domingo, 13 de abril de 2014

El panteón de Encarnación de Díaz, Jalisco; Patrimonio de la Humanidad.

   Esta es una larga historia, mejor dicho, una larga anécdota de lo que me ocurrió relacionado a la visita de este panteón. Estaba por terminar el 2009 cuando fui a Encarnación o, como todo mundo se refiere a este pueblo, a La Chona. La atracción máxima que tenía era la de conocer este recinto, este camposanto o cementerio (los prefiero llamar panteones), pues, estaba nominado a obtener como título el de Patrimonio de la Humanidad por parte de Unesco, dentro del programa Camino Real de Tierra Adentro, imaginé un sitio excepcional que superaría al Panteón de San Fernando en la ciudad de México, sitio al que considero como uno de los panteones más interesantes que he conocido en México. Esto lo pensé en base al título que recibió.

   Aquella vez recorrí el centro de Encarnación, vi sus templos, luego seguí rumbo al panteón con grandes (enormes) expectativas, entré y lo que menos ocurrió fue una sorpresa pues la idea que llevaba de un panteón era la tradicional, el habitual espacio en el que se van sucediendo una a una las tumbas en las que, (pensaba), las expresiones del arte funerario de finales del XIX y principios de XX se manifestarían. Nada de ello ocurrió, eran pasillos largos, con portales que formaban dos o tres cuadrángulos; en una sección, a espaldas de la capilla del Señor de la Misericordia. No más. Así que, un poco frustrado al no ver aquello que imaginaba, salí del recinto, luego de tomar varias imágenes.

   Continué mi recorrido, seguí para Aguascalientes y luego a Zacatecas, era diciembre y el frío arreciaba. Una tarde, un poco cansado de tanto caminar por la capital zacatecana, me senté en la escalinata del Teatro Calderón a ver un espectáculo callejero de payasos. Fue divertido, esa inocencia en sus conceptos con matices de albur y doble sentido fueron buen pasatiempo pero, alguien aprovechó el momento y tiró del cordón de mi cámara que salía de la chamarra, se la llevó junto con una memoria de cerca de mil tomas que llevaba y que no había respaldado... fue una pérdida patrimonial. A las dos semanas estaba de vuelta en Aguascalientes y Zacatecas, fue rápido pues en realidad lo que ahora requería era volver a tomar las fotografías de los lugares que requería, especialmente para el recorrido que venía realizando para Cabezas de Águila, la Ruta de Hidalgo, así que no volví a pasar por Encarnación.

   Visto positivamente este robo fue mejor que haya ocurrido, de lo contrario hubiera publicado un artículo irreverente sobre el Panteón de La Chona, pues me quedó ese mal sabor de boca de no encontrar lo que esperaba, pero me quedó también el aprendizaje de que no es bueno, como decía mi abuelita, "anticipar vísperas" y llegar con altas expectativas a un lugar, mejor ver, aprender, conocer y luego sacar todo tipo de conclusiones. Ahora sí me atrevo a hacerlo pues, por un lado, luego de recorrer más panteones, luego de conocer más sobre las costumbres funerarias del siglo XIX, puedo asegurar una cosa: el Panteón de Encarnación de Díaz, es maravilloso.

   Encuentro bien clara la razón por la cual le otorgaron el título de Patrimonio de la Humanidad, y es debido a que allí se mantiene vigente el modo de entierros que más que, como lo indica la palabra, van adentro de la tierra, esos van en las criptas que, aquí doblan la altura, pues, según lo he visto en otros lados, era habitual las hileras de tres, aquí son de seis.

   Las costumbres funerarias en México han ido pasado y se han ido adaptando a las circunstancias de cada época, primero con los rituales de los pueblos mesoamericanos, luego con las ideas medievales enraizadas en el México virreinal en las que se pensaba que era necesario estar cerca del altar mayor de algún templo para que ese mítico día del Juicio Final ser los primeros en llegar al punto en que la santa trompeta convoque a traspasar no se que umbral que nos llevará a la vida eterna, solo que, los excesos se presentaron y sucedió en algunos templos que la vehemencia de ser los primeros en llegar, no se enterraban a los consabidos tres metros, sino casi al ras del suelo, (pensando que el muerto saldría más rápido luego del trompetazo), así la hediondina se volvió insoportable y los contagios no se hicieron esperar.

   Vendrían luego las Leyes de Reforma y el monopolio que daba pingües ganancias a la Iglesia por los entierros pasaron al ámbito federal, se crearon los panteones civiles. Las pestes siguieron, las ciudades crecían y eso de que se ubicaran en las "afueras", de pronto se volvían parte del centro de la población así que los panteones se fueron más a las orillas también. Pero lo ocurrido en La Chona es otra cosa, pues aquí se mantiene una tradición que nos remite aun más al pasado, aun más al inicio del cristianismo y los entierros dentro de esa, entonces, nueva religión: las catacumbas.

