lunes, 6 de abril de 2009

Las calles de Puebla: La traza perfecta

Puebla está considerada dentro del catálogo de las ciudades Patrimonio de la Humanidad y no es de sorprender, pues, indudablemente es una de las más bellas que tiene México.

Pedir direcciones en Puebla es un poco jugar con la aritmética básica, pues no nos darán nombres de calles sino números, que van en nones hacia una dirección y en pares hacia otra, eso hace muy fácil ubicar lo que buscamos en esa llamada “retícula perfecta” que conforma el Centro Histórico de la Angelópolis.


Hace mucho leí que fue el propio Leonardo da Vinci quién envió a Colón los planos de las nuevas ciudades, las que deberían levantarse en el Nuevo Mundo evitando los laberínticos trazos que la Edad Media había producido en el diseño de las ciudades. Desconozco si esto fue realidad o no, pero lo que sí, podemos comprobar es la influencia del renacimiento en la traza de las ciudades coloniales mexicanas.

Al pasear por las calles de Puebla podremos comprobar que están perfectamente orientadas, el norte y los demás puntos cardinales destacan y producen algo en beneficio de todos, que siempre habrá sombra en las banquetas, sea la de un lado antes del mediodía, para pasar a la acera de enfrente el resto de la tarde.

   Pero no nos confundamos. Da Vinci nunca envió plano alguno a Colón, esa es una de las tantas deformaciones que la historia del Descubrimiento de América ha tenido, sucede que en pleno renacimiento había un movimiento el cual estaba depurando las artes en todas sus manifestaciones, una de ellas la Arquitectura y, dentro de ella el Urbanismo. Es entonces que surge la idea de "La Città Ideale" (la ciudad ideal) al estilo renacentista que vino a cobrar forma en la Nueva España.

   "La concepción de una "ciudad ideal" (città ideale) fue uno de los tópicos del Renacimiento, especialmente en su arquitectura, desde la Italia del Quattrocento; aunque ni en esa época ni en el Cinquecento se realizaron programas urbanísticos ambiciosos de diseño planificado, a excepción del relativamente modesto conjunto de Pienza (Bernardo Rossellino, para el papa Pío II, 1458-1464), o de la romana piazza del Campidoglio (Miguel Ángel, para el papa Paulo III, 1536). Sí hubo oportunidad de hacerlo en la colonización española de América (caracterizada por un urbanismo planificado en torno a la plaza de armas, heredera de la plaza mayor o plaza de arrabal del urbanismo castellano); mientras que las grandes perspectivas no se realizaron en la práctica hasta el urbanismo barroco. En los siglos XV y XVI los grandes espacios abiertos (flanqueados por edificios alineados que se alejan hacia la línea del horizonte, cerrada por un hito urbano destacado, de formas clásicas, preferiblemente un edificio de planta centralizada rematado por una cúpula o cubierta equivalente) se restringieron a la imaginación y los diseños gráficos de los artistas, estimulados por el descubrimiento de las leyes de la perspectiva cónica o regula albertiana, que definió Leon Battista Alberti tras el famoso experimiento de Brunelleschi ante el baptisterio de Florencia (1416). Para Leonardo da Vinci la anchura de la calle será proporcional a la altura de las casas. Filarete, en su Trattato di Architettura (1464) diseñó Sforzinda, una utópica ciudad en honor a Francisco Sforza, que no llegó a construirse. Su muralla estrellada prefigura la traza italiana de las fortificaciones que se construyeron por toda Europa, culminando en los diseños de Vauban para Luis XIV". (Wikipedia).

   En la segunda mitad del siglo XVIII, la Ciudad de Los Ángeles, es decir, Puebla, Puebla de los Ángeles, mantenía esa traza perfecta.

  Y más y mejores cosas llegarían a México, al menos en planos, como éste, el plan maestro para fundar el Pueblo de Zaragoza, que nada tiene que ver con la ciudad de Puebla de Zaragoza, sino que este pueblo fue el nombre original de eso que hoy conocemos por Tijuana, en donde se llevo a cabo también el concepto de la traza perfecta.

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