miércoles, 8 de abril de 2009

Hombres por la izquierda. Cuando la separación del género se daba en la misa católica.

Hace poco un lector me preguntaba si conocía la razón por la cual en los templos había tres puertas y la central siempre estaba cerrada. Le comenté de que en las Catedrales la puerta central se abre solamente en ceremonias de muy alto rango y específicamente cuando se celebra algún jubileo. Como lo que sucedió hace poco en el Vaticano cuando se celebró el Jubileo 2000 y la puerta central se mantuvo abierta todo ese año.

Ahora que tuve la oportunidad de conocer más profundamente el extraordinario centro histórico de Puebla llegué a un templo ubicado en la zona nor-poniente, creo es el dedicado al Señor del los Trabajos, me sorprendió ver, sobre todo, recordar, lo que pasaba en los templos hace más de cuarenta años, cuando era niño aun y las misas se oficiaban en latín, eran de una solemnidad impresionante, muy poca gente entendía lo que se decía…. Per Secula Seculorum, Kyrielleison, Gratia Plena, Dominus Vobiscum, es lo único que recuerdo, entre las tantas palabras que allí se decían. Allí comprobé que hay otra razón más del porque existen tres puertas en los templos.

El Concilio Vaticano II se considerado como el evento más importante del siglo XX en lo que se refiere a la iglesia católica, fue convocado por el papa Juan XXIII en 1962 y terminado por Pablo VI en 1965, uno de los temas centrales que allí se trataron fue: “adaptar la disciplina eclesiástica a las necesidades y métodos de nuestro tiempo”. Esto dio por resultado que la vieja tradición de las misas Tridentinas, las que eran en latín, en donde se exigía que hombres y mujeres se sentaran separados a la izquierda los hombres y a la derecha las mujeres y que los sacerdotes oficiaran de espaldas a los asistentes. Fue entonces que se dejaba de usar el latín y se usaría desde entonces el español o el idioma oficial de cada país.

Recuerdo muy bien esa separación por sexos, como se convertía en un conflicto si por alguna razón mis hermanas olvidaban el velo en casa y no podían entrar al templo o se cubrían con un kleenex en caso de mera emergencia. En lugares visitados por turistas norteamericanos, como Guadalajara o San Miguel Allende, se marcaba notoriamente a la entrada, que no se permitían shorts, blusas escotadas, las cosas eran entonces muy distintas a las actuales. Ahora en este templo del Señor de los Trabajos, pude constatar lo que aquella época marcaba, la puerta de la izquierda para los hombres, la de la derecha para las mujeres.


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