viernes, 10 de julio de 2015

Marchanteando por la Tierra Caliente de Michoacán y Guerrero

    El término tal vez no sea aceptado por la RAE, pero bien sabemos que, dentro de las varias palabras que se crearon en México está la del Marchante que es aquel que vende en el mercado, en ocasiones el marchante no es el que vende, sino el que compra, por lo tanto el acto de comprar (o vender) creo es el de marchantear. Yo no fui a los mercados de la tierra caliente a comprar, fui más bien a ver, a ver el color, las formas, los olores y los ambientes que se crean en los mercados del México profundo, ese que no está en las guías turísticas por lo que, son los lugares en donde las cosas suceden con mayor autenticidad, de pronto no veo que agrade el que llegue a tomar fotos, la pregunta surge ¿para qué toma fotos?, en otras le ceño se frunce en señal de que la lente no es precisamente bienvenida, en otras, el brinco que hace la persona que está allí para no salir en la foto es más que notorio y en la mayoría de los casos la mano que tapa la cara sale en señal de que "a mi no me gustan las fotos", así que, a sabiendas de eso, las tomas que hago son, casi casi a hurtadillas.




 Estas son ciruelas secadas al sol, no es ciruela pasa, sino de la amarilla, se usa para un guiso tradicional de la Tierra Caliente.

 Pinole.


 Semillas para el pipián.


 Esta es una exquisitez, se trata de ajonjolí con piloncillo, su nombre: Panochitas.





 

 Mangos y nanches.

 Esta es una auténtica jarciería.

  Estos atados se hacen con una docena de capas que se obtienen (creo) de las palmeras, se atan y sirven para ponerse en lo lomos de los burros para luego poner encima una cobija y montarlo. Al menos fue lo que entendí en la explicación que me dieron.

 Cacahuates.

 Es la mera temporada del nanche.



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