sábado, 15 de marzo de 2014

El templo de Santa Teresa la Nueva y sus reliquias de Santa Celeste. Centro Histórico de la ciudad de México.

  Contrastante es pensar en lo que nos toca vivir a todos nosotros en nuestra actual vida en México, y la que les tocó vivir a quienes construyeron los templos como los que ahora estamos viendo. Me explico. En esta vida actual, de pronto estamos inmersos en el reino de la desconfianza. La cosa más común en nuestros días es que, al pagar con un billete, de cualquier denominación, especialmente de 200 o 500 pesos (no incluyo a los de 1000 porque esos rara vez los quieren aceptar) son vistos a contra luz, o rayados con marcador invisible para cerciorase que no es falso. Curioso es que ahora, al visitar en plan meramente turístico y de interés histórico y artístico, nos topemos con la limitante de que está prohibido tomar fotografías, esto con el temor a que se difundan y los objetos de arte religioso sean, primero identificados, luego robados. 

   Y en la vida aquella que llevaron en el siglo XVII y XVIII, cuando levantaron estas portentosas construcciones, la vida les marcaba otra cosa: la vehemencia con que la religión se vivía. A manera de ejemplo tenemos ese culto que hay a los muertos y, peor aun, el culto a las reliquias que de personas que vivieron en santidad existía. Todo templo, para ser considerado un templo digno y de buen nivel debía tener sus reliquias, no una ni dos, sino varias, hubo el caso en que las reliquias no se limitaban a pequeños fragmente, astillas de huesos, sino a cuerpos enteros que, por algún motivo milagroso, se mantuvieron incorruptos o los cereros se encargaron de hacerlos aparentar como tales. Estamos viendo el templo de Santa Teresa la Nueva (había otro Santa Teresa, la Antigua). 

  "Este templo era parte del convento carmelita del mismo nombre, que tomó la misión de abrigar a mujeres pobres. Luego de heredar una fortuna y tomar los hábitos, su fundadora, Manuela Molina, lo dedicó a Santa Teresa de Ávila y lo mandó levantar sobre terrenos del viejo hospital para leprosos de San Lázaro. Su estructura data de principios del siglo XVIII y, como la gran mayoría de las iglesias de monjas, su nave corre paralela a las entradas y a la fachada de mampostería. El barroco original fue sustituido, dejando una atmósfera ecléctica entre manierista y neoclásica". (1)

  Y sucede que, al entrar en este templo vemos que, en la parte de atrás, esa que es donde estaba la sección reservada para que las monjas en clausura pudieran asistir a la misa sin faltar a su regla de estar aisladas del mundo, hay allí una reliquia que más que sorprendente es aterradora pues, nos muestra un cuerpo desencarnado en donde destacan los huesos de la que fuera una santa: Celeste.

  Todo un halo de misterio hay en torno a esta santa, si vemos el santoral encontramos que el 14 de octubre se celebra a San Celeste de Metz, santo, masculino que viviera en Francia en el siglo IV. De Celeste, en femenino, se dice que vivió en Córdoba, España y que fue decapitada, debido a que había abrazado la religión católica. A alguien se le ocurrió vestirla de novia y ahora se dice que tiene por patronazgo precisamente ese, el de las novias. A esto debemos agregar que la ficha que hay a un lado de la urna dice: "Aquí yace el cuerpo (reliquias) de Santa Celeste quien defendió su fe contra el gobierno del rey Abderramán II. Cuando se fundó este convento a principios del siglo XVIII, las religiosas carmelitas, con ayuda de su fundadora Manuela Molina solicitaron el cuerpo de Santa Celeste para tener así las reliquias de su cuerpo, para que los feligreses lo tomaran como ejemplo la vida santa de ella quien nunca negó su fe y amor por Cristo y fue una mártir siendo decapitada por mandato del rey Abderramán II". Como nos damos cuenta, verdadera información no hay allí.

  Las reliquias fueron traídas a México por los jesuitas, fecha y detalles los desconozco, intuyo que fueron ellos debido a que estuvieron depositadas originalmente en el templo de Loreto, localizado a cien metros del convento. 