   No es de extrañarnos que en muchas poblaciones mexicanas, las más antiguas, encontremos siempre la capilla de San Sebastián o el Panteón de San Sebastián, dado que él, siendo de los primeros mártires del Cristianismo, enterrado en una catacumba, fue el iniciador, por así decirlo, de la tradición funeraria que aun sobrevive en nuestros días en sitios como este que vemos ahora: el Panteón de Encarnación de Díaz, Jalisco; y creo, esa es la razón por la cual se le otorgó el título de Patrimonio de la Humanidad, por mantener vigente un modo de entierro que ya difícilmente vamos a ver.

  "Se concedió licencia eclesiástica para la construcción del camposanto y la Capilla del Señor de la Misericordia, el día 26 de enero de 1865, siendo cura el Sr. D. Joaquín Barba. Dicha licencia la concedió el Sr. Arzobispo Dr. D. Pedro Espinosa por solicitud del referido Sr. Cura; aunque ya desde el 29 de abril de 1829 se había comenzado a sepultar cadáveres en aquel lugar.

  "Hubo la necesidad de la construcción del mismo Camposanto debido a que tanto en el Templo Parroquial, así como en el atrio de la dicha iglesia se encontraba ya la crecida suma de 50,000 cadáveres. El primer cadáver que se sepultó en éste panteón fue el de María Muñoz de González. En la construcción de las gavetas y corredores de dicho panteón tomó parte activa y fue encargado de ello, el Sr. D. Casimiro Cervantes, cuya administración desempeñó por espacio de 17 años.

  "En el año de 1833, Pablo Contreras, pintó una imagen de Jesús Crucificado en la pared del único altar de la capilla de nuestro panteón  camposanto, donde se depositaban los cadáveres mientras se cavaba y se les daba cristiana sepultura. Muchos años pasó desapersividamente esa imagen en su recinto pequeño, sin recibir culto ni veneración especial, se le llamó de "El Señor de la Misericordia", y a fe de que no podía convenirle otro nombre más tierno y adecuado para atraer en pos de si a los que sienten acongojada el alma y desgarrado el corazón. En los aciagos días de la funesta guerra denominada de los Tres Años comenzó a producir; si bien paultainamente, sus bondadosos efectos en favor de los afligidos; pero de cerca de unos treinta y cinco años a esta parte sus maravillas y mercedes se cuentan por centenares y la agradecida voz de los beneficiados la pregonan por doquiera, pues verdaderamente a raudales se comunican de día a día por medio de ella, los inmensos tesoros de la infinita misericordia". (1)

   Y con toda esta base ocurrió que, en 2000, cuando Vicente Fox iniciaba su sexenio, en la Secretaría de Turismo se comenzó a trazar una "nueva" ruta turística, la del Camino Real de Tierra Adentro, se colocaron fichas de información en los lugares por donde éste pasaba. Se comenzó la enorme discusión de que tal o tal troncal pertenecía o no al CRTA; y, como muchas cosas en nuestro país, siendo un programa sexenal, para 2006, con Calderón en la presidencia, Sectur ya no lo promovió más, ahora era Conaculta quien lo estudiaba a profundidad en vías de hacer la propuesta para que fuera incluido en el catálogo del Patrimonio Cultural de la Humanidad, para agosto de 2010, casi que como premio de cumpleaños a los 200 años de México, como nación, la Unesco le otorgó el título a 60 puntos a lo largo del Camino Real, incluidos allí templos, puentes, pueblos, haciendas y un panteón: el de La Chona.


































   En este plano vemos el área que ocupa el panteón de La Chona, en la parte sur está un parque, localizado frente al panteón, que es la calle López Mateos. De ella, la que se considera zona núcleo (core) es apenas un cuarto del total del espacio que ocupa el cementerio.

  La línea roja marca lo que era ese Camino Real, si bien no precisamente el de Tierra Adentro, que pasaba a varios kilómetros al este,  por Ojuelos, si había un ramal, que llegaba hasta La Chona. La zona de amortiguamiento (buffer) es la que rodea al panteón, marcada en amarillo claro.

Si te interesa ver los 60 puntos declarados Patrimonio de la Humanidad dentro del programa Camino Real de Tierra Adentro, entra aquí.

Fuente:

1.- Quesada, Alfonso. Apuntes históricos sobre la ciudad de la Encarnación de Díaz. Imprenta y Papelería la Purísima. Encarnación, 1912. pp.33-35

2 comentarios:

  1. Me gustó no tenía ni idea. Voy a ver los 60 puntos.

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  2. Que maravilloso,ahí están enterrados muchos de mis descendientes, hasta una momia hay ahí de mi familia,

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