domingo, 19 de abril de 2015

Ciudades Utópicas: La migración europea a México en el siglo XIX.

  Hace tiempo que no tocábamos el tema de la migraciones a México, esta vez lo haremos basándonos en una serie de documentos que nos dicen cómo fue que comenzó ese movimiento que bien podemos considerar como una segunda oleada, en el entendido de que la primera fue a lo largo de los tres siglos que duró el virreinato, tiempo en el que, principalmente españoles se avecindaron en el territorio novohispano. También lo harían portugueses e italianos, quizá algunos alemanes, eso debido que España dominaba en esos momentos a los países de origen de esos personajes. Ya en el siglo XIX, consumada la Independencia México abría con cierta cautela sus fronteras, y estando Antonio López de Santa Anna en la presidencia, es cuando la idea cobra forma.

  En 1854 se decreta sobre lo Colonización Europea que dice: “Art. 1°.- Con objetos de hacer efectiva la colonización europea en territorio de la República de un modo conveniente, el ministerio de fomento, colonización, industria y comercio, nombrará en Europa uno o más agentes, que con los conocimientos necesarios sobre la extensión, riqueza y demás circunstancias favorables de este país, promueva y dirija la emigración hacia él, demostrando las grandes ventajas que ofrecen su suelo.”

   En el artículo segundo se aclaran puntos que, entre otras cosas, nos sorprenden: “Dichos agentes cuidarán de que la emigración se componga precisamente de personas que profesan la religión católica, apostólica y romana; que sean de buenas costumbres, y que tengan alguna profesión útil para que puedan desde luego dedicarse a la agricultura, la industria, las artes o el comercio” (1). El decreto es expedido en Palacio Nacional el 16 de febrero de 1854, y Su Alteza Serenísima lo firma, solo que no entra en funcionamiento dada la inestabilidad reinante.

   El siguiente intento se dará durante la presidencia de Ignacio Comonfort el 16 de junio de 1856, en buena medida lo que hace es retomar lo expedido por Santa Anna, agregando que “He dado cuenta al Exmo. Sr. Presiente de la República con las proporciones que V. ha presentado, relativas a establecer agencias en los Estados Unidos, que procuren dirigir a esta República alguna parte de los Emigrantes que allí arriban…” (3). Es nombrado Gabor Naphegyi como agente principal, él a su vez pondría sub agentes en los puertos de Boston, Filadelfia y Nueva York, estableciendo el pago de un peso por cada persona que dirijan a México. Se estableció entonces la entrega de un terreno a cada emigrante, para ser pagado luego de tres años, cuando ya debería estar establecido y produciendo, se asignarían las colonias en el estado de Veracruz y se crearía un de nombre Modelo, como ejemplo a seguir. En buena medida se estaba concibiendo una nueva Utopía en México.

   “1°.- Se establecerá en el Estado de Veracruz, en el lugar que el Gobierno designe como más conveniente, una colonia modelo que tenga por objeto hacer palpables las ventajas de la inmigración en la República. 2°.- Los terrenos que se elijan para el establecimiento de la colonia, serán ocupados por causas de utilidad públicas y sus dueños indemnizados conforme a las leyes. 3°.- El terreno destinado para la colonia, tendrá veintiunmil acres de superficie, de los cuales mil se destinaran para fundo de la población y los restantes para cultivo. 4°.- De los mil acres que se destinan para fundo de la población, se repartirán solares de treinta metros de frente por sesenta de fondo a cada uno de los colonos fundadores; el resto quedará a beneficio del fondo de propios, para que después de señalar el terreno necesario para iglesia, plaza, mercado y demás edificios públicos, se divida en lotes iguales a los que se hayan distribuido a los colonos fundadores, y se vendan a las personas que lo soliciten” (3), seguirán así más artículos, estableciendo las reglas para la adjudicación y el pago de terrenos.

   A estas leyes seguiría la invasión francesa y la creación del Segundo Imperio, tiempo en el cual se abre la posibilidad para iniciar esa colonización europea, serían alemanes los convocados y llegarían en número superior a los 200 a la nueva fundación localizada en Yucarán, la Villa Carlota, en Santa Elena, llegarían, dicen, engañados, la mayoría de ellos regresaría a Europa y el Imperio tendría un fin nada agradable. Este intento fue debido a que el 5 de septiembre de 1865 el emperador Maximiliano había expedido una Ley, la de Colonización (4) y la idea de una nueva Utopía quedaría en buenas intenciones.

   La Colonia Eureka, próxima a Tampico, sería poblada por franceses, en los terrenos que eran de la   hacienda La Cofradía, propiedad del francés Louis Foudré, mientras que cerca de Papantla se establecerían los italianos venidos de la entonces República de Génova, leo en Wikipedia: "Los italianos llegaron a Tecolutla y Papantla en plena guerra civil (Guerra de Tres Años o de Reforma), pero fueron abandonados por los mexicanos, porque sospechaban que eran mercenarios traídos para apoyar la causa liberal, en una tierra estéril que entonces carecía de infraestructuras y estaba infestada por el paludismo. Muchos de ellos murieron vencidos por el trópico. Fue un fracaso. Afortunadamente se trasladaron al rancho de "El Cristo", entre Gutierrez Zamora y Papantla, donde las tierras eran más aptas a la agricultura. “Sembraron maíz para la polenta; se dedicaron con éxito a la cría del ganado; supieron aprovechar la principal riqueza de la región: la vainilla” y triunfaron en un lugar que en el año 1981 el “Veracruz Económico” describe como “el más hermoso espectáculo agrícola que puede verse en México”.

  Si el tema te interesa, seguro encontrarás en este enlace, datos de lo ocurrido durante el gobierno de Lerdo de Tejada y la migración que promovió.

Fuentes:

1.- Legislación Mexicana. Imprenta de Juan N. Navarro. México, 1854, p.129

2.- Siliceo, Manuel. Memoria de la Secretaría y Despacho de Fomento, Industria y Comercio. Documento No. 17. Imprenta de García Torres. México, 1857, p.18

3.- Ibid. Documento No. 18, p.21

4.- Sánchez Novelo, Faulo. Yucatán durante la intervenció francesa. Maldonado Editores. Mérida, 1983, p.120

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