viernes, 19 de septiembre de 2014

El templo de San Francisco de Asís en Tepeaca, Puebla.

   Apenas veíamos en el artículo anterior algunos datos sobre la fundación de Segura de la Frontera, que podemos considerar dentro de las primeras ciudades españolas fundadas en México, por consecuencia los vestigios que allí existen son de esos a los que hay que poner mucha atención al detalle, por ejemplo esta escalinata que nos conduce al altar mayor del templo de San Francisco de asís. Al contar el número de escalones vemos que son precisamente 9, como 9 era el concepto bajo el cual se levantaban los templos en el antiguo México.

   Vemos un piso nuevo, del tipo "vitropiso", la elección menos afortunada para tan soberbio edificio, pero bien sabemos que en los templos, los fieles siempre buscan ofrecer lo mejor y, regularmente, se piensa que este tipo de materiales son los ideales para demostrar ese amor y cariño sea al pueblo que a la parroquia o al santo que allí se venera, pero no es mi objetivo adentrar en comportamientos ni en estudios sociales, mucho menos en tendencias, así que sigamos viendo el recinto.

   A Tepeaca llegué un lunes, por la tarde fui a conocer el recinto conventual pero el templo estaba cerrado y limitado el acceso al convento. Me comentaron que regularmente el templo lo cierran los lunes que es el descanso del sacristán, como quiera, aproveché para conocer el exterior y admirarme de la meticulosidad con que estaban elaborando la restauración de la pintura de la fachada principal, al día siguiente volví para maravillarme de este sitio.

   Hacía poco había visto una antigua litografía, de las de García Cubas, en donde se veía un plano de la Catedral Metropolitana y fue allí en donde noté que cuando se elaboraban bóvedas de nervadura cada una de ellas era diferente, así que en Tepeaca lo comprobé, así como lo puedes ver en esta imagen.

   El primer impacto que tuve en este templo fue grande, uno por su sobriedad, otro por su pulcritud y dimensiones, y, por si esto no fuera suficiente, las baldosas que se conservan justo al entrar en el recinto, que son las originales, nos dicen de una antigüedad notoria, las imágenes van casi al final de esta serie. De la imaginería religiosa ni que decir, hay piezas antiguas, otras no lo son tanto, y del mural que se conserva vemos algunos detalles que nos dicen que aquello era cosa elaborada. En eso estaba cuando el sacristán llega y me informa que está prohibido tomar fotos en el lugar. Así que seguí recorriéndolo con calma sin hacer más tomas.



























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