lunes, 30 de noviembre de 2015

El ojo de Dios en una imagen de los años cuarenta

    Desde hace mucho tiempo, cosa de treinta o más años, comenzó mi afición por colectar imágenes religiosas, de esas llamadas "cromos", las comencé a encontrar en los viejos templos del centro histórico de la ciudad de México, eran los tiempos en que vivía en Cancún y dos veces por año iba a la ciudad, así que, aprovechaba para adquirirlas, fue así como me aprendí los nombres de santos, sus atributos y a diferenciar entre una y otra. Eran montones de ellas las que tenía, confeccionaba dioramas en donde las pegaba, pues has de saber que, como estuve en la escuela de Arquitectura dos años, lo que más me gustaba hacer eran maquetas y adquirí mucha habilidad para manejar el cartón, el cascarón y el ilustración (tres tipos de papeles muy usados antes -no se si ahora-) el albanene era una pesadilla pues si había un error al tirar una línea, se volvía prácticamente imposible borrarla.

   El caso es, que, en materia de iconografía, más bien hagiografía, comencé a adquirir una cierta habilidad, misma que la incrementé cuando decidí abandonar mi trabajo formal y dedicarme a vivir y hacer lo que quiero hacer, al visitar uno y otro y otro templo más, me di cuenta de que la colección de imágenes que tenía era mínima, pues cada vez que entraba a un templo veía, al menos, a un santo que no conocía. El asunto se volvió más interesante. Luego supe de las imágenes, o cromos, que no son bien vistos por la Iglesia, como la Mano Poderosa, o una más en donde se muestran los "santos" de la Santería pero con nombres africanos (ahora no los recuerdo), y más, cada vez daba con más cosas gráficas un tanto cuanto naif con visiones apocalípticas, así que paré la colección y mejor consulté lo que quería en Internet.

   Ocurrió que hace tres años, andando por los rumbos de Los Altos de Jalisco, un buen amigo me llevó a un sitio en donde hay un pueblo abandonado, casi en ruinas, lo caminamos casi todo o hasta donde mi respiración me lo permitió. En una casa derruida vi entre la tierra este Sagrado Corazón que ahora comparto contigo, lo saqué de ese semi-entierro y lo guardé, cuando estuve ya de vuelta de esa travesía, lo limpié con mucho cuidado, el marco estaba, además de roto, apolillado. Pero el vidrio se mantuvo, así que la imagen (el cromo) se conservó. Lo puse en el buró de mi recámara, y no le presté mayor atención hasta que...

  Hasta que, hace un mes, cuando hacía mi Altar de Muertos, lo moví, y en ese movimiento, quedó en un punto que me comenzó a intrigar, pues noté que el rostro no estaba cuadrado. Se que este Bable lo siguen algunos diseñadores gráficos, así que me están entendiendo perfectamente a esa cuadratura que menciono, tu me entenderás mejor al ver la siguiente imagen.

   Imagino que esta impresión es como de los años cuarenta del siglo XX y es evidente que al hacer los rezos frente a ella, se llega a una especie de mantram que la propia imagen provoca. Si te estás preguntando la razón de se mantram, es porque el Ojo de Dios está integrado a la imagen del Sagrado Corazón de Jesús y se vuelve hipnótico. Aquí le dí el efecto para resaltar aun más ese ojo divino que te ve, te observa....

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