domingo, 27 de abril de 2014

T´Ho, la antigua ciudad maya que dio paso a Mérida.

   Mérida es sorprendente, encantadora, bella, calurosa casi ardiente, su comida exquisita, su particular modo de hablar es envolvedor. Caminar por el centro se vuelve interesantísimo haciendo pausadamente pues cada fachada, cada ángulo, cada esquina nos muestra un ángulo distinto, todos magníficos y... caminando por ahí, justo en la esquina de la catedral, hay este muro que, para un conocedor, sabe que se trata de una cala, pero para quien no sabe de estos detalles, aparenta ser un capricho arquitectónico y pasa desapersivido. Estamos ante algo sorprendente: los únicos vestigios que sobreviven de una antigua ciudad maya: T-Ho, la de los cinco cerros.

    "Francisco de Montejo, hijo, estaba acampando en Dzibical y mandó a un capitán con veinte hombres que fuera cuatro leguas de allí a explorar el asiento de T-hó (T-hó se pronuncia tjó o tijó: palabra maya, lugar de cinco, por los cinco ceros que allí había, t: en, ho: cinco. Los indios llamaban T-Hó a Mérida), lugar de indios mayas que vivían en chozas de madera cubiertas de paja. Uno de los mayores de cinco estadios de alto, estaba en el lugar que hoy ocupa la plaza mayor y manzanas adyacentes; en la cima de otro cerro se construyó después el monasterio de San Francisco y la ciudadela de San Benito; al oriente de éste, y norte de la iglesia y plaza de San Cristóbal, estaban los otros tres, donde había buenas capillas de bóveda de mampostería, una de las cuales estaba dedicada al famoso dios H-Chun-Can, nombre que significa serpiente primitiva.

   "Aquel pueblo estaba sujeto a Euán cacique principal de la provincia de Chakán y residente en Cauquel. Con estos informes, Montejo se dirigió a T-Ho, tomó posesión del lugar y después de derrotar a los indios en varios combates y escaramuzas, el 6 de enero de 1542 fundó la ciudad que denominó Mérida  en recuerdo de la ciudad de este nombre que hay en Extremadura, España, fundada por los romanos".


 Ruinas del convento de San Francisco en Mérida.











Fuente:

1.- Ramos i Duarte, Feliz. Diccionario de curiosidades históricas. Imprenta de Eduardo Dublán. Méjico, 1899. pp.235-236.

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