miércoles, 1 de febrero de 2017

Estas ruinas que ves: La Hacienda de la Erre, Dolores Hidalgo, Guanajuato

  Mejor ejemplo de la pérdida patrimonial no podemos tener. La Hacienda de la Erre (en muchos documentos se le refiere como Hacienda la R) fue uno de los latifundios más grandes del centro de México casi desde su creación y más aún en el siglo XVIII cuando fueron agregados varios sitios más a la propiedad. Para 1647 se reportan 19.5 sitios de ganado mayor, 15 de ganado menor y 43 caballerías. Si no estás familiarizado con las medidas usadas en tiempos virreinales, el que indiquen “ganado” no quiere decir que se usaban exclusivamente para tal fin, era la manera de nombrar a una determinada medida, equivalían a 1 775, 780 y 42.8 hectáreas respectivamente; así que para el mencionado año La Erre tenía 69,836.9 hectáreas.

  El siguiente texto viene del libro de don Isauro Rionda, Haciendas de Guanajuato, quizá te confunda un poco la cantidad de nombres y títulos nobiliarios que da, es la única manera de entender cómo se daban las cosas en Nueva España, como desde entonces las relaciones políticas y sociales influían mucho en la riqueza de los pocos propietarios que había en todo el virreinato, así que lee con calma y de seguro irás cayendo de sorpresa en sorpresa. Cabe aclarar que el autor menciona continuamente a marqueses, sucede que todos los Virreyes de Nueva España ostentaban algún título, sea el de marqués que el de conde, era lo habitual, por lo tanto frecuentemente no se les refiere por su nombre, sino por su título; repetidamente veremos al Marqués de Guadalcázar, se trata del Diego Fernández de Córdoba y López de las Roelas, 13° Virrey de los 61 que gobernaron.

   Se menciona a un personaje que está muy ligado a la construcción del Camino Real, a las minas y a la devoción a Cristo: Alonso de Villaseca, a su hija, María Teresa y a su yerno, Agustín Guerrero de Luna. Leamos con atención:

  “Situada en el municipio de Dolores Hidalgo, el nacimiento de la Erre inicia desde la segunda mitad del siglo XVI, pero sobretodo en los primeros años del siguiente, por medio de mercedes reales, compras y concentración de ellas en pocas manos. Llegó a ser uno de los latifundios más extensos de Guanajuato. El virrey marqués de Montes Claros mercedó a Pedro Rodríguez Montero un sitio de ganado mayor y ocho caballerías el 2 de diciembre de 1606, y días después le fueron vendidas al doctor Hernán Carillo Altamirano, abogado de la Real Audiencia de México.

  “El 14 de abril de 1611 el virrey don Luis de Velasco (el joven) hizo merced a Juan Carrillo Altamirano de un sitio para ganado mayor y 4 caballerías entre la villa de San Miguel y las vertientes de la sierra de las minas de Guanajuato. Pero como el favorecido con la merced le debía dinero al médico Juan de Contreras, le fueron embargadas las tierras a Juan Carillo y adjudicadas a Contreras, pero como el verdadero acreedor era el doctor Hernán Carrillo Altamirano, posiblemente padre o hermano de Juan Carillo, el médico Contreras desde el 6 de agosto de 1613 le pasó las tierras al doctor Hernán. El virrey marqués de Salinas mercedó al doctor un sitio de ganado mayor el 16 de abril de 1611. El 9 de noviembre de 1613 el virrey marqués de Guadalcázar hizo merced al doctor Carillo de dos sitios de estancia de ganado mayor cerca de San Antón de las Minas.

