lunes, 11 de enero de 2016

La proclamación de un Príncipe en Guanajuato

   Como bien lo había mencionado, en un artículo (o post, no me acabo de acostumbrar al anglicismo), la historia de las proclamaciones de la Casa Real española durante el virreinato se vuelve algo interesante lleno de eventos contundentes y, sobre todo, en la Nueva España, llenos de fiestas pues cada proclamación que se daba allá, en el otro lado del Atlántico, luego de seis meses o un año, cuando llegaba la noticia, acá se organizaba una monumental fiesta en la que las peleas de gallos, los toros y los desfiles eran cosas memorables. Un ejemplo de ello es lo sucedido en Guanajuato lugar que comenzaba a puntear como “la joya de la corona” debido a las riquezas que allí estaban siendo encontradas. Y como toda buena población rica, con abundante presupuesto, organizaban enormes fiestas cuando llegaba alguna noticia relacionada con esa Casa Real; sea un nacimiento, que un matrimonio, que una proclamación. Eso se entendió (de algún modo) como “la fiesta barroca”. Esta vez nos apoyamos en lo escrito por el presbítero guanajuatense Lucio Marmolejo en sus Efemérides y por Gustavo Casasola en sus 6 siglos para ver hasta dónde llegaba la “monumentalidad” y el boato de la fiesta.

   Comenzamos la historia en la última década del siglo XVII, cuando nace enfermo, dado que sufría de epilepsia, el que será Rey de España y que debido a su mal será apodado “El Hechizado”, su reinado estuvo en realidad a cargo de su madre, María Ana de Newrember, el rey se tituló Carlos II, no tuvo descendencia. Poco antes de morir designa al conde Felipe de Anjou como su sucesor. El Hechizado sería el último de la Casa de Austria, comenzaría la Casa de Borbón, la cual encabezará Felipe V, nieto de Luis XIV de Francia. “En la Nueva España, el 2 de abril 1701 se publica el bando anunciando al pueblo y al comercio que durante la celebración de las ceremonias de jura del Rey Felipe V, se adornen las fachadas que cuelguen luminarias por donde deberá pasar el estandarte real, y el que no lo cumpliere, se le multará con diez pesos. El día 4 con motivo de las fiestas de la Encarnación, dieron comienzo los actos preparados: a las diez de la mañana repicaron todas las campanas de todas las iglesias; en el tablado colocado frente a palacio, don Miguel de Cuevas sacó el estandarte y se fue a colocar donde se encontraba el virrey, el arzobispo, la real audiencia, todos los tribunales, los gobernadores con todos sus ministros. En el momento en que fue la proclamación, se soltaron al aire palomas, pájaros, y otras aves, la guardia real disparó sus arcabuces y volvieron a repicar las campanas, a las tres de la tarde se efectuó el desfile por las calles de la ciudad, pero un terrible aguacero, deslució la marcha. Calmada la lluvia se continuó con las ceremonias hasta que el virrey y el arzobispo regresaron a palacio y catedral. Por la noche hubo luminarias y una gran verbena en la plaza mayor“. (1)

