viernes, 24 de mayo de 2019

Los Romero de Terreros, descendientes del hombre más rico de Nueva España

   Quienes me siguen por aquí, por blog diariamente, que son a lo sumo dos docenas de personas, a veces menos, saben que de un tiempo para acá no publico con la consistencia que antes lo hacía, esto, como lo comenté el día del X Aniversario, es debido a que tengo exactamente el mismo padecimiento, síndrome y carencia que todos en este siglo XXI tenemos; mejor dicho, no tenemos: tiempo. Esta falta de tiempo es relativa pues el tiempo que antes dedicaba al blog, ahora se lo dedico a transcribir documentos a leer y leer relaciones y más relaciones, a escribir y corregir y volver a corregir el texto que desde hace un tiempo se me metió en la cabeza y que decidí desarrollar cabalmente (en medida de mis alcances), se trata de la vida de Diego Rul, el que fuera primer conde de Casa-Rul. La razón es muy clara: él vivió diez años en Salamanca, Gto., y esto es poco sabido.

  Lo que sí se sabe es la relación que tuvo con la familia del Conde de la Valenciana, pues casó con una de sus hijas. Y tuvo también relación con el Conde de Regla, el segundo que llevó el título y es por eso que debí entender lo mejor posible como fue esa relación, más que social, comercial entre ambos condes y para ello fue necesario consultar archivos. Es por eso que aquí veras unas pocas imágenes de documentos que hablan del Conde de Regla y, al ir adentrándome más y más en la historia de esa familia, me dio la oportunidad de entender un poco más de lo que era la vida cotidiana en el México virreinal de la última década del siglo XVIII.

   Esta vez comparto un texto magistral del maestro, claro es, John Tutino, el cual no da un resumen claro y preciso de lo que fue esta familia Romero de Terreros que nos ayuda a complementar todo lo que sobre el tema he comentado #minas, #nobleza, #haciendas, #personajes, #pulque. La imagen que vemos ahora es la multicitada (en nuestros días) Santa Lucía, una de las tantas haciendas del Conde de Regla.

  El conde de Regla [...] Don Pedro Romero de Terreros abandonó Extremadura para unirse a su tío en el comercio en Querétaro. La muerte del tío permitió a don Pedro adquirir la tienda, comprar un obraje, abrir una segunda tienda en Real del Monte y empezar a financiar las minas del lugar. Invirtió casi dos millones y medio de pesos de 1741 a 1762, cuando se hizo su bonanza, la cual ayudó a sacar la economía de la plata de su depresión de mediados del siglo XVIII. De 741 hasta su muerte, en 1781, pagó 2'553,109 pesos en impuestos y honorarios a la corona, lo cual sugiere que la extracción de plata fue de aproximadamente 20 millones. A su muerte, dejó propiedades mineras y agrícolas valuadas entre 4 y 5 millones.

 Por sus contribuciones a la Real Hacienda, don Pedro obtuvo el título de Conde de Regla. Para sostener a la familia que llevaría su nombre, invirtió prácticamente toda su riqueza en las propiedades de tierras. Empezó la operación de haciendas para apoyar la minería: a partir del decenio de 1760 financió las propiedades de los jesuitas cercanas a Real del Monte y facilitó el suministro de alimentos, ganado y provisiones a sus propias minas. En el decenio de 1770 compró varias haciendas cercanas y convirtió algunas de ellas en beneficiadoras de plata, mientras que otras las dedicó al cultivo y pastoreo para sostener la minería. En el decenio de 1780 ya era el principal terrateniente de la Nueva España. Cuando el régimen expulsó a los jesuitas en 1767, expropió las haciendas que habían sostenido sus colegios, seminarios y misiones; el conde de Regla tenía la influencia y la riqueza necesaria para obtener las propiedades más valiosas de la Compañía. Existe un debate sobre la cantidad que pagó, pero no así sobre el valor de las propiedades adquiridas.

