miércoles, 20 de mayo de 2015

La tartana una puntual descipción del Emperador Maximiliano

   No sé si aún se sigue usando la palabra tartana, era la que definía a un auto viejo y en malas condiciones. Recuerdo haber oído continuamente esa palabra cuando era niño, es decir, hace poco más de cincuenta años, tiempo en el cual las mamás no veían con buenos ojos que los novios de sus hijas llegaran en una tartana, por decir lo menos; y ocurre que leyendo las memorias del viaje que hizo Maximiliano a España en 1851, de pronto aparece el nombre y más aún, la definición de lo que era una tartana. Menuda sorpresa me llevé al ir leyendo el fino sarcasmo con el que el Emperador define a tan singular vehículo:

  “Con estas impresiones llegué al Grao, que es el fondeadero de Valencia. Según las reglas del idioma marítimo este lugar no merecería el nombre rada; es una especie de mégano, una costa abierta, sobre la cual aparece una hilera de casas, como en Pireo, formando la vanguardia de la ciudad que se halla a distancia de una legua. El anclaje es muy imperfecto y aun peligroso cuando está malo el tiempo, lo que es muy perjudicial al comercio. Desembarqué al punto con el corazón lleno de emoción y de alegría; buscamos un vehículo y escogimos una de esas monstruosidades peculiares del país que se llama tartana. Es un largo baúl abovedado, tapizado de cuero y que se balancea sobre, o más bien dicho, entre dos ruedas gigantescas. Se sube por detrás para tomar asiento en estrechos bancos longitudinales: inmediatamente sobre la cola del caballo o de la mula está una ventanita por donde el pasajero puede acariciar al animal, que siempre va enganchado muy cerca del carruaje pero por donde se pueden recibir también algunas incongruencias. En la parte posterior del vehículo y sobre la portezuela está otra ventanita igual. La reunión aprisionada en la tartana, y que muchas veces asciende a seis u ocho personas no tiene más perspectiva que el provenir o el pasado, lo que la hace extrañar el presente con mayor amargura, porque no puede formarse idea de él a causa de los sobresaltos, sacudimientos y choques que hacen sufrir a los desgraciados cristianos un doloroso martirio. Sospecho mucho que la inquisición debe de haber inventado este medio de locomoción para extraer a los peores acusados sus pensamientos más íntimos, no hay secreto que se pueda guardar en semejante gimnástica. Los movimientos de aquel aparato son capaces de arrancar el alma del cuerpo. Uno suspira, gime, se le sacuden las entrañas hasta sus cimientos, chocan los huesos, y hasta el cerebro baila dentro de su huesosa caja. Necesité algún tiempo para recobrar mi equilibrio y reponerme después de este viaje: estoy convencido de que en Valencia debe haber muchos niños nacidos antes de tiempo. En cuanto al cochero, va suspendido en el mismo coche junto a la cola del caballo o sentado en un pescante de madera muy angosto, apenas se le puede ver por la ventana y esto, adelantando la cabeza fuera de ella. A pesar de    esto la tartana es un vehículo de tal manera nacional, que pudiéramos decir que aun la más alta nobleza no conoce otro".

 Si eres de mi generación recordarás muy bien la palabra, si no lo eres, ya tienes una más en el abundante idioma que hablamos.


Fuente:

1.- Habsburgo, Maximiliano. Viaje por España. Conculta. Summa Mexicana, México. 2013, pp.143-144

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