   Diez años después en Guanajuato hay otra proclamación más pues “Ordena el Rey que sea solamente proclamado el infante D. Luis Fernando [el que al tomar el trono adquiere el nombre de Luis I] como príncipe de Asturias, cuyo mandamiento es comunicado al Alcalde mayor de Guanajuato, en 23 de Setiembre de 1710.” Al poco se celebrará en esa ciudad la proclamación del nuevo príncipe de Asturias con el boato propio de la época, era el 25 de diciembre cuando, “en este día y los siguientes se verifica en Guanajuato, con entusiasmo y esplendor extraordinarios, la proclamación del príncipe de Asturias, conforme a lo mandado en 27 de Mayo del año anterior. Hemos tenido a la vista una minuciosa descripción de esta gran fiesta, y de ella extractamos lo siguiente. 25 de Diciembre. —Con la anticipación conveniente estaba preparado junto a la puerta de las casas reales, un costoso tablado, que ostentaba un adorno verdaderamente magnífico; y en el balcón de las mismas casas se veía, bajo un rico sitial, el retrato del Rey Felipe V, como si presidiera la festividad. A las primeras horas de la tarde apareció una tropa de infantería, sumamente vistosa, formada por todo el comercio, y por otras muchas personas notables de la villa: iba presidida por el capitán Don Juan de Acevedo León, el cual vestía una gala muy costosa, y llegando al tablado hizo tres profundas cortesías dirigiéndose al retrato del Rey. Entonces el Almirante Don Vicente Cornelio Caralípeo, en su calidad de Alcalde mayor, verificó la proclamación, diciendo por tres veces: "Viva el Señor Don Luis Fernando, príncipe de Asturias, legítimo sucesor de la corona," y arrojando gran porción de monedas de plata a la numerosísima plebe que circundaba el tablado: hechas luego otras tres reverencias al retrato, recorrió las calles aquella brillantísima comitiva, hasta que llegó la noche, que semejaba al día, por la multitud de luminarias que ardían por todas partes, y por las espléndidas iluminaciones de los edificios públicos y particulares. Por último, frente a las casas reales, en la plaza mayor, y en la plazuela de Señor San Pedro de Alcántara se quemaron diversas invenciones de fuegos artificiales, desde la oración hasta las ocho, costeadas por los gremios de los barberos, herradores, dueños de panaderías y el 26 de Diciembre se hizo otra demostración y celebridad, tan espléndida, como la del día anterior yendo esta vez a la cabeza de la infantería, el capitán Don Domingo de Villanueva y Susquiza y el alférez don Francisco José de Morales, agregándose a todo esto un vistosísimo paseo a caballo. Iban en él los mineros y personas del comercio, sobre caballos costosamente aderezados y enjaezados, llevando cada caballero en sus manos una hacha de cera blanca encendida concurrieron también a este paseo, para darle más lustre los regidores y capitulares, y el alférez Don José Atanasio Villavicencio, que portaba un pendón magnifico de damasco carmesí bordado de oro; y concluyeron colocando las hachas ante el retrato del Rey, las cuales permanecieron encendidas toda la noche; practicándose lo mismo todos los demás días que duró la fiesta, [el] 27 de Diciembre salió en la noche una famosa mascarada y encamisada del gremio de los arrieros todos a caballo y con luces de cera; y llegando junto al retrato […].  Acabada esta loa, apareció otra brillante escuadra de a caballo, vestida con trajes moriscos, y uno de sus individuos recitó otra loa semejante a la anterior, que no insertamos por no ser más difusos

   28 de Diciembre.— A la oración de la noche, hubo otra máscara de encamisada, del gremio de los zapateros, todos a caballo, vestidos de gala, llevando un carro triunfal adornado con lujo extraordinario, que conducía debajo de un dosel, un niño costosamente vestido y aderezado, sentado en una silla, representando la persona del Príncipe: en el mismo tablado que se ha descrito, frente a las casas reales, se pronunció otra loa, diversa de las anteriores, aunque muy semejante en el estilo y conceptos.  [El] 29 y 31 de Diciembre se jugaron toros en la plazuela de Señor San Pedro de Alcántara, en una buena plaza que allí se improvisó. [Y para el 1° de enero] en el mismo lugar se representó una comedia, o loa en diálogo, titulada "Cuando no se aguarda;" y cuyos personajes fueron, el reino de España, el reino de Francia, el ducado de Saboya y el real de Guanajuato, habiendo sido todo el solemne festejo de este día por cuenta de los carpinteros. El asunto de esta comedia, aunque no fue muy corta, estaba reducido a una disputa suscitada por los tres países de Europa en ella personificados, acerca del derecho que a cada uno asistía, para ser el preferido en el honor de presentar al Príncipe de Asturias la corona de que era legítimo heredero: disputa que termina, apareciendo repentinamente el real de Guanajuato, que refiere brevemente sus méritos, la riqueza que proporciona a la real hacienda, y sus derechos consiguientes para ser quien presenta la corona, como en efecto lo verifica.” 

