miércoles, 30 de julio de 2014

Frontera Corozal, Chiapas, a la orilla del Usumacinta

   Andamos por Chiapas, en uno de los tantos rincones que tiene y que son la parte más sur del país, la parte en donde un río divide, territorialmente, a México de Guatemala: el Usumacinta. La razón por la cual llegamos a un punto tan distante, casi abandonado en la geografía nacional es uno: allí se encuentra el embarcadero para salir río abajo, rumbo a la extraordinaria zona arqueológica de Yaxchila, pero, momento, ¿dije extraordinaria? me corrijo, es un sitio ex-tra-or-di-na-rio.

   Veras que en algunos mapas y guías aparece ese punto del embarcadero con el nombre de Frontera Echeverría, ese nombre, claro es, hace alusión al que fuera Presidente de la República entre 1970 y 1976 y fue nombrado así debido a que el punto se conocía ya como Corozal, la razón del nombre es sencilla, el corozo es la fruta de un tipo de palmera que crece abundantemente en la selva lacandona y en muchas otras partes tropicales del país, de centro y parte de Sudamérica, por consecuencia un corozal es un palmar. Pero, estando en México, más aun en la época del presidencialismo y protagonismo propio de Echeverría, debido a que él firmó en 1972 la creación formal de una comunidad, que estaba dispersa en la selva y se concentró en Corozal, el nombre del sitio fue registrado como Frontera Echeverría.

   Lo que vemos en la toma es la oficina del Instituto Nacional de Migración, debido a que este punto es un cruce fluvial fronterizo, hay lanchas que te llevan de México a Guatemala, es decir, de Frontera Echeverría, Chiapas, México a Bethel, Petén, Guatemala. Y el recorrido es fascinante, más aun en el otoño, cuando el Usumacinta va a su máxima capacidad. Leo en un estudio que se hizo de la zona por publicado por la Universidad de Indiana lo siguiente:

  "Esta comunidad fue creada en 1972 mediante la publicación del Decreto Presidencial que restituyó a 66 familias lacandonas con 614,321 ha en la región. Con ello, numerosos poblados choles y tzeltales que previamente habían colonizado espontáneamente el territorio de la Selva Lacandona quedaron incluidos dentro del polígono de los Bienes Comunales de los Lacandones en calidad de asentamientos irregulares (Vázquez, et al., 1992). Las autoridades agrarias les negaron, a estos núcleos irregulares, el reconocimiento como ejidos, pero les dieron la alternativa de reubicarse y concentrarse en nuevos centros de población que gozarían de beneficios en la forma de apoyos en infraestructura y bienestar social (SEDESOL, 1993). Como resultado, en 1976 se crearon los nuevos centros de población Frontera Corozal y Nueva Palestina Muench, 1998). (Para leer el texto completo, entra aquí.)

   En Corozal (prefiero usar ese nombre al de Echeverría, no por la cosa política sino fonética), lo que encontrarás es una posada con servicios básicos, un restaurante turístico, las habituales tienditas de la esquina con variedad de productos industrializados, el embarcadero y nada más. Un calor intenso en la primavera y un fresco muy agradable en el invierno. Si eres aventurero podrás llegar en una de las combis que salen de Palenque, haciendo infinidad de paradas a lo largo del camino, serán al menos tres horas de viaje, luego habrá que contratar la lancha para llegar a Yaxchilán o cruzar a Guatemala o recorrer algunos kilómetros del Usumacinta.

   Si los viajes aventureros no es lo tuyo, entonces en Palenque puedes contratar un tour organizado en el que llevarás un cómodo transporte con aire acondicionado que es un verdadera bendición en los tiempos de secas, irá directamente de Palenque a Corozal, hará una sola parada en el camino para desayunar, dado que la salida es a las 6 de la mañana, la lancha estará ya lista, así como la comida para cuando regreses de la vista a Yaxchilán, llevarás guía y el se encargará de todo. El precio habrá que verificarlo en las agencias de Palenque, sea cual sea el precio, el viaje lo vale pues el recorrido es interesante, la diversidad de paisajes sorprendente, la navegación por el río es magnífica y, por si todo esto no fuera suficiente, Yaxhcilán, sin lugar a dudas es una de las zonas arqueológicas más hermosas de México.

    Hace poco más de veinte años conocí el sitio, fue una verdadera aventura llegar, pues no había carretera asfaltada, era una terracería tremenda la que había que cruzar, ocho largas horas duró el recorrido, pasamos la noche en una casa de campaña a un lado de la pista de aterrizaje de Yaxchilan, y esa noche fue una de las mas sorprendentes e inolvidables de toda mi vida pues, a eso de las 3 o 4 de la mañana comenzó un estruendoso concierto de zarahuatos, (monos aulladores) que se prolongó hasta el alba, fue algo impactante...





















Cuando hablamos de trazas perfectas, será bueno voltear a ver a Corozal, Chiapas.

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