miércoles, 12 de marzo de 2014

Templo de Santa Cruz Acatlán, ciudad de México.

    Caminando por el rumbo sur-oriente del Centro Histórico, en lo que fueran los límites de la ciudad española que quedaban marcados entre la Parroquia de San Miguel Arcángel y la capilla de Tlaxcoaque, seguimos un poco más al sur, sorteando unas calles de intenso tránsito de vehículos y poca gente para toparnos con calles que, de pronto, están cegadas; las calles en sí continúan, pero hay maya ciclónica que impide el paso, se vuelve esto el paradero de varias rutas de microbuses. Rodeo y llego a un barrio el cuál despide un extraño olor, olor a viejo, a sucio y a descuido, todo esto emana de cientos de "pacas", diría que de varias toneladas de ropa usada que más de ser de segunda mando, quizá van ya por la tercera, esto se vuelve un termómetro social visto con los ojos de la realidad.

   Doy con la capilla de San Antonio Abad que, aunque dio nombre a una calle y a un barrio, quedó en el olvido y abandono durante varios años, cuando los padres Antoninos fueron cesados y abandonaron Nueva España. Veo que ese recinto está siendo restaurado pero no se ve nada pues está rodeado de paneles que no permiten apreciar del todo el edificio, como quiera, sobresale la torre y se ven los colores tan en boga que se dice fue la boga en siglos pasados, el intenso crema-amarillo-naranja, con matices de rojo-óxido. Sigo caminando, la verdad con un poco de temor por el ambiente de la zona y llego a una plaza, la de la Santa Cruz de Acatlán.

   Estamos ya fuera de lo que fue la ciudad española, eso que se dice ser "extramuros" aunque en realidad la ciudad de México nunca fue amurallada; como quiera la palabra nos indica que ya cruzamos los límites españoles y entramos en un conglomerado indígena, seguramente un pueblo o barrio, quizá un calpulli, llamado Xochiatlán, voz que derivó en Acatlán, según lo entendí.  Entrado el siglo XVII fue levantada allí una capilla, la de la Santa Cruz de Acatlán de los Rastreros... quiero pensar que ese nombre se deriva de Rastro y que en Xochitlán-Acatlán eran los trabajadores del Rastro los que allí vivían. Esto es una mera conjetura.

  De capilla pasó a ser templo franciscano, luego, en 1772, el arzobispo Lorenzana determina que esta será una de las 13 parroquias en que se dividió entonces la ciudad de México, comprendiendo los barrios de Ateponasco, la Candelaria, Santa Cruz Tultenco, San Esteban Yautla, San Francisco Tultenco y San Nicolás Tlaxcutitlán. Para 1850, a consecuencia de la epidemia de cólera morbus se crea un panteón administrado por la parroquia, para 1852 sería clausurado, seguramente por rebasar su capacidad. Para 1871, luego de las Leyes de Reforma, las secularizaciones, la Intervención, y demás etcéteras, el templo es clausurado en 1871.

   "Este templo, construido en tiempo del gobierno español, fue ayuda de parroquia de la de Sr. S. José, administrado por los religiosos de S. Francisco, y junto a dicho templo había también casa para convento. Se cree que para la administración de esta parroquia pasó al cuidado del clero secular en el mes de marzo de 1772 por disposición del Illmo. Lorenzana.

   "La situación de éste templo es de N. a S.; a ese viento la puerta y a aquel el altar mayor: además de éste tiene por la parte del O. tres, por la del P. tres: los cuales están dedicados a las imágenes de la Santa Cruz, Sagrario, Sto. Entierro, Sra. Sta. Ana, Nuestra Señora de los Dolores, el Señor de la Humildad y San Antonio de Pádua.

   "Los límites de esta parroquia, comprenden la calzada de S. Antonio Abad de guarda a guarda; al S. el camino que va desde la garita de la Candelaria hasta la de la Viga; al O., desde la acequia real que corre desde la Viga hasta encontrar con la de S. Antonio Abad; y al N., esta misma acequia desde la plazuela de Sto. Tomás, hasta la garita de S. Antonio Abad. La administración está encomendada a un cura y un vicario". (1)

    Este templo pasó a la administración, quiero pensar, de los padres Trinitarios. Esto lo deduzco debido a que en el altar mayor vemos a los santos "de bulto" que representan a los fundadores de la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos, San Juan de Mata y San Félix de Valois.

   Este es Juan de Mata, lo podemos identificar porque en su mano izquierda lleva su atributo: una iglesia. Casi no se ve porque la capa dragona lo tapa.


   Este es Félix de Valois, de pronto pensé que el venado era parte de la decoración navideña, como las flores de Nochebuena, pero no, se trata de un ciervo, que es el atributo de este santo.

   En ocasiones me han dicho que incluya mapas, ahora lo hago a sabiendas que si no conoces bien el Centro Histórico, aquello se vuelve una confusión quasi infinita. El punto número 1 es la capilla de Tlxcoque, donde desemboca la calle 20 de Noviembre si es que comienzas a caminar del Zócalo la verás luego de unas 15 calles. El 2 se trata de la estación Pino Suárez, en donde hay un templo a Ehcátl, la deidad del viento de los Aztecas; el 3 corresponde a la Plaza de San Pedro, que antes se llamaba Plazuela de San Pablo, allí hay dos templos que no vi porque en mitad de tanto vehículo si no te cuidas, no cruzas.... (y no ves lo que hay). El 4 corresponde a la capilla de San Antonio Abad, el hospital está desaparecido. El 5 corresponde al templo que hoy estamos conociendo.

   La Cruz que da nombre al templo de la Santa Cruz Acatlán, este es uno de los altares más extraños que he visto en los muchos templos que he visitado.


Fuentes:

1.- Adorno, Juan N. Memoria acerca de los terremotos en México. Imprenta de Mariano Villanueva. México, 1864. pp.39-40.

2 comentarios:

  1. Hola, quiero ponerme en contacto contigo pues estoy haciendo una investigación sobre el Fonatur y me interesa el trabajo sobre las villas juveniles del CREA, puedes enviarme tu mail. el mio vaniamoon@gmail.com

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  2. Una nota al margen sobre este templo: pese a la horrible decoración actual de su interior, en él se encontraba una obra tan notable como es el bautizo de Cuauhtémoc que ahora está en el Museo Nacional de Historia. Supuestamente, formaba parte de un grupo de cuatro grandes óleos que pertenecieron originalmente a la capilla de Talabarteros, que estuvo entre la catedral y las casas de Hernán Cortés, en la plaza del Empedradillo.

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