  “El 5 de diciembre de 1613 el doctor compró a Alonso Cabrera de Sosa un sitio para ganado mayor en los “términos de la villa de San Miguel”. El dos de abril de 1615 el virrey marqués de Guadalcázar mercedó al doctor Hernán Carillo Altamirano 2 sitios, uno para ganado mayor y el otro para menor. Merced hecha por el virrey marqués de Guadalcázar al mismo doctor de un sitio para ganado mayor, el 8 de julio de 1615. El 18 de febrero de 1616 el virrey marqués de Guadalcázar al doctor Hernán Carrillo Altamirano un sitio para ganado mayor y dos caballerías entre las villas de San Miguel y San Felipe. El mismo doctor, por la misma época, se hizo de los sitios llamados San Mateo y Las Lagunillas, que estaban cerca de los anteriores. El 17 de mayo de 1616 el virrey marqués de Guadalcázar hizo merced a Luis de Cárdenas de un sitio de ganado mayor, 8 de ganado menor y dos caballerías los que el 16 de junio del mismo año vendió al doctor Carillo. En el mes de mayo de 1616 el virrey marqués de Guadalcázar hizo merced a Miguel López de diez caballerías que éste vendió el 23 de junio del mismo año al doctor.

  "El virrey marqués de Guadalcázar mercedó a Andrés de la Rea un sitio de Ganando Mayor y dos caballerías de tierra, el 17 de mayo de 1616. En la misma fecha se le mercedaron dos sitios de ganado mayor y 4 caballerías. Andrés de la Rea, el 17 de marzo de 1617, declaró que dichas mercedes eran del doctor Carillo. En 1560 se le hizo merced a Gonzalo Martínez de un sitio entre los ríos de San Antón de las Minas y Santa Catarina, y este lo vendió partiéndolo en 2 a Juan Yánez y Rodrigo Ramírez. Rodrigo Ramírez vendió su mitad a Andrés García de Valencia el 2 de enero de 1568, y el 4 de abril de 1593 Valencia la vendió al bachiller Juan Alonso Velázquez. Juan Yáñez, que había comprado la otra mitad, del sitio a Gonzalo Martínez, murió, y su hijo Antonio Yáñez la vendió al mismo bachiller Velázquez. Ya el sitio completo lo pasó por venta a Francisco de Ávila y a su esposa Anna Jiménez, los que a su vez el 19 de julio de 1610 lo vendieron a Alonso Hernández de Porras.

  “El sitio prosperó y el 24 de diciembre de 1610 el obispo de Michoacán, doctor Baltazar de Covarrubias, le dio licencia a Porras para que construyera una capilla en el lugar para celebrar oficios religiosos. Posiblemente lo anterior sea el origen del templo de la Hacienda de la Erre. Esta propiedad luego pasó al multicitado doctor. El 30 de octubre de 1613 el virrey marqués de Guadalcázar hizo merced de cuatro caballerías en los terrenos de la villa de San Miguel rumbo a San Antón de las Minas a Juan Altamirano Saavedra, pariente del doctor Hernán Castillo Altamirano.

  "El 23 de abril de 1611 el virrey Luis de Velas, marqués de Salinas, hizo merced a Alonso Hernández de Porras, vecino y alférez de las villas de San Miguel y San Felipe, de un sitio para Ganando Mayor y otro para Menor y dos caballerías, en “términos de San Miguel”. Murió Porras y le sucedió su hija maría Hernández de Porras, quien vendió en 12 de junio de 1618 todos los bienes que le heredó su padre al licenciado y presbítero Juan de Murga. A su tiempo Murga falleció y sus albaceas vendieron el 5 de diciembre de 1623 los sitios al también licenciado y “presbítero beneficiado en el Real y Minas de Guanajuato” Diego Gómez, y este comprador solo fue ficticio, pues adquirió a nombre y para el general Juan Altamirano Saavedra.

  “El virrey Luis de Velasco hizo merced a Domingo de Silva, vecino de la villa de San Miguel, de un sitio de Ganado Mayor, el primero de junio de 1526. El mismo virrey hizo merced a Miguel Sánchez, también vecino de San Miguel, de un sitio de Ganado mayor y una caballería de tierra el 27 de junio de 1561. Miguel Sánchez vendió lo dado a Tomás Espinosa, y cuando éste murió, su viuda Inés Cabrera lo vendió a Domingo Silva el 2 de febrero de 1565; y a los cuatro días, Silva vendió tanto lo que a él se le había mercedado como lo que últimamente había comprado a Juan Altamirano Saavedra.

