miércoles, 1 de abril de 2015

El Camino Real de Tierra Adentro en su paso por algunas zonas arqueológicas.

   Hay varios modos de ver al Camino Real, el más recurrente, por obvias razones son los puentes, claro es que al hablar de un camino, esos elementos son indispensables. Nos hemos regodeado al mencionar que hubo ventas, mesones (escritos como mezones la mayoría de las veces), postas; hubo haciendas a la vera del Camino Real, ni que decir de las capillas, cruces y humilladeros. Cruzó por ranchos, pueblos, villas y ciudades. Muchos de estos elementos los hemos documentado, ahora volvemos la cara a otro lugar: las zonas arqueológicas.

   Creo te lo he contado, yo me desarrollé, profesionalmente, en el mundo del turismo organizado (soy administrador de profesión, con especialidad en turismo) y si algo sé es que los destinos de playa es lo que más atrae de México, y lo que más motiva a un viajero (especialmente del extranjero) es conocer las zonas arqueológicas que no siempre están cerca de los destinos de playa pero que, caso de Cancún y la Riviera Maya, su riqueza arqueológica es el complemento ideal al producto que se llama (técnicamente) “sol y playa”.

    Así pues, esta vez veamos al Camino Real de Tierra Adentro desde un ángulo que creo no se ha visto, que es su proximidad a varias estupendas zonas arqueológicas. Y si el Camino Real parte de eso que hoy conocemos como Centro Histórico, en la ciudad de México, tenemos allí un sitio excepcional: el Templo Mayor.

    No hemos cruzado siquiera una legua (usando la mediad intrínseca al concepto del Camino Real) y estamos no cruzando pero pasando muy cerca de otra excepcional zona arqueológica, la de Tlatelolco que ya es hora de que le demos la enorme importancia que tiene y no la veamos como una “decoración” a las tan pregonadas “tres culturas”, Tlatelolco fue la ciudad gemela de Tenochtitlan, era la dualidad manifiesta incluso en centros poblaciones, mismas que se transformaron en las dos parcialidades que, con evangelizados nombres se volvieron Santiago y San Juan (Bautista): Santiago Tlatelolco y San Juan Tenoxtitlan.

    A poco más de una legua del punto de partida (recordando que una legua equivale –en promedio- a 4-5 kilómetros, se localiza la zona arqueológica de Tenayuca, sito del que estamos viendo las imágenes que capté en una visita que hice recientemente al sitio que me sorprendió por tantas cosas, especialmente por estar enclavado en medio de una enorme masa urbana.

    El Camino Real seguía su rumbo al norte y pasaba por Tlalnepantla y Cuautlitlán, pasaba entre Tepotzotlán (a su izquierda) y Teoloyucan (a su derecha), cruzaba Tepexi del Río (me gusta más decirle San Francisco Tepexi), Tlautla y Soyaniquilpan. Enfilaba rumbo a Arroyozarco, pero antes, en un sitio llamado Las Ánimas, (por Teoloyucan) el camino bifurcaba, seguía también al norte entrando a Huehuetoca y continuando a Tula y en Tula, ni que decir, está una hermosa zona arqueológica.

    De la magnífica Hacienda de Arroyozarco continuaba a Polotitlán y San Juan del Río, allí, “atracito” de la terminal de autobuses hay un cerro, arriba del cual hay vestigios arqueológicos, los cuales no conozco aun, y, a tan solo 7 kilómetros está un punto enigmático: El Rosario. Cuando llega a Querétaro estamos muy cerca de un sito excepcional, no por su dimensión, sino por su contexto, más aún por su línea, la cual se asimila al Castillo de Chichén Itzá, esa zona arqueológica se llama El Cerrito.

    Según la información que se le dio a la UNESCO, el Camino Real seguía a San Miguel el Grande, pero bien sabemos que más bien seguía a Celaya (Salamanca, claro está) y Guanajuato. Pero tomemos esa vía, pues muy cerca de San Miguel está la zona arqueológica de Cañada de la Virgen que viene a destrozar (junto con Plazuelas y Peralta, todas en el Estado de Guanajuato) con la idea de que en la llamada Gran Chichimeca todos eran pueblos nómadas, pero esa es otra historia. Un poco más adelante, entre San Felipe y Ocampo, también en Guanajuato, está otra zona arqueológica más: El Cóporo.

   El Camino Real, según por donde te vayas, sigue a Zacatecas, uno se va por Lagos-Aguascalientes-Adames (San Francisco de los Adame), el otro por Ojuelos-Pinos-Ojo Caliente. No muy lejos de Lagos está otro punto arqueológico, a tan solo 19 kilómetros de San Juan de los Lagos, se llama Teocaltitlán, y es parte del municipio de Jalostotitlán, Jalisco, en los meros Altos. Y por Ojo Caliente, Zacatecas,  más que un sitio prehispánico, tenemos uno prehistórico: la Cueva de Ávalos.

    Y luego de Zacatecas enfilando por Sombrerete estaremos cerca de La Quemada, luego entramos en terra ignota (para mí, pues por allá no he andado) a Durango, en las proximidades de la capital de ese estado se localiza la zona de Ferrería y varias leguas, muchas jornadas más adelante estaremos pasando cerca de un sitio excepcional: Paquimé, en Casas Grandes, Chihuahua, llegaremos al Paso del Norte y luego, todo aquello se vuelve posesión de los Estados Unidos y de por allá, nada conozco, fuera de lo que virtualmente he podido documentar en el Nuevo Mexico.

    Dicho en otras palabras, al Camino Real de Tierra Adentro lo podemos ver desde tantos ángulos, como gustos y preferencias podremos tener en cuanto a organizar nuestras vacaciones, esto lo digo porque estamos por entrar en un periodo general de asueto. Serás afortunado si logras recorrer parte de este Camino que fue la columna vertebral de México, cuando se llamaba Nueva España.















1 comentario:

  1. Muy cerca de Tenayuca se encuentra otra zona arqueológica, la pirámide de Santa Cecilia, que queda exactamente entre Tenayuca y Cuautitlán.

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