miércoles, 3 de febrero de 2016

De arrieros, caminos de herradura y troncales del Camino Real.

  Hace poco tuve el gusto de presentarme en Lagos de Moreno dando una plática sobre el Camino Real, cosa que vengo haciendo desde hace un año en diferentes ciudades que están dentro de la ruta del de Tierradentro. Yo expongo, sí, en efecto, pero a la vez aprendo, pues al abrir los comentarios y preguntas regularmente hay algo que me hace reflexionar. Esta vez lo fue la parte de la arriería, debido a que Lagos, por su localización, fue punto importante del otro camino, el de arrieros y fue, además, el segundo entronque del camino de Tierradentro, el primero estaba en Querétaro de ahí se seguía a San Miguel el Grande, San Felipe, Ojuelos, y demás a Zacatecas, eso era a la derecha. A la izquierda de Querétaro salía el de Acámbaro, Celaya, Salamanca, Guanajuato, Lagos, Aguascalientes, Zcatecas. Y era en Lagos, cuando se llamaba Santa María de los Lagos, se dividía, pues a la izquierda se seguía a Guadalajara.

  Ese rumbo de Los Altos, como lo vimos ya cuando anduvimos por los rubos de Encarnación de Díaz, (alias La Chona), un poco más al norte de Lagos, por allá llegaba ese camino de arrieros que venía de Michoacán y que seguía a Zacatecas pues buena parte de lo que producía el Bajío michoacano, iba a dar a ese real de minas. Si nos ubicamos en el tiempo, la avanzada española, encabezada por Olid y luego por Nuño de Guzmán, indicó (o descubrió) que Nueva España era más grande de lo imaginado, la avanzada fue por Michoacán, llegaron a territorio purépecha, la avanzada los condujo a lo que es hoy Jalisco y de allí a Zacatecas. Encontraron plata, la vida... y el derrotero del camino, cambió.

   Esos primeros caminos se trazaron (en todo caso se siguieron) para llegar de lo conocido a lo medianamente conocido y seguir a lo desconocido. Lo conocido era el entorno norte de la ciudad de México, lo medio conocido era el norte de Michoacán y parte de Jalisco, incluso la parte sur del actual Zacatecas, lo desconocido era lo que seguía al norte. Se tejerían historias y más bien leyendas, se buscarían las ciudades de oro: Cíbola y Qiviria, más allá pretendían encontrar la Fuente de la eterna juventud, y al sur El Dorado... pero ese Dorado pretendieron localizar en el occidente.

  Creo nos ubicamos ya en el tiempo, plena guerra del Mixtón, posterior descubrimiento de plata en los zacatecas, producción de granos y vegetales en Michoacán, el camino alterno, el de arrieros, se trazó. Partiría de por lo que luego se llamó Valladolid, rumbo a lo que hoy son Los Altos y de allí a Zacatecas, de ese modo se vitaba la profunda barranca. Se crearían dos tipos diferentes de arrieros: "Una diferenciación básica surge de las distintas distancias que caminaban las recuas. Había arrieros de carrera larga, que traficaban en las rutas principales de la ciudad de México a Nuevo México en el norte y a Oaxaca y Guatemala en el sur, o de la ciudad de México a Veracruz o Acapulco en el eje entre el Atlántico y el Pacífico. Aparte se transportaban bienes por todos lados por senderos poco conocidos, por ejemplo, a los reales de minas o a las misiones dispersas por la sierra.

  "Son estos arrieros de carrera larga los que en el imaginario histórico han quedado como los representantes típicos de su oficio. Pero, además, había arrieros en cada ciudad y en cada hacienda que se dedicaban a transportar productos a cortas distancias, que rara vez salían más que por unos días de sus casas, y muchas veces lo hacían en la mañana y regresaban en la noche como cualquier trabajador. Queda claro que las formas de vida entre los dos grupos –en un principio– se distinguían radicalmente, definiéndose los primeros por la movilidad en el espacio, por la ausencia de sus familias y, probablemente, por la inestabilidad de las mismas, y por relaciones sociales diferentes de las que construía la gente asentada de forma prolongada. No obstante, la separación tampoco es clara, para empezar, por la simple razón de que entre las distancias largas y las cortas había también toda una gama de distancias intermedias. Además, muchas personas cambiaron el estilo de su oficio en diferentes etapas de su vida. Había hombres jóvenes que buscaban la aventura y hacían largos viajes, para más adelante asentarse y formar familia. Y había asentados que por encargo, por aburrimiento, por discorcias familiares o por algún otro problema después de años se pusieron en camino, a veces sólo una vez para quedarse en algún lugar lejano y volver a su acostumbrado estilo de vida". (Para leer más entra aquí.)

