martes, 7 de junio de 2016

La hacienda de San José Cieneguilla, Aguascalientes

    Especial interés tenía en conocer esta hacienda, los motivos eran varios. Uno de ellos es, sin lugar a dudas, ese encanto que encuentro en las Haciendas, especialmente en las que están abandonadas. El otro es que perteneció a los jesuitas y hacia ellos tengo un gran respeto; algo más es que este sitio está incluido en el catálogo del Patrimonio de la Humanidad dentro del Camino Real de Tierra Adentro y, por si no fuera suficiente, porque el propietario al comenzar el siglo XIX fue Diego Rul, personaje que fue Alcalde de primer voto de la villa de Salamanca (de donde soy originario) en el año de 1783, justo antes de casara con acaudalada dama y se volviera, uno de los tres hombres más ricos de Nueva España.

   La acaudalada dama era María Ignacia, heredera del conde de Valenciana y su marido supo hacer muy bien las cosas, acrecentar la fortuna de su mujer y que por usos y costumbres de la época al casar él se volvía, en automático co-propietario de las propiedades y caudales de la mujer, así que, Diego Rul Calero tuvo lo suficiente para comprar el título de Conde y la otra, adquirir varias haciendas, una de ellas la de San José de Cieneguilla.

    "En más de una ocasión algunos vecinos de Aguascalientes habían intentado obtener permiso para que se fundara aquí un colegio de la compañía. La Corona nunca accedió. Sin embargo, los jesuitas fueron conocidos y apreciados como dueños de la hacienda de Cieneguilla y porque entre las familias acomodadas de la región se acostumbró mandar a sus hijos a los colegios de la compañía, ya fuese al de Zacatecas o el de San Ildefonso, en la capital del reino. También algunos hijos de familias de Aguascalientes profesaron como jesuitas y en el momento de la expulsión por lo menos tres jesuitas originarios de aquí tuvieron que abandonar la Nueva España, rumbo al penoso peregrinar que terminó en Italia (1)".

   "Un pobre minero de Guanajuato pasaba de esta ciudad a la de Zacatecas, uno de los primeros años del siglo pasado, y descubrió ricos minerales. Contento con su descubrimiento, fue a Aguascalientes y a Zacatecas en busca de recursos, que no encontró, para explotar las minas; regresó a Guanajuato y halló la misma resistencia, y volvió al mineral descubierto con tres o cuatro amigos, a quienes ofreció parte de los productos, si le ayudaban a trabajar.

   "A poco tiempo el éxito coronó los esfuerzos de estos hombres, se divulgó la noticia de la bonanza, y los jesuitas, activos y emprendedores, compraron a Ibarra (este es el apellido del descubridor. Se ignora el nombre) las minas y comenzaron a explotarlas en grande escala. Estos sucesos contribuyeron, como era natural, á que rápidamente pudiera formarse una población inmediata a los lugares donde existen las minas, y creció aquella tanto, que en 1750 contaba con más de ocho mil habitantes. Se edificó pronto la villa de "Los Asientos de Ibarra” se construyeron una capilla y dos templos de arquitectura moderna, conteniendo ellos, entre otras cosas notables, magníficas pinturas de los artistas mexicanos Ibarra y Alcíbar. Desgraciadamente esa grandeza fue efímera: la expulsión de los jesuitas (1767) dio por resultado la paralización de los trabajos mineros, y la población ha ido decayendo, no obstante los esfuerzos que se han hecho después de este último suceso para explotar aquellos ricos minerales.

   "Ya que a los jesuitas me refiero, es necesario consignar que a su espíritu de empresa se debe la existencia de una población del Estado que tanta importancia tuvo en el siglo pasado. El pueblo de Asientos manifestó su gratitud llorando a sus benefactores al ser expulsados, por más que ellos no vivieran en comunidad en Asientos. Solo en la hacienda de Cieneguilla, propiedad de la familia Rul, existía un establecimiento de jesuitas, cuyo poder y riquezas están revelando aún los edificios allá construidos. En ninguna otra población de las que forman el Estado, existieron padres de la Compañía de Jesús" (2).

   "Al término de la Revolución de Independencia, la familia Rul era una de las más importantes propietarias de tierras en la región de Aguascalientes. Sus posesiones incluían unas 100 mil hectáreas vinculadas al complejo que giraban en torno a las haciendas principales de San Jacinto, El Saucillo, Ciénega Grande, al norte del partido, y las 50 mil hectáreas de la hacienda de Cieneguilla cuyo casco se ubicaba a unos 30 kilómetros al suroeste de la ciudad de Aguascalientes.

   "Todas estas tierras pertenecían al Colegio de Zacatecas de la Compañía de Jesús. En 1767, cuando la orden fue expulsada de Nueva España, su administración fue encomendada al llamado Fondo de Temporalidades, creado por el gobierno con ese fin específico. Debido a la natural lentitud de los procedimientos administrativos, pero sobre todo al gran tamaño de los intereses que dejaron los jesuitas. No fue sino hasta mayo de 1780 que se verificó un remate. Se dio entonces, en palabra del cronista de la época “la feliz contingencia de que concurrieron a hacer postura los dos hombres más acaudalados que tenía entonces el reino de Nueva España”: Manuel de la Borda y Pedro Romero de Terreros, conde de Regla. Este último, cuya inmensa fortuna le permitió comprar varios títulos nobiliarios y granjearse el favor de la Corona con el donativo de un buque de guerra, se quedó con las haciendas del Colegio de Zacatecas, por las cuales pagó 751 mil pesos, cantidad que casi doblaba el valor de los avalúos" (3).

    La hacienda estuvo en manos de la familia Rul por buena parte del siglo XIX, fue afectada, al igual que todas las haciendas en México con el reparto agrario. En 2010 la UNESCO otorgó la categoría de Patrimonio de la Humanidad al Camino Real de Tierra Adentro, con 60 sitios incluidos dentro de él uno de ellos es la Hacienda de San José de Cieneguilla.



























Fuentes:

1.- Rojas, Beatriz. Breve historia de Aguascalientes. FCE. México, 1994

2.- González, Agustín. Historia del Estado de Aguascalientes. Tipografía de V. Villada, México, 1881. pp. 45-47

3.- Gómez Serrano, Jesús. Haciendas y ranchos de Aguascalientes. Universidad Autónoma de Aguascalientes, 2000. p.62 

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