  “A Alonso de Villaseca se le había mercedado un sitio de Ganado Mayor y lo vendió al factor Ortuño de Ibarra. Dicho sitio lo perdió Ortuño y fue rematado en pública subasta a favor de Diego Porras, su hermana María de Porras y su cuñado Antonio de Carvajal; éstos el 12 de diciembre de 1595 vendieron una mitad del sitio a Fernando Mejía Carvajal, quien se la vendió a Juan Altamirano Saavedra; la otra mitad fue adquirida por Luisa Lara. Esta vendió su mitad a juan Nieto que la donó a Francisco Hernández el 3 de enero de 1593. Francisco Hernández la vendió a Domingo Gallegos el 30 de noviembre de 1608, y Gallegos a Juan Altamirano Saavedra el 30 de agosto de 1609, completando así el sitio. Merced hecha por el virrey de Guadalcázar a Juan Altamirano Saavedra el 30 de octubre de 1613, de las aguas que venían de Santa Catarina y que pasaban por sus propiedades.

  “El 1 de diciembre de 1617 Juan Altamirano Saavedra compró a Luis Pérez un sitio de ganado mayor nombrado Santa Catarina, que antes fue de Juan Yáñez. También el 6 de mayo de 1619 Altamirano Saavedra le compró al mismo Pérez dos sitios de ganado mayor y uno de menor, que también fueron antes de Juan Yáñez de quien los heredó Pérez. Así, para el año de 1613 Altamirano Saavedra era dueño de las labores siguientes: La Cieneguilla de Nieto, Santa Lucía, Río Seco, La Erre, El Comedero, La Ventilla, El Llanito, el Xoconostle, El Gusano, La Ciénega de Guerrero, San Nicolás, San Mateo, San Damián, El Espejo, Río de Don Juan y La Cruz. Todas juntas producían anualmente aproximadamente seis mil fanegas de maíz.

  “Las propiedades de estos dos hombres pasaron a manos de Rodrigo Mejía Altamirano”, criollo nacido en la ciudad de México al principiar el siglo XVII. Miembro de prominente familia, era descendiente del lejano rey don Pedro de Castilla, caballero de la orden de Santiago desde 1668, alguacil mayor de la Real Audiencia de la Nueva España, “posiblemente también minero de Guanajuato”, casado con doña Luisa de Tovar y Sámano desde 1647. Lo que heredó Mejía Altamirano fueron 19 y medio sitios para Ganado Mayor, quince sitios para menor y cuarenta y tres caballerías para sembraduras situadas en jurisdicción, de aquel tiempo, de la villa de San Miguel. Ya para entonces a esta suma de sitios y caballerías se le denominaba Hacienda de la Erre. Pero este nuevo dueño aumentó la propiedad con compras que realizó, como la siguiente: el virrey don Luis de Velasco (el viejo) hizo merced de caballería y media y de un sitio para Ganado Menor a favor de Cristóbal López, el 1° de diciembre de 1559, con la condición de que fuese vecino de la villa de San Miguel, pero como no fue así, se le quitó lo dado y se le pasó a Juan Rangel el 18 de julio de 1561.

  “A Rangel le sucedió en la propiedad de lo dado, sin saber cómo, Luis Pérez, que la vendió a Lucas Guerrero el 26 de julio de 1608. Lucas se la heredó a su hijo Diego Guerrero y éste la vendió a Juan Arias de Contreras el 2 de abril de 1648. Juan a su vez la vendió al capitán Rodrigo Mejía Altamirano el 26 de marzo de 1669. Es muy probable que la actual capilla de Nuestra Señora de la Asunción de la Erre haya sido construida por este dueño, pues fue terminada en el año de 1673, de acuerdo con la fecha que aparece en el centro de la fachada principal del templo, y “el sobrio estilo así lo confirma”, siendo su primer vicario fijo el bachiller José de Moctezuma.

