martes, 14 de octubre de 2014

Templos ya desaparecidos en el Centro Histórico de la ciudad de México. 11ª parte.

    Seguimos en este ejercicio que va ampliando cada vez más la información sobre la arquitectura religiosa que hubo en México, específicamente en la ciudad de México pero nos detenemos un poco pues bueno será poner atención a la cosa de lo que era la ciudad española y la ciudad extramuros. Me explico: casi toda la información que vamos obteniendo, siempre nos habla del esplendor novohispano, siempre nos refiere a la ciudad de México, la ciudad construida para españoles, eso que ahora conocemos por Centro Histórico; pero habrá que ver que, extramuros, fuera de los límites de la traza donde los españoles vivían, estaba la otra ciudad, la compuesta por barrios que eran pueblos de indios, y en cada uno de ellos había si no un templo, sí una capilla, de ese modo, podremos sumar no cien, sino muchos más templos, capillas, ermitas, parroquias, a esa lisa que venimos elaborando. Antes de continuar creo pertinente leer lo siguiente para darnos una idea de la razón y la necesidad de tener tantos templos:

   “...El guardián, que está en lugar de Cristo nuestro redentor en la cabecera hace una breve plática, trayendo a la memoria el lavatorio y cena del Señor, que allí se representa, y el ejemplo que nos dejó de humildad y caridad. El gasto de esta ceremonia hacen los principales; mas por otra parte, como los demás pobres son tantos, que en algunas partes se juntan más de ciento y no sé si doscientos, es cosa de ver la abundancia de comida que las indias (según su devoción) tienen tendida por el patio, de cosas guisadas en sus cazuelas o vasos que ellas usan, y pan y fruta, que los pobres todos después de haber comido se van a asentar , haciendo dos hileras, desde la puerta del patio hacia la puerta de la iglesia, de manera que todos los que han de venir aquella tarde a la iglesia (que es todo el pueblo) han de pasar entre ellos y ninguno deja de darles limosna, y los más la dan a todos, particularmente las mujeres como más devotas, que cada una trae una haldada de mazorcas de maíz y va dando a cada uno la suya y acabada una hilera, luego se vuelve por la otra. Otras traen (y los hombres también) un montón de cacao, que les sirve de moneda menuda, y es como almendras, y molidas se hace de ellas muy buena bebida usada. También muchos de los españoles, de estas almendras que llaman cacao van dando a cada pobre cada uno las que quiere, como quien en España da tantas o tantas blancas. Esto que he contado, pasa en todos los pueblos de indios, grandes y chicos, a do residen religiosos que en los demás no sé lo que hay. Y porque me he detenido en este discurso, abreviaré lo de las procesiones que salen de la capilla de S. José, contando cómo salieron en este presente año de mil y quinientos y noventa y cinco.

   "El Jueves Santo salió la procesión de la Veracruz con más de veinte mil indios, y más de tres mil penitentes, con doscientas y diecinueve insignias de Cristos e insignias de su pasión. El Viernes salieron en la procesión de la Soledad más de siete mil y setecientos disciplinantes, por cuenta, con insignias de la Soledad. La mañana de la Resurrección salió la procesión de San José con doscientas y treinta andas de imágenes de Nuestro Señora y Nuestra Señora y otros santos, todas doradas y muy vistosas. Iban en ella todos los cofrades y entrambas cofradías arriba dichas de la Veracruz y Soledad (que es gran número), con mucho orden y con velas de cera en sus manos, y demás de ellos por los lados gente innumerable de hombres y mujeres, que cuasi todos también llevan candelas de cera. Van ordenados por sus barrios, según la superioridad o interioridad que unos a otros se reconocen, conforme a sus antiguas costumbres. La cera toda es blanca como un papel, y como ellos y ellas van también vestidos de blanco y muy limpios, y esto al amanecer o poco antes, es una de las vistosas y solemnes procesiones de la cristiandad. Y así decía el virrey D. Martín Enriquez que era una de las cosas más de ver que en su vida había visto. Hacen otras muchas procesiones solemnes entre año, en especial dos, con el mismo aparato de todas las andas; la una de día de la Asunción de Nuestra Señora, a una iglesia que se llama Santa María la Redonda, barrio principal de los indios mexicanos, y la otra el día de San Juan Baptista, a la Iglesia de San Juan de la Penitencia, donde hay convento de monjas de Santa Clara, y es también barrio principal de los indios de México. Y por esta misma forma hacen sus procesiones en todos los pueblos grandes de esta Nueva España, y en algunos va tanta o poco menos gente, y aparato de andas y Cristos que en la de la Veracruz, como es Xuchimilco y Tezcuco y otros semejantes. Y más gente irá en la de Tlaxcala; a lo menos en un tiempo solían ir quince o veinte mil disciplinantes...” (1)