  Al ver a detalle los estudios que se han hecho sobre los caminos alternos o secundarios o de arrieros, según los quieras nombrar, vemos que desde la salida de la ciudad de México había unos que hacían un recorrido más directo como el que pasaba por Chapa de Mota y seguía Querétaro o el que en ciertos documentos del AGN menciona el camino que iba de Acámbaro a Salamanca para luego seguir a Guanajuato, o los que iban de Guadalajara rumbo a Aguascalientes, sea por Nochistlán que por Encarnación que por la barranca.

  En un mapa publicado en el libro de la Guerra Chichimeca de Jim Powell aparece, en el capítulo relacionado al Camino Real un mapa que se ha vuelto punto referencial para la red de caminos que funcionaban en la segunda mitad del siglo XVI. En el vemos con la línea negra el trazo del Camino de la Plata, con línea punteada ese camino de arrieros que ahora nos interesa, partiendo de Acámbaro, con rumbo norte, llegando a un punto llamado "las adjuntas" donde confluyen los ríos Lerma y Laja, por ahí continúa a Silao-León-Lagos-Encarnación. En ese punto se juntan el camino de occidente, que parte de Guadalajara y que entronca rumbo a Aguascalientes y Zacatecas. Con el tiempo el ese camino se volverá un poco más directo entre Guadalajara y Lagos.

  Este mapa fue levantado en 1840 aproximadamente, tiempos de Antonio López de Santa Anna, cuando mandó levantar un informe de todos los caminos y la industria que entonces existía, con la idea de crear un Ministerio que incluyera todo, el de Fomento. Dentro de ese levantamiento están los caminos existentes en ese momento. Al ver la parte que va de León a Lagos notamos, en las inmediaciones de la Hacienda de Moya, el camino que partía al sur, rumbo a los Pueblos del Rincón, es decir, San Francisco y Purísima. Una de las curiosidades que muestra este mapa, es el llamado "puente sin concluir" en la zona nor-oriente de Lagos, que es, ni más ni menos, el afamado puente que se entreteje con la leyenda del puente que se pasa por arriba. Este mapa también nos confirma que el Camino Real de Tierra Adentro entraba a Lagos por la hoy calle de Agustín Rivera, por donde está el templo de la Merced.

  De Lagos partía en dirección poniente (aunque aquí lo veamos al sur, iba al occidente), pasando por un punto llamado Las Nazas, que quizá sea el actual San Jorge, Jarritas, tal vez pasaba por la Hacienda de El Jaral. Cruzaba un arroyo por el puente San Juanico hasta llegar a la Puerta de Miranda, ese era un crece de otro camino de arrieros, uno que iba al sur, rumbo a Leon, ese mismo continuaba un poco al norte rumbo a Buenavista, ese camino aprece punteado, lo cual indica un "camino de herradura", más al poniente al llegar al punto conocido como Agua de Obispo estaba el entronque con el camino de arrieros a Morelia.

  Pasando el punto llamado Mata Gorda, poco más adelante, rumbo norte parte el camino, de herradura, a Aguascalientes. Un poco antes de entrar a San Juan de los Lagos,  está un camino de herradura más, el que va a Teocaltiche y dentro del pueblo sale otro más a Teocaltitán de Guadalupe. El camino, marcado con línea doble, seguirá hasta Guadalajara.

