viernes, 3 de abril de 2015

La visita a las siete casas y la Semana Santa, vista en Valle de Santiago, Guanajuato.

   Entiendo muy bien que la tradición de la Semana Santa dependerá de la época y de la zona del país en que la vivimos. Creo que está más que claro que yo estoy por cumplir 60 años y que soy originario de Salamanca, Guanajuato, en el Bajío en donde se dice (muchos lo afirman) que todos somos “mochos” pero, como todo en esta vida, depende desde donde quieras ver las cosas. Aclaro algo que, para aquellos que me leen fuera de México y no conocen es el término “mocho” que es una de las varias herencias (la otra es el Himno Nacional) dejadas por Antonio López de Santa Anna, el dictador, que careciendo de una pierna (misma que perdió defendiendo la soberanía nacional y por la cual se le dio el título de Benemérito) y siendo muy apegado a la religión, se le conocía como El Mocho, por lo cual, dadas sus simpatías con el catolicismo, por Mocho entendemos todo aquel muy allegado a los ritos, costumbres y tradiciones católicas.

   Para mí la Semana Santa es un traslado en el tiempo, de cuando iba de la mano de mi mamá a la visita de las Siete Casas, implicaba una caminata bajo el rayo del sol, ella vestida de negro, es decir, de luto, con mantilla (que muchas veces era española auténtica, de las de Sevilla), en silencio y, una vez instalados en el templo, comenzaba la letanía que entonces me parecía larga, y que ahora añoro volverla a oír… un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, esto último me gustaba repetir una y otra vez: "...como era en un principio, ahora y por ahora... por los siglos de los siglos... Amén."

    Una  vez que acabábamos los rezos, mismos que si no repetía, con la inquisitoria mirada que ella “disparaba” me obligaba a hacerlo, salíamos del templo que si algo tenía era el aroma de la manzanilla, dejábamos una limosna y, a cambio, recibíamos un pan, (ácimo, creo le dicen) y un mazo de manzanilla, ya para la séptima “visita” lo que cargaba era una buena cantidad de pan y dotación de manzanilla para todo el año, la cual ella la guardaba para los casos especiales, según su creencia, pues era algo que consideraba precioso que, en caso de necesidad, lo transformaría en té que sería cuál pócima mágica, lo que nos sacaría de enfermedades.

   Si algo me maravillaba de hacer la Visita de las Siete Casas era la oportunidad de ver los decorados de los templos, todos magníficos, todos extraordinarios, todos monumentales, por algo se les llamaba justo con ese nombre: Los Monumentos. Invariablemente eran en blanco, a lo más se veían los matices del verde que le daba la manzanilla y del naranja que le otorgaba las naranjas agrias que se usaban como parte de los simbolismos de la celebración.

   Luego de mucho tiempo entendí la razón por la cual ella, mi mamá, cuidaba el naranjo agrio que había en el jardín de la casa y, especialmente las azucenas que, con precisión, crecían justo en la víspera de la Semana Santa, esa “cosecha” se iba para el templo de San Antonio, para que, naranjas y azucenas, fueran usadas en el Monumento que allí se levantaba.

    A largos y abundantes cincuenta años de que todo aquello ocurriera visualizo las cosa con evidente nostalgia. Ni yo soy el mismo, ni los monumentos son los mismos, los conceptos, creo, han cambiado también, la tradición la veo a punto de desaparecer o, siendo positivo, diré que de “evolucionar”, pero es hasta ahora que me entero de algo que nos dice la razón de la presencia del 7 en esta festividad y de su indudable y profundo simbolismo, lo comparto contigo.

    “El Jueves Santo, a la misa vespertina de la cena del Señor, sigue la adoración de la Eucaristía, que se reserva en el “monumento” como respuesta al amor de Cristo al darnos en banquete su cuerpo y su sangre y estar en vela con Él, en la noche en que inició su pasión, siguiendo sus consejos  “Velad y orad…” Mt. 26-41.

   Esta actitud de la Iglesia probablemente se debe a la práctica de las primeras comunidades cristianas de Jerusalén en la noche del Jueves Santo y en el día del Viernes Santo. Egeria, en la narración de su peregrinación a Jerusalén en el siglo IV, nos cuenta que todo el pueblo, grandes y pequeños, ricos y pobres de Jerusalén, en la noche del Jueves Santo se reunían en el Monte de los Olivos y se pasaban la noche en visitar procesionalmente los diversos lugares conmemorativos de algún episodio de la pasión del Señor.

    La devoción de las “visita de las siete casas”, tan arraigada en nuestro pueblo, practicada como adoración eucarística la tarde y la noche del Jueves Santo, tiene su origen, muy probable, en la devoción que existió en nuestro pueblo capitalino de visitar siete capillas de la Catedral Metropolitana en recuerdo de la primitiva comunidad jerosolimitana y en situación de las visitas que se hacen, en determinados días a las basílicas de Roma: San Pedro en el Vaticano, San Pablo extramuros, Santa María la Mayor, San Juan de Letrán, Santa Cruz de Jerusalén, San Lorenzo extramuros y San Sebastián extramuros”. (1)

    Otra de las varias obsesiones que tengo es la numérica, especialmente en lo que cada número encierra como simbolismo. Creo que el 7 nos dice de la humanización, al ser el 3 el número asociado a lo divino, y el 4 el relativo a lo terreno, al unirlos, 3+4= 7 nos dice de eso que vemos día con día. Y, más aun lo asocio con el Jueves, pues la semana es precisamente eso: la suma del 3 más 4. Son siete días, la celebración litúrgica es en Domingo, séptimo día, y es el Jueves el que divide la semana, de ahí la importancia de los 3 grandes Jueves: el Santo, el de la Ascensión y el de Corpus. De ahí que antes era el Jueves, día de descanso a partir del mediodía, igual que en Domingo.

    Y así, asociando ideas, la de Valle de Santiago con mi mamá, que nació allí, la de Domingos y Jueves, la de Semana Santa, la de recuerdos, añoranzas, nostalgias y demás, te comparto las fotografías que fui tomando en la Visita a las Siete Casas que ayer hice, los templos visitados fueron: La Santa Casa, el de San José (que estaba cerrado), la Parroquia de Señor Santiago, el siguiente no recuerdo su nombre, (foto que sigue), luego al de San Francisco, el Carmen, el Hospital y, el séptimo, la Merced, éste último bastante interesante en su construcción y la limpieza en su decorado interior.





























Fuente:

1.- Visita de las Siete Casas. Jueves Santo. II Decanato de la V zona pastoral del Arzobispado de México. Sin fecha.

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