miércoles, 6 de agosto de 2014

Una modorra dominica que afecto gravemente en 1526. Modorra, la palabra.

    Pretendía seguir un tema en estos días, que es sobre los Conventos que hubo en el puerto de Veracruz pero, no es que haya caído en modorra, sino caí en la enfermedad de nuestro tiempo: la de no tener tiempo. Así que, a sabiendas de que en este Bable damos cabida a las palabras en desuso o de un emblemático arcaísmo, encuentro, por mera casualidad, una referencia a la modorra que me parece interesante y que me da pie para acudir al diccionario y ver cuál es, y cuál fue su significado. La curiosidad de la palabra estriba en que en lo personal la tengo registrada como sinónimo de flojera y, hace cuatro o cinco décadas era de uso común el manifestar la modorra que ciertas cosas causan, veamos:

    "Pero, en algún sentido, este primer viaje de los dominicos a Nueva España (el de 1526) fue un fracaso. Entonces, embarcarse para las Indias era una temible aventura, que podía terminar bien o mal. Efectivamente, durante el viaje, los dominicos, y otros seglares, como el mismo Licenciado Luis Ponce de León, que hicieron el mismo viaje, enfermaron e "modorra", (enfermedad contagiosa adquirida durante la travesía, y debida a la falta de aclimatación, que producía problemas intestinales y un sueño pesado..." (1) Ahora veamos lo que nos dice la Real Academia de la Lengua en torno a la palabra:

 modorro, rra.
(De or. inc.).

1. adj. Que padece de modorra patológica.
2. adj. Dicho de un operario: Que se ha azogado en las minas. U. t. c. s.
3. adj. Dicho de una fruta: Que pierde el color y empieza a fermentar.
4. adj. Inadvertido, ignorante, que no distingue las cosas. U. t. c. s.
5. f. Somnolencia, sopor profundo.
6. f. Sueño muy pesado y, a veces, patológico.
7. f. la hora de la modorra.
8. f. Mil. Segundo de los cuartos en que para los centinelas se dividía la noche, comprendido entre el cuarto de prima y el de la modorrilla.
9. f. Veter. Aturdimiento patológico del ganado lanar, producido por los cisticercos de los cenuros que se alojan en el cerebro y que pueden alcanzar gran tamaño.

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Fuente:

1.- Fernández Rodríguez, Pedro. Los dominicos en la primera evangelización de México. Editorial San Esteban. Salamanca, España. 1994. p.96

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