jueves, 29 de abril de 2010

Otro templo en Tzintzuntzan, Nuestra Señora de la Soledad

Hay quien me ha dicho que cuál es la razón por la cual visito tantos templos. La pregunta, como la he oído tantas veces, tengo ya muy bien estructurada su respuesta: porque todos son distintos. Y ahora lo compruebo, una vez más, al visitar el dedicado a Nuestra Señora de la Soledad en Tzintzuntzan, el cual, aunque esté dedicado a ella, no es esa advocación de María la que se venera en el lugar.


Tuve la fortuna de pasar cuando estaba la familia del Prioste en pleno, el prioste es una figura que, no estoy seguro, fue implementada por tata Vasco, ó fue en su tiempo que era cosa común. Hay lugares en donde hoy día la figura sobrevive, como es en la zona ribereña del lago de Pátzcuaro. El Prioste es aquél que se hace cargo del templo, es una función de gran honor, no cualquiera puede desempeñarla, hay, en ocasiones, que deben irse a vivir al templo para cumplir cabalmente con la función de dar mantenimiento. Tal es el caso de este recinto.


Este aunque es un templo sencillo es galano, es decir, hermoso. Al entrar en él lo primero que salta a la vista es su estupenda bóveda, hecha, muy al estilo de Michoacán, con el característico artesonado, todo decorado, por si el trabajo en madera no hubiera sido suficiente.


Caminamos y nos topamos en cuanto pasamos el sotocoro las imágenes, impresionantes, de Dimas y Gestas; los que fueran crucificados junto a Nuestro Señor.


Seguimos un poco más adelante, el templo está limpio, pulcro, diría yo. Tiene vida, la familia del Prioste está presente. Su vida del día a día está unida al templo, su esposa, sus hijos, sus amigos, todos presentes en el templo.


Topamos con una serie de elementos que nos remite a los primeros tiempos del Cristianismo en México: las imágenes en exhibición a nivel suelo, la Dolorosa flanqueada por dos representaciones de Jesús, una cargando la cruz, la otra, aunque con un rostro de pena, con vestimenta del Sagrado Corazón, todo embelezado con flores y velas.


Es solo dar dos pasos y encontrarnos frente a un Santo Entierro que acongoja. Todo rodeado con flores, las cuales nos da fe de la veneración que hacia esta imagen existe. Los billetes, pesos y dólares, se exhiben en la urna, estos serán usados en la próxima fiesta, la cual será en viernes santo, la noche en que nadie duerme en Tzintzuntzan


Por si no hemos tenido suficiente, llegamos a los altares laterales, en el de la derecha encontramos una antigua pintura dedicada a María en su Advocación de la Virgen del Pino lo cual, seguramente, indica que alguno de los Franciscanos que llegaron al lugar procedían de las Canarias, ellos, seguramente, trajeron la veneración.


Platicando con el Prioste, cosa que fue por demás amena, reconfortante e ilustrativa, me dice que la fiesta es muy sentida en el pueblo, comienza el jueves santo por la noche, cuando uno a uno comienzan a llegar al templo, allí pasarán la noche, y más gente lo hará la noche del viernes, cuando, todos reunidos ante el féretro, llegan a darle el pésame a la virgen y a estar en comunión con ella, sintiendo el dolor por la muerte de Nuestro Señor.


La forma en que el Prioste me describió la fiesta, fue una invitación para estar presente. Me dijo que en todo Michoacán no hay una fiesta de tal relevancia como la que allí se lleva a cabo. Indudablemente que la invitación está en la mesa, será cosa de aceptarla para la próxima festividad…








Hora de irnos, ¿a dónde? La verdad no lo sé. Seguramente será un lugar maravilloso, como todos los que hay en Michoacán, especialmente los que están alrededor del lago de Pátzucaro.



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