viernes, 3 de abril de 2009

La corrupción también tiene historia y nombre en Nueva España: El duque de Lerma.

Estos no son billetes acomodados en rollos, sino alcancías que en una de las tantas tiendas poblanas de artículos chinos venden. Si, en efecto, los chinos tienen ya identificados todos los billetes mexicanos.

La corrupción es algo que, lamentablemente, hemos debido aprender a vivir con ella. En la actualidad son muchos los relatos que oímos, cada vez mas increíbles y elaborados, al grado tal, que mejor no hacemos caso de ellos.

La corrupción tiene también un origen histórico, y ésta es una de las malas herencias que nos dejaron los conquistadores. Inició luego de la caída de Tenochtitlán, en 1521, cuando se oficializa, por así decirlo, el Reino de la Nueva España, ya que Carlos V le había prohibido a Hernán Cortés la aplicación del sistema de encomiendas, mismo que, pocos años antes, mas que beneficiar, perjudicó a la población de las islas del Caribe. Las riquezas de la Nueva España eran muchas, así que no sería conveniente aniquilar la población local, como sucedió en las islas.

La encomienda era un sistema en donde cada español tenía a su servicio a miles de indios, los cuales deberían de trabajar de forma esclavizada para ellos, obteniendo con su trabajo, en ocasiones, ni siquiera para comer.

   Cortés, a pesar de la órden del Emperador Carlos V, otorgó en Coyoacán el título de encomendero a cerca de 500 españoles que habían participado junto a él en la toma de la Gran Tenochtitlán, quedando de este modo a cargo de las numerosas poblaciones ya existentes dentro de la recién creada encomienda, algo asi como lo que actualmente es un municipio.

A varios de estos burdos e ignorantes soldados les tocó la tarea de iniciar la flamante dominación española en México, cada encomendero dominaba a plenitud su señorío, era como una especie de Rey local; así, podía atacar cualquier subordinación incluso de los caciques que prevalecían desde la época prehispánica a quienes nombró en algunos casos sus auxiliares para la recolección de los tributos y a quienes dotó de armas y caballos para su mejor desempeño.

Siendo el territorio de la Nueva España tan grande y desconocido, los encomenderos comenzaron a burlar el pago de los tributos o impuestos, el conocido como "quinto real" no llegaba a su destino y quedaba en manos de los conquistadores, ahora ungidos con el nombre de encomenderos. El sistema oficial, es decir, el Virreinato, creó, digamoslo así, su propio SAT, al introducir el concepto de alcabalas o aduanas interiores a fin de evitar esa evasión fiscal. Al final se dio el origen de lo que ya todos conocemos, los impuestos recabados, aun con las alcabalas, no llegaban a su destino y quedaban en las bolsas de los propios recaudadores. Es decir, los sobornos se instituyeron desde entonces.

Si pensamos que las cosas terminaban allí, estamos equivocados, pues el propio Virrey Antonio de Mendoza, fue acusado de recibir dádivas y regalos a fin de aumentar las extensiones territoriales de algunos encomenderos, él mismo fue acusado de no distribuir los dos mil Ducados oro que anualmente recibía como sueldos al aparato burocrático que ya habían establecido en la Nueva España.

Eso sucedía en la Nueva España, mientras tanto en España el Quinto Duque de Lerma  hacía de las suyas, esa historia la veremos mas adelante.


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