martes, 17 de junio de 2014

La ceiba, la vaquería, el chocolomo: La supervivencia de las antiguas tradiciones en Yucatán.

   Sobre el árbol sagrado de los mayas hacía tiempo que habíamos comentado sobre su importancia y su simbología dentro de la cultura maya. Ahora que recorrimos la parte Oriente de Yucatán, pudimos ver una buena cantidad de estos enormes árboles. Y admirando sus cambios según las estaciones, pues en el invierno vemos solamente su estructura, sin una sola hoja, luego en la primavera vimos cómo sus frutos, unas semillas verdes, grandes, al reventar, esparcían las semillas en forma sumamente interesante pues, en ocasiones casi era una nube de esas delicadas semillas que pasan volando y van siendo esparcidas para dar paso a una nueva Ceiba; ya cerca del verano vemos como se cubre totalmente de follaje de un verde intenso. Yaxché se llama en maya, Yax: verde, Che: árbol.

    Y ahora, para nuestra sorpresa, lo que estamos aprendiendo, es la presencia de la Ceiba justo en la fiesta más importante de todos y cada uno de los pueblos del Yucatán actual, en donde las tradiciones mayas siguen vigentes, si bien ya no con el simbolismo original, pero sí dejándonos ver cómo esa ancestral herencia, aunque ya sincretizada con las celebraciones Católicas, siguen vigentes a lo largo y ancho de ese Estado peninsular. La fiesta por excelencia es la Vaquería y en ella, un ritual importante, que marca el inicio de la celebración, es la siembra de un ceibo, de una rama de ceiba justo al centro del coso, del redondel, de esa improvisada plaza de toros que será el escenario principal de la corrida que forma parte de la Vaquería.

   La vaquería nace, tengo entendido, como parte de las reuniones que se daban de los hacendados que tenían la necesidad de marcar su ganado; se va impregnando de las antiguas costumbres mayas para luego asociarse a las celebraciones religiosas de las fiestas patronales. "Ya se ha visto cómo los carteles que anuncian las fiestas patronales presentan como primer evento de los actos “profanos” una vaquería. El conocido estudioso de las cosas de Yucatán, don Renán Irigoyen Rosado, dice que “…la vaquería nació en las haciendas. Después de la marca del ganado, las mujeres –vaqueras– atendían solícitamente a los invitados, y a sus esposas y como final de fiesta danzaban viejos sones mayas influidos por la música española o viceversa. Las letras ajustadas a la música, olían a picardía, a pesar de la censura que desde el Oidor López y otras disposiciones posteriores, se impuso a los cantos y danzas indígenas” (Irigoyen Rosado, 1973: 36)

    "La vaquería se lleva a cabo casi siempre en corredores del Palacio Municipal o de la Comisaría y suele dar inicio ya avanzada la noche. Las muchachas de la localidad y de otras comunidades vecinas asisten vestidas de vaqueras, esto es, con el terno y llevando en la cabeza un sombrero adornado con flores y/o cintas. En el oriente del estado de Yucatán, los ternos, como los hipiles de diario y de paseo son por lo general bordados. La joyería típica de esta zona, acompañante fiel de la vestimenta femenina ha sido elaborada por los plateros vallisoletanos en oro de diez quilates y tienen entre sus piezas más acostumbradas las cadenas de varias vueltas con medalla de San Antonio y escudos; también es propio de las comunidades del oriente yucateco la joyería esmaltada: medallas, pulseras, anillos y aretes.

   "Ya entrada la madrugada la orquesta anuncia el fin del baile con las notas de la jarana llamada “el torito”.14 En esta jarana la mujer desempeña el papel de toro que embiste, se supone que sin dejar de bailar, contra el torero que es para el caso su pareja masculina de baile. Para muchos hombres de las comunidades de la región bailar “el torito” es una promesa e implica tantos riesgos como su contraparte real, esto es, lidiar un toro. (1)

   Así es como se irá dando la fiesta, primero la Vaquería, que es el baile, luego la corrida de toros para concluir más adelante con la venta de la carne de las bestias para preparar una comida que es casi un ritual: el chocolomo.

    "Algunos días antes de comenzar la fiesta, los “palqueros” empiezan a levantar, a construir, o como dicen los mismos pobladores a “amarrar” el tablado para las corridas. Se dirigen al monte y traen troncos, bejucos y palmas para tal efecto. Algunos se deciden por comprar láminas de cartón, sogas y mecates para armar sus respectivos palcos. Los diputados o en su defecto los empresarios se van encargando de conseguir a los toros que van a ser lidiados por los siempre “diestros matadores”.


      "La plantación de la ceiba o ya’axche’ en la arena taurina puede ser un acto ritual complejo, incluso tabú para las mujeres (como en Chemax), una costumbre cumplida sin mayores trámites por los palqueros y diputados, o una actividad divertida, con participación femenina, como en Temozón. De cualquier forma se lleva a cabo antes de la primera corrida". (2)

    "Cuando, a raíz de la conquista española, los mayas vieron los primeros caballos optaron por llamarlos tzimin, palabra que usaban para referirse al tapir; cuando tuvieron delante una vaca le llamaron wakax, y ésta es la palabra maya que usan hasta la fecha, aún sea para contraponer la res del "país" (wakax) al ganado cebú "extranjero". En este punto se hace necesario extendernos algo más, pues no hay duda de que aparecen algunos aspectos rituales que permiten enlazar el antiguo sacrifico del venado con el actual sacrificio de la res para chocolomo. Entre los antiguos mayas, el venado (ceh) era la víctima máxima que se cazaba para ofrendar y existía un mes en que se celebraba la fiesta precisamente al Ah Zip (Venado-Deidad). Además, en los antiguos códices aparecen varias secuencias del venado atado a la ceiba, a punto de ser sacrificado (flechado). No debe olvidarse que durante la Conquista y la Colonia fueron muy perseguidos y totalmente prohibidos estos rituales públicos (bailes, cantos, sacrificios...) donde los mayas festejaban a sus dioses. En 1552, el Oídor de la Audiencia de Guatemala, don Tomás López, prohibió estas "artes mayas"

   "También parece que hubo una excesiva cacería de venados para consumo de los conquistadores y evangelizadores; el mismo Landa -recordemos- consideraba que la carne de venado era de "buen comer". El venado, como sacrificio y como ofrenda a los dioses, tuvo un valor igual al sacrificio de un ser humano; en ambos casos, lo primero que se hacía era sacar el corazón de la víctima y ofrecerlo al Sol. Algo parecido puede interpretarse al observar, cuando está amaneciendo, el sacrificio de la res para chocolomo. (3)

El coso.

Una ceiba en mitad de la primavera.

La Ceiba en la antigua ciudad maya de Ekbalám.

Los frutos de la ceiba que darán paso a sus semillas.

Debajo de las ceibas se realizan ciertos ceremoniales.

 Una cebia en el invierno.


La semilla de la ceiba ya madura y reventada lista para dejar salir las semillas.

Las semillas de la ceiba esparcidas por el campo...





Ese soy yo, metido en una ceiba, nos damos cuenta de la magnificencia de este árbol.

Fuentes:

1.- Quintanal Vailes, Ella F. Fiestas y Gremios en el Oriente de Yucatán. Yucatán: Identidad y Cultura Maya. Universidad Autónoma de Yucatán. Página Electrónica.

2.- Ibid.

3.- Ligorred Perramon, Francesc. El chocolomo: Tradiciones mayas y costumbres españolas. Yucatán: Identidad y Cultura. Universidad Autónoma de Yucatán. Página Electrónica.

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