jueves, 7 de julio de 2011

Algo sobre las fiestas del Centenario en Baja California Sur

Lo que vemos en la fotografía es, o en todo caso fue, un monumento que se levantó para recordar las fiestas del Centenario en el poblado de Santiago, Baja California Sur. No tengo idea de haberlo visto o de que alguien me haya comentado al respecto, sin embargo hurgando en la biblioteca local, encontré este par de fotografías que aparecen en un catálogo levantado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia en los años setenta y dan cuenta de ello. Se ve que la estructura es del ladrillo característico de la zona, uno que es de un color café rojizo, en su momento estuvo cubierto, quizá estaba pintado en blanco y no era otra cosa más que una especie de obelisco. Según se aprecia en la segunda fotografía, podría decir que está, o estuvo, localizado por el rumbo del panteón. Y hurgando un poco más encuentro esta anécdota que da cuenta del alcance de las fiestas del Centenario (1910) en este que era entonces, Territorio aun.


"Las condiciones de trabajo en la CCCP [Compañía Criadora de Concha y Perla] estaban acordes con la época; en ellas prevalecía la sujeción incondicional de los empleados a la voluntad del patrón. En el caso de los empleados en la Isla, estos deberían permanecer allá durante seis meses, viviendo en dormitorios y comedores comunes. Mediante diversas entrevistas, sabemos que don Gastón tenía actitudes paternalistas en las que premiaba la fidelidad y disciplina, pero castigaba duramente la insubordinación y la falta de honradez. Sin embargo, al comparar las condiciones de trabajo y los salarios de la CCCP con otras compañías dedicadas a la explotación del recurso perlero, las podemos considerar entre las menos injustas. Sin embargo, Vives tuvo que enfrentar algunas demandas de inconformidad de sus trabajadores, entre ellas las de un grupo de siete que vivían en la Isla del Espíritu Santo y que fueron encarcelados en vísperas de las fiestas del Centenario, pues, contraviniendo las órdenes de Vives de permanecer en la Isla, de no asistir a los festejos porque se embriagaban y después era difícil volverlos al trabajo, tomaron dos canoas de la Compañía y se embarcaron hacia La Paz. Vives los acusó, entre otras cosas, de robo de las canoas, y aunque fueron liberados a los dos días, después no les fue fácil conseguir empleo en las otras compañías perlíferas porque habían sido acusados "por un coloso enemigo como el señor Vives". (1)

Fuente:

Carinio Olvera, Martha Micheline. El porvenir de la Baja California está en sus mares. Vida y legado de don Gastón J. vives, el primer maricultor de América. SEP. México, 2000.

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