lunes, 2 de junio de 2014

Un ex convento franciscano pintado de rosa: San Bernardino de Siena, Valladolid, Yucatán.

    Alfa y Omega, principio y fin... hace unos días apenas abordaba el primer taxi colectivo que me llevaría a conocer no las mil maravillas que guarda el Oriente de Yucatán, pero si unas buenas docenas de ellas y hoy estamos llegando a la última escala. Este recorrido ha sido intenso, hemos visto muchas cosas que, con el acento netamente peninsular nos dice de un modo de ser, de un entorno, de un pasado diferente al resto de la República, así que, ya habituados un poco a este verdor salpicado de colores, a esos amaneceres ligeramente frescos que, al mediodía se vuelven calores intensos, abordamos otro colectivo más, quiero hacer una escala más en Uayma pues, el año pasado que anduve por acá vi un templo excepcional que me gustaría retratar desde otros ángulos pero, es menester de bajar en mitad de camino, caminar un poco, esperar por quien sabe cuanto tiempo y... mejor me voy directo a Valladolid, una vez más, pero con un claro objetivo: recorrer el Convento de San Bernardino de Siena en Sisal, barrio que ya se integró a la población.

   Y, sí, el ex convento está pintado de rosa...

    "A corta distancia del centro de la ciudad de Valladolid, en el barrio llamado de Sisal, se encuentra otro de los más viejos e importantes conventos franciscanos de Yucatán. El titular de su iglesia es San Bernardino, pero más bien conocido con el nombre de San Francisco.

    "Al ser fundado en el año de 1552, la primera morada de los frailes probablemente era alguna construcción provisional de setos y guano, constryéndose después la iglesia y convento bajo la dirección de los padres Hernando de Guevara, Francisco de la Torre y Juan de Mérida. Fue terminada la iglesia el año de 1560, según una lápida existente en la fachada principal debajo de la ventana del coro, pero la obra del convento debe haberse concluido posteriormente, pues en las ruinas de la noria de la huerta hay una inscripción con el año de 1713.

    "Debido a la pugna existente entre los encomenderos y los frailes y a pesar del dominio que llegó a tener la Orden Franciscana en toda la Provincia, este convento fue quemado dos veces en el transcurso de los años de 1562 a 1467, siendo primer Obispo de Yucatán Fr. Francisco de Toral.

   "El convento, situado como la gran mayoría, al Norte de la iglesia, debido a las distintas épocas y construcciones, puede dividirse en dos partes, siendo de dos pisos la primera, contigua a dicha iglesia y a la primitiva capilla abierta y de un piso la segunda, construida posteriormente al Norte de la primera. Ambas colindan al Oriente con el atrio y al Poniente con la huerta.

    "El primer patio es cuadrado con gruesos muros y arcadas de medio punto sobre pilares con salientes en forma de estribos. El claustro es angosto, como la gran mayoría de ellos, y cubierto con bóveda lo mismo que las piezas que le rodean algunos restos, y de las piezas, menos dos que han sido habilitadas de sacristía, unas están en ruinas, y de otras apenas quedan rastros.

    "En la planta alta hay un largo y estrecho pasillo abordado que separa la doble crujía del Oriente, y otros pasillos y piezas, que fueron las celdas de los frailes, techados con viguería de madera. Estas piezas como otra que era el ante-coro de la iglesia, y la escalera del campanario, son las únicas que quedan en pie, aunque  amenazando ruina.

    "En la parte menos antigua existe otro patio con portal formado por arcos de medio punto sobre columnas, y varias piezas de doble crujía sobre el atrio. Con la destrucción completa de las construcciones que cerraban este patio, se encuentra ahora unido a la huerta convertida en extenso terreno lleno de árboles que han crecido a la ventura.

    "Cercana a las ruinas del patio se encuentra la boca de un pequeño cenote que surtía de agua al convento, y las ruinas de la noria. De éste sólo queda la plataforma circular con fragmentos de muros, y dos arcos de mampostería que se cruzan formando la estructura de la bóveda semiesférica que la cubría.

   "Por las huellas de viejos muros escondidos entre la maleza, se alcanza a comprender la extensión que tuvo este edificio, destruido por el abandono y las mutilaciones que ha sufrido.  ¡Gran tristeza causa recorrer las ruinas de este convento levantado por los valerosos misioneros, que con amor y sacrificio lograron la conversión de los mayas idólatras!. (1)

    Bueno, habrá que hacer varias anotaciones, la primera que este texto fue escrito en 1977 por el Arq. José García Preciat, que era el Jefe de Sección de Arquitectura de la Dirección de Bienes Nacionales de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, tiempo en el que, efectivamnte, este recinto estaba en el abandono. En 1987 comenzó la restauración y con la declaratoria de Valladolid como Pueblo Mágico, el convento ahora luce espléndido con su tono rosa en la paredes del interior el cual le da un carácter fuerte, a pesar de lo complicado que es ese color para espacios tan grandes. La otra, ese lamento del autor, hacia los "pobrecitos padrecitos", pero olvida que él mismo nos dice que estaban en pugna con los encomenderos, todo por la posesión de bienes. Dudo que uno, uno sólo de ellos haya cargado una piedra de esta mole, para ello se sirvieron de cientos de mayas que habitaban la región.




























   No cabe duda de que una de las mejores selecciones que ha habido como Pueblo Mágico es la de Valladolid, para ver más entra en el folleto oficial. Y yo mejor regreso a Cancún, cargo dos memorias fotográficas ya saturadas, toda la ropa que llevaba en la mochila sucia y una buena cantidad de ideas. Es tiempo de volver a mi dieta, la comida yucateca es muy buena pero ha sido suficiente, vuelvo a mi hogar temporal, seguramente por allá seguirán brotando las sorpresas...

Fuente:

1.- García Preciat, José. Arquitectura Religiosa. Enciclopedia Yucatanense. Tomo IV. Gobierno del Estado de Yucatán. México, 1977. pp.456-458

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