  “Mejía Altamirano y su esposa murieron por la década de los setenta y la heredad pasó a su hija Juan Mejía Altamirano y de Tovar, la que se casó con don Carlos de Luna Arellano y Sámano, el famoso Mariscal de Castilla y señor de Siria y Borovia, en Soria, España, nacido en 1646, que fue alcalde ordinario de México en 1679, corregidor de la misma ciudad en 1684 y maestre de campo del tercio. Fallecieron doña Juan Mejía Altamirano, mariscala de Castilla, el 6 de mayo de 1696 y el siguiente 7 de octubre el mariscal, su esposo, don Carlos de Luna Arellano y Sámano; heredó la hacienda la hija de ambos, juan de luna y arrellano mejía Altamirano, nueva mariscala de castilla y señora de Siria y Borovia, que había nacido en la ciudad de México en 1666 y se casó el 20 de octubre de 1683 con el aragonés capitán don Teobaldo de Gorráez Beaumont y Navarra, nació en Tarazona en 1658; éste fue alcalde ordinario de México en 1682, comisario general de Caballería en 1692, corregidor de la capital colonial y secretario de gobierno del virreinato.

  “Don Teobaldo murió el 13 de marzo de 1700 y fue sepultado en el convento de San Diego de la ciudad de México; su esposa, la mariscala le sobrevivió hasta el 17 de enero de 1715, y le sucedió su hijo el nuevo mariscal de Castilla y señor de las villas de Siria y Borovia don Pedro de Luna Arellano y Gorráez, nacido en julio de 1687 en la ciudad de México y que se unió en matrimonio el 19 de mayo de 1707 con doña Leonor de Rivadeneira. En 1721 fue alcalde mayor, juez de minas y tandas y teniente capitán general de la villa de Guanajuato, y murió en marzo de 1721. De esta pareja no hubo sucesión, por lo que la riqueza y títulos pasaron a su hermano de don Teobaldo, Fermín de Gorráez y su señora Esposa doña Isabel Hurtado de Mendoza. Por cierto que esta señora donó en 1727 los terrenos necesarios para la construcción del convento, templo y hospital de los Betlemitas en Guanajuato.

  “Al morir los mariscales heredó su hijo, nacido en 1717 José Pedro de Luna Gorráez, el que aparte de Mariscal y Señor de Villas fue alcalde de México, Regidor Perpetuo y secretario del virreinato, alguacil mayor del tribunal de cuentas de la real audiencia de la nueva España, casado desde 1735 con doña María Viviana Malo de Villavicencio y Castro. Con éste dueño la hacienda llegó a tener la mayor extensión en tierras, pues en 1771 por un lado lindaba con la hacienda de San Diego del Bizcocho, ahora municipio de San Diego de la Unión, y por el otro lado con la hacienda de Reoyos. Además de que en ésta época el Mariscal ya no se ocupaba en cultivar sus tierras o en mantener ganados, sobre todo de los lanares, que eran los que siempre había tenido, no obstante que la producción de la hacienda ascendía a más de 160,000 pesos anuales, sino que tenía alquilada la hacienda en fracciones a varios arrendatarios que pagaban rentas diversas que iban desde 8 hasta 550 pesos anuales. 

  “Los mariscales murieron antes de 1771, y les sucedió el siguiente mariscal e hijo de los anteriores, don José Antonio de Luna y Gorráez, que había nacido en 1737 y llegó a ser alguacil mayor del tribunal y real audiencia de cuentas de la ciudad de México y primer marques de Siria y vizconde de Borovia, dado por gracia del rey de España Carlos III, el 18 de diciembre de 1777. (1)

  La historia continúa, pero esta es apenas una parte de ella... y a este punto nos preguntamos ¿qué serán de estas ruinas? cada vez el lugar está más depredado, como quiera nos sigue diciendo que ahí fue algo grande... como lo acabamos de leer.








Fuente:

1.- Rionda Arreguín, Isauro. Haciendas de Guanajuato. Editorial La Rana. Guanajuato,  2001. pp. 53-61

1 comentario:

  1. qué hermosura debió haber sido, si esas paredes hablaran....

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