   El 4 de Enero tiene lugar la tarde de este día otro nuevo y magnífico paseo a caballo, por el gremio de los herreros. Lo presidía un personaje, cubierto con un traje espléndido, representando a Caltzonzí, último rey de Michoacán, y seguía luego un carro, semejante al ya descrito del gremio de los zapateros: abajo del sitial del Príncipe, iba sentado Cristóbal Vicente, indio principal, también ricamente vestido según el uso de los antiguos mexicanos, representando al Emperador Moctezuma, y a su lado se veía la Malinche. Adelante del carro, iban a pie otras muchas mujeres representando las matronas cortesanas de dicho monarca; y en seguida un gran número de indios embijados, cada uno con su arco y su carcax de flechas, llevando las matronas una bellísima águila dorada que reposaba arriba de un nopal. Detrás del carro, en fin, marchaba una lucida tropa de infantería, con un hombre a su cabeza, armado de punta en blanco, y con peto y morrión, representando la persona del Señor Don Fernán Cortés marqués del Valle. Frente a las casas reales recitaron una loa y cuando ésta concluyó, se hizo la aclamación tirando la Malinche y demás matronas, monedas y dulces, y tocando los teponascles, adifeses, pífanos y tambores que llevaban. En la noche los mismos herreros volvieron a salir en una encamisada, recorrieron las calles principales, recitaron otras dos loas, y se dio fuego a un vistoso árbol. 

   6 de Enero.—Se volvió a armar el tablado de la plazuela de S. Pedro de Alcántara, magníficamente adornado con tapicería y colgaduras de las mejores telas, el cual costearon los gremios de sastres y plateros, y se representó otra comedia titulada "El mejor par de los doce," siendo los personajes América, Europa, Asia y África. "Y con dicha comedia, dice el documento que tenemos a la vista, se cerró y dio fin a la celebridad, que fue una de las mejores que ha habido en esta Villa, y con el concurso de pueblo, el mayor que se ha visto por haber concurrido no solo el crecido número de personas que componen la jurisdicción, sino también de otras jurisdicciones, gente muy lucida y decente, con sus familias; sin que se experimentara la más leve desgracia, como otras veces se ha visto con menores concurrencias, merced a las acertadas disposiciones del Sr. Almirante y Alcalde mayor D. Vicente Cornelio Caralípeo." (2)

  Luego de poco más de 22 años de reinado, Felipe V abdica a favor de su hijo,  que será nombrado Luis I de España, dudo que en Nueva España se haya hecho algún festejo pues ese reinado fue efímero, solo 7 meses, en agosto de 1724 moriría, viéndose obligado  Felipe V a tomar nuevamente el trono. La noticia del deceso tarda casi un año en llegar a Nueva España en donde, como marcaba la tradición hubo un ceremonial en su honor: En sesión de este día, 30 de abril de 1725, “nombra el Ayuntamiento al procurador de la villa D. Francisco Matías de Busto y Moya, para, que arregle todo lo concerniente a las exequias, oración fúnebre, sermón y lutos precisos de los regidores, por la muerte del Rey D. Luis I, pocos días después tienen lugar dichas exequias con la mayor pompa. (3)


Fuentes:

1.- Casasola, Gustavo. 6 Siglos de historia gráfica de México. Tomo 1. Editorial Gustavo Casasola, México 1987. pp. 284

2.- Marmolejo, Lucio. Efemérides Guanajuatenses. Tomo II. Imprenta del Colegio de Artes y Oficios, a cargo de Francisco Rodríguez. Guanajuato, 1883. pp. 11-19


3.- Ibid. p.30

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