por cada cabeza de ganado. Contaba además con 1,045 cabras y cabritos, cuyo valor se tasó en 309 pesos.

  Desde las últimas décadas del siglo XVIII y parte del siglo XIX, Ciénega estuvo en manos del Fondo Piadoso de las Californias por la herencia que Josefa Paula Argüelles y Miranda y su esposo hicieron en 1763.

  Para esta fecha, la hacienda formalmente contaba con las tierras que en 1763 se habían contabilizado. Es decir, 13 sitios de ganado mayor, 8 sitios de ganado menor y 21 caballerías en los valles de Coyotes, Tototlán y Zapotlán del Rey [29 967 hectáreas]; tenía además, 25 sitios de ganado mayor, 20 sitios de ganado menor y 104 caballerías en las partes altas [20 376 hectáreas], en el Cerro Gordo, entre Tepatitlán y Arandas. Las cuentas anteriores no incluían a la hacienda de Calderón, a la cual se le consideraba "agregada". Calderón contaba con 4 sitios de ganado mayor y 2 sitios de ganado menor [10 144 hectáreas]. Por último, se contaba con un sitio de ganado mayor llamado Palmarejo, en el centro de Los Altos de Jalisco, mismo que por lo aislado y fragoso del terreno, tenía poco valor, y seguramente se rentaba o se aprovechaba en la ganadería. En total, poseía 73 % sitios y 125 caballerías" (1).

Habrá que agregar a esta enorme propiedad la Hacienda de Huáscato, en el municipio de Degollado, Jalisco.


Fuente:

Goyas Mejía, Ramón. La hacienda de Ciénega en la alcaldía mayor de La Barca durante el virreinato de la ganadería menor al arrendamiento. El Colegio de Michoacán. Relac. Estud. hist. soc. vol.33 no.131 Zamora ene. 2012. Para ver el artículo completo, entra aquí.

viernes, 1 de junio de 2018

Latifundios neogallegos: el caso de Santa Ana Pacueco

  El caso de la Hacienda de Santa Ana Pacueco se vuelve muy interesante cuando vemos la dimensión que llegó a adquirir. Una buena cantidad de tierras que abarcaban parte de los actuales estados de Guanajuato, Michoacán y Jalisco. La casa grande cae en Guanajuato, a pocos metros de ahí está el río Lerma que divide a este estado con el de Michoacán y un poco más al norte la división es con Jalisco. Estos son datos que nos darán una idea más clara de la importancia que llegó a tener el lugar:

  "La estancia de Santa Ana Pacueco tiene su origen en una merced otorgada el 29 de agosto de 1547, por el virrey don Antonio de Mendoza a doña Ana Rodríguez, vecina de la ciudad de Mechuacán, es decir, Pátzcuaro, de "tres sitios para estancia donde tuviese sus ganados en los chichimecas de la otra parte del río Grande en unos llanos a do dicen Pacueco e Itziparacptío y Patasécuaro y Arameo y Siramudiro y Japacurio".

   Doña Ana Rodríguez era natural de Jerez de la Frontera: había pasado junto con su marido, Hernán Gómez de Jerez, "buen jinete", a la Nueva España en la flota de Pánfilo de Narváez. En 1524 Hernán Gomez recibió en encomienda el pueblo de Zacapu. Como otros conquistadores, fijó su residencia en Pátzcuaro. A raíz de su muerte, acaecida en 1536, su viuda, doña Ana, le sucede en la encomienda, En 1547 obtiene la merced de las tres estancias en los chichimecas, es decir, en los llanos del otro lado del río Grande, entre ellas las de Pacueco. La solemne posesión de estas tierras se las da el corregidor  de Tlazazalca, Melchor Manso, en presencia del gobernador de Zacapu y de otros principales de dicho pueblo. Doña Ana cedió en dote los derechos de la encomienda de Zacapu a su hija, Juana de Jerez, al casarse con Gonzalo de Ávalos, antes de 1567. En poder de esta familia permaneció el resto del siglo XVII.

  Doña Juana, ya viuda, vendió en 1603 en remate todas sus estancias a su hija Gerónima de Ávalos y a su yerno, el ganadero Diego Orozco de Cervantes en 77 mil pesos. A su vez, el nuevo dueño la donó a su hijo, Juan Matías Villaseñor quien, luego de la muerte de su padre, la vende al ganadero de Celaya, Marcos García Sotomayor; para 1613 la da en herencia a su hijo, Gabriel García Sotomayor. Don Gabriel heredó tales estancias pocos años después a su hija, Luisa de Castro, esposa de Pedro de Estrada, también reconocido ganadero de Celaya, De Luisa y Pedro pasaron a poder de su hijo el capitán Alonso de Estrada Altamirano, quien compró las otras tierras al rededor de Santa Ana para formar la gran hacienda.

En 1696 don Alonso murió sin descendencia. Su enrome hacienda quedó por testamento para sus hermanos quienes para repartirse la herencia la pusieron en remate en 1702 [...], dos postores se presentaron, el conde de Miravalle, Alonso Dávalos Bracamonte y Josefa de Estrada Altamirano, hermana del testador. Atendiendo a su mejor derecho se le adjudicó a doña Josefa, pero ésta había hecho postura en realidad no para sí mismo, sino para don Pedro Sánchez de Tagle quien tomó posesión de la propiedad el 20 de febrero de 1704.

  Naturales de Santillana del Mar en España, los Tagle fueron honrados con el marquesado de Altamira [...] al fallecer el primer marqués heredó el título su hija Luisa; ésta casó con su primo Pedro Sánchez de Tagle que fuera marqués consorte. Fue también dueño de la Hacienda de Nuestra Señora del Rosario de Cuisillos. En 1709 compró el mismo don Pedro para doña Ana Zurita, siete sitios de ganado mayor y menor, es decir que nombran Aramutaro, San Marcos, los Corrales, Guándaro, Andamúcuaro, los Ocotes y la Estancia de Marijo que se componían todas de 34 sitos de ganado mayor con 2 caballerías de tierra, es decir, casi todo el Bajío occidental entre Santa Ana y Santa Fe del Río, por la ribera del río Lerma.

Muchos años después, en el siglo XIX, la hacienda se fue fraccionando y vendiendo a muchos de sus arrendatarios. La última pequeña propiedad con la noble finca de la hacienda quedó en manos de Manuel y José Cortés quienes vendieron el casco a don Antonio León Rizo y al arquitecto Manuel Peña Fuentes." (1)

El texto dice que la Hacienda de Santa Ana Pacueco tuvo, en algún momento 34 sitios de ganado mayor, esto equivale a 59 670 hectáreas, aunque se dice que llegó a tener 100 sitios de ganado mayor, esto quiere decir que constaba de 175 500 hectáreas, puedes leer más aquí.

Fuente:

Carrillo Cázares, Alberto. La capilla barroca de la hacienda de Santa Ana Pacueco. Estudios Michoacanos V. El Colegio de Michoacán. Zamora, 1994, pp. 41-44