miércoles, 29 de octubre de 2014

Cementerios desaparecidos de la ciudad de México.

   Creo sale de sobra anotar (una vez más) la fascinación que despierta en mi la ciudad de México, más aun la parte del México Viejo, eso que conocemos ahora por Centro Histórico o Casco Antiguo. En esa parte que cada calle, cada plaza, cada esquina guarda una buena cantidad de historias encontré apenas el templo número 116; sorprendente de que en pocos kilómetros cuadrados exista tal cantidad de templos, todos ellos levantados en el periodo virreinal. Muchos, los más antiguos, son "nuevos" en el sentido que los primeros levantados se vinieron abajo por el hundimiento, los terremotos y las inundaciones. Al recordar que en esa época virreinal en la que el predominante en las mentes era la religión, sus usos y costumbres vemos que, si había tal cantidad de templos, había tal cantidad de cementerios, en el entendido de que cada iglesia, regularmente, tenía anexo uno, o el propio templo, en algunas partes de su interior, solían enterrarse algunos difuntos. Pero ocurrió aquella terrible epidemia, en la que hubo tal cantidad de muertos que fue necesario crear más cementerios. Este que ahora vemos fue El Caballete, otro más fue el de la Candelaria Macuitlapilco, uno más el del Campo Florido, otro, el de Santa Paula, todos ellos ya desaparecidos.

El Caballete.-

    "Llámase así a un amplio terreno eriazo que sirve hoy de muladar, y antes sirvió de camposanto. Está situado del lado de acá de la acequia que se conserva al lado sur de la ciudad, en lo más lejano del barrio de San Salvador el Verde. Triste es la historia de este lugar; fue un barrio de la parcialidad de San Juan, llamado Xiutenco o Xuhuitongo, regularmente poblado hasta fines del año de 1736 en que la desoladora epidemia de Matlazahuatl le acabó casi por completo. La epidemia continuó en los cuatro primeros meses del año siguiente, y no siendo ya bastante los templos ni sus cementerios para sepultar el crecido número de personas que diariamente morían, la autoridad civil, de acuerdo con la eclesiástica, determinó abrir cuatro camposantos en diversos rumbos de la ciudad, uno de ellos, éste; de suerte que en realidad, y sin hipérbole, la epidemia dejó convertido el barrio en camposanto.

    "El barrio de Xiutenco estaba sujeto en lo espiritual a la parroquia de San José de Naturales, y su cura ministro bendijo el camposanto, tan luego como dio la licencia para abrirle, el Juez Eclesiástico Ordinario, que era entonces el dignidad Maestre escuela de la Catedral, Dr. Francisco Rodríguez Navarijo, que fue en principios del año 1737. No se sepultaron allí únicamente los muertos de los barrios cercanos, sino otros muchos aun de lejos; mal llevada la cuenta, llegaron los enterrados a quinientos, pero sin duda fueron muchos más: murió en el curso de la epidemia el cura y se extraviaron sus papeles; pero aunque hubiera vivido, no había habido exactitud en sus apuntes: compensan unánimemente los historiadores contemporáneos, que la gran preocupación de espíritu por los estragos del mal, originaron desorden en los enterramientos, omisiones en los apuntes, y que los párvulos no se apuntaban. En este tiempo el barrio estaba cenagoso, cruzado por varias acequias que formaban isletas, y eran chinampas, de cuyo cultivo vivían los moradores de él. A medida que la laguna de Texcoco se fue retirando y elevándose la ciudad, este barrio se fue secando y endureciendo hasta llegar al estado en que se encuentra, estado que nos lo muestra el plano levantado en 1790. En este, y en desorden las contadas casucas que le formaban; en estos últimos ha vuelto a avecindarse regularizándose sus calles y plazas, que es la del Risco.

    "Concluido el barrio y perdido su nombre indígena, comenzó el público a llamar aquel despoblado El Caballete, tomando ese nombre de un paredón, que a manera de puente descansado sobre una viga, había atravesado sobre la grande acequia, que limita el barrio hacia el Sur, paredón alto que tenía forma de un caballete, para impedir que sobre él pasasen. Ha escapado a nuestra diligencia saber el tiempo en que este paredón fue hecho, y su destino; tal vez sirvió para marcar el límite de dos propiedades vecinas; ellos fue que existía y a cuando la epidemia; ello fue que existía ya cuando la epidemia del Matlazahuatl, puesto que desde entonces se dio su nombre al camposanto que en sus inmediaciones se formó. Posteriormente, en año 1782, cuando el Sr. Ladrón de Guevara dividió la ciudad en cuarteles, se sirvió de este paredón como término de la línea que separaba los cuarteles menores en diez, correspondientes, respectivamente, a los mayores dos y tres, porque este paredón ó caballete se encuentra en dirección de la calle de Necatitlán, con ligera desviación al Occidente". (1)

   En este mapa del 1737, elaborado por el maestro en el arte de la Arquitectura, hacemos un acercamiento a la parte sur oriente de la antigua ciudad de México, en donde se encontraba El Caballete.


Fuente:

1.- Marroquí, José María. La ciudad de México. Tomo II. Tip. y Lit. La Europea de J. Aguilar y Vera. México, 1900. pp.5-7.

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