   Tenemos ahora una idea más clara de lo que fue el Camino Real. De pronto hay quien piensa que había un solo camino en toda la Nueva España, o que era una limitada red de caminos. Nada de eso, es como ahora que tenemos autopistas, carreteras federales, carreteras estatales, caminos vecinales... Y como la cosa de la arriería se formaba en base a experiencia y a conocimientos heredados de padres a hijos, tenía también un lenguaje especializado. En el interesante texto de Gerardo Sánchez encontramos algunos de sus significados:

  "El oficio de la arriería fue hasta el siglo pasado uno de los pilares más importantes de la economía mexicana. Por ese medio las mercancías llegaban hasta los rincones más apartados del territorio nacional; gracias a los arrieros, los habitantes de las tierras frías podían intercambiar productos con los de las zonas cálidas y costeras. De esa forma, las muías y los burros, como vehículos  de transporte, eran el motor del movimiento comercial y origen de numerosas fortunas. El conjunto de animales que se utilizaba en el traslado de mercancías se conocía como recua o hatajo si se integraba por bestias mulares, o se le daba el nombre de chinchorro si era conformado por burros; “el término viene del muy castizo ‘chinchorrerío’ que significa pesadez, aflojeramiento, lentitud, características muy apropiadas de los sufridos animales, tan útiles como menospreciados”.

  “El hatajo lo integraba un grupo de cincuenta o sesenta mulas, manejadas en grupos de diez en diez que eran controladas por un número determinado de arrieros; en algunas ocasiones el número podía ser mayor, pero nunca llegaba a pasar de doscientas. Por lo general los arrieros eran cuidadosos con sus muías y era raro ver a éstas lastimadas; ya no representaban únicamente una inversión de capital, sino un medio de trabajo que dejaba grandes ganancias. Por otro lado hay que hacer notar que “una mula no olvida por mucho tiempo los malos tratamientos... cuando se hace arisca y pateadora es peligrosa para el que la maneja”

   “Sin embargo la fuerza, el tamaño y color de las mulas no era un obstáculo para que algunas no fueran mañosas, si no se tenía la precaución de que recibieran desde el principio una buena formación. En su fase de preparación requerían de una severa vigilancia, de lo contrario podrían adquirir modales no muy satisfactorios para sus futuros conductores, por eso “se les daba un tratamiento especial en el espinazo a base de masajes y fomentos para endurecérselos y evitar que se les hiciera pando; y por fin calzarles adecuadamente sus herraduras; entonces estaban listas para ingresar al transporte organizado de carga a gran distancia”. De no ser así podían adquirir las mañas de tirar la carga, o de convertirse en echonas. Entre otros modales que aprendían las mulas, y de los que amargamente se quejaban los arrieros, eran los de aquellos animales llamados zorreros “que al estarlos cinchando inflaban tanto la panza que al ponerse en camino y volverla a su estado normal les quedaba flojo el aparejo, se les corría y se les desnivelaba la carga a los pocos pasos. Pero como para uno que madruga hay otro que no se acuesta, los arrieros sabían el remedio para ese mal. . . y consistía en que cuando estaban listas para cinchar, uno de aquellos le daba un fuerte piquete en las verijas; ante el inesperado y repentino estímulo el animal echaba un fuerte pujido y fruncía la panza, momento que aprovechaban para trincarle la tarria a su máximo, burlando así la astucia de la zorrera; además se demostraba el principio de que para todo hay cataplasmas sabiéndolas aplicar”.

  “Por otro lado, cuando alguno de los animales por cualquier insignificante motivo o por simple euforia primaveral empezaba a corretear o a echar reparos tratando de liberarse de la carga, el remedio resultaba muy simple y sólo bastaba con ponerle entre los tercios un sobornal de cualquier cosa para que la bestia volviera a lo suyo que era caminar y caminar dejando sus juegos para cuando terminara la jornada. En la memoria de los viejos arrieros siempre estaban presentes los correctivos para cada anomalía que se presentara en el hatajo”. (1)

   Es así como nos adentramos a una página más de esa apasionante historia que fue el Camino Real, los caminos novohispanos por donde pasó la historia que nos formó como nación, seguramente el tema seguirá con más datos y curiosidades en próximas publicaciones.


Fuente:

1.- Sánchez, Gerardo. Mulas, hatajos y arrieros en el Michoacán del siglo XIX. El Colegio de Michoacán.  (Te recomiendo leer todo el artículo aquí.)

1 comentario:

  1. Gracias por compartir. Me recordó a mi abuelo Alberto Morales en su etapa de conductor de una recua que hacía el servicio entre la Cd. de México y Veracruz [y sus alrededores, porque se casó con mi aubela Romana Vázquez del Rey, de Acayucan, Ver.]

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