  Cuando falleció en 1781, el conde de Regla dejó tres títulos y seis legados a seis hijos: el mayor, don Pedro Ramón, se convirtió en el segundo conde, con un legado por un valor de 1'550,000 pesos que incluía propiedades urbanas en la capital, minas y refinerías en Real del Monte, así como haciendas valuadas en 660,000, principalmente en la gran propiedad de Santa Lucía, que dominaba la economía del norte del valle de México y el cercano Mezquital, entre la capital y sus minas. El segundo hijo, don José María, recibió el título de Marqués de San Cristóbal; su legado incluía unas haciendas que valían casi 450,000, algunas en las cercanías de Real del Monte, otras, en San Juan del Río, en el Bajío, más unas lejanas tierras de pastoreo. La primera hija, doña María Micaela, recibió el título de Marquesa de San Francisco, y su legado fue aproximadamente 600,000 incluidos 440 000 en tierras de Acámbaro, en el Bajío. Las tres hijas menores no heredaron títulos pero recibieron legados valuados en más de 600,000 la mitad en haciendas y la otra mitad en propiedades urbanas que incluían las pulquerías; sus tierras se extendían también desde la región pulquera del noreste de la ciudad de México, a través del Mezquital, cerca de las minas de la familia, hasta el Bajío y el norte. El patrimonio de la familia era superior a 4 400 000, con haciendas valuadas en 2’534,747 pesos.

  Aparentemente, la herencia había fragmentado las empresas familiares, pero no fue así. Doña María Micaela, marquesa de San Francisco, nunca contrajo matrimonio y encontró su independencia en una vida basada en el Bajío, cerca de sus haciendas y lejos del poder de su hermano, pero sus hermanas menores no lograron escapar de él: el segundo conde obligó a doña María Dolores (que ya había rechazado una boda y se presentó renuentemente a la siguiente) a contraer matrimonio con don Vicente Herrera, juez de la Audiencia, quien obtuvo riqueza y una familia poderosa: el segundo conde de Regla tenía acceso a las alturas del régimen. Cuando un ascenso provocó que Herrera se uniera al consejo de indias en España, doña María Dolores tuvo que partir con él, dejando sus haciendas en manos de su hermano. Las hermanas más jóvenes nunca se casaron: el segundo conde administró sus propiedades mientras vivieron y las heredó cuando murieron, ambas antes de 1800.

  En cuanto a don José María, marqués de San Cristóbal obtuvo el título pero la herencia menos cuantiosa. Su veta rebelde marcó su vida: joven aún, intentó hacer carrera naval en un barco de guerra que su padre había construido para la armada española; de retorno en la ciudad de México adquirió mala fama por sus escapadas sexuales, y, cuando un matrimonio propuesto fue evitado por las dos familias, don José María huyó a España. Nunca contrajo matrimonio, pero dejó al menos dos hijos en la Nueva España; más tarde, obtuvo fama como José Terreros, médico del París Napoleónico que falleció en 1815 debido a sus experimentos con drogas que consumía voluntariamente; todo ello, mientras su hermano, el conde administraba sus haciendas y le pagaba un estipendio.

  Lo único que escapó al dominio del segundo conde de regla fueron las haciendas de su hermana la marquesa en el Bajío, pero, como su padre, gobernó estrictamente los asuntos familiares. Un acertado matrimonio, concertado por su padre, se sumó al poder de la familia: en 1780, el segundo conde de regla contrajo matrimonio con doña María Josefa Rodríguez de la Cotera, nieta y heredera del título y la riqueza terrateniente del conde de San Bartolomé de Xala, precursor del negocio del pulque. El matrimonio significó la fusión de los dos mayores productores de pulque y propietarios de pulquerías en la ciudad de México. El segundo conde de Regla extendió su riqueza terrateniente mucho más allá de lo que había dejado su padre, y éste había dejado las propiedades más valiosas nunca reunidas en la Nueva España.

Fuente:

Tutino, John. Creando un nuevo mundo. FCE. México, 2016, pp. 376-379

1 comentario:

  1. WOW. El conde de Regla si no me equivoco, fue propietario de la hacienda de Peñuelas aquí en Ags

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