lunes, 21 de junio de 2010

Parece que fue ayer, Un viaje a México en 1864


Ahora han sido días de abundantes lecturas pues, simplemente, no puedo accesar a la computadora donde tengo mis archivos debido a los consabidos virus, producto de la más aberrante parte de la mente humana, lo digo porque es un humano el que los crea, en fin; con paciencia Jobiana esperaré una semana, tal vez más, a que sea limpiada y pueda incluir las consabidas fotografías en los artículos. El provecho de estas lecturas aquí te lo comparto, pues aunque no lo querramos aceptar, parece que fue ayer...

La condesa Paula Kolonitz llegó a México el día 28 de mayo de 1864. Vino formando parte del séquito de Carlota durante la travesía de Miramar a Veracruz. Pisando suelo mexicano cesaban sus funciones, pero permaneció casi seis meses en nuestro país y en este libro nos cuenta sus impresiones... con un empeño que en ocasiones pretende acercarse a lo científico pero que su romanticismo ahora en el más dulce almíbar, observa nuestros paisajes, nuestra flora y nuestra fauna... La obra fue publicada en Viena en 1867 y traducida al italiano en Florencia, en 1868. Yo la traduje de este último idioma... eso lo escribe Neftalí Beltrán.

Este diario de viaje, por si no lo has leido, te dará una idea de lo que era México en 1864 hace casi siglo y medio, al leerlo nos damos cuenta de lo poco que hemos avanzado. De entrada inicia con algo que a todo Jarocho molestará de seguro (lo de las grabaciones a los comentarios del Gober es mera coincidencia): "No hay lugar en el Nuevo Mundo cuyo aspecto tan mal satisfaga las ansias y expectativas de quien llega con el ánimo lleno de esperanzas, como el de Veracruz... Me sorprendió la gentileza que domina entre las más bajas clases mexicanas. Los cocheros, apenas llegan a las estaciones, estrechan la mano del ayudante usando la palabra señor... A nuestras palabras de agradecimiento, a nuestras exclamaciones de alegría y de admiración se respondía con aquellos largos párrafos que acompañan siempre a la hospitalidad y el obsequio mexicanos, intercalando la celebérrima frase "a la disposición de usted", que tiene una parte muy principal. En realidad el mexicano considera al huésped que alberga bajo su techo como si fuera su propio patrón..."

Y esta austriaca, que en avanzada a México, veía los preparativos para el recibimiento de Maximiliano, de pronto nos hace ver algo que, si somos inocentes (con P) nos sorprenderá, pero si somos analíticos nos reafirmará eso de que Roma no se hizo en un día y lo que hoy sucede en México se viene cocinando desde hace ya tiempo, veamos: "La inminente llegada de la pareja imperial ocupaba todos los ánimos y todos los trabajaban. Aquí surgían arcos de triunfo, allá se decoraban las iglesias y las casas, se hacían preparativos en todas las calles. La multitud no se cansaba de pedirnos informaciones sobre la pareja imperial y sus cualidades físicas y morales. Todos se decían gratísimos, reconocidos porque el emperador y la emperatriz habían abandonado su país natal, la familia, y atravesando los mares en un larguísimo viaje para reinar en una nación que una serie de desventuras , de guerras civiles, de cadenas de engaños, de codicia y de avidez, habían precipitado en la más profunda corrupción; donde los habitantes habían perdido no solamente las virtudes morales sino hasta el concepto de las buenas costumbres y la honetidad. Con una resignación y un juicio muy característico, y que tenía algo de doloroso, decían de sí mismos que entre ellos no había más que ladrones y pícaros". Creo que ahora vamos entendiendo la razón por la cual digo que parece que fue ayer.

Paula Kolonitz nos va describiendo el paisaje de los lugares por donde pasa, Orizaba y Puebla, entre otros. Finalmente llega a México y "como la hora y el día de nuestra llegada eran inciertos, cuando nuestras carrozas entraron en el gran patio fue grande el aspaviento y el estupor de los tapiceros y de los intendentes, que nada habían preparado. En nuestro cuarto se martilleaba y se golpeaba;..." lo dicho, parece que fue ayer.

Y, dentro del estilo y gustos propios de la Europa decimonónica, encontramos que "a pesar de que la simplicidad reinaba en todo, faltaba el buen gusto en los ornamentos... En México no saben aprovechar los materiales que en abundancia ofrece el país y con los cuales la esplendidez y la solidez se lograrían generosamente... En todos lados se usan los productos de Europa y a precio de oro traen de más allá de los mares las telas y los muebles". Aquí cabrá recordar que ahora las cosas son al contrario, el mal gusto sigue, pero los precios son bajos y vienen de la basura que China produce en abundancia.

Y, cual si fuera ayer, la escena se vio y se describió así: "Nada estaba preparado y no tenían modo de conseguir las cosas que necesitaban. Pronto comenzó la confusión. Nadie era tan inteligente y benévolo como para ser capaz de dirigir y ordenar".

Finalmente llegamos al punto en el que si no te hubiera dicho que esto se escribió en 1864, igual podrías pensar que lo copié hoy de algun periódico de cualquier ciudad de la República Mexicana: "Y sin embargo tenía razón, porque todos robaban, no solamente los malandrines que desvalijaban las diligencias y asaltaban las haciendas. Los que dieron el más espléndido ejemplo fueron los presidentes de la república. Electos por sólo tres años eran ordinariamente mucho antes de derrumbados por algún rival, por lo cual aprovechaban el breve tiempo de su poder para enriquecerse y poner en los altos puestos de la república a sus parientes, a los cuales de este modo se les ofrecían las mejores ocasiones para amasar dinero y hacerse poderosos. Y así era desde el más alto empleo hasta el más ínfimo. Hombres de industria, sacando maliciosamente ventaja de los embarazos del gobierno, sabían obtener las más grndes conseciones para esta o aquella especulación, con los más desventajosos pactos para el bien público. De tal modo se enriquecieron muchos en brevísimo tiempo. La avidez del dinero es, en general, uno de los mayores defectos de los mexicanos".

Al terminar la agradable lecutra de Un viaje a México en 1864, me pregunto lo que pensaría la condesa Klonitz si viera que aquello de hace siglo y medio eran apenas los preparativos de lo que, lamentablemente, es hoy en día nuestro país... Ni habalr, parece que fue ayer...

Los textos han sido tomados del libro de Paula Kolonitz, Un viaje a México en 1864. Traducción del italiano de Neftalí Beltrán. FCE. Lecturas Mexicanas 41. México, 1984.

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