sábado, 4 de julio de 2015

A Pungarabato, cruzando por la sierra de Guerrero

    Llueve, llueve con ganas, me gusta y me desagrada a la vez. Me gusta porque el sonido de la lluvia es evocador, me gusta porque una vez que comienza a llover la paz se desarrolla, nos envuelve; me desagrada porque con la lluvia, cuando es intensa, me complica caminar. La lluvia es bella, de eso no hay duda. Esto que vemos en la foto es la presa Vicente Guerrero, en plena sierra guerrerense, la Tierra Caliente.

   Esta vez me “embarco” en un viaje diferente a los que habitualmente planeo, a esos que denomino “tiradas a perder”, voy con una encomienda, pues desde hace varios meses entré en un proyecto que trata sobre el rescate de la historia reciente del lugar del que soy originario, por reciente quiere decir que esa historia comenzó en 1957, casi a la par de cuando nací, pero, esa es otra historia…; ya tengo mi boleto, con las facilidades que hay ahora, desde cualquier “tienda de conveniencia” puedo comprarlo por anticipado, decido ir de Salamanca a México, salgo a las 9 de la mañana, llego a la Terminal del Norte, salgo derecho, subo al Metro y transbordo en La Raza para volverlo a hacer en Hidalgo. Esta vez no camino por las calles del centro, voy por el subsuelo, llego a Taxqueña. (Lo que vemos en la foto es el panorama nublado y verde del Bajío, justo al pasar por la ex hacienda de Merino.)

   Algo curioso me sucede en cuanto entro al metro, me adapto al agetreo de la ciudad, a ese ritmo que todo se debe de hacer rápido, recuerdo por cuál escalera debo salir, cruzar por los túneles que el comercio informal ha creado, entro en la terminal Sur, tengo suerte en 25 minutos sale un autobús rumbo a Pungarabato sitio al que me debo dirigir, pensé iban a ser 5 hora de recorrido, no es así serán 7, por suerte tengo dotación doble de tortas para el camino, solo compro un refresco, claro que lo hago en la calle, dentro de la terminal el precio se triplica, compro el periódico, no hay Universal, que es mi preferido, elijo Milenio... al poco estoy ya a bordo del autobús. Comienza el largo recorrido, enfilamos por un rumbo que no me es familiar, vamos por la Calzada de Tlalpan. (Lo que vemos en la foto es la autopista México-Querétaro por el rumbo de Arroyozarco.)

   Pasamos por Topilejo, vamos en dirección a Cuernavaca, pero no entramos, el autobús sigue su paso, y no nos detenemos hasta llegar a Iguala, han pasado tres horas, pensaba que habría bloqueos, que las paredes estarían pintarrajeadas, que habría manifestaciones, nada de eso, todo indica que la vida ha seguido su curso normal, de cierto modo, cargo un ligero temor, estos rumbos me son desconocidos y los medios se dedicaron a crear una imagen tan negativa que pensé esta sería zona de guerra. (Lo que vemos en la toma es la entrada Norte de la ciudad de México.)

   Hasta las líneas de transporte me son desconocidas, por cierto, notarás en esta toma se ve una raya negra, no se que pasaría pero media ventana estaba llena de agua, ahora me doy cuenta de que las ventanas de los autobuses son de doble vidrio.

   Una vez que el autobús salió de Iguala tomó dirección poniente y en menos de veinte minutos comenzamos el ascenso a la sierra, cada vez más elevada, cada vez las curvas más cerradas, cada vez la vegetación más tupida, la nublazón que había desde el Bajío hasta México, una vez que salimos de Cuernavaca terminó, y, en efecto, se comenzaron a sentir los efectos de la tierra caliente, la temperatura comenzó a ascender, el verde se volvió intenso y los panoramas impresionantes de la serranía se dejaron ver, uno tras otro, a cual más magníficos de todos, no sentí las siete largas hora de trayecto pues esto fue un verdadero festín para quienes solemos comernos los caminos  y sus paisajes con los ojos... te comparto la memoria gráfica de ese viaje.

 El que será el segundo piso de Tlapan.

 El Tepozteco, estábamos pasando por Cuernavaca.









 La patria es primero, frase de Vicente Guerrero, por ahí doblamos para entrar en la Sierra.



 



  Esto lo vi, pero no alcancé a tomar una fotografía, uso la de Google Maps, se trata del monumento a Cuahutémoc, en el entronque a Ixcateopan.







  Otro monumento que aparece en el camino y que ya oscureciendo, no me fue posible retratar, se trata de la cabeza de Lázaro Cárdenas, en el municipio de Tlapehuala, poco antes de llegar a Ciudad Altamirano.


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