"Reliquias de algunas imágenes de santos que se veneran en los templos siguientes, las que se exponen a la veneración de los fieles el día 1º de Noviembre de cada año:

En la Catedral, S. Primitivo, S. Teófilo, y Sta. María.- En la Colegiata de Nuestra Señora de Guadalupe, S. Plácido mártir.- En el templo de S. Francisco existía la de S. Constancio mártir.- En Nuestra Señora de Loreto, S. Celeste mártir.- En la Enseñanza antigua, S. Clemente, S. Cándida, S. Rubrineta, S. Rufo y un hueso del dedo pulgar de S. Juan Nepomuceno.- En Sta. Teresa la Antigua, Sta. Felícitas mártir. En la Nueva S. Adeodato mártir.- En la Concepción, S. Plácido mártir.- En Balbanera, S. Vicente mártir. En la Encarnación, Sta. Victoria mártir.- En el Convento de Nuestra Señora del Carmen, había una capilla interior llamada El Relicario porque contenía muchas reliquias, entre las que se hallaban tres cuerpos de santos mártires cuyos nombres se ignoran". (2)

  En estos datos, publicados en 1867, se mencionan dos cosas, una que las reliquias de Santa Celeste estaban en el templo de Nuestra Señora de Loreto, y que en Santa Tersa la Nueva, las que estaban eran las de san Adeodato. Pero no eran solo esas las reliquias de santos que había en la ciudad de México, eran mucho más:

  "Desde las primeras, hasta las segundas Vísperas de la festividad de Todos Santos, se pusieron patentes en todas las iglesias las muchas, y muy exquisitas Reliquias, que en ellas con toda veneración, en ricas Urnas, y preciosos relicarios se veneran: En la Santa Iglesia Metropolitana, el Cuerpo de san Primitivo, el de santa Hilaria, dos cabezas de las onze mil Vírgenes, de san Anastasio, de san Gelacio, de san Vito, y otras. En Santo Domingo, una muela del santo, el Cuerpo de San Hipólito Presbítero, virrete de san Francisco Xavier, zapato de san Pio V, un dedo y todo un libro de la mano de san Luis Beltrán, la Cabeza de santa Sapiencia, una muela de santa Catarina de Sena, y otras. En San Francisco, un hueso de san Antonio, otro de san Diego, una canilla de san Phelipe de Jesús, dos Cabezas de las onze mil vírgenes, un diente de san Lorenzo, y otras. 

En San Diego, dos Cabezas de las onze mil Vírgenes, una mano de san Pedro de Alcántara, y otras muchas. En San Agustín, una muela del Santo, hueso de santo Thomas de Villa-Nueva, sangre de san Nicolás Tolentino, de santa Lucunda y otras. En la Profesa, el cuerpo de san Aproniano, las entrañas de san Ignacio, su firma y otras. En San Phelipe Neri, muela del santo, sangre de san Francisco de Sales, huesos de san Bono, de santa Liberata, de san Donato y otros. En San Gerónymo, hueso del santo, un dedo de san Felipe de Jesús y la cabeza de santa Cordula; sin otras muchas que se guardan en las restantes iglesias, de que no se hace mención por excusar prolijidad" (3)

   Así las cosas con esto de las reliquias en la ciudad de México y, si este tema te interesa, puedes ver aquí las reliquias que hay en los templos de Salamanca, Guanajuato, en donde también estaba la reliquia de San Bernardino de Siena, solo que, esa ya voló...

  Esta es la Plaza de Loreto, al norte el inclinado templo de Nuestra Señora de Loreto, a la derecha el templo de Santa Teresa la Nueva.


Fuentes:

1.- Nueva Guía del Centro Histórico.

2.- Alfaro y Piña, Luis. Apuntes sobre la fundación de las parroquias de la ciudad de México. Imprenta Literaria. México, 1867. pp. 45-46

3.- Ignacio Castorena y Ursua (1722) y Sahún de Arévalo (1728 a 1742), Gacetas de México, introducción de Francisco González de Cossío, SEP, México, 1949, vol. I, pp. 134-135. En Bazarte Martínez, Alicia. Veneración de reliquias y cuerpos de cera en los días de los Fieles Difuntos y Todos Santos.Cuadernos de Patrimonio Cultural y Turismo No. 16. Conaculta, sin fecha. pp. 61-62

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