viernes, 22 de junio de 2018

Las eras en las haciendas de Guanajuato y Aguascalientes

   Quizá algún día, explorando una hacienda en ruinas, topaste con un espacio circular, o con dos de ellos, normalmente muy próximos el uno del otro y, próximos también a los graneros o trojes. Quizá no encontraste explicación a lo que era esa construcción y pensaste que estaba, al igual que todo, arruinado. Eso que viste fue una era. Las hay en la Hacienda de Mandujano en Apaseo el Alto, en la Hacienda del Vicario, Jocoque, Obraje en Apaseo el Grande, en la Hacienda de San Blas del Pabellón, y seguramente en varias más; por ahora son las que recuerdo.

  Tenían éras destinadas para deshojar y desgranar las mazorcas, y graneros para guardar el grano. Estos eran cuadrados y por lo común de madera. Servíanse para esto del ojametl, árbol altísimo, de pocas ramas, y éstas muy delgadas, de corteza tenue y lisa, y de contestura flexible, pero difícil de romperse y rajarse. Formaban el granero, disponiendo en cuadro, unos sobre otros, los troncos redondos é iguales del ojametl, sin otra trabazón que una especie de horquilla en su extremidad, para ajustarlos y unirlos tan perfectamente, que no dejasen paso á la luz. Cuando llegaban á cierta altura, los cubrían con otra trabazón de pinos, y sobre ella construían el techo para defender el grano de la lluvia. Estos graneros no tenían otra salida que dos solas ventanas, una pequeña en la parte inferior, y otra grande en la superior. Los había tan espaciosos, que podían contener cinco mil, seis mil y aún más fanegas de maíz. Hay todavía de estos graneros en algunos puntos distantes de la capital, y entre ellos algunos tan antiguos, que parecen construidos antes de la conquista, y según me ha dicho un agricultor inteligente, en ellos se conserva mucho mejor el grano que en los que se acostumbran hacer en Europa.

  Cerca de los sembrados solían hacer unas torrecillas de madera, ramas y esteras, en las que un hombre al abrigo del sol y de la lluvia, estaba de guardia, y echaba con la honda á los pájaros que acudían á comer el grano. Aún se usan estos sombrajos en los campos de los españoles, por causa de la abundancia de pájaros que hay en aquellos países. (1)




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Fuente:

García Cubas, Antonio. Diccionario geográfico, histórico y biográfico de los Estados Unidos Mexicanos. Oficina Tipogáfica de la Secretaría de Fomento. Tomo III, México. 1889, pp. 65.66

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