miércoles, 17 de febrero de 2016

La proclama que hace Maximiliano dsede Veracruz a los mexicanos

   Como ya lo hemos anotado, hay personajes en la Historia de México que son muy atractivos, de los cuales nunca acabaremos de enterarnos de más y más detalles de sus vidas y sus quehaceres. Uno de ellos, sin lugar a dudas, es Maximiliano, el Emperador que llegó engañado a México y que, luego de tres años de tratar de gobernar, acabó fusilado en el cerro de las Campanas. Esto que comparto contigo es un documento que nos dice mucho; por un lado la forma de pensar que tenía, por el otro, los problemas que había en México y que el lo manifiesta puntualmente al mencionar en dos ocasiones la situación dividida de los partidos políticos. En cuanto a eso de que llegó engañado, lo manifiesta (el engaño) apenas en la primera frase con lo de "vosotros me habéis deseado". Habrá que leer con mucha calma y atención cada frase expresada en su proclama para darnos cuenta de la situación imperante, tanto en el personaje, como en el país:

 El Prefecto Político del Departamento del Valle de México, a sus habitantes, sabed:

Que S.M. el Emperador Maximiliano, al desembarcar en Veracruz, se dignó dirigir a los Mexicanos la proclama que tengo la honra de comunicarlo, haciendo uso del ejemplar que se imprimió en aquel Puerto.

México, Mayo 31 de 1864.
-El Prefecto Político, José del Villar y Bocanegra.

¡Mexicanos:

   Vosotros me habéis deseado! ¡Vuestra noble Nación, por una mayoría espontanea me ha designado para velar de hoy en adelante sobre vuestros destinos! Yo me entrego con alegría a este llamamiento.

    Por muy penoso que me haya sido decir adiós para siempre a mi país natal y los míos, lo he hecho ya, persuadido de que el Todopoderoso me ha señalado por medio de vosotros la noble misión de consagrar toda mi fuerza y corazón a un Pueblo que fatigado de combates y de luchas desastrosas, desea sinceramente la paz y el bienestar, a un pueblo que habiendo asegurado gloriosamente su independencia, quiere ahora gozar de los frutos de la civilización y del verdadero Progreso.

   La confianza de que estamos animados vosotros y yo, será coronada de un brillante suceso si permanecemos siempre unidos para defender valerosamente los grandes principios, únicos fundamentos verdaderos y durables de los Estados modernos. Los principios de inviolable e inmutable justicia, de igualdad ante la ley, el camino abierto a cada uno para toda carrera y posición social, la completa libertad personal bien comprendida, resumiendo con ella la protección del individuo y de la propiedad, el fomento a la riqueza nacional, las mejoras de la Agricultura, de la Minería y de la Industria, el establecimiento de vías de comunicación para un comercio extenso y, en fin, el libre desarrollo de la inteligencia en todas sus relaciones con el interés público.

   Las bendiciones del cielo y con ellas el progreso y la libertad no nos faltarán seguramente, si todos los Partidos dejándose conducir por un Gobierno fuerte y leal, se unen para realizar el objeto que acabo de indicar, y si continuamos siempre animados del sentimiento religioso por el cual nuestra bella Patria se ha distinguido aun en los tiempos más desgraciados.

    La Bandera civilizadora de la Francia elevada tan alto por su noble Emperador a quien vosotros debéis el renacimiento del Orden y de la Paz, representa los mismos principios. Esto es lo que os decía en el lenguaje sincero y desinteresado, hace pocos meses, el Jefe de sus tropas como nuncio de una nueva era de felicidad.

    Todo país que ha querido tener un porvenir ha llegado a ser grande y fuerte siguiendo este camino, Unidos, Leales y Firmes, Dios nos dará la fuerza para alcanzar el grado de prosperidad que ambicionamos.

   ¡Mexicanos! el Porvenir de nuestro bello país está en vuestras manos. En cuanto a mí, os ofrezco una voluntad sincera, lealtad y una firme intención para respetar vuestras leyes, y hacerlas respetar con una autoridad invariable.

    Dios y vuestra confianza constituyen mi esfuerzo; el pabellón de la Independencia es mi símbolo; mi divisa vosotros la conocéis ya "equidad en la justicia"; yo le seré fiel toda mi vida es mi deber empuñar el Cetro con conciencia, y con firmeza la espada del honor. Toca a la Emperatriz la tarea envidiable de consagrar al país todos los nobles sentimientos de una virtud cristiana y toda la dulzura de una madre tierna.

   Unámonos, para llegar al objeto común; olvidemos las sombras pasadas; sepultemos el Odio de los partidos, y la Aurora de la paz y de la felicidad merecida renacerá radiante sobre el nuevo Imperio.

Maximiliano.

Veracruz, mayo 28, 1864.

Esta última fotografía que ahora vemos, la tomé del blog Veracruz Antiguo, el cual te recomiendo visitar.

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