   Y así, según lo acabamos de leer, la fe y el adoctrinamiento fue creciendo, era el último cuarto del siglo XVI, la ciudad se llenaría de templos y de conventos, mismos que para mediados del siglo XIX serían demolidos muchos de ellos: “A mediados del siglo XIX el clero era propietario de más de la mita de las casas habitación destinadas al arrendamiento en la ciudad, por lo que la venta de esos inmuebles significó la pérdida de una de sus principales fuentes de ingresos. Al mismo tiempo, para disminuir aun más el poder político y económico de la Iglesia, el gobierno liberal tomó la drástica medida de derribar gran número de conventos y destinar para otros usos aquéllos que quedaron en pie. A través de los conventos se abrieron numerosas e importantes calles para facilitar la venta de lotes. Se conservaron la mayoría de iglesias y capillas que habían formad parte de los conventos y un buen número de las situadas en los barrios. Dispersas por todos los rumbos de la ciudad, estas construcciones siguieron siendo, junto con sus plazas, centros de las actividades vecinales de la población. El clero no fue el único afectado, las Leyes de Reforma también posibilitaron la expansión urbana y la creación de nuevas colonias sobre terrenos de antiguas comunidades indígenas y de corporaciones civiles como el Ayuntamiento". (2)

   98.- Colegio de San Juan de Letrán.- "En el año de 1547, a iniciativa del Obispo fray Juan de Zumárraga y el virrey don Antonio de Mendoza, fundan el Colegio de San Juan de Letrán, destinado a la educación de los mestizos, del cual salieron profesores bien preparados para fundar colegios en la Nueva España. Frente al convento de San Francisco estaba ubicada esta escuela, abarcando el edificio desde el puente de San Francisco (hoy avenida Juárez) hasta las calles del Hospital Real (hoy 1ª y 2ª de San Juan de Letrán. (3) Si bien este establecimiento era una escuela, como su nombre lo indica, las costumbres de la época marcaban que debería haber (muy probablemente) una capilla en el interior, razón por la cual lo incluyo en este listado.

   99.-  Capilla del Divino Salvador. (Aquí tengo la duda si esta capilla era la misma que ya incluí como la de San Nicolasito. "El virrey don Luis de Velasco solicitó y obtuvo del rey de España la autorización para establecer el Hospital Real de los Naturales, obra que se llevó a efecto en el año de 1551 y fue puesta en servicio en 1557. Esta institución estaba situada donde terminaba la ciudad (española), ocupando el frente por la calle de San Juan de Letrán, dando vuelta, dando vuelta por la calle de Victoria hasta las de Aranda y Dolores. Este hospital tenía una capilla llamada San Nicolás, cambiándola después por el Divino Salvador. En 1933, la piqueta demoledora derribó este histórico edificio, para dar paso a la amplia y gran avenida de San Juan de Letrán". (4)

   Luego de las exclaustraciones, secularizaciones y demás ajustes que la Iglesia Católica tuvo que hacer como consecuencia a las Leyes de Reforma, para 1877 la que fuera la capilla del Divino Salvador es adquirida por la Iglesia Nacional Presbiteriana, consagrándose para ellos el 25 de febrero de ese año. Vendría luego la ampliación a la calle de San Juan de Letrán y, ya que esta capilla estaba salida del nuevo límite e la calle, fue demolida, el 11 de febrero de 1934 es clausurada, y los hermanos de la mencionada Iglesia adquirirían luego el templo del ex convento de Santa Catalina de Siena, desaparecería entonces la Capilla del Divino Salvador.





   100.- Ermita de San Lázaro.- Igual esta la podemos confundir con el templo de San Lázaro que formaba parte del Hospital del mismo nombre que se localizaba en la parte oriente de la ciudad, pero está fue destruida muy al principio de la colonia. "En una calzada que sale desta ciudad hacia Tacuba casi un cuarto de legua al cabo della", Cortés junto a una heredad suya hizo edificar una ermita a San Lázaro, donde los vecinos de esta ciudad tenían mucha devoción de andar las estaciones, mayormente en cuaresma, donde la gente hacía decir muchas misas y el guardián de San Francisco e México iba allí muchas veces para celebrar a "consolación" de los naturales que allí se bautizaban. Estaba muy adornada como iglesia, con sus imágenes y ornamentos, y tenía señalado un pedazo de tierra calma para ensanchar la iglesia y hacer casa de pobres con sus hortezuelas para legumbres (Foja 18. Documentos de la vida del señor Zumárraga).

  Nuño Guzmán, como vio el sitio que estaba junto a unas arboledadas muy granes y con abundancia de agua, cegado de codicia, mandó a los indios, por su propia autoridad, sin licencia ni consulta alguna, que derribasen la dicha iglesia que no quedó vestigio de ella, e hizo allí, en muy breve tiempo unos muy suntuosos aposentos de cuatro cuartos con sus torres y troneras, a manera de fortaleza, y todavía en la fecha de la carta de Zumárraga, que fue el 27 de agosto de 1529, andaban en la labor innumerables indios, "que los hacen, decía, trabajar como esclavos, sin perdonarles fiestas, ni dalles un puño de maiz que coman, hacienoles traer todos los materiales a cuestas y comprallos de sus propias haciendas", que me han certificado personas de creer que el día de Corpus Christi andando trabajando murieron algunos indios en la obra; "e junto a esta casa les ha hecho cercar de muralla un gran sitio de tierra que era de D. Hernano, y ha hecho y hace en él, una huerta verjel para sus pasatiempos. (Foja 19. Documentos de la vida del señor Zumárraga.)" (5)

   101.- Ermita de Juan Garrido.- Igual que en el anterior, hay que considerar que esta ermita, aunque llevó la misma deicación y estaba casi en el mismo lugar que la que conocemos, era otra, la cual fue desaparecida y por eso la incluyo con un número diferente: "...un piadoso conquistador llamado Juan Garrido, en recuerdo de sus compañeros, o acaso no olvidando algún peligro que personalmente correría, levantó una ermita un poco más hacia el centro de la ciudad, del mismo lado y no legos de la iglesia hecha por el Concejo Municipal, y en ella recogió los huesos de los muertos, dándoles caritativa sepultura. Corriente la idea de que el principal fin de la Conquista era el sacar de la idolatría a los naturales convieron por mártires a los muertos en aquella guerra, y consecuentes con esa idea llamaron de los "Mártires" aquella pobre iglesita; aunque algunos la llamaban también "Ermita de Juan Garrido"

   "Presumimos que esta ermita fue anterior a la Iglesia de San Hipólito, pues de lo contrario la ciudad habría recogido en ésta los restos de los difuntos, y acaso su erección sirvió de estímulo para el acuerdo tomado por los conquistadores, gobernadores y regimiento de México para hacer una iglesia que fuese suya. Es creíble también que la licencia para construirla se concediese a Juan Garrido durante la permanencia del Ayuntamiento de Coyoacán, pues cuando se trasladó aquí la encontró ya hecha: en el acta del primer cabildo celebrado "en la grad cibdad de Temixtlán lunes 8 de Marzo de mil é quinientos y beynte y quatro años" leemos que Hernando Martín, herrero, pidió que le diesen un pedazo de tierra en donde tenía ya edificada su casa, y sembrada una huerta, "en el camino de Tacuba yendo de esta ciudad, como a tiro y medio de ballesta pasada la ermita de Juan Garrido", a la mano derecha. Pasaje que al mismo tiempo nos manifesta la existencia de la ermita y la falta de la iglesia, pues de haberla á ella se hubiera referido". (6)

   102.- Capilla de San Antonio Teocaltítlan.- Primero, aclaro que la imagen que vemos nada tiene que ver ni con el que fuera el pueblo de Teocaltítlan, ni con la que fuera su capilla, es, meramente, ilustrativa. "Hacia el extremo occidental del callejó de San Antonio el Pobre, casi en la esquina  de la calle ancha, que ni á principios ni á mediados del siglo pasado se había formado todavía, se encontraba una capilla bajo la advocación de San Antonio de Padua en el Barrio de Teocaltítlan, sujeto en lo civil a la parcialidad de San Juan Tenochtitlán y en lo espiritual a la parroquia de San José de los Naturales. De su situación en este barrio vino el llamarse a la capilla San Antonio Teocaltítlan. Aquel barrio entonces estaba bien distante de tener la belleza actual: componíase de pobres chozas y algunas casas esparcidas con poco orden en las cercanías de la capilla entre despoblados y huertas, formando callejuelas cortas y estrechas, aunque había tres rectas y largas, pero angostas, que eran los callejones llamados del Bosque, del Olivo y de las Chiquihuiteras, que corren de Norte a Sur y el que nos ocupa, perpendicular a éstos, por el cual de preferencia se comunicaba el barrio con la ciudad. Por estas circunstancias reunidas llamaba el vulgo el barrio y la capilla de San Antonio de los Callejones, y también San Antonio el Pobre.

   "Construyóse esta iglesita a fines del siglo XVII y quedó concluida el año de 1702; los naturales quisieron que se estrenara el día de su santo patrón, 13 de Junio, y al efecto el Cura Ministro de la parroquia de San José, Fr. Agustín de Vetancourt, pidió oportunamente licencia para bendecirla y celebrar en ella, al Arzobispo D. Juan Ortega Motañez; pero ocupaciones de este prelado impidieron que firmase la licencia, aunque la dio, y urgiendo el tiempo, con fecha 12 el mismo Junio, el Secretario de la Mitra, Br. Agustín de Eguía, por carta comunicó al Cura que estaba concedida la licencia, y podía proceder a la bendición, al siguiente día a la primera función solemne que se hizo en la dicha capilla. Fue mucha y singular la devoción que hubo en esta pobre iglesita, fomentada, no sólo por los naturales y vecinos del barrio, pues venían del centro e la ciudad, y aun e más lejos, a venerar al santo. El celo por la predicación que renació en el clero mexicano de la segunda mitad del siglo antepasado en adelante, hizo que varias de las muchísimas capillas que había en todos los barrios de la ciudad y en otros parajes públicos, se predicase con frecuencia la doctrina de Jesucristo por sacerdotes de no escaso mérito.

   "Aunque propia de los naturales de la parcialidad de San Juan esta iglesita era también frecuentada y favorecida de los españoles; (...) creciendo la devoción del Santo, los martes principalmente eran numeroso el concurso de fieles, y no escaseaban las limosnas; entonces se pensó en conseguir de la Silla Apostólica alguna gracia para los visitantes de la capilla, y por breve del Sr. Clemente XIII, dado en 19 de Abril de 1762, se concedió indulgencia plenaria a los files que la visitaran el día que fijase el Ordinario..." (7)Y sucedió, como en tanto otros lugares que, por el crecimiento de la ciudad, la capilla fue destruida.

   103.- Capilla de la Concepción Ixnahualtngo.- "Por falta de datos y documentos es imposible conocer su antigüedad. Aparece dibujada por primera vez en el plano de Nicolás de Lafora y Alexandro D'Arout de 1770, y ha sobrevivido a la desamortización de bienes eclesiásticos, la venta e terrenos de barrios indígenas en 1856, al conflicto religioso de 1926 a 1929, a la creación de la colonia Merced Balbuena hacia 1940 y al mercado de Sonora, construido en 1957 por el regente Uruchurtu". (8)

   Estamos por rebasar el rotundo número de cien, 100 templos, ermitas o capillas que se construyeron en la parte que conocemos por Centro Histórico en la ciudad de México. Pensé que 84, el número que leí por primera vez en referencia a lo construido en la zona era exagerado, ahora me doy cuenta de que fueron muchos más, pues, gracias a la Tesis para obtener la Maestría en Historia del Arte que presentó el señor Ricardo Gómez Tenorio que llegó a mis manos, me doy cuenta de una cosa: para entender lo que sucedió en la formación de la ciudad de México, habrá que entender que ese "casco viejo" fue la ciudad española, la cual estaba rodeada de pueblos de indios, los cuales tenían, cada uno, su propia capilla, al sumar unos y otros vemos que el número rebasa en mucho al rotundo cien, y que quizá llegarán a superar los 150, quizá 180, los sitios en los que se construyó, un templo, una ermita o una capilla durante el periodo colonial-virreinal, entre 1521 y 1821

   Este ejercicio seguramente lo continuaré más adelante, por ahora me doy por satisfecho de saber que sí, efectivamente, hubo 84 templos en la ciudad de México (la española) y que hubo quizá otro tanto en los pueblos de indios que la circundaban y que era "la otra" ciudad de México.


Fuentes:

1.- De la Torre Villar, Ernesto. Fray Pedro de Gante, maestro y civilizador de América. Estudios de Historia Novohispana. Volumen V. Instituto de Investigaciones Históricas. UNAM. México. 1974. pp.30-31

2.- Gayón María. Morales, María Dolores. Un rincón de la ciudad. Necatitlan y Tlaxcoaque en el siglo XIX. p.87

3.- Casasola, Gustavo. 6 Siglos de historia gráfica de México. Editorial Gustavo Casasola. México, 1978. Tomo I. p.127.

4.- Ibid. Tomo I.p.164.

5.- Marroquí, José. La Ciudad de México. Tomo III. Tip. y Lit. La Europea de J. Aguilar y Vera. México, 1900. pp.94-95

6.- Marroquí. Op.cit. Tomo II. p.499

7.- Marroquí, Op.cit. Tomo I. pp.451-453.

8.- Gómez Tenorio, Ricardo. Capillas en barrios indígenas en la ciudad de México. Siglos XVI-XX. Tesis para obtener la Maestría en Historia el Arte. UNAM. México, 2008. p.193

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