martes, 21 de abril de 2009

Tequitqui: Una cruz atrial en Salamanca, Guanajuato.

La ermita de San Juan Bautista fue fundada en 1550, es el templo más antiguo de Salamanca, se ubica en la zona oriente, a un lado del río Lerma en el poblado denominado San Juan de los Cántaros.

Hace varios años, o decenas, oí por primera vez la palabra Tequitqui, fue en boca de la Maestra Escárcega, defeña avecindada en Salamanca debido a un cambio de ubicación de su marido que laboraba en Pemex. La palabra me intrigó y más bien su concepto, que gracias a ella, me hizo voltear a ver la riqueza histórica que tenemos en esta parte del Bajío.

Este templo es muy sencillo, recordemos que Xidóo era un pueblo de indios a mediados del siglo XVI, cuando es fundado por los Agustinos durante sus primeras incursiones por la parte norte del que más adelante sería denominado como Provincia de San Nicolás Tolentino.

Fueron primero los Franciscanos (1524), luego los Dominicos (1526) y pocos años más tarde la orden mendicante de San Agustín (1533) quienes llegaron a la Nueva España con el fin de implantar el catolicismo en lo que ellos llamaban “tierras bárbaras”. Fueron muchos los que sintieron la atracción del Nuevo Mundo, pero nunca suficientes para dirigir cabalmente esa conversión de miles y miles de habitantes originales, se daban órdenes, instrucciones, se ideaban las nuevas construcciones, muchas veces utilizando las mismas piedras de los templos de originales, para levantar los nuevos edificios católicos en concepciones difíciles de entender para un estilo que estaba de acuerdo a un orden, el de la naturaleza y el de los movimientos astrales. Los indios rendían pleitesía e cosas muy concretas, el sol, la lluvia, el maíz, el viento y ellos, traían una idea abstracta que, para hacer más fácil su asimilación se le dio el mismo valor que al sol, el generador de toda la vida. Esta concepción no distaba mucho de la idea del Sol Invicto (Natalis Solis Invicti) que entre los romanos vivió durante siglos y dejó por consecuencia la implantación del ritual de Navidad que conocemos actualmente.

Las cruces atriales por lo general están colocadas sobre una peana o zócalo; poseen únicamente el rostro de Cristo, una cartela con la leyenda INRI en su parte superior, el señalamiento de los tres clavos en manos y pies de Cristo y la talla de los símbolos de la Pasión, como los clavos, el martillo con el que clavaron a Jesús, un gallo cantando sobre la columna de la Pasión, el cilicio del azote, la corona de espinas y los dados con los que jugaron a sortearse las ropas de Cristo sus ejecutores, entre otros.

Del mestizaje hemos oído casi siempre del que se dio de razas, pero fue en todo, en la comida, en las costumbres, en las tradiciones y en el arte; esta combinación dio por resultado el denominado arte tequitqui, del náhuatl, “tributario”. Se da debido a la influencia iconográfica y técnica europea fusionada a la técnica e iconografía indígena, todo esto generó un conjunto de manifestaciones singulares pictóricas y escultóricas; se volvió un arte entendible para los naturales, en donde se expresaban los elementos representativos básicos en el cristianismo. Este se manifestó principalmente en las portadas de los templos, cruces atriales y murales en los claustros y capillas abiertas de los conventos.

Las cruces atriales por lo general están colocadas sobre una peana o zócalo; poseen únicamente el rostro de Cristo, una cartela con la leyenda INRI en su parte superior, el señalamiento de los tres clavos en manos y pies de Cristo y la talla de los símbolos de la Pasión, como los clavos, el martillo con el que clavaron a Jesús, un gallo cantando sobre la columna de la Pasión, el cilicio del azote, la corona de espinas y los dados con los que jugaron a sortearse las ropas de Cristo sus ejecutores, entre otros.

Escultura del más puro estilo tequitqui de San Juan Bautista que se levanta en una pequeñísima capilla en el atrio de San Juan de los Cántaros, en Salamanca. Podemos apreciar claramente los símbolos que identifican a San Juan, el libro (escrituras) y sobre de él está el Cordero de Dios.

Jaime Lara, de la Universidad de Yale anota que “es mas típico de los Franciscanos que la corona de espinas este colocada en la intersección de los brazos, a veces dentro de los rayos del sol, mientras que los Agustinos preferían colocar allí la cabeza de Cristo”

Fue José Moreno Villa en su texto Lo mexicano en las artes, publicado en 1949, en donde se refiere a las manifestaciones artísticas realizadas por indígenas del área mesoamericana luego de la Conquista de México con el término Tequitqui en donde comenta "Es el producto mestizo que aparece en América al interpretar los indígenas las imágenes de una religión importada (...) está sujeto a la superstición indígena. Es una extraña mezcla de estilos pertenecientes a tres épocas: románica, gótica y renacimiento. Es anacrónico, parece haber nacido fuera de tiempo, debido a que el indio adoctrinado por los frailes o los maestros venidos de Europa, recibía como modelos estampas, dibujos, marfiles, ricas telas bordadas, breviarios, cruces, y mil objetos menores. No todos ellos obedecían a un mismo estilo y a una misma época"

A cada lado de la puerta del templo de San Juan aparecen estos portaestandartes, una vez más notamos la fuerte influencia indígena, en donde se marcaba la necesidad de contar con ellos como parte del ceremonial. El que vemos es el del lado derecho, que está completo, el de la izquierda tiene un fuerte deterioro, pero sigue allí, afortunadamente.

El sincretismo de ambas culturas, la española y la otomí, está presente en la cruz atrial de San Juan Bautista, en sus portaestandartes y en la escultura del patrono de la comunidad primitiva de Xidóo, un motivo más para visitar Salamanca, en donde, definitivamente, tenemos mucho que ver. Por cierto, no hay solo esta cruz tequitqui, hay una más en otro barrio, la puedes ver aquí.


Un interesantísimo estudio del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM en torno al sincretismo artístico en el Siglo XIV en México y Perú lo puedes ver en el siguiente enlace

:http://redalyc.uaemex.mx/pdf/369/36907403.pdf


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