martes, 17 de enero de 2017

La desmoronada fuente del acueducto de Santa Fe, CDMX

  El problema mayor de México ha sido, es y será el agua. Las ironías están por todos lados y en todas las épocas. Siendo un país rodeado de agua, no gusta de comer pescado. Siendo un país en el que el agua ha permitido la domesticación del maíz y lo convirtió en la base de su sustento, el agua esencial para él, es lo menos que cuida en nuestros días.

  La capital del Imperio Azteca y luego la capital de Virreinato de la Nueva España, para dar paso a la capital de México, están asentados en torno al agua... agua que se desprecia porque inundan la ciudad; a la vez agua que se requiere para que la ciudad siga viva. Con mucha vida.

  No digamos lo que era la ciudad de México cuando se llamaba Tenochtitlán, menos aun cuando era la ciudad española de México... la ciudad de México requirió de agua... se construyeron acueductos, magníficos todos ellos en los que, en el punto terminal había una soberbia fuente.

   La fuente se volvió ornato, se acomodó, se engalanó y... muy al modo de lo que ocurre en México... se olvidó. Pero se olvidó en serio pues surgió la necesidad de abrir caminos a Su Majestad el automóvil. Se acuñó el término "dime que manejas y te diré quien eres", dejamos de ser lo que siempre fuimos, seres de a pie... de andar a pata... caminando... y seguimos consumiendo agua.

  El agua se agotó de los mantos próximos, aunque la ciudad se iba hundiendo en lodo cada vez más no digamos que en mierda, (esa es otra cosa)... y si agregamos al país, entonces la cosa se vuelve una macro cagada... olorosa y pestilente.

  Para los que no tenían(mos) para comprar un vehículo (y contaminar) nos hicieron el Metro... se cavó, se abrió y se rescató algo... entre el algo estuvo esta fuente... fuente de la que no surge agua, es solo la, digamos, escenografía... agrego que gracias al Metro se rescató la fuente que vemos en la imagen.


   La fuente, una magnífica pieza que... "ai-'tá" entre escondida y olvidada, entre agazapada y doliente, doliente de que, siendo una obra de unos 300 años de antigüedad {por decir} tá olvidada... ¿la vemos? ¿la reconocemos? ¿la admiramos?... a las tres preguntas [inocentes] la respuesta es la misma: ¡no!

   La fuente está gritando una historia, lo hace entre balbuceos pues sus elementos se han ido deshaciendo, nos dice, nos quiere decir, que aquí hubo una historia grande, que aquí ocurrió algo grandilocuente... pero, como está vieja, ella no puede gritar y, nosotros, como estamos nuevos y solamente vemos lo que hay en la pantalla del cel, del ipod, de lo que sea... no la vemos, menos la oímos.

   Y esta fuente nos recuerda todo nuestro pasado, todo lo que somos, todo lo que fuimos, todo lo que hemos sido... como pueblo, como nación... estamos... en el olvido. Peor aun, en el olvido de nosotros mismos.

  Nos han amaestrado para que, nosotros, los mexicanos, olvidemos todo, así seremos productivos. Es decir, volvemos al punto de inicio... girar y girar y no llegar.

   ¿Qué queremos? ¿Que todo se siga desbaratando? ¿Que todo se siga olvidando? ¿Que todo lo anterior no valga nada?

  ¿Nos da miedo? ¿Seguimos inmersos en que mientras no pase nada en mi casa no pasa nada en mi mundo? ¿No es mi casa el mundo en que vivimos? ¿No es México el mundo nuestro?

   Pasado y presente está manifiesto en esta imagen, y en nuestro entorno está presente, hoy 17 de enero, día de San Antonio Abad, santo patrono de los animales, que los animales comenzaron a atacar... decían por ahí, "atacan la mano del que les da de comer"... estamos en crisis. No lo lamento por mí, lo lamento por los que apenas están comenzando su vida en este país, país maravilloso, pero que, la maravilla, tiene incluida lo que hoy comenzó a aparecer (o a hacerse notar más que nunca).

  Y "il morale de la favola", dicen en italiano, es decir, la moraleja de la anécdota es que, así como esta magnífica fuente virreinal se está desmoronando, nuestro país igual